Año VIII
La Habana
17 al 23
de ABRIL de 2010

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Entrevista con Alberto Sarraín

Naturalmente, en ambos lados

Omar Valiño y Maité Hernández-Lorenzo • La Habana

Foto: Julio de la Nuez

 

Desde la última década del siglo XX diferentes acciones conjuntas han ido desbrozando y señalando un camino de intercambio en el ámbito del teatro entre “las dos orillas”. Son múltiples los ejemplos que ilustran la voluntad, en ambas direcciones, de sistematizar y solidificar estos trueques. El director Alberto Sarraín, la investigadora y ensayista  Lillian Manzor y otras personas e instituciones radicadas en la ciudad de Miami, han sido los principales gestores de las iniciativas que, desde esa parcela de la “cubanidad”, han estimulado y promocionado un verdadero y auténtico flujo de saberes y experiencias en un proceso cultural complejo y vivo. 

Durante el mes de octubre el Archivo Teatral, fundado bajo la dirección de la Dra. Manzor y adjunto al Cuban Heritage Center Collection de la biblioteca de la Universidad de Miami, convocó a su primer  ciclo de conferencias bajo el título Novísimo Teatro Cubano. En él participaron críticos, dramaturgos, editores, directores, investigadores radicados en Cuba y en EE.UU, y la editorial Tablas-Alarcos lanzó los más recientes volúmenes de sus colecciones.  El punto de partida fue el estreno en Miami de Chamaco, de Abel González Melo, bajo la dirección de Sarraín y con la participación de actores, en su mayoría cubanos, residentes en ese país. La segunda estación de este ciclo tuvo lugar el 27 de marzo pasado, Día Internacional del Teatro, y el debate se centró en “Protagonistas de los 60”, en el cual, en efecto, tomaron la palabra algunos de los asistentes a aquella significativa década en el movimiento teatral cubano. 

Sarraín ofrece sus valoraciones sobre el futuro y el sentido de estas  recientes acciones y su impacto hacia el interior del diálogo, diverso  y contradictorio, entre ese espacio intranacional, imaginario y real, entre “La gran Cuba”. 

Después de un largo período de silencio, La Má Teodora y el Archivo Teatral (AT) han reiniciado con Novísimo Teatro Cubano y Protagonistas de los 60 una nueva etapa de gran activismo público, ¿a qué responde esa reactivación y en qué condiciones se da la misma? 

En realidad para el Archivo Teatral estas son las primeras actividades públicas. Aunque Lillian y yo llevamos diecisiete años de proyectos conjuntos, algunos exitosos, otros verdaderos fracasos, siempre atrapados en medio de coyunturas políticas, el Archivo, como entidad presentadora, surge apenas en Chamaco. Antes, Lillian representaba a los estudios latinoamericanos de la Universidad de Miami, programa que todavía dirige además del Archivo, y que, en cierta medida, aunque ahora el Archivo es mucho más visible, ese programa continúa apoyando nuestras actividades.  

La causa fundamental de este resurgir, de la presencia de teatristas de aquí y de allá y de una mayor divulgación, se debe, principalmente al fin de la era Bush y al hecho de que la nueva administración permite hacer más actividades culturales y académicas entre las dos orillas.  

La situación bajo la administración Bush no solo fue mala para los intercambios culturales entre cubanos, sino para la cultura en general. Yo me fui de Estados Unidos durante cuatro años porque se me hacía insoportable la atmósfera de hostigamiento, militarismo, macartismo y pobreza cultural en que vivíamos. Las cosas han cambiado, no tanto como quisiéramos o como esperábamos, porque hay que reconocer que “el cambio” propuesto por el presidente Obama es una tarea difícil, sobre todo con la proliferación de una base republicana en la extrema derecha. Pero creo que podemos hablar de una gran apertura del país a los artistas cubanos en este primer año de gobierno demócrata, lo que ha representado un enorme progreso en relación a los siete años anteriores.

Sin embargo, las condiciones para organizar eventos como estos siguen siendo difíciles porque la mayoría de las regulaciones de OFAC (la agencia que vigila y controla los términos del embargo a Cuba) no han cambiado. Es una verdadera proeza conseguir fondos para cubrir los gastos. Muchos de los dineros que están disponibles tienen un sesgo político, y nosotros preferimos mantenernos aislados de cualquier interés que no sea cultural.  

Novísimo Teatro Cubano y Protagonistas de los 60 se han podido realizar con dinero de las universidades, gracias a la generosa contribución del Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI) de la Florida International University (FIU), que dirige la Dra. Uva de Aragón. Su gran interés por la cultura cubana, por su divulgación y estudio, fue la verdadera plataforma para que Protagonistas de los 60 saliera adelante. También al Centro de Estudios Latinoamericanos de UM que tiene asignado fondos para actividades culturales.  

Comparando la respuesta a este evento con otros anteriores, podría decir que tuvimos menos resistencia, menos ataque directo y, como consecuencia, una mayor comodidad y menos miedo en asistir. La respuesta a Protagonistas… fue insospechada en cantidad y calidad de participación.  

¿Acciones como el Primer Festival del Monólogo en 2001, con el paso del tiempo, tuvieron incidencia en una reconfiguración de la vida teatral en Miami? ¿Tendrá importancia lo que viene promocionando el AT en la vida del Miami teatral de hoy? 

No me atrevo a afirmar que el Festival del Monólogo tuvo una incidencia en la reconfiguración de la vida teatral en Miami. Me parece que es mucho decir. Solo puedo asegurar que definitivamente tiene un lugar. Fue un evento muy especial. Derribó esquemas de todo tipo.  

Lo más importante fue que dejó muy claro que, más allá de cualquier consideración política, existe en Miami un público interesado en el teatro cubano, que respeta a sus artistas, los quiere y aplaude. Recuerdo el titular “El festival de los abrazos” en El Nuevo Herald.  Al finalizar las funciones, todas repletas, el público subía al escenario a abrazar a los actores. Es una lástima que no hayamos podido continuar con el evento. La radicalización del gobierno de Bush no nos permitió seguir adelante. Todavía hay gente que nos pregunta por el Festival. Creo que ha llegado el momento de que se haga en Cuba, que el público cubano vea también a muchos de sus artistas queridos y conozca la nueva hornada. Un evento netamente cultural, sin implicaciones políticas, que ponga de relieve la superación del concepto de “desterrado” y celebre lo que Ana López ha llamado “La gran Cuba”.  

Resulta significativo que tú como director no te hayas conformado con ese despliegue en favor de la investigación o la promoción, sino que persistas haciendo teatro, estrenando obras cubanas en Miami. ¿En qué condiciones desarrollaste las producciones de Chamaco y ahora de Talco, ambas de Abel González Melo? 

Hay en mí muchos amantes. Me apasiona la investigación y he podido avanzar en este sentido gracias a mi colaboración con Lillian Manzor y el Archivo Digital de Teatro Cubano. Pero ambos hemos sido estimulados de manera extraordinaria por las múltiples oportunidades que nos ha brindado la Casa Editorial Tablas-Alarcos. Oportunidades que han terminado en publicaciones de proyectos maravillosos y que, en el caso mío, me han puesto en el mapa de la investigación teatral. Por otra parte, toda esta labor me ha facilitado la posibilidad de encontrarme en un lugar privilegiado: en el conocimiento y  comunicación del teatro cubano.  

Cada evento que hacemos me permite ampliar el círculo de protagonistas y, de algún modo, me convierte en liaison y parte activa de ese grupo. Dirigir es la gran pasión, ese es el trabajo que más amo, un trabajo doloroso, porque tanto aquí, como en Cuba y en otros lugares del mundo en los que he dirigido a contracorriente de las producciones establecidas, resulta muy difícil, sobre todo desde el punto de vista económico. Y no me refiero a ganar dinero. Yo hace muchos años decidí vivir pobremente y no espero del teatro nada más que hacerlo.  

Dirigir tiene también un aspecto encantador, que es ese salto de la cotidianidad al demiurgo. Crear vida, determinar todas las opciones de esa vida, no dejar nada al azar, ni siquiera el final. Es algo que te obliga a estudiar todas las posibilidades, las que te sugiere el texto, los actores, las que te imponen los diseños, las condiciones económicas, el espacio y el lugar de ensayo. Al final, hay una criatura y que tú, como Frankenstein, has buscado, pegado, cocido, evaluado.  Por eso me da horror ver mis puestas desde afuera, porque es como dejar a un hijo caminar en la cuerda floja sobre un precipicio.  

Sin embargo, hay otra cosa que me gusta hacer y, desde hace tiempo, no hago. Algo que me frustra, porque todos los años, cada teatrista joven que pasa por mis manos de director me despierta la necesidad de enseñar. Creo que mi formación como psicólogo y mis casi cincuenta obras dirigidas, ponen en mis manos un arsenal formativo útil. Hace algún tiempo enseñé mucho. En tres ocasiones gané el premio Fulbright para profesores en la especialidad de teatro, y me fui a Colombia y a Chile. También enseñé en Venezuela, New York, República Dominicana y España. Leo en internet cosas que dicen ex alumnos de mis clases y siento mucha nostalgia. Me encantaría enseñar en una universidad. Claro, pero más me gustaría tener un lugar retirado del mundo donde me pudiera reunir con un grupo de artistas e investigar muchas cosas que tengo en mente. Sé que al final esto será solo una linda idea, una utopía.  

Chamaco y Talco de Abel González Melo se han producido —se están produciendo— a  través de un esfuerzo denodado de todos los participantes. Chamaco se hizo “a pepe”, gracias a la voluntad de mi amiga Carmen Díaz, quien salió a buscar dinero. No tocó las puertas de ninguna institución, sino la de amigos amantes del teatro, les pidió que contribuyeran sin esperar nada a cambio, ni siquiera una entrada gratis. El Archivo, Lillian Manzor y su esposo Daniel Correa hicieron lo indecible para poder sacar adelante el proyecto, desde armar la conferencia de Novísimo, participar en el proceso de traducción y edición del libro hasta serruchar, clavar, montar, cargar y grabar la obra en video.  

Creo que una de las cosas más importantes que pasó fue la entrega del equipo de actores, su creencia en la obra, su desinterés. Fue un trabajo difícil, porque es una pieza en la que participa un equipo de ocho actores, algo que los colectivos teatrales de todo el mundo tratan de evadir. Pero tuvimos una respuesta inusitada del público. Todas las funciones estuvieron llenas, la crítica respondió muy bien, lo que no quiere decir que a todo el mundo le gustara lo que vio. Fue una verdadera lástima que la temporada fuera tan corta. Apenas cuando salió de cartelera, la puesta comenzaba a madurar, llegaba a su esplendor.  

Talco es una obra que tiene exactamente la mitad de los actores que tenía Chamaco. Pensamos que iba a ser menos difícil, sin embargo hemos tenido un gran obstáculo: la televisión. Mi eterno gran problema. Es algo que naturalmente debería ser una ventaja. Los actores tienen trabajo, ganan buen dinero y están expuestos día a día al gran público. Pero desgraciadamente, aunque estas condiciones son ciertas, existen otras que impiden su disfrute. La principal es la organización. Los horarios son imprevistos, las jornadas pueden alargarse o cambiarse, y eso hace imposible la planificación. En Talco, además, las producciones se graban simultáneamente en otras ciudades lo que obliga a los actores a viajar constantemente y a quedar expuestos a las veleidades del tráfico aéreo.  

De todas maneras, hay algo en las obras de Abelito que crea una mística en el proceso. Los personajes son tan ricos que les estás sirviendo un plato gourmet a los actores, y cada bocado es disfrutado a plenitud. Ahora contamos con el apoyo único, moral y económico, de Teatro Abanico, dirigido por Lilian Rentería. 

Allí se abren otros caminos. Inmediatamente después de Talco, comienzo el montaje de Vacas, de Rogelio Orizondo. Una obra que premié y prologué como parte del jurado del concurso David, de la UNEAC. Un elenco estelar: Mabel Roch, Elvira Valdés y la propia Rentería. Una de mis grandes penas como director es que estas obras no se pongan en Cuba, que el público cubano no vea qué estamos haciendo con nuestro teatro. Es algo que debemos superar.   

¿Qué impacto ha tenido, para Miami y para el teatro cubano en general, la secuencia de Novísimo Teatro Cubano y, sobre todo, la del 27 de marzo pasado, Protagonistas de los 60? 

Creo que ambas conferencias han sido muy importantes. Estoy tratando que cada puesta en escena vaya acompañada de una sesión teórica. Dos espacios que se complementan y distancian, puedan ser únicos o simultáneos, que tengan un impacto en el desarrollo cultural de la ciudad y, sobre todo, en los protagonistas del teatro de Miami.  

Novísimo dio a conocer a mucha gente y a un teatro cubano completamente desconocido en la ciudad. Protagonistas, sin embargo, brilló por la calidad de sus invitados, la diversidad y profundidad de las ponencias. Lograr un equipo de primera, con invitados de aquí y de allá, representó un verdadero reto y un as de triunfo. Probó que, más allá de cualquier posición y creencia, el teatro y la cultura cubanos están por encima. Llevamos mucho tiempo separados y es hora de dar pasos para achicar esa distancia.  

¿Cómo tienen proyectado continuar la saga de estos encuentros y cómo crees que podría darse una mayor inter-vinculación con el lado insular? 

Nosotros vamos a seguir intentándolo. Continuaremos sorteando todas las dificultades que aparezcan. No importan el esfuerzo ni la frustración. Celebraremos los pequeños resultados. Pero la realidad es que este tipo de lucha a título personal, de entrega por la causa del teatro y la cultura cubana, resulta muy difícil cuando se trata de Cuba. Estamos convencidos de que muchas personas en la Isla están interesadas y que han apoyado casi de manera personal muchos de nuestros proyectos, pero en estos mismos momentos nos encontramos en ese punto difícil con respecto a Caminos sobre la mar. Es un proyecto en el que Lillian Manzor y yo hemos puesto muchas ilusiones. Pretendemos realizar en Cuba una muestra de teatro cubano-americano, que reúna a artistas y especialistas de las diferentes generaciones migratorias, acompañada de una conferencia en la que la contraparte cubana pueda conocer de primera mano el teatro que hacemos aquí.  

Hemos trabajado mucho tratando de organizarlo. Viajamos a New York a finales de año y logramos conformar un evento verdaderamente hermoso en el que participarían más de diez grupos y cerca de cuarenta especialistas. Cada momento que pasa hace más remota la posibilidad porque los participantes deben autofinanciar el viaje y eso en este país no se hace de un día para otro. De la misma manera, se hace imposible contactar a posibles donantes, ya sean personas naturales o entidades filantrópicas, si no tenemos en la mano un evento concreto. 

¿De qué forma el AT se articularía con la producción teatral cubana en Cuba y fuera de la Isla? 

Debemos tener en cuenta que el Archivo es el resultado de una pequeña beca para proyectos digitales de la biblioteca de la Universidad de Miami. Por el momento sus alcances son limitados, pero sus propósitos son amplios:

1. Convertirse en una herramienta para la enseñanza y la investigación del teatro y la cultura cubanos.

2. Ser un repositorio digital para materiales de teatro cubano.

3. Llegar a ser un foro digital que promueva la investigación multimedia en este campo.

4. El archivo pretende participar en una cultura virtual que permita la comunicación y el intercambio entre comunidades separadas. 

Comenzó como un juego de investigadores. Guardar materiales para mostrarlos en clases, a amigos o para hacer análisis dramatúrgicos. Había un hueco visible entre las diferentes generaciones migratorias, su formación y conocimiento de lo hecho de uno u otro lado. Los actores de aquí, los directores, los dramaturgos, no conocían lo que se había hecho o se estaba haciendo en la Isla. Los que llegaban no sabían nada de lo que los grupos establecidos hacían en Miami. Los viajes a Cuba nos abrieron los ojos de la potencialidad de materiales dispersos o con poca posibilidad de conservarse. Yo llevé todos los videos de mis obras y se los entregué a María Lastayo, en el Teatro Nacional. Los amigos se reunían para verlos y comentar. Yo traía a Miami libros, obras, revistas. Siempre que iba a Cuba compraba dos de cada uno de los libros de teatro. Regalaba uno a la biblioteca y me quedaba con el otro. Mi colección viajó el mundo. Hasta Hawai, ida y vuelta, fueron algunos libros.  

En el 2005 Lillian consiguió una pequeña subvención y comenzamos la base de datos. Otro elemento importante en este camino fue darnos cuenta de que existía en EEUU una generación de teatristas y de documentos desapareciendo. Lesbia Varona, que es un importantísimo eslabón en la conservación de materiales para la cultura cubana, había comenzado a guardar, desde hacía muchos años, todo lo que pasaba en Miami. Tenía todos los programas de espectáculo, los periódicos locales, volantes, fotografías. Ella ya se había encargado de solicitar donaciones de materiales a figuras muy importantes de la cultura cubana. Fue un gran ejemplo.  

El Archivo ha crecido mucho, se han digitalizado miles de documentos, la base de datos ha aumentado hasta algunas miles de entradas. Sin embargo, existen muchos otros documentos que esperan pacientemente para ser procesados, y los fondos para trabajar en ellos son sumamente escasos.  

De repente, el sistema de bibliotecas de la Universidad conoció que el sitio web del Archivo tenía, en un período determinado de tiempo, más de un millón de entradas. Muchas más que cualquier otro recurso que tenían en la red, y, entonces, comenzó a buscar subvenciones para continuar creciendo. Durante este año el dinero conseguido se utilizará en tecnología: equipos de última generación que son imprescindibles para asumir la calidad tecnológica exigida para este tipo de biblioteca. También, entrenar al personal en todo lo que se refiere a control de calidad, normas y derechos sobre materiales. No será hasta el año que viene que pueda verse la renovación del sitio en la red y el crecimiento que va a tener durante todo este año de silencio. Para Cuba será importantísimo tener a disposición de sus investigadores, profesores y estudiantes todo este material del teatro cubano hecho fuera de la Isla. El Archivo no está interesado en materiales físicos, aunque la Colección Cubana de la biblioteca sí puede albergar este tipo de documentos, como ocurre en los casos de donantes que no tienen dónde guardarlos.  

Disponen de todo el material necesario para la conservación del papel, la restauración y las condiciones idóneas para su almacenamiento. Pero el Archivo quiere desplazarse adonde quiera que haya teatro cubano, digitalizar y colgar esos documentos virtuales en la red. El avance constante de la tecnología digital ya permite –y permitirá pronto mucho más– la posibilidad de ejecutar documentos en alta definición, de gran formato y larga duración. Así tendremos puestas en escena tal y como las vieron los espectadores en el teatro. Creo que juntos podremos conservar para las nuevas generaciones esta historia, sus logros, sus fracasos, sus vuelos y caídas.  

¿Cómo te imaginas un diálogo más "natural" entre los teatros de "ambas orillas"? 

En la “naturalidad” hay que incluir dos palabras claves: esfuerzo y reciprocidad. Es inimaginable el esfuerzo que significa para nosotros mantener un programa de invitaciones como estos dos que hemos hecho en menos de un año. Lillian y yo cumplimos con trabajos que nada tienen que ver con el teatro.  En el caso de Lillian no es de ocho horas como el mío, sino de veinticuatro, porque además de enseñar regularmente, es directora de varios programas en su Facultad y del Archivo. Conseguir la manera de acomodar a las personas que vienen y, sobre todo, atenderlas es algo realmente agotador. Siempre tengo la impresión que quedamos mal, porque no disponemos del tiempo que nuestros invitados se merecen. Muchos amigos nos ayudan, pero la mayoría en las mismas circunstancias.  

No obstante, estamos dispuestos a mantener este esfuerzo, la continuidad e importancia de los eventos a la postre, logrará mejores fuentes de financiamiento, sin comprometer el evento bajo ninguna circunstancia política. Felizmente, existen muchas entidades filantrópicas que están dispuestas a dar dinero a un buen programa. Lograr un evento del lado de allá es muy difícil. De todas maneras, vamos a seguir intentándolo como sea. La importancia de todo esto es mayor que cualquiera de las dificultades que tengamos que soportar. Aceptamos ese destino.  

Lo natural sería la mutua cooperación y participación de personas de un lado y de otro en el trabajo que se hace aquí y allá. Tendríamos que lograr que en los elencos hubiera actores de los dos lados, que los directores, diseñadores y escritores trabajaran en las temporadas de ambas orillas. Pero, fundamentalmente, tendríamos que pensar en el público. En ese público que aquí colmó las salas del Festival del Monólogo y del de La Habana que no ha podido ver una muestra de su teatro hecho aquí. Lo natural serían muestras bienales: un año en La Habana y otro en Miami o New York. Confiamos en que así será. Seguimos esperando.

 

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