Año VIII
La Habana
del 27 de FEBRERO
al 5 de MARZO
de 2010

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Redescubrir Rusia…

Víctor Fowler Calzada • La Habana

 

He vuelto a ver Poets Address: St. Petersburg, película documental, realizada en 2004 por Brice Hobbs y Rebecca Bella. A través de un amigo común, el cineasta experimental Dominic Angerame, Rebecca tuvo la gentileza de enviarme copia del material. Ella es poeta, fotógrafa y traductora de ruso; como parte de este último trabajo, pasó unos meses en la antigua Leningrado, que hoy lleva el viejo nombre de San Petersburgo. A lo largo del documental lo mismo vemos a poetas recitando sus textos en espacios abiertos (parques o incluso en un mercado) que en tranquilos apartamentos y hasta se penetra en un recital íntimo, en un apartamento más, iluminado con velas, donde se reúne una pequeña audiencia enterada, que aplaude los versos y los solicita. Dieciséis autores, todos desconocidos para mí, transmiten la vibración de una literatura poderosa, plena de temas nuevos y desde estilos diferentes: Dmitrii Grigoriev, Aleksandr (Bjork) Ilyanen, Veronika Kapustina, Dmitry Golynko, F. N. O. con un fuerte performance feminista, Vladimir Kucherkavin, quien cierra el documental con un poema fuerte y desolado.

Pese a la alegría del reencuentro con una literatura que aprendí a amar, hay algo extraño en esta conexión que apenas permite acceder a lo que ocurría, en el 2004, en una ciudad. La historia es un animal en movimiento y la memoria un intento de conservar reunidas piezas de rompecabezas diferentes; me refiero a la disonancia entre aquel mundo que desapareció y mi encuentro con los poetas del documental. Durante años, aunque de modo fragmentario, he tenido la suerte de ir lentamente descubriendo una Rusia que antes ignoré, así como de acceder a una pequeña parte de su presente. Libros de Tatiana Tolstaya, Vladimir Makanin, Svetlana Boym, Lev Manovich, Boris Groys, poemas que afanosamente perseguí en Internet o encontrados en revistas, artículos sobre arte y teoría de la cultura, películas vistas en la televisión y, sobre todo, prestadas por amigos, enormes colecciones de los que fueron dibujos animados para generaciones de cubanos y otros que nunca vi, excelentes, experimentales, hoy recuperados en la extraordinaria colección que lleva por título Maestros de la animación rusa y que ya anda por su cuarto volumen. El mundo de Olga Lialina y el net-art, la formidable imaginación de Serguir Paradjanov, la fineza de Otar Iosselani, la más pequeña huella de Tarkovski, las nuevas obras de Nikita Mijalkov, Pavel Lounguine, Marina Tsvetaieva, Ossip y Nadiezha Mandelstam, las animaciones de Priit Parn y Yuri Norstein.


Andréi Tarkovsky

Pudiera agregar todavía más lecturas, imágenes de obras de arte plástico, direcciones de sitios Web, mucho más en una mezcla salvaje de huecos de pasado, que hoy es posible rellenar, dotando de sentido y revelando vacíos, así como otros fragmentos de presente. Cada descubrimiento ilustrando lo que antes no entendimos, chocando, recomponiendo o reafirmando ideas. Todavía leyendo bajo la imagen de continuidad. Lo que trato de ilustrar es cómo el acto de lectura trasciende el hecho de sostener un libro entre las manos y se abre a la totalidad del consumo cultural, cómo el libro termina siendo solo una de las tantas vías para lo principal: el diálogo que permite acceder al conocimiento del otro.

Mientras que la nostalgia del lector-consumidor cultural opera encima de un dispositivo pasado, aquella literatura que conocimos como "del país soviético" y que agrupaba a autores procedentes de tradiciones y culturas diversas, la presente Feria Internacional del Libro nos enfrenta al tronco de la literatura y cultura rusas. Es un hecho que demanda un doble acto de recolocación mental y apertura dialógica, pues se debe tanto escuchar y leer lo específicamente ruso, como mantener la sensibilidad despierta hacia toda esa enorme parte del antiguo país que, por esta vez, permanecerá fuera del foco de atención.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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