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Entrevista con Eduard Uspensky

Cheburashka regresa a La Habana

Yinett Polanco y R.A. Hernández • La Habana

Fotos: La Jiribilla



Eduard Uspensky lleva en sus ojos la chispa traviesa del pequeño que, al parecer, nunca dejó de ser. Es el escritor para niños más reconocido de Rusia y padre de personajes tan queridos por varias generaciones de cubanos como Cheburashka y el Tío Fedor. Aunque estudió Ingeniería y trabajó con cohetes y aviones, al igual que otro famoso hombre del aire, Antoine de Saint-Exupéry, el mundo del arte y las letras lo cautivó tempranamente. “Cuando era estudiante estuve en teatro, no era demasiado aplicado, pero actuaba bastante y como muchos de los alumnos de aviación pasé después a dedicarme a la literatura”.

La 19 Feria Internacional del Libro fue el motivo que acercó a este creador ruso a su público cubano. “Estoy encantado con la gente en la calle porque son muy bondadosas. La Feria es magnífica, tantos lectores, es muy agradable ver personas de 50 años que me dicen que han crecido con mis personajes”.

En 1960, un año antes de terminar sus estudios en el Instituto de Aviación de Moscú, ya Eduard Uspensky había comenzado a publicar como escritor humorístico. Fruto de su prolífico quehacer vieron la luz colecciones de poemas como El gracioso elafantito, relatos como El cocodrilo Gena y sus amigos, obras de teatro como Los treinta días de Koschey el Inmortal y guiones para radio como Radioniñera.

Aunque comenzó escribiendo para adultos, terminó imbuyéndose del amor por la literatura infantil; “siempre supe que iba a escribir para los niños, durante mucho tiempo estuve rodeado de ellos y eso me fue atrayendo”. Textos como Si yo fuera una niña, Escuela de payasos, Los Klobok hacen encuestas y El cuervo de plastilina han surgido de su enorme capacidad de fabulación.

Miembro del consejo de redacción de la editorial Malysh y del consejo de administración del periódico Vecherny Klub, Uspensky ha sido presidente del Festival de Literatura Infantil de Moscú K. Chukovsky desde 2007 y en 2005 fue condecorado con la medalla de oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.

Cada personaje creado por el autor ruso toma como base a alguien que conoce. Cheburashka —aquel pequeño animalito peludo convertido en la más famosa de sus creaciones que hoy es el talismán del equipo olímpico de Rusia, y nombra a una de las estrellas de la constelación Sagitario— surgió cuando el escritor observó durante un verano cálido en Moscú a una familia reunida en torno a una pequeña niña. “Le habían comprado un abrigo largo con un gorro grande. Cuando fue a dar el primer paso tropezó y el tío dijo: mira una cheburashka que se cayó. Entonces me surgió la idea”.

En la actualidad, a propuesta de una editorial, el escritor ruso está creando cinco o seis personajes nuevos, “brillantes e interesantes, para que la gente los recuerde”. Sin embargo, el padre de “Leche Cortada” no ha abandonado sus antiguas creaciones, “los japoneses están haciendo Cheburashka con la técnica vieja, con muñecos”.

La influencia de las nuevas tecnologías en la infancia es una de las preocupaciones de Uspensky: “a mí no me gusta la computadora, trabajo en ella pero trae muy mala influencia, antes todos los niños se iban corriendo a la calle, al parque, y ahora se pasan el tiempo detrás de la PC”.

Aunque han pasado varias décadas desde que estos personajes comenzaran a poblar el imaginario de niños de todo el orbe, la fuerza de los “muñequitos” rusos no ha decrecido. “Ellos tienen muy buena tradición y hasta el momento los americanos no han podido eliminarla, poco a poco la industria del animado ruso se ha ido recobrando, los hay con mucho colorido, enérgicos pero buenos”.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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