Año VIII
La Habana
del 6 al 12
de FEBRERO
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Algunos recuerdos de Thomas Merton

Ernesto Cardenal • Nicaragua

 
“Yo tuve que salir de la Trapa por razones de salud, pero Merton lo vio como providencial porque él ya estaba pensando  entonces en una fundación de una comunidad diferente de la Trapa en América Latina, que quería hacer junto conmigo. Y al despedirme de él me aconsejó que en caso de que no pudiera salir de la Trapa, esa fundación la hiciera yo y que para eso convenía que antes estudiara el sacerdocio. En el noviciado no se estudiaba el sacerdocio, se comenzaban los estudios sacerdotales después de los primeros votos al terminar el noviciado. Y me dijo: como todavía en la Iglesia hay mucho clericalismo para dirigir una pequeña fundación, una pequeña comunidad, es muy importante ser sacerdote para tener más influencia.

“Yo comencé estudios sacerdotales, siempre esperando que a él lo autorizaran a salir de la Trapa para hacer esa fundación. Y terminé los estudios y me ordené sacerdote sin que todavía él hubiera obtenido ese permiso. Inmediatamente después de mi ordenación, hice la fundación de la pequeña comunidad de Solentiname.

“Fui a visitar a Merton a la Trapa para que me diera las instrucciones finales. También para que nos hiciera una Regla. Y él me dijo: la primera regla es que no haya Regla y entonces salen sobrando todas las reglas. Me dio una carta para el papa, para que yo fuera a Roma para que lo autorizaran a él a estar una larga temporada en nuestra comunidad como director espiritual, aunque después me dijo que todavía no era tiempo de que yo llevara esa carta. Él iba a llegar a Solentiname cuando supimos que había muerto electrocutado por un abanico en Bangkok, en una reunión de contemplativos de Oriente. Acababa de dictar una charla sobre vida monástica y marxismo cuando murió electrocutado.

“Merton me había dicho muchas veces que la vida contemplativa tenía que ser politizada. Él temía una fundación trapense oficial, de la Orden, en América Latina. Porque decía que los monjes norteamericanos tenían ideas muy conservadoras…. Nuestra comunidad de Solentiname, inspirada en el espíritu de Merton, fue desde el principio una comunidad politizada, comprometida con nuestro pueblo y con la liberación de nuestro pueblo.” 

(…) 

“Cuando estuve de novicio en un Estados Unidos santo, fue Thomas Merton quien me reveló la sabiduría, la espiritualidad y el misticismo de los indios de América, de las dos Américas. A Merton le interesaba mucho lo que yo escribía sobre los indios. Veía que esto era como una vocación especial mía, que había descubierto, la de los indios. También en una carta me dice que esto es como un acto de reparación, y de profunda adoración al Creador. Agrega: Yo no me he olvidado de los indios y todo lo que significan para nosotros dos. En otra carta habla de que tiene mucha importancia para todos nosotros lo que yo estoy descubriendo, y que la gran unión de las dos Américas no podrá darse si no es enraizada en lo indígena.” 

(…) 

“Laughlin me escribió que Merton estaba siempre alegre y resignado a la prohibición de no salir del monasterio. Después Merton me escribió que estaba cada vez más convencido de que su destino era la vida solitaria, aunque también me mencionaba al río San Juan y a Ometepe, lo que indicaba que aún le interesaba una fundación por esos lados (tenía que decirlo en clave). Me insiste en que le pida a sor María que rece por él. Y sor María me contestó que lo haría todos los días con nombre y apellido. Después me dice que cada vez le permiten estar más tiempo en su ermita, y esa es una bendición de la que está muy agradecido. En los monasterios todavía hay sencillez y alegría en algunos monjes, dice, pero la estructura es tan falsa y artificial. Después me dijo en otra carta que ya la mayor parte del tiempo lo pasaba en la ermita, y estaba feliz, y sentía que ya ha encontrado lo que siempre había estado buscando.” 

(…) 

“Como en mi libro de salmos lo hice estando en el seminario, en una carta Merton me había escrito: Tus salmos son estupendos. Esas son las versiones que realmente debiéramos estar cantando en el coro. Que pocos son los monjes que piensan el verdadero sentido de los salmos. Si los sacerdotes supieran lo que están recitando a diario. Estoy seguro de que algunos de ellos deben darse cuenta. ¿Tenemos que estar en un campo de concentración para que nos llegue la verdad?” 

Tomado de Las ínsulas extrañas, Memorias 2, Ernesto Cardenal.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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