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Hallazgos de lo que Hemingway dejó en La Habana

Rachel Domínguez • La Habana

 

Había en todas las habitaciones de la casa cabezas de animales disecados que, se le aclaraba al visitante, había cazado él mismo durante algún safari en África. En las tardes se sentaba rodeado de sus gatos a escuchar a Glenn Miller y a degustar un mojito cubano, su trago preferido, o se refrescaba en la piscina. Tenía siempre a la vista algún trofeo de caza, fotografías con sus ex esposas e hijos, todo tipo de objetos coleccionados cuando se fue como voluntario a la Primera Guerra Mundial, y cientos de libros. Esa es la imagen de Finca Vigía, hogar de Ernest Hemingway en Cuba durante 20 años, que construí desde las páginas de Leonardo Padura.

Impulsados por el tesoro literario, testimonial e histórico que permanece en la casa desde la muerte del escritor en 1961 —luego de que Mary Welsh (su cuarta esposa) se llevara algunos manuscritos y valiosos cuadros de Joan Miró y Juan Gris, y le donara la propiedad al gobierno cubano—, la norteamericana Finca Vigía Foundation Inc. y el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural de Cuba firmaron el pasado 18 un Acuerdo de Colaboración, con una vigencia de tres años, para dar continuidad al trabajo conjunto de recuperación de los materiales que Welsh no se llevó consigo.

Desde 2002 un grupo de especialistas al mando de Stanley Kantz, profesor de la Universidad de Princeton y director de esta iniciativa, han trabajado junto a los cubanos con el propósito de conservar, restaurar y digitalizar la enorme colección de más de tres mil fotografías y valiosos documentos inéditos existentes en la finca, entre ellos su correspondencia y los códigos para descifrar los mensajes en clave que enviaba Hemingway desde su yate Pilar en las persecuciones de submarinos nazis que realizó durante la Segunda Guerra Mundial.

"El plan consiste en que los [documentos] originales se queden en Finca y las copias se vayan a la John Kennedy Library en Boston —explica el profesor Kantz desde EE.UU.—. A estas alturas, casi todo el material está disponible en microfilmes en esa biblioteca. Además, hay ideas de hacer un taller para que los visitantes vean los microfilmes en la Finca".

Al laureado escritor parecía obsesionarle la salvaguarda de sus escritos y los objetos personales que consideraba valiosos. Gracias a ello, entre el inapreciable legado que quedó en Finca Vigía se encuentra una copia escrita a máquina de su cuento "En otro país", la versión corregida de El viejo y el mar, el guión definitivo de la película basada en esa novela, un final alternativo de Por quien doblan las campanas y todas las cartas recibidas durante su estancia en la Isla guardadas cuidadosamente.

Al respecto de esta correspondencia hallada en muy buen estado la editora general del proyecto epistolar del autor, Sandra Spanier, comentó el pasado año: “La colección completa de las cartas será publicada en 12 volúmenes por la Universidad de Cambridge en aproximadamente 15 años”.

En esta ocasión el acuerdo incluye la compilación en un libro bilingüe de los resultados científicos y técnicos arrojadas por las investigaciones que se realizan en lo que hoy es el Museo Ernest Hemingway 

La representación de ambas partes durante la rúbrica de los documentos estuvo a cargo la Dra. Margarita Ruiz Brandi, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, y de la Dra. Jenny Phillips y el Sr. Robert Vila, copresidentes de la Finca Vigía Foundation, Inc. Además asistieron como testigos el viceministro de Cultura, Fernando Rojas Gutiérrez, y por la parte norteamericana, Mary Jo Adams, directora Ejecutiva de la institución estadounidense.

La investigadora estadounidense Sarah Doty afirmó que en la voluminosa biblioteca de Hemingway se contaron más de nueve mil títulos, “algunos con anotaciones realizadas por él y otros con dedicatorias de colegas y admiradores”. Entre ese inmenso arsenal de páginas se encuentra también una copia de El guardián entre el centeno firmada por el propio J. D. Salinger, libro que obsesionaba a Mark David Chapman —el cual portaba cuando asesinó a John Lennon— y que quizá, en alguna de esas noches a la intemperie, hizo al cazador preguntarse más de una vez a dónde van los patos cuando el agua del lago está helada.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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