Año VIII
La Habana
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Entrevista con Raupa, diseñador gráfico

“Estoy convencido de que mi trabajo es arte”

R. D. Rojas • La Habana

 Fotos: La Jiribilla

 

Los muchachos de diseño que iban a participar en la intervención gráfica en la Casa de las Américas llegaron temprano esa mañana. Vinieron invitados a tomar la Casa junto con otros jóvenes de diferentes manifestaciones de arte contemporáneo. Si hablo de Raúl Valdés quizá muchos se queden desorientados. Sus amigos lo llaman Raupa.

Lo primero que advirtió antes de prender la grabadora para registrar la pequeña entrevista, a la que accedió con gusto, fue que no esperara un lenguaje teórico o “metatrancoso” que no acostumbraba a utilizar. Todas sus experiencias como artista plástico pueden expresarse de forma tan sencilla como su overol azul y su pelo embarrado de pintura.

Se considera un artista, en el más amplio sentido de la palabra, que tampoco olvida su responsabilidad como comunicador. No existe un solo artificio en sus gestos. Raupa es amigo de sus amigos, los cuales consideran que la esencia de su talento es mantenerse en constantemente búsqueda.

¿Cuáles son los espacios en los que sueles manifestarte artísticamente?

Al ser diseñador gráfico, hay diferentes lenguajes de los que puedo valerme. A los diseñadores nos entrenan para hacer publicidad, y a su vez, esta se expresa de diversas formas: en soportes impresos, televisión, exposiciones, etcétera.

Aunque creo que una exposición no es el mejor lugar para un diseñador. Con esto me refiero específicamente al diseñador cubano, porque sí estoy seguro de que un diseñador puede hacer arte. Eso lo doy por sentado.

Algunas personas me dividen entre el diseñador y el artista, y personalmente no quiero caer nunca en esa dualidad de características. Considero que lo que hago y lo que trato de hacer es siempre arte.

Los principales espacios en los que trabajo ahora mismo son el ICAIC y la Muestra de Nuevos Realizadores, que incluye carteles, campañas y spots publicitarios. El spot de este año para la muestra ya lo terminé, de una manera que nunca había trabajado.

Por otro lado, también se hacen varias actividades al año donde suelo participar, no de forma individual, sino que casi siempre son proyectos colectivos. Además de los trabajos para el cine.

Está el encuentro del Club de Amigos del Cartel, y otras exposiciones colectivas en las que se nos da la oportunidad de participar. Una de estas exposiciones será el sábado que viene. Se celebrará el aniversario 20 del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, en la Habana Vieja. Invito a todos los interesados a que vayan porque va a ser una actividad estelar y vamos a estar participando en el evento. Hicimos unas postales para regalar que contienen obras de cada uno y, por tanto, están enfocadas desde distintos puntos de vista.

Todos los trabajos que hago, aunque sean por encargo, siempre trato de enfocarlos hacia imágenes innovadoras, de modo que el resultado final sea sencillamente artístico. Por supuesto, existen los mercenarios, no soy ningún ingenuo, que prostituyen su trabajo en función de la venta.

Creo que hay que saber diferenciar entre lo que te dan a hacer por encargo, aquello a lo que uno trata de darle un vuelo artístico diferente, y los proyectos que de verdad nacen solos, que surgen como necesidades que están por encima de un producto para el mercado, lo que tampoco quiere decir que estas condiciones sean incompatibles.

¿Dónde pones el límite entre lo que consideras arte y lo que no?

Mi preparación académica y universitaria fue en diseño. Aunque trate de expresarme como artista, siempre tengo que dejar un espacio para la comunicación, porque además de artista soy comunicador.

El día que haga arte sin pensar en la comunicación, será una entrevista diferente. En el punto en que estoy, donde me pregunto todos los días qué soy y a dónde voy, y me respondo además, es en el de querer expresarme y utilizar todos los soportes y espacios posibles para hacerlo, pero sin dejar de comunicar: televisión, prensa masiva, revistas especializadas, exposiciones. Un cartel puede ser arte, pero también es un producto comunicativo, tiene muchísimas dimensiones.

¿Hasta qué punto pueden influir los aspectos materiales en lo que decides producir?

A mí lo material, hasta cierto punto, no me limita en nada. Afortunadamente a los diseñadores en Cuba se les remunera su trabajo mejor que a otros sectores profesionales, no todo lo que debiera ser, pero sí lo suficiente.

Los medios que utilizo los tengo, como por ejemplo una computadora. Todo mi trabajo audiovisual lo hago ahí, sin pensar en lienzos ni pinturas. Estos últimos también los utilizo, y dibujo mucho a mano en cartulina, pero son cosas que están realmente a mi alcance. Con esos materiales me resulta suficiente.

En el caso específico de Casa Tomada, por ejemplo, me invitaron para una exposición el viernes 18, donde se van a cruzar los trabajos de todos los invitados. Si lo que dispongo es de un proyector y un video beam, entonces hago un audiovisual.

Voy a presentar una especie de making off sobre cómo se hizo el spot de la próxima Muestra de Nuevos Realizadores, que no es animado, como la gente espera que yo trabaje.

Este año quise hacer algo diferente y para eso necesitaba salirme de lo que habitualmente había hecho en al área audiovisual, que es la animación, la cual tampoco voy a dejar de hacer puesto que me gusta mucho. En este caso algo totalmente diferente es hacerlo filmado, con maquillaje, vestuario y todo lo demás.

También cuando necesito algún material me valgo de los amigos que tengo alrededor, que son pocos pero son los que tenía que tener. Por eso, ningún elemento material puede limitar mi expresión, siempre se encuentran soluciones, pero no puedo dejar que sea un obstáculo material lo que me limite.

En cuanto a los clientes, los he tenido difíciles. Recuerda que soy diseñador y trabajo por encargo, para clientes. Por eso me gusta trabajar para la cultura, porque no es lo mismo que trabaje para Casa de las Américas a que trabaje para el Meliá Cohíba. Puede que en esta última opción haya más dinero de por medio, pero no me da la misma oportunidad o libertad para expresarme y decir lo que quiero a mi manera. Aunque también me ha pasado que he trabajado con clientes muy exigentes, pero que respetan mucho el despliegue artístico y en eso no se entrometen.

¿Cuáles consideras que sean tus espacios de legitimación?

Son precisamente estos, como hoy en la Casa de las Américas con este submarino. Son aquellos en los que cuelgas una obra que tiene posibilidades de trascender. Por ejemplo, trabajo mucho los spots para la televisión, pero el hecho de que yo, y muchas otras personas, lo consideren arte no quita el que se pasen por la televisión y que, de cierta forma, sean efímeros y fugaces. Aunque te los repitan toda una semana, luego de un mes, en la mayoría de los casos, está olvidado.

En este caso, la televisión no es un espacio de legitimación. Pero también existe la posibilidad de buscar mecanismos para que las personas vuelvan a verlos, como son las exposiciones. Hice una en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales que se llamó Spotsición, y ahí proyecté todos los spots que había hecho del 2005 al 2007, que fueron como 30 trabajos, y las personas fueron a verlos en otro espacio. Ir a ver la exposición se convirtió en un acto social.

Este mural en Casa de las Américas va a quedar, el de la Facultad de Comunicación, aunque ya tiene unos cuantos años, va a quedar también. Esos son auténticos espacios de legitimación.

¿Crees que el graffiti en la capital ha tomado fuerza en los últimos años, sobre todo desde el punto de vista de los contenidos?

El graffiti es la expresión de algún movimiento o inquietudes sociales que la gente quiere dejar en espacios donde puedan convertirse en parte del ambiente cotidiano, y donde todos puedan apreciarlo. En otras ciudades del mundo eso es un fenómeno natural y con mucha fuerza.

Pienso que esa manifestación en Cuba es muy pobre todavía. Los graffitis que se ven ahora mismo están relacionados con el impulso que les ha dado las dos últimas ediciones de la Bienal de La Habana. En este espacio llevaron a graffiteros cubanos y extranjeros a las calles para que dejaran su huella y su mensaje. Pero nosotros estamos medio nuevos en ese sentido, sobre todo por el tema de los materiales, los sprays que se utilizan para eso son muy costosos y difíciles de conseguir.

Quizá sería muy beneficioso que el gobierno permitiera lugares en los que se puedan realizar graffitis con toda libertad. No se trata tampoco de pintar por pintar todas las calles, con la excepción de las personas que quieran hacerlo en sus casas. Es un caso parecido a los lugares que se han permitido utilizar para saltar en patinetas y cosas de ese tipo. Estaría bien que se permitan espacios para que la gente pinte. Se sobran los muros que saldrían ganando con buenos graffitis como decorado. Estoy seguro de que un montón de gente acudiría a una convocatoria como esa.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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