Año VIII
La Habana
2009

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van van

Cuatro décadas con el tren

Guille Vilar • La Habana

 

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Cuando la Dirección de Cubarte, nos propuso la realización de la multimedia Aquí se enciende la candela sobre Los Van Van en su Aniversario 40, realmente me quedé estupefacto ante la posibilidad real de involucrarme con la historia de una orquesta reverenciada por el pueblo cubano. En aproximadamente un año de trabajo con todo lo relacionado con la orquesta, he comprendido lo que se debe de sentir cuando se forma parte del staff de agrupaciones como los Rolling Stones. Y no me refiero a la cultura  de marketing en el star system donde a menudo disfrazan tanto a estas personas como para que llegues a creer que estás al lado de músicos que son casi dioses. Pero para nada es así cuando se trata de Los Van Van porque el responsable del concepto Van Van, su director, compositor principal, arreglista y bajista Juan Formell no puede ser más sencillo aunque lleve sobre sus hombros el mérito de mantener a la agrupación anclada en un alto nivel de aceptación, inalterable durante tanto tiempo.

Los cambios lógicos que impone la vida como es la salida de músicos que llevan largos años en la orquesta, la incorporación de nuevas figuras que pudieran crear inquietud por la duda de que no den la talla o la constante sucesión de ritmos en la música popular contemporánea que en un cerrar de ojos pudieran convertir a Los Van Van en una orquesta antigua, no han impedido que su música figure entre las preferidas de los cubanos, lo cual es mucho decir en esta tierra de tan buenos compositores e intérpretes.

Durante el proceso de investigación para la multimedia Aquí se enciende la candela, el recaudar toda la información posible en cuanto a videos, entrevistas, películas, documentales, partituras, fotos, letras de canciones y críticas acerca de esta obra monumental, te van consolidando la opinión de que, efectivamente, se trata de un suceso de arte mayor. Sin embargo, es obvio que para encontrarnos con el núcleo de este fenómeno cultural, no hay otro camino que el de escuchar sus obras musicales, hay que sumergirse en la aventura de navegar por sus 24 discos. Solo así podemos palpar el auge de la música rock anglosajona en el contexto de inicios de los 70 y apreciar cómo Formell recoge lo que le hace falta, pero sin abandonar su empeño por sonar cubano.

Ya para los 80 se percibe en sus grabaciones la certeza de que se saben una orquesta cubana de clase y, por lo tanto, se aventuran a transformaciones que asientan todavía más la autenticidad del sello Van Van. La década del 90 sorprende a la orquesta en otra dinámica de renovación para al final confirmar el secreto a voces que los muchachos de Formell están mejor que nunca.

Y el nuevo milenio nos regala el milagro de unos Van Van que están más allá de cualquier explicación lógica sobre los ingredientes de la fórmula de Juan Formell para conservar tan vital su querida orquesta. Quizá las respuestas se encuentren en el conjunto de componentes que integran la multimedia Aquí se enciende la candela cuya terminación Cubarte la tiene prevista hacia los primeros meses del próximo año. Por ahora, los dejamos con el análisis de cuatro discos decisivos en estas cuatro décadas, con la esperanza de que, al menos, les resulte un indicio de por dónde ha ido este gran fuego musical del que estamos orgullosos todos los cubanos.

La cuestión es arrancar  (1969/ 1979)

Cuando el 4 de diciembre de 1969, en La Rampa capitalina, específicamente en 23 entre  O y P,  Los Van Van de Juan Formell ofrecen en una tarima su primer concierto, se da comienzo a la evolución de una orquesta que durante cuatro décadas ha sido modelo de un avalado concepto de calidad reflejado en los tres pasos fundamentales de la creación de una pieza como es el momento de componerla. Ello se reitera cuando es sometida a un proceso de orquestación y obviamente en el momento de interpretarla.

Para lograr esta nada fácil coincidencia, Juan Formell se ha hecho acompañar desde los mismos inicios de Van Van, tanto por carismáticos cantantes como por instrumentistas de probado rango profesional, capaces de impactar en los públicos más heterogéneos.

En tal sentido, con las innovaciones de Formell en el contexto de la música bailable, asistimos a un hecho común en lo relativo a la capacidad de la música cubana, para renovarse a la hora de asumir aquellas influencias foráneas que arriben a nuestras costas.

Basta mencionar la cubanísima Banda Gigante del Bárbaro del Ritmo, que a partir de la estructura de una Big Band, formato orquestal concebido originalmente por los norteamericanos para tocar jazz, el gran Beny Moré se las agenció para otorgar el inconfundible entorno criollo a esta modalidad de agrupación con la cual se han estampado memorables clásicos en el patrimonio de nuestra nación.

Por su parte, a Formell  se le reconoce  su decisión de apropiarse de instrumentos musicales originarios de otros contextos así como de timbres provenientes del jazz y del rock, conjunto de influencias que, mezclados con ingredientes de la tradición cubana, configuran un inusitado lenguaje en los planos de nuestra música bailable.

Volumen I

Ejemplos de este contrapunteo entre lo nacional y lo foráneo, se pueden escuchar en el Volumen I de los Van Van, grabado en octubre de 1969, en el que por mucho que las obras aquí recogidas nos ubican en el manejo de un código sonoro cercano al de los grupos del rock de los 60, una pieza como La bola de humo, muestra la voluntad de cantar en cubano, el deseo de plasmar en cada pieza el diálogo cotidiano propio del cubano de esa época.

Este primer disco, fundamentalmente, apunta hacia los intentos de una búsqueda por definir el estilo de la orquesta, con piezas cuya cadencia marcan el color de una atmósfera lo suficientemente personal como para afirmar con la certeza de un postulado matemático: “Esa música suena a Van Van”. Tal es el caso de “Yuya Martínez” o el bolero-songo “Marilú”, una de las piezas que identifica a Los Van Van durante estos 40 años y,  además, influye en la continuidad de dicha línea con otros bolero-songos como “Elisa” y “El tren de Jagüey”.

Llegó el momento de apretar: (1980/1990)

Para esta segunda etapa es evidente que a lo largo de diez discos predomina la innovadora búsqueda, ahora con un aliento experimental más asentado como corresponde a una orquesta segura de sus posibilidades que,  cada vez más,  se despega de similitudes con estilos venidos de otros orígenes, que si bien desempeñaron su papel, ahora en plena madurez, intenta recrear intensamente lo cubano.

En tal sentido, las composiciones de Formell asumen una mayor diversidad de géneros propios del patio así que junto al songo, encontramos boleros, cha cha chá, rumba, danzón, montuno y guaguancó.

Es el momento en que reaparece el carismático cantante Miguel Ángel Rasalps, “Lele”, además de incorporarse un teclado sintetizador y con la variación de que José Luis Quintana, Changuito, no asume la batería en su formato clásico, sino que le añade el timbal y las pailas.

No obstante, la principal innovación es la introducción de los trombones, no como influencia directa de la música salsa, sino que en opinión de Formell se hace con la finalidad de compensar el registro central de la orquesta y ello da como resultado que se logre un sonido mucho más compacto en relación con trabajos anteriores, lo cual se conoce en la jerga musical como un “sonido macho”, cambio que se percibe a partir de los siguientes trabajos discográficos.

Volumen VII

Al escuchar detenidamente las composiciones de Juan Formell para Los Van Van a lo largo de su trayectoria, es evidente que necesita reiterar el rumbo por el que anda la orquesta en cada momento específico por medio de un opening.

Esta especie de arte poética se ha puesto de manifiesto regularmente  tanto en discos recientes, como Chapeando (2006) y Arrasando (2008) al igual que en este Volumen VII de 1982.

Efectivamente, en la pieza “Somos Los Van Van”, Formell ha dejado plasmado para el futuro cómo era la orquesta en esa etapa, los cambios por los que ha atravesado para hacer este tipo de son y sobre todo al afirmar  en el texto de dicha pieza que “Los Van Van siempre serán lo que necesiten ser”, proféticas palabras acerca de los nuevos caminos que se abrirán para la música bailable.

De este magnífico disco son otros conocidos temas como “Que no, que no”, ranchera-son que tiene el toque de lo eterno por ese “tumba’o” de la cadencia en el montuno, algo así como una Marca Registrada de Los Van Van, al punto de que quien quiera incursionar en una cuerda similar, sabe qué le van a decir de inmediato: “… te pareces a la orquesta de Formell”.

También, en este disco se encuentra el primer gran éxito de César Pedroso, “Hoy se cumplen seis semanas”. Dicho tema tiene el encanto vanvanero que Pupi ha reiterado en otros tantos temas como “Tranquilo Mota” o “El negro está cocinando”.

En cuanto al paradigmático “Baile del buey cansa’o”, baste decir que dicha pieza es otro de los temas de Formell que rememoran toda una época,  debido a que esta conga-son contiene aires caribeños entre sus  ingredientes, para convocar a un cadencioso balanceo que a cargo de Van Van ha hecho historia.

Y para los que gustan marcar el reciclaje de Formell con temas de época, de este disco es que salió una popular pieza interpretada por Yenisel Valdés muchos años después en el disco Chapeando. Se trata de la canción “No me engañes más, que tú eres nada”, interpretada aquí por el propio Formell en un estilo absolutamente distinto al arreglo posterior, pero igualmente atractivo.

¡Esto no va a parar! (1993/2001)

Los Van Van enfrentan a los 90 como un momento decisivo en la evolución de la orquesta a partir de una dinámica de cambios que no solo se manifiestan por la salida y entrada de cantantes y de instrumentistas de larga trayectoria, sino que como todo organismo vivo, necesita adaptarse al medio para no perecer.

Precisamente, lo asombroso es que en la medida en que la agrupación se aparta de patrones tradicionales del estilo, Van Van no deja de ser ella misma con ese encanto que la ha distinguido durante tantos años.

Toda crisis está matizada por transformaciones que en el caso de Los Van Van, las sustituciones pertinentes pudieron haber dado al traste con la existencia misma de la orquesta, pero por algo Juan Formell sabe qué hacer para actualizar y mantenerla en los planos estelares que conocemos.

Lo último en vivo

El poderoso tumba’o del piano de Pupi comienza uno de los mejores  discos de la colección oficial de Los Van Van. Me refiero a Lo último en vivo de 1994, portador de un racimo de excelentes composiciones grabadas durante una actuación de la orquesta en el famoso Salón Rosado de La Tropical, canciones que dejan profunda huella entre los bailadores que, asombrados, se preguntan justamente lo que expone Formell en este opening del disco: ¿Qué tiene Van Van que sigue ahí?

Quizá una de las respuestas la tiene Angelito Bonne en un songo de absoluta ascendencia popular como “Pura vestimenta”, así como por la movida versión a su cargo de “Si tú te vas, un tema de Formell de los años 70 que ahora tiene un sonido tan distinto como del día a la noche, señal que confirma la hondura de las sucesivas etapas por las que han pasado Los Van Van.

En cuanto a otro nivel de respuestas para intentar averiguar qué pasa con Van Van, es obvio que estas se encuentran en las manos del maestro Formell cuando decide tener entre sus vocalistas a Mario Rivera, graduado de percusión del Instituto Superior de Arte, quien, como apasionado intérprete del género de la rumba, por su carácter extrovertido y por la absoluta convicción del privilegio que significa ser cantante de la orquesta, Van Van ha crecido con la presencia de un adicto a la esencia de esta leyenda viva a la cual se entrega en cuerpo y alma.

En realidad, la susodicha canción que abre el disco debiera llamarse, “¿Qué tiene Formell qué Van Van sigue ahí?”,  porque cuando se escucha a Mayito lo mismo en “Normal natural” que en “¡Qué sorpresa!”, ha aceptado el desafío de un modo tan sorprendentemente ajustado al aliento vanvanero, que nos parece como si hubiera estado desde siempre en la orquesta, además de que se percibe como un paso definitorio en la estrategia del director para ganar terreno en los nuevos tiempos que reclamaran una impronta distinta por parte del conjunto.

Y uno de estos signos del cambio es la partida de Changuito quien deseaba buscar nuevos aires y, por lo tanto, es sustituido por Samuel Formell. Como afirma César Pedroso en una reciente entrevista, se iba “un conocedor de todo lo relacionado con la música cubana, sobre todo del ritmo y en particular por su aporte a la base ritmática de Van Van, pues creo un estilo en combinación con Raúl Cárdenas ‘El Yulo’ en las congas,  para así consolidar el songo creado por Formell, además del aporte de mis tumbaos en el piano, el diseño en el bajo de Formell y el carisma de Pedrito. En cuanto a Samuel, criado desde niño al lado de Changuito, ha ampliado con más técnica y con un sabor personal el sonido Van Van. Hoy por hoy Samuell, afirma Pupi, es un creador inconfundible dentro de Los Van Van, por su dominio de valores ritmáticos, con mucha seguridad. Tiene un sello propio dentro de la agrupación al igual que  los nuevos cantantes, quienes también tienen su originalidad.

Si Changuito desarrolló un estilo en los 70, Samuel lo fortaleció con independencia, habilidad y desenvolvimiento musical en estos tiempos.”

Es en este disco en el cual aparece la saga del conflicto entre  “gallos” y  “gallinas”, que comenzó en “La Titimanía” y concluyó en la pieza “La protesta de las gallinas”, refrescante tema a través del cual se expresa la protesta de las mujeres maduras por el rechazo a favor de las más jóvenes en “Que le den candela”.

Aquí ni Formell ni Pedroso asumen tan “peligrosa” responsabilidad, por lo que es Pedrito quien se defiende junto al coro que dice: “¡Gallina, si ya tú bailaste, deja que el gallo coja un chance!”.

Otro estelar bolero de Formell, y en su propia voz, como para ratificar su identificación con el género, se puede escuchar en “Me haces falta”, con todos aquellos ingredientes de exclusividad que singularizan a un bolero en Los Van Van.

¡Todo está cuadrado, ni lo toques! (2001/2009)

La argumentación de la hipótesis acerca de la historia de Los Van Van como un espacio de tiempo dividido en cuatro décadas, está basada en sucesos coyunturales muy precisos que definen cambios en la alternativa musical de la orquesta.

El nuevo milenio recibe a esta institución musical cubana que, lejos de dar señales de agotamiento, se aparece con variantes que cohesionan todavía más el concepto creador de dicha agrupación.

El movimiento de renovación entre sus vocalistas al igual que mayores oportunidades para que jóvenes integrantes de la orquesta desarrollen sus condiciones como compositores y arreglistas, es un rasgo característico de Los Van Van en esta cuarta etapa.

Arrasando

Y como ha tenido lugar en estos 40 años de Los Van Van, corresponde hacia el final de la primera década de este siglo la aparición de un nuevo disco de la orquesta. En este caso se trata del CD Arrasando (2008), refrescante opción que lo convierte en un proyecto de renovadoras perspectivas para el futuro de la orquesta.

Solo la madurez y previsión de Juan Formell, explican su decisión de entregar la Dirección Musical de Los Van Van a Samuel Formell, además de ofrecer mayores posibilidades en el terreno de la composición a otros integrantes de la orquesta como al propio Samuel y a Roberto Carlos Rodríguez, quienes junto a Boris Luna y Jorge Leliebre, también tienen a su cargo el arreglo de diferentes temas del disco.

Que entre 13 piezas, solo tres sean de la autoría de Formell y que nada más haga el arreglo de dos de ellas, es un signo de los nuevos tiempos que marca esta etapa de transición en Los Van Van.

Conocedor de las capacidades de su equipo, Formell como director General de la orquesta, confía plenamente en la componenda colectiva para que las innovaciones no alteren la esencia del sello Van Van.

Aquí se encuentran piezas como “Me mantengo, de Roberto Carlos Rodríguez y “Mi songo”, de Samuel Formell, que junto a “Que no te dé por eso”, de Robertón, conservan intacto ese aliento vanvanero que llama a los cubanos al baile. 

El aniversario 40 de Los Van Van  reafirma el carácter fundacional de una institución musical cubana que se mantiene entre la preferencia de su público a golpe de puro talento y  con la audacia necesaria que se requiere para asumir los cambios no como obstáculos, sino como señales de los nuevos caminos a recorrer.

En tal sentido, el disco Arrasando, nos asoma a un universo de opciones múltiples que confluyen en un único propósito: la continuidad en el tiempo de la popular orquesta. Por tal motivo a nadie se le ocurre cuestionar el hecho que hacia mediados de 2008 se le entrega a Juan Formell el Premio Mundial de la Música Especial conjuntamente con el cantante francés Charles Aznavour y el productor musical norteamericano Quincy Jones.

Un bonus track: Eso que anda, una fiesta del pueblo

El estreno en la Cinemateca de Cuba del documental Eso que anda, de Ian Padrón en la noche del 28 de noviembre, hizo patente que la conmemoración del aniversario 40 de Los Van Van será una verdadera fiesta del pueblo cubano.

Con la presencia como invitados especiales de integrantes de la orquesta en estas cuatro décadas, el público allí reunido recibió con aplausos, carcajadas o lágrimas esta historia que no es otra que la de su propia vida.

Con el profesional equilibrio del balance de las emociones, entre melodías impregnadas en nuestros genes, Padrón acude a imágenes inéditas de Los Van Van en un estudio de grabación durante los años 70; nos muestra el momento difícil por el que atraviesa César Pedroso, cuando decide partir de la querida orquesta para construir su propio camino o explora la profundidad del calado que significa el concepto Van Van para el cubano mediante imágenes tomadas en la Gira Nacional de 2006, con pasajes donde el protagonista es el propio pueblo.

Personalidades como Pablo Milanés, José Luis Cortés y el musicólogo Helio Orovio apuntan desde la autoridad de sus comentarios, conceptos que consolidan nuestras apreciaciones ante tanto jubileo provocado por la fragancia del sonido Van Van. Sin embargo, son los propios músicos de la orquesta quienes muestran las razones que explican la permanencia de una agrupación durante tanto tiempo, sobre todo Juan Formell quien aparece en distintos momentos del tiempo Van Van, pero siempre con los mismos preceptos que han mantenido a la orquesta vitalmente renovada.

Con una excelente fotografía, Padrón busca la coincidencia entre los planteamientos de Formell y los integrantes de la orquesta para convencernos que en esta gran familia no hay espacio para las malas querencias o contradicciones estéticas porque es tal el impulso del tren de la música cubana, que sencillamente arrasa con todo aquello que estorba al avance de Los Van Van. 

Cimientos de semejante historia como Pedro Calvo es homenajeado desde la mayor honestidad por Mayito Rivera mientras que Samuel sostiene el proyecto de la base rítmica de la orquesta por la guía de un maestro como José Luis Quintana “Changuito” o a otro joven como Abdel Rasalp se le siente tan comprometido en este empeño hecho música, que sumamente emocionado no encuentra una frase más oportuna para asegurar que “ya era un Van Van desde el momento en que nací”, sentimiento coherente si tenemos en cuenta que su padre es Miguel Ángel Raslps “Lele”, uno de los fundadores de esta afamada agrupación.

Por su parte, Robertón Hernández nos revela un agudo sentido del humor presente a lo largo de todo el documental, jovialidad que para nada oculta un preciso conocimiento de causa acerca de lo que pasa cuando tocan para un público tan identificado con la orquesta como el cubano.

Es la expresión del respeto que sienten Los Van Van por habérsele concedido la gracia de la eternidad, ese difícil galardón que solo otorga la sabiduría popular a través del juicio de generaciones como ha sucedido con otros  monumentos de nuestro patrimonio como Miguel Matamoros o el Benny Moré.

Si en el DVD Aquí el que baila gana, Ian Padrón nos muestra la euforia que califica la relación entre la orquesta y el público en un estelar concierto en el Teatro Karl Marx en el 2006,  el documental Eso que anda viene a ser el complemento necesario para comprender de una vez y por todas la  privilegiada ascendencia de la orquesta en esta tierra cuando se afirma con todo lo que implica una afirmación tan rotunda: ¡Van Van es Cuba!

 

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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