Año VIII
La Habana

5 al 11
de DICIEMBRE
de 2009

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Festival de La Habana:
primeras jornadas, primeras impresiones

Frank Padrón • La Habana

 

Tras un breve pero inolvidable microconcierto con Chucho Valdés y Omara Portuondo, las siempre lúcidas palabras de Alfredo Guevara inaugurando oficialmente el Festival habanero, la 31 edición del más esperado evento fílmico en Cuba descorrió sus cortinas con el filme El secreto de tus ojos, del argentino Juan José Campanella, la cual matiza un poco la afición melodramática del realizador, dicho esto sin la mínima connotación peyorativa.

Ahora bien, si la sobrestimada El hijo de la novia (2001) pulsaba la cuerda del melo típico, que mejoraba considerablemente en lo social del siguiente título, Luna de Avellaneda (2004), con el nuevo filme el cineasta no solo regresa a su patria y al largo tras un período de series y cortos en Hollywood sino que combina su línea genérica preferida (y en la que ha probado al menos pulso directriz) con el suspense.

Eso sí: repite con su actor fetiche (Ricardo Darín) e incorpora a quien fuera la pareja fictiva de este en un bien recordado momento de su colega recientemente fallecido Alejandro Doria (El mismo amor, la misma lluvia): la siempre radiante, aún ya madura Soledad Villamil. 

En Argentina a principios de los años 70 del pasado siglo, (cuando gobernaba la segunda esposa de Perón, Estela Martínez) en el mundo de los tribunales, aunque también fuera de él transcurre esta historia de crimen, venganza, ajustes de cuentas y por supuesto, amor que vincula a un investigador retirado devenido escritor motivado por dos hechos fundamentales: una violación con asesinato no resuelto en términos legales y la pasión tampoco realizada que le inspira su jefa, Irene; a ellos se unen en el relato un compañero del sabueso a quien le gusta empinar el codo quizá más de la cuenta (un sobrio y recio Guillermo Francella, alejado del tipo que le ha dado mayor popularidad), el inconsolable novio de la finada, inclaudicable hasta atrapar y castigar al asesino y por supuesto, a él.

Campanella nos atrapa con una historia sólida, aunque no siempre brillantemente contada; después de la exposición y cierto desarrollo de las varias claves dramáticas llamadas a concurso, la narración comienza a dar vueltas en falso; acaso demasiado entusiasmado con el relato y los personajes, al director le cuesta trabajo decidirse no solo por el cierre general sino por los particulares, de modo que la cinta se le (y se nos) termina varias veces hasta que por fin, tras el notable y convincente desenlace del novio y el asesino, llega un final quizá demasiado complaciente y happy.

Mas seamos justos: estamos ante algo que pudiéramos nombrar un “melo-trhiller” aceptablemente escrito a niveles de guión y puesta, incluso con más de un momento brillante (la persecución policial del sospechoso en medio de un encendido partido de fútbol, entre ellos) y con un desempeño actoral como Dios manda.

Mientras, en otras salas se han podido confrontar otros momentos también muy interesantes como, digamos Anticristo, de Lars von Trier. La nueva propuesta del “exdogmático” ha sido esa piedra de escándalo, ese habitual cisma que sitúa, aún a sus incondicionales, en un  dilema tremendo: ¿sí o no?. Yo, que admiro al danés aunque sin llegar al paroxismo, reconozco que en todos los sentidos, llega lejos: éticamente fuerza límites, sitúa a prueba de balas estómagos y nervios; estéticamente ofrece un espectáculo visual casi perfecto, virtuoso, que regala a diestra y… cineastas, lecciones de saber hacer. Una pareja transida por el dolor que implica la pérdida del pequeño unigénito se refugia en una cabaña llamada Edén con la esperanza de restañar heridas y salvar el matrimonio, plan ideado por él, sicólogo; pero el  simbólico y paradójico nombre del sitio les, nos recuerda a cada momento que la Naturaleza tiene dos caras: es hermosa, sí, paradisíaca a ratos, mas también terrible y violenta, sádica y malsana, en actitudes polares heredadas por el ser humano. La cinta puede parecer, digamos, misogénica, como quiera que hacia la mujer se inclina la balanza de la perversión y la negatividad, sin embargo, continuando los procederes alegóricos del realizador (la obra remite constantemente a leyendas medievales, sobre todo a una de sacrificios con  hijas de Eva), ella emblematiza justamente el lado femenino atribuido a Dios y la Creación.

Sin ánimos justificativos, porque sí que es morboso y excesivo Lars, debo reconocer que es también exquisito en su puesta en pantalla: la pormenorizada y gradual progresión dramática, los deslumbrantes efectos visuales y sonoros, las soberanas actuaciones (la cantante francesa Charlotte Gainsbourg fue justamente reconocida con una Palma de Oro en Cannes, pero su compañero  Willen Defoe merecía otro) hechizan, y todo en función nunca de un ejercicio intelectual vacío, sino, todo lo contrario, motivador y sugerente, de los que se llevan a casa y se rumian durante no poco tiempo. Despedidas, de Japón, fue otro inicio que muchos agradecieron; en el filme de Yojiro Takita se manejan otras contradicciones: el hecho de que un ex violoncelista decepcionado de la vida encuentre finalmente su motivación y energía vistiendo y maquillando muertos antes de su cremación, para desconcierto de vecinos y esposa, es vehiculada mediante un tempo lento, típico en esa cinematografía, que no resultaría un handicap si el director no solo incurriera en superfluos circunloquios, sino en molestos coqueteos con el melodrama más rancio.

Vals con Bashir, del israelí Ari Folman, nominado al Oscar no hablado en inglés y ganador de un Globo de Oro, además de ser catalogado como el mejor filme de 2008 por la Sociedad Nacional de Críticos norteamericanos —rara avis de documental animado—, muestra conversaciones reales con israelíes que lucharon en 1982 en la violenta invasión de su país al Líbano y animó trágicos sucesos descritos en esas cintas de audio. Un tanto saturadora, técnicamente resulta impecable.

La fruta prohibida, finesa, resultó también, una acertada credencial de inicio; siguiendo a dos muchachas casaderas miembros de una fundamentalista iglesia protestante, el director Dome Karukoski discursa una vez más sobre los nexos religión-sexualidad; los dogmas y lineales interpretaciones bíblicas que coartan libertades individuales y fuerzas vitales, mucho más complejos cuando de mujeres jóvenes se trata, son recreados con tino y profundidad en un filme donde sobresale la madurez e inteligencia del guión, la puesta en pantalla rigurosa y las excelentes actuaciones.

Seguiremos comentando.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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