Año VIII
La Habana
Del 7 al 13 de NOVIEMBRE
de 2009

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"¿Quién me puede decir que no me ría de mí mismo?"

R. D. Rojas • La Habana

Fotos: Abel

 

Una comedia bareback sobre el sida. ¿Cómo una comedia sobre el sida? “Comedia si (la prueba) da negativa”, le dijo alguien a Diego Kogan, autor y director de la obra representada este sábado 30 en el Centro Cultural Bertolt Brecht como parte del Festival Internacional de Teatro de La Habana.

Y este le respondió: “No, boludo si (la prueba) da negativo, será sobre cualquier otra cosa, pero no sobre el sida”.

Un poco cínico eso de reírse de la enfermedad, pensarán. Humor negro. Es que son argentinos los actores, digo. Sin embargo, Diego Kogan piensa que una comedia era la mejor manera de desarmar el paradigma del sida.

Quizá sea ineludible por esta vez el contexto. Lo cierto es que la originalidad de recursos utilizados para recrear, burlarse y denunciar tal paradigma tomó por sorpresa a los espectadores, por lo general desacostumbrados a la imbricación de audiovisuales y carne en vivo, como es el teatro.

Rosalía Castro (Dra. Kogan), Mariana Ciolfi (Ana), Laura Fontenla (Fabiola), Pablo Bustillo (El negro), Eleán Gaensslen (Guille), Mariano Gladic (Teo) y Javier Maestro (Teo) fueron durante casi dos horas un grupo clandestino de seropositivos que preparan una protesta contra una ley que penaliza la transmisión del virus, viven en un búnker esperando su momento de actuar y defienden la libertad de escoger cómo vivir la sexualidad, con o sin protección.

Se puede estar de acuerdo o no. Es un derecho constitucional. Habría que pensar si quien defiende el sexo sin protección no es casi siempre un seropositivo, o si no viola de alguna manera el derecho individual del contacto sexual protegido. Es cierto. El hecho de protegerse es una decisión personal, casi siempre bipersonal.

La izquierda extrema en la que la internacional en el timbre de un teléfono móvil y otros pequeños guiños ubica a estos actores hace pensar: Bueno, bueno, tampoco es para tanto.

En términos de espectáculo las luces fueron como un personaje más o mejor; el utilero que en lugar de cambiar un mueble en el escenario cambia el ambiente en cuestión de segundos, se presta a la transición de escenas, a la confesión de historias.

Si en la multitud alguien tuvo tiempo de buscar el programa de la obra, seguramente habrá encontrado una herramienta, cómplice de la representación, para desenredar el antes y después de los personajes. El mensaje dentro del mensaje.

Hablo de una publicación, programa para nada común, que contiene una entrevista a los habitantes del búnker, la historia de los promotores de la odiosa ley y la historia de la comedia bareback.

¿Por qué una comedia bareback? Según el propio Kogan, porque “en la jerga sexual, bareback se utiliza para hablar de prácticas “sin protección”, sin “forro”, de conductas “no responsables”, incorrectas.

“Pero en el título de nuestro espectáculo está adjetivando a la palabra comedia. O sea, queremos hacer una comedia 'sin forro' (las comillas son del autor), una comedia sin mediaciones, sin barreras, sin correcciones. ¿Queda claro?”.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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