Año VIII
La Habana
24 al 30
de OCTUBRE
de 2009

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Versión original

Mirta Yáñez • La Habana

Acaba de morir en Florencia el último de la descendencia bastarda de la familia Bardi. Esta noticia podría pasar por alto si se desconoce que un Bardi auténtico tomó por esposa a Beatriz, la musa de Dante e inspiradora de La Comedia. Hasta su deceso, aquel infeliz había conservado oculto, en el mayor de los secretos, un manuscrito original de los célebres versos. Por desgracia, esta papelería —fechada en marzo de 1300— pertenece irrefutablemente a la mano del genio florentino. Si hubiera el menor resquicio a la duda, esta historia nunca habría tenido la más mínima posibilidad de acceder a la luz pública. Cabe suponer que la estricta reserva de tantos siglos obedece a un móvil cuya enormidad explica por sí sola el silencio. Conservados en perfecto estado, los pliegos de esta versión prima se limitan al “Canto V” donde aparecen sentenciados los lujuriosos. Los versos originales aquí preservados en su prístino designio, sufrieron posteriormente un cambio con toda certeza intencional, de puño y letra del propio Dante, alteración asentada después como definitiva y que narra la tragedia de Paolo y Francesca. Los famosos amantes, castigados livianamente a vagar juntos llevados por el viento y no como debían haber merecido —dada la naturaleza nefanda de sus amores tal da fe el malhadado legado de Bardi— a penar en el recinto Tres del Séptimo Círculo de los violentadores (como sí sucede con el propio maestro del Poeta, Micer Brunetto Latini quien se abrasa solitario bajo la lluvia de fuego), se llamaban en realidad Paolo y Francesco. Este horroroso descubrimiento cambia abruptamente la noción que hasta ahora se ha tenido de la obra y abre turbulentas interrogantes. ¿La transgresión de la ley de los sexos llevaría al excelso vate a cambiar la letra final del nombre, transformándolo por obra y gracia de una errata (si se le puede llamar así) en una Francesca que, aunque pecadora, no violaba tan desafiantemente los inamovibles preceptos de la virilidad? ¿Por qué Paolo y Francesco disfrutan de cierto indulto en tanto sus iguales fueron sentenciados al fuego continuo? ¿Dante prefirió esta versión para tranquilidad de los lectores y el estudio reposado de los educandos? Sea como sea, ahora estamos obligados a revisar La Divina Comedia de punta a cabo, a replantear la historia de la literatura, las reglas de la lógica y la ética desde Aristóteles hasta hoy, y tal vez a echar abajo toda la cultura occidental. ¡Quién sabe cuántas hecatombes más desencadene en el universo esta revelación!


Mirta Yáñez: Ciudad de la Habana, 1947. Poeta, narradora, ensayista, periodista, guionista, crítica literaria, profesora universitaria. Doctorada en Ciencias Filológicas (1992) por la Universidad de La Habana. Especialista en Literatura Latinoamericana y Cubana, y en estudios acerca del discurso literario femenino cubano. Ha obtenido en varias ocasiones el Premio de la Crítica. Formó parte del Consejo de Dirección del Centro Wifredo Lam. Es miembro de la UPEC y la UNEAC. Es autora de los textos Las visitas (1971), El diablo son las cosas (cuentos) (1988), Memoria de elefante (testimonio) (1991), Cubanas a capítul
(ensayos) (2001), Camila y Camila (testimonio) (2003) y Del azafrán al lirio (crónicas) (2006).
 

 

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