Año VIII
La Habana

24 al 30
de OCTUBRE
de 2009

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Ser joven es ser revolucionario

Alfredo Guevara • La Habana

 

El espacio Encuentro con Maestros de Juventudes organizado por la Asociación Hermanos Saíz, estuvo dedicado el pasado jueves al destacado cineasta Alfredo Guevara. En esta ocasión el maestro aceptó compartir con los jóvenes, y los no tanto, algunos recuerdos de su juventud y consejos que, desde su punto de vista, podrían regalarnos a las semillas de hoy una Cuba mejor para mañana.


Hoy había traído un texto que refleja completamente mi pensamiento, pero ya veo que esa no es la dinámica de este espacio. El texto es de absoluta actualidad, aunque está publicado hace 48 años en la revista Bohemia. Fue parte de unas encuestas que hizo la revista sobre arte, sobre modalidades artísticas que incluimos dentro de la cultura, que es mucho más que eso. Iba a hacerles la broma de leerlo como si fuera escrito recientemente.

Hace unos días discutía con un amigo porque no me gusta hablar de mí mismo. Creo que no hay que mezclar la vida privada con la política o la vida social. He seguido el ejemplo de Fidel, pero lo he seguido por vocación. Creo más en la aventura que en la rutina, que es la muerte adelantada. Soy por naturaleza antirutina.

Recuerdos de juventud

Cuando era joven me creí poeta. Cuando me di cuenta que no lo era rompí todo aquello que había escrito, pero conservé un verso que decía: “No hay nada más eterno que un amor de aventura”. No hay nada más eterno para mí que la aventura de mi juventud. No hago lo que hacía, sino lo que debo hacer. Eso es ser joven.

Mi juventud no hubiera sido lo que es sino hubiera sido por la generación de la que fui parte. Vivíamos en estado de insatisfacción constante. Esa es una característica muy importante de esa generación, la inquietud antimperialista.

Era el tiempo de la guerra es España. Todos éramos hijos o nietos de españoles y lo todo lo que pasaba allí influía mucho sobre nosotros. Fue una generación que se formó en la inquietud, muy estudiosa además.

La época se prestaba para que fuéramos así. El exilio español en Cuba y los intelectuales más destacados de la República española nos llegaron a lo más profundo. Algunos lograron integrarse tanto que ni resaltaba su origen. Fue el caso de Gustavo Pitaluga, que escribió un libro maravilloso titulado Diálogo con el destino.

Después vino la Segunda Guerra Mundial. En esos años predominaba la esperanza en la derrota del fascismo y la admiración hacia los que luchaban contra él. Luego surgió la esperanza de la humanidad en aquel momento, que fue la Unión Soviética. Toda esta generación creyó que había llegado el momento de la esperanza.

Cuando tenía ocho años vivía en el Mariel. Mi familia tenía una fuerte tendencia guiterista. A mí me tocó ver desde el balcón de mi casa a la escuadra americana entrando a Cuba. Me tocó aprender, antes de comprender, que Cuba tenía al imperialismo norteamericano como una bota encima.

Al final de mis estudios en el Instituto de la Habana, y bajo la influencia de mis maestros españoles, devine anarquista. Milité en la Alianza Revolucionaria. Allí Leonel Soto y yo éramos los únicos blancos, los demás eran negros estibadores del puerto. Eso me permitió salir de mi medio y conocer a los trabajadores de verdad. Puede parecer loco, pero la fundamentación en el anarquismo es la libertad, el pensamiento libertario. Allí encontré libros de marxismo y lentamente me fui convirtiendo en marxista.

Toda mi agresividad política parte de una superación de mi timidez. Me costó mucho trabajo tener amigos, no porque nadie se me acercara, sino porque no quería que alguien lo hiciera. Mi primer amigo fue un joven norteamericano. Esa amistad surgió precisamente por las discusiones que teníamos, porque, paradójicamente, él era comunista. En las discusiones yo intentaba convertirlo en anarquista y él a mí en comunista. Así son las cosas, mi principal enfrentamiento ideológico fue con un norteamericano mejor que yo.

Cuando conocí a Fidel decía, y sigo diciendo, que tenía una especie de protección de los dioses. Un día en la calle pasé por al lado de una santera y me atribuyó a Changó. Creo que algo tiene que haber porque siempre me salieron bien las cosas. Conversando con Silvio y hablando de esto, y no acostumbro a hablar mucho del pasado sino del futuro, le dije que había que creer en los milagros. Yo estoy vivo. Fidel está vivo. Nada más que las cosas vividas juntos hubieran sido suficientes para que estuviéramos muertos.

Bueno, ese día vi a un joven, cuyo rostro ya no recuerdo muy bien, que dijo conocerme aunque yo no lo conociera a él y que tenía que ir a la Facultad de Derecho porque había un muchacho que tenía tremenda agitación allí. Me pareció que no perdía nada con hacerle caso y me encontré, efectivamente, a un agitador estrella.

Al principio lo miré con preocupación puesto que venía de una escuela privada y pensé que podía ser un reaccionario. Luego me propuse conquistarlo. Tuve la suerte de que se enamorara de una muchacha de mi facultad, Mirta Díaz-Balart, y ya no tenía que ir a buscarlo yo sino que él solo venía a enamorar a aquella joven. Resumiendo, terminé siendo yo el conquistado.

En 1948 nos vimos envueltos en el Bogotazo. Eran tiempos muy convulsos. Luego salí unos años del país y tuve otras experiencias extraordinarias. Yo atendía la Universidad Nacional de Francia e Italia y fui seleccionado para ir junto a una delegación de estudiantes universitarios del mundo a apoyar a Mao Tse-tung en los combates. En septiembre del 49 cayó Shangai y se consideró que Mao ya había ganado. Estuvimos allí en comboys dando mítines. No sé lo que entendieron los chinos porque yo hablaba en español y tenía una traductora de francés, alguien lo traducía al cantonés y luego al chino. Creo que los chinos también decían lo que les parecía.

Cuando llego a Cuba unos meses antes del golpe de estado, unos amigos, que dejaron de serlo después de aquello, me llevaron de buenas a primeras a Kuquine, la finca de Batista. De repente los amigos desaparecieron y sale el mismo Batista, se sienta al lado mío y comienza a conversar con la mayor naturalidad. Me quedé paralizado, nunca lo había visto tan de cerca. En resumen, Batista me ofrecía la dirección de la juventud de la FAO, su partido. Yo tenía mis convicciones bien definidas, pero al mismo tiempo tenía un poco de miedo.

Tenía que encontrar una forma de salir airoso de aquella situación y le dije: sé que la vida es muy compleja y que los dirigentes son a veces calumniados sin razón, pero mientras yo no tenga la seguridad de que usted no tiene nada que ver con la muerte de Guiteras me parece imposible aceptar su proposición. La conversación siguió su curso como si nada y volvieron a aparecer los supuestos amigos. Cuando salimos de allí se acabó nuestra amistad. De todas maneras entre las primeras personas que estuvieron presas en el golpe estuve yo, creo que para darme una lección.

Le propuse a Fidel volver a la Universidad, matricularnos y tomarla. Era una plaza autónoma que podíamos hacer nuestra. Él desapareció unos días y cuando lo volví a ver ya estaba conspirando. Preparó un pequeño ejército que nadie sabía que existía. Nosotros desde el 47 ya habíamos acumulado armas. Se produjeron una serie de acciones importantes de calle y luego se produjo el Moncada. A partir de ese momento sentía que se había acabado el frente único, la lucha de masas y todo eso, la sangre del Moncada lo hizo todo diferente.

Reflexiones sobre el presente

Mi juventud no ha acabado. Soy un joven que una bruja ha metido en un cuarto viejo. Ser joven es ser revolucionario, pero no en el sentido de ser miembro activo en una organización, ni de darse golpes de pecho en una asamblea. Ser joven es revolucionar la realidad. Los artistas que son sinceros, no los simulados, son revolucionarios, son transformadores de la realidad por definición. El ideal es que cada ser humano despliegue lo que lleva dentro de artista y descubra la belleza. Si la descubre la ama, y si la ama la transforma.

No desprecio a nadie. No concibo un pensamiento despectivo. Solo que no creo en nadie. Creo en la potencialidad de mi pueblo, por eso lo amo, la potencialidad de "nadies" jóvenes, viejos, contemporáneos o como se le quiera llamar. La esperanza que no es ayudada no sirve para nada. Creo que la tarea de los mayores es ayudar a que el despliegue se produzca.

Esa esperanza la está perdiendo la juventud, porque el lenguaje no puede ser el que tenemos. Hemos cambiado algunos conceptos, pero no el lenguaje.

Por eso amo la belleza de la aventura que fue Julio Antonio Mella. Eso que derramó sobre América Latina lo llevó a militar, a no militar. Era un torbellino, y eso es ser joven. Los jóvenes tienen que ser ellos a toda costa y aprender a nadar contra la corriente cuando sea necesario.

El partido que comenzó la Revolución tuvo que pertenecer a la Internacional, que es como el vaticano, todas las iglesias se supeditan a él. Esto condujo a muchos partidos a cometer muchos errores, a no comprender la situación específica de sus países. El viejo partido comenzó a crear soviets, incluso aunque personas como Rubén Martínez Villena se opusieran. Pero esa estrategia era disparatada porque no se correspondía con la realidad cubana.

No me gustan las divisiones con las que se viven hoy: que si del norte, del sur, en vías de desarrollo, subdesarrollados. No podemos compararnos con África o con algunos países de Asia porque allí la situación es desastrosa. Nadie se da cuenta pero en el mundo actualmente existen 22 millones de esclavos, son pequeños países mundos. En México se acaba de descubrir la esclavitud de niños, aunque el gobierno lo prohíbe, pero yo que he recorrido México creo que no se le puede llegar a conocer del todo. El poder tiende a uniformar y unificar y eso es precisamente lo más grave de la globalización: la uniformidad y la destrucción de la diversidad.

La Internacional empujaba a los partidos comunistas a un mimetismo que favoreció luego el fascismo. Nadie comprendió que todo estaba cambiando, sobre todo la comunicación.

Mella, que surgió de nuestro partido, llegó a ser tan maravillosamente indisciplinado que organizó, adelantándose a Fidel, una expedición militar desde Veracruz para invadir a Cuba y tumbar a Machado. Por eso me parece que lo dicho hoy de Mella le resbala a los jóvenes. Si hablaran del amante de Tina Modotti, que se derretía de amor por él, y de su asombrosa correspondencia, los jóvenes se sentirían más identificados. Eso es lo que comunica, la vida humana. No se les propone a los jóvenes los grandes modelos de vida. Toda la chusmería que tenemos en la calle viene de eso que se llama instrucción y mala educación.

Primero que todo les aconsejo a los jóvenes luchar para que Cuba sea un mejor país y para que sus grandes problemas sean superados. Yo sí creo que se van a superar. Algunos de esos problemas podrían restablecer cierto nivel de consenso que se ha perdido. Pero no se les puede superar con consignas, sino con trabajo. Participar, no callar; denunciar, no ser pasoto (no dejar pasar), como decían los españoles.

En cuanto a los espacios de debate para los jóvenes intelectuales no tengo un conocimiento profundo sobre el teatro escrito, dirigido e interpretado por jóvenes, por ejemplo. No es que no me guste, sino que no tengo tiempo de ir. En cambio el cine sí lo sigo y no estoy satisfecho con lo que están haciendo. Creo que existe entre los jóvenes creadores una gran confusión entre lo cotidiano y lo contemporáneo. El primer elemento casi se ha tragado a la juventud. No digo que haya que ignorarlo, todo lo contrario.

Pienso que hay muchas dificultades en la vida de los cubanos que no van a ser resueltas de inmediato, pero hay algunas que sí. Por ejemplo, en el caso de Dédalos, la revista de la Asociación, no existe un competidor sencillamente porque es la única que se dedica a promocionar el arte joven. Podrían existir otras, más variadas, e incluso podrían polemizar.

Introducir todas las formas de expresión en un mismo saco es un disparate porque esteriliza el arte. Eso fue lo que pasó con Orígenes. Eso no permite el desarrollo de la polémica, tampoco del periodismo.

No me gusta el cine de Julio García Espinosa, pero él es una maravilla. Es el mejor ejemplo de lo que tiene que hacer un dirigente artístico. Nunca intentó imponer su sello o su estilo a alguna obra ajena, sobre todo a ningún joven. Eso es una cualidad extraordinaria que tienen muy pocas personas y dirigentes ahora mismo. Hay que tener ojo para el talento, hay que desdoblarse y meterse en el otro para comprenderlo.

Lo que más me duele de Cuba es que no hallamos podido, incluso queriéndolo, construir completamente el proyecto socialista. Hemos avanzado muchísimo. El paso fundamental para alcanzar una sociedad socialista es la educación, y lo dimos. Tenemos millones de universitarios instruidos, no cultivados. Ese es un triunfo descomunal, es un tesoro que Cuba ya posee. Aunque ahora no lo pueda utilizar porque no tiene los recursos industriales para hacerlo. Pero les digo que bastará un poquito, menos de lo que muchos esperan, para que Cuba despegue.

La contemporaneidad es eso, el despertar de la izquierda en América Latina, no las carencias materiales de la cotidianidad. Hay que radicalizarse en dos direcciones: primero en comprender que la contemporaneidad es la esperanza, y segundo en luchar para que esa esperanza esté aquí también. Los cambios están aquí pero es como si no llegaran. Pienso que el problema es que no hemos sabido hacerlos llegar.

Fidel en varias de sus primeras reflexiones habló de la crisis climática, del estado del verde en el planeta, de lo que se nos echaba encima con la crisis alimentaria, etc. De todo aquello saqué la conclusión de que Fidel hizo el primer aporte al socialismo moderno. El lenguaje del proyecto socialista cambió completamente porque es el proyecto de la salvación del planeta, el partido verde.

He estado leyendo últimamente un libro fundamental de Paul Lafargue que se llama El derecho a la pereza, no el derecho a ser vago, sino al ocio creativo. Trata de cómo se le roba el tiempo al trabajador y se le quita de esta manera el derecho a la lectura, a la creación, a la superación.

Si la sociedad fuera más estable y se redujera el tiempo de trabajo, quizá la televisión no fuera una porquería o hubiera otro tipo de televisión para las personas que esperan un producto cultivado y no la estupidez generalizada. Se trata de respetar la inteligencia del millón de personas, por ejemplo, que esperan otra cosa.

Creo que si todos no desenfadáramos y habláramos claro en todas partes, estaríamos salvados. Ser joven es ser germen. La apatía existente ahora es causada por defectos de mi generación, por la complejidad de los acontecimientos, por la incidencia de factores imprevistos y porque la historia no se escribe en línea recta, es laberíntica. Nuestra vida y nuestra sociedad necesitan un trabajo de perfeccionamiento, pero solamente afrontamos problemas. Debemos dar ejemplo continuamente y hace falta mucha combatividad para eso. Hace falta combatividad.

La pasión forma parte de la vida. La amorosa en un acto de locura, pero en sentido general la pasión no se contradice con la madurez. Todo lo que encierre un camino me parece un desastre.

Si hay jóvenes insatisfechos, dando gritos y tratando de soltar energía alocadamente, tengo que preguntarme por qué. Si no tienen camino, tengo que buscarles por dónde ir, aunque sea 50 discotecas, perfectamente posibles además en una ciudad de dos millones de habitantes. Se trata de promover la diversidad.

Construir un alma que valga la pena es una tarea individual. La vida es la construcción del alma. La primera vez que leí a Confucio creí que era una porquería. Cuando lo volví a leer años después, descubrí que es una maravilla y pude comprender al partido comunista chino. Está escrito en forma de lecciones que da un maestro. El sentido del tiempo de esa civilización es asombroso. Es algo loco. Para ellos el desarrollo se va produciendo desde las costas hacia el centro, el corazón del país.

Para pensar así hay que tener una mentalidad oriental porque yo lo quiero todo ya, quiero vivir lo grande que viene. Esta generación, la mía, tiene el deber moral de producir los grandes cambios que echen a andar de nuevo a esta sociedad.
 

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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