Año VIII
La Habana
24 al 30
de OCTUBRE
de 2009

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Encuentro con Roberto Fernández Retamar

La condición de no tener pasado

Rachel Domínguez Rojas • La Habana

Fotos: La Jiribilla

 

Moderado por la periodista Magda Resik, el espacio Encuentro con Maestro de Juventudes ha sido concebido por la Asociación Hermanos Saíz para que, junto a los galardonados con esta distinción, el público tenga la oportunidad de discutir, preguntar y opinar sobre los temas que les interesan a los jóvenes de hoy. El 21 de octubre en el Pabellón Cuba el maestro Roberto Fernández Retamar recorrió públicamente algunas fracciones de su juventud y pedazos de caminos de seres conocidos y queridos por la juventud en especial.

De su juventud…

Nací en el año 1930. Durante el final de mi niñez y el comienzo de mi adolescencia tuvieron lugar acontecimientos muy importantes. Tenía 9 años cuando fue derrotada la República Española. Tenía 15 cuando se terminó la llamada Segunda Guerra Mundial que afectó al mundo entero, digo “la llamada” porque siempre he pensado que solo hubo una gran Guerra Mundial dividida en dos períodos. Cuando era adolescente, las ideas que predominaban eran las de izquierda, o al menos eso era lo que yo creía. Recuerdo la sorpresa que me llevé cuando encontré a una compañera de estudios que era franquista. Para mí era lo más normal del mundo ser de izquierda, y me impactó mucho descubrir que no era del todo así. Muchos años después encontré a su hija convertida en mujer y no le perdonaba a su madre el haberla sacado del país. Paradójicamente ella sí resultó toda una revolucionaria. Yo no pude decirle que su madre tenía ideas muy radicales. Ella hizo lo que también hicimos nosotros con nuestros hijos, lo que pensamos que era mejor para ellos. Sin embargo, fue aquella compañera la que me abrió los ojos.

Estando en segundo año de la Universidad, recuerdo que me emocionaron mucho unos versos de Julián del Casal. Porque era sobrino nieto de José Martí y porque era poeta, empecé a escribir poemas. También publiqué otras cosas, entre ellas una entrevista a Ernest Hemingway, pero lo primero fue la poesía. A partir de ese momento me consideré escritor, desde mis 20 años hasta ahora.

De los jóvenes…

Fui un joven muy lector. Hice las cosas que me correspondía hacer en ese momento, pero no era muy alborotador. Mi familia pasaba las vacaciones en la playa de Santa Fe, y allí tengo recuerdos muy hermosos. Allí, entre los 15 y 16 años, me leí los clásicos de los que había oído hablar. También aprendí a bailar, aunque no fuera muy bueno. Haydée Santamaría decía que parecía que estaba sacando agua de un pozo.

Tampoco era un joven inactivo. Recuerdo que en 1949 una delegación de poetas franquistas visitó el país y en la Universidad, junto a Alfredo Guevara, se decidió boicotear el encuentro. El resultado fue un par de días en la cárcel, nada raro en aquellos años. Como Adelaida, yo trabajaba y estudiaba, pero no dejé de tener inquietudes políticas.

Cuando terminé la Universidad, me casé y solo me volví a sentir joven en el 59. Esa fue mi otra juventud, más madura. Shakespeare decía que la madurez lo es todo. Aquellos años eran increíbles. Cuba tuvo un embajador en Hungría que tenía solo 19 años, el propio Fidel tenía 32 cuando fue ministro. Eran tan jóvenes los que tenían las grandes responsabilidades que cuando cumplí los 28 me sentí un poco viejo. Creo que la juventud de ahora debe mirarnos con un poco de sana envidia.

La juventud va y viene. Yo soy un ejemplo. La cuestión no es ser viejo, sino maduro. Hay aspectos que se avienen mejor con unos que con otros. Por ejemplo, considero que la matemática es una disciplina para jóvenes, en cambio, es muy difícil encontrar un gran historiador que sea joven. En este sentido específicamente el poeta se manifiesta primero y el prosista después. Decía Martí que “la prosa viene con los años”.

Pero lo más importante es que la juventud es el momento de la vida en que casi no se tiene pasado y se suele ser exigentes en los juicios hacia los mayores. Hacen bien en hacerlo. Manuel González Praga dijo algo terrible: “Los jóvenes al trabajo y los viejos a la tumba”.

Por supuesto, no estoy de acuerdo con eso de “…los viejos a la tumba”, pero sí creo que los jóvenes deben aprovechar al máximo la condición de no tener pasado. Ellos deben asumir el papel de la obligada creación, están moralmente obligados a hacerlo.

Hay quienes dejan de crear cuando se convierten en adultos, pero hay quienes crean toda la vida. Es bueno contar con ejemplos de estos últimos.

La humanidad está en riesgo y ya, como decía Fidel, no se trata de Patria o Muerte, sino de Vida o Muerte. Los que somos optimistas tenemos fe en que siempre van a existir jóvenes como los hermanos Saíz, capaces de cosas extraordinarias.

De poesía…

En 1974 escribí un poema que se llama “Aniversario” y se lo di a una niña de mi familia. Me dijo que eso no era poesía, era la vida. Pero es que la vida cuando se sabe vivir bien, es poesía. Ya de mujer comprendió que el poema no solo era la vida, sino que era la vida vista a través de la poesía.

Perdónenme la comparación desmesurada. Cuando Martí le envió a su madre el cuaderno de poemas Ismaelillo, ella le respondió: “Es como la vida misma”. Yo estoy seguro de que la poesía sobrevivirá a todos los avatares.

Del Che…

No tuve la dicha de trabajar junto al Che o de luchar junto a él. Cuando me encontré con él la primera vez, yo tenía 30 años, y la última vez que lo vi, sin saber que era la última, tenía 36. En el único encuentro azaroso que tuvimos, donde lo único que podíamos hacer era conversar, me dio a leer el original de El Socialismo y el hombre nuevo en Cuba. Por supuesto, le hice los elogios merecidos, creo que es una gran obra. Sin embargo, le dije que con lo único que no estaba de acuerdo era con la parte referida a los intelectuales donde decía que no eran lo suficiente revolucionarios. Me respondió que él era un aspirante a revolucionario, y pensé que ahí se acababa la conversación. Imaginen, que un hombre como él responda algo así.

No obstante, el Che me pidió que publicara esa idea en algún medio. Le encantaba la polémica. Le dije que no habría un periódico con los…, bueno, no voy a decir la palabra, suficientes para publicarme un artículo que entrara en discusión con el Héroe de Santa Clara. Entonces me pidió que se lo enviara para publicarlo él mismo. Llegué a enviárselo ciertamente, solo que un poco tarde, pues el Che ya había salido de Cuba.

Tiempo después Haydée supo de esa carta y me preguntó si era cierto que yo le había enviado al Che una carta “discutidora”. Le dije que sí, estaba defendiendo la parte que tocaba dentro del proceso. Ella me preguntó algo que en ese momento tontamente no comprendí: “¿Tú le habrías mandado una carta así a Fidel cuando estaba en la Sierra?”. Por supuesto que no lo habría hecho.

Todavía creo que en ese aspecto el Che no tenía la razón, salvando la admiración que siento hacia él. Por eso me alegra mucho que ahora los intelectuales puedan dirigirse a sus dirigentes con toda sinceridad.

De Silvio…

El último concierto de Silvio en la Casa de las Américas fue muy especial. Él siempre ha tenido una actitud muy generosa con esta institución. Sentía un cariño admirable por Haydée Santamaría. Ella siempre lo defendía mucho.

Decía que en el pasado concierto fue la primera vez que leí mi poesía en la Casa de las Américas. Quizá haya músicos a los que no les guste interpretar su música, o poetas a los que no les guste leer su poesía. A mí en particular me gusta mucho, porque la poesía es un hecho verbal que vive del lenguaje mismo. Ese día junto a Silvio lo pasé muy bien. 

 

De Martí…

Es el “supremo varón literario”. Cuando pienso en todo lo que escribió, me pregunto de dónde habrá sacado el tiempo para leer todo lo que le permitió escribir como lo hizo. Lezama decía que es “un misterio que nos acompaña”. Era un hombre brillante, el tipo de hombre del que Gramsci habló, el hombre del que, sin buscarlo, se enamoran todas las mujeres.

Tal y como imaginó la periodista Magda Resik, el encuentro no podía concluir sin el gusto de escuchar en la voz de su autor uno de sus poemas más reveladores y populares:

Felices los normales

Felices los normales, esos seres extraños.

Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,

Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,

Los que no han sido calcinados por un amor devorante,

Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,

Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,

Los satisfechos, los gordos, los lindos,

Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,

Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,

Los flautistas acompañados por ratones,

Los vendedores y sus compradores,

Los caballeros ligeramente sobrehumanos,

Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,

Los delicados, los sensatos, los finos,

Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.

Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,

Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan

Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos

Que sus padres y más delincuentes que sus hijos

Y más devorados por amores calcinantes.

Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

 

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