Año VIII
La Habana

8 al 14
de AGOSTO
de 2009

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Entrevista con Salvador Arias

La Edad de Oro en sus 120 años

Rachel Domínguez Rojas • La Habana

 

Más de un siglo después de aparecida La Edad de Oro, las resonancias de este texto hacen que sobre el mismo sigan apareciendo investigaciones de las más diversas índoles. Generadas desde el Centro de Estudios Martianos, en nuestro país se han trabajado dos ediciones críticas de este texto básico para la infancia. A cargo de ellas ha estado el doctor Salvador Arias, quien es autor de textos como Búsqueda y análisis, una recopilación de ensayos publicado en 1974; la edición de 1980 de Estudios heredianos, de José María Chacón y Calvo, con prólogo de su autoría; Tres poetas en la mirilla, libro dedicado a Gabriel de la Concepción Valdés “Plácido”, José Jacinto Milanés y Gertrudis Gómez de Avellaneda que data de 1981; y Aire y fuego en la raíz: José María Heredia, con ediciones en Cuba y México. Arias, además, ha publicado ensayos y artículos en la Revista de la Biblioteca Nacional, la revista Bohemia y el diario Juventud Rebelde, entre otros. A este hombre de mirada clara nos acercamos para conocer de este proyecto que fue y es, fundamentalmente, una obra de amor. 

La edición crítica de La Edad de Oro

Edición crítica es un término acuñado en lo que es la investigación literaria. Una edición crítica explica todo aquello que debe explicarse. Por supuesto, existen muchos niveles: la edición crítica debe ser tanto para niños y adolescentes, como para especialistas. Se maneja el tipo de información que debe brindarse a cada lector. No es lo mismo un niño que un graduado universitario.

En el Centro hemos estado realizando por mucho tiempo dos ediciones críticas. La primera fue realizada de forma muy exhaustiva, en ella se explican las obras de José Martí de forma muy detallada pensando en todo tipo de personas, un muchacho de secundaria, por ejemplo. La información es excesiva, pero me parece necesaria. La Edad de Oro se escribió hace exactamente 120 años, y el mundo ha cambiado mucho, indudablemente hay cosas de aquella época que ameritan explicarse hoy. La otra edición, que aún no ha salido completa, va a estar de acuerdo con las normas de los demás tomos.

Entonces, tenemos dos ediciones: la que trae dentro las Obras Completas, de Martí y esta otra que tenemos aparte sobre La Edad de Oro, a la cual ya comenzamos a dividir en cuadernos. El último tomo que ha salido es el que contiene “La exposición de París”, “El padre Las Casas”, “La Ilíada”....Y ahí nos quedamos, porque la impresión es muy cara. Nosotros queremos que salga también en una tirada más barata para que llegue a todo el mundo. En general, esta es la labor principal del Centro de Estudios Martianos, hacer una edición crítica de todas las obras de José Martí. En esta tarea vamos por el tomo veinte y tanto, donde se incluye La Edad de Oro.

Llevo muchos años trabajando con ese libro, es un amor mío desde la niñez. Cuando en la universidad me pedían trabajos sobre algún texto bueno, yo escogía siempre La Edad de Oro y por ello, al haber trabajado tanto con ese texto, decidimos hacer su volumen correspondiente.

Primeramente recopilamos todo lo que se había escrito sobre su contenido. Durante el proceso me di cuenta de que también había que crear un instrumento para los profesores enfocado en la mejor comprensión de Martí. Por ejemplo, “La exposición de París” es un artículo que contiene mucha información de la época. Herminio Almendros, en un libro muy importante que hizo sobre La Edad de Oro —el primer libro que se hizo sobre ella—, dice que hay mucha información que debe restituirse porque ha pasado mucho tiempo. A mí me parece que esa información no está por gusto, Martí pone los datos con un sentido formativo y quizá ahora haya que explicarlos, pero nunca eliminarlos. Algunos de los países que él menciona han cambiado de nombre, evidentemente es necesario señalarlo; pero Martí no va a los detalles, sino al sentido general que brindan en su conjunto. Ese artículo, “La exposición de París”, trata sobre todo del desarrollo industrial y termina con una frase que a mí me gusta mucho: “...por debajo de La Torre Eiffel pasan los pueblos del mundo...” Esta es una de las ideas más importantes del artículo porque la torre en ese momento significaba la máxima expresión de las posibilidades de creación del hombre, y cosas como esta no se deben perder por exceso de información o por un vocabulario complejo.

Los niños de hoy indudablemente pierden vocabulario con el cine, la televisión o los video-juegos. Se habitúan a un lenguaje muy seco. También pasa con Internet, donde se va contrayendo el lenguaje. Es más rápido, pero menos rico. Sabemos que Martí escribía con una gran riqueza de lenguaje, aunque La Edad de Oro haya sido escrita para los niños, para que los niños se comunicaran con él.

Otro aspecto importante en esta edición son las traducciones. Existe una gran polémica alrededor de este tema porque se dice que una buena traducción puede considerarse otra obra. Félix Flores, un amigo que ha trabajado mucho alrededor de las traducciones de Martí para La Edad de Oro, acaba de publicar un libro acerca de la obra de Edgar Alan Poe en Martí, es decir, de las traducciones realizadas por Martí de los escritos de Poe. Desde mi punto de vista, esas obras no son meras traducciones, sino que cuando Martí las asume, las transforma. Cuando se lee el texto original, y luego se compara con la traducción, uno se da cuenta de sus arreglos: lo que quita, lo que agrega, en ocasiones referencias muy personales.

En “Meñique” —una traducción del cuento de Laboulaye—, el momento en que se relatan las nupcias del protagonista se describe como una boda modernista, por lo colores que pinta Martí con todos los detalles. Cuando dice que de los matrimonios no se puede decir nada hasta que no pase un tiempo, hay intercalada una nota autobiográfica. Él se deleita como un gran escritor. Siempre hay una recreación al traerlo a la lengua española, porque el español no es igual al francés ni al inglés.

Quizá el ejemplo más claro sea “Los dos príncipes”, de Helen Hunt Jackson, que en inglés se titula “El príncipe muerto”. Aquí Martí se aleja más del original en la segunda parte cuando habla de los pastores. Para el autor original del texto, los pastores y los reyes sienten el mismo dolor, y habla de los pastores llorando; Martí, en cambio, habla de esos pastores trabajando y dialogando en primera persona, mientras que los reyes no hablan. El pastor cava la fosa y la pastora dice que ellos no tienen luz del sol. Por lo tanto, Martí le confiere una mayor emotividad a ese pasaje del texto mediante su traducción. Por eso, ya no es traducción, sino una versión del original. Así pasa con casi todo.

Esta edición crítica ya se halla terminada, pero no publicada. Nosotros estamos tratando de que se distribuya rápido pero cuesta trabajo llevar a cabo ese proceso. También las ediciones de La Edad de Oro se agotan enseguida, es un libro que hay que estar publicando constantemente.

Cuestiones éticas… no solo para niños

Las influencias del contexto en que se escribe una obra, casi siempre influyen enormemente. Con esta obra se puede decir que las cosas que estaban ocurriendo en aquel momento no influyeron de una manera directa. Lo que Martí tenía como prioridad en el año 1889 era la independencia de Cuba, y este tema no sale en La Edad de Oro, no porque no fuera importante, sino porque estaba pensando en el futuro. Él parte de la realidad, pero de lo que pudiera ser esa realidad en el futuro.

Muy cierta es la frase de Martí, probablemente una de las más mencionadas y que todos repiten: “los niños son la esperanza del mundo”. Sencillo, La Edad de Oro es una forma de preparar a los niños para lo que les tocará vivir cuando sean hombres. Incluso, de acuerdo con las características que quiere darle a la revista, trata los temas desde su esencia. Trata el imperialismo sin adoctrinar a los niños sobre el significado de la palabra como tal, sino les inculca su esencia: los pueblos que intentan sojuzgar a otros, los héroes que no son superhombres.

Martí va a las cuestiones universales, parte de la realidad en concreto, como lo hace en “La exposición de París”, pero a partir de ella plantea cosas que van a ser válidas por mucho tiempo. Por eso a mí me parece que el peso mayor de La Edad de Oro más que en cuestiones informativas o anecdóticas, está en lo ético. “Un paseo por la tierra de los anamitas” o “La historia de la cuchara y el tenedor” son textos que proyectan el futuro. Eso es lo que hace que La Edad de Oro se traduzca y se lea en todos los idiomas, que sea un libro universal.

Siempre me sorprende el gran respeto que tiene Martí por los niños. Eso lo he sentido siempre. Hizo mucho hincapié en que no les mintieran a los niños o intentaran burlarse de ellos. En sus cartas también se puede ver el profundo respeto con el que se acerca a los pequeños. Cuando les habla intenta que lo comprendan, que se establezca una comunicación, pero sin dejar de plantear sus ideas, toda su problemática de una forma comprensible para ellos. Así sucede con el clásico tema tabú: la muerte, que está presente en casi todos los cuentos de La Edad de Oro.

Martí les dice a los niños que no les deben temer a la muerte, sino aprender a morir dignamente, verla como algo cotidiano. Incluso pone el ejemplo de los anamitas, que era muy extraño en la religión católica, de cómo llevan a sus muertos al bosque para que sean comidos por los animales y de esa forma retornar a la naturaleza. Esa es una idea sumamente avanzada para la época.

Tampoco es que La Edad de Oro pueda verse solo como un libro para niños, aunque hasta hace pocas décadas esa era la opinión generalizada. Pero pensando en los niños como los hombres del futuro, puede decirse que es un libro para todas las generaciones. Por eso creo que la formación de los hombres tiene que pasar por La Edad de Oro. A mis 75 años aún estoy leyendo ese libro, y encontrando cada vez algo nuevo.

La Edad de Oro tiene muchos niveles de lectura. Martí, como los grandes escritores, no se queda nunca en un solo nivel del mensaje. El niño puede captar algunos de ellos, otros ya para el adolescente y otros para los adultos que la lean con detenimiento, la analicen o la estudien.

Pienso que hay algo interesante en este punto de los mensajes, y es que los niños no lo repelen, no sienten como si los estuvieran adoctrinando. Por ejemplo, en “Nené traviesa”, la pequeña rompe el libro y el padre se molesta, pero no le pega. Puede que ahí haya un mensaje más para los padres que para los niños. Yo pienso que La Edad de Oro está para los niños y más allá de ellos.

Según Martí, el cierre de la revista se debió a que su editor, Da Costa Gómez —además el de la idea original, el que tenía la tipografía y el que pagaba la revista—, comenzó a recibir una serie de quejas y protestas de los lectores de la época porque “el temor a Dios no estaba presente en la revista”, según las propias palabras de Martí.

Cuando uno compara La Edad de Oro con las revistas escritas en español de la época, se da cuenta de que esta rompía con todos los cánones de las publicaciones para niños de ese momento. En Cuba existían algunas, unas malas y otras no tanto. José de la Luz y Caballero tuvo una a su cargo y también Cirilo Villaverde, todo esto está muy bien explicado en un libro llamado Un proyecto martiano esencial. Incluso en los años sesenta y pico hubo una en Guanabacoa, en la que figura Martí como colaborador, aunque parece que nunca tuvo oportunidad de escribir.

En todas las revistas de la época —era el concepto que existía también en la educación—, enseñaban al niño a temer a Dios, a sus padres y a su familia en general, a ser obedientes y tranquilos. Pero Martí definió su propio concepto: “…los niños no pueden ser lagos quietos sino ríos revueltos…” Esto levantó una serie de protestas y se las hicieron llegar a Da Costa, que al parecer no era ni siquiera católico sino judío.

Los editores siempre se le quejaban a Martí. En La Nación, le pidieron que no hablara tan mal de los EE.UU., y generalmente él aceptaba, en apariencia, porque como escritor tenía los medios necesarios para decir lo que quería de una forma más sutil y menos evidente. Pero La Edad de Oro fue el único proyecto literario que él cuidó en todos sus aspectos: lo escribió completo, veló el diseño de la revista, escogió las ilustraciones, asumió la distribución por Latinoamérica... Era tan suyo que, o seguía siendo como él quería o se dejaba de hacer. Tampoco se puede olvidar que en el año 1889 ya Martí tenía muchísimas tareas y estaba en la recta final para la formación del Partido Revolucionario. A veces me pregunto cómo logró el tiempo para escribir La Edad de Oro.

Todos los héroes no son como Superman

En cuatro meses (de julio a octubre), Martí se trazó un proyecto muy amplio. En la misma él habla de cosas que no llegó a hacer, como fomentar la interacción de la revista con su público, y también un famoso artículo sobre la luz eléctrica que anunció en varios números y no salió nunca.

Pienso que él tenía un plan muy amplio que no tuvo tiempo de cumplir y una organización entre los temas de cada número. El primero está dedicado a la temática del héroe: “Tres héroes”, “La Ilíada”, “La ardilla y la montaña”, “Meñique”, “Bebé y el señor don Pomposo”, son distintas formas de ser héroe que Martí pone al alcance de los niños. “La exposición de París” irradia otros textos, a través de ella Martí tiene contacto con la cultura oriental china, y eso después se ve en otros posteriores, “como Los dos ruiseñores”.

También creo que en sus cuentos (“Bebé y el señor don Pomposo”, “Nené traviesa” y “La muñeca negra”) hay una superación progresiva. Hay un aspecto, el punto de vista desde el cual están narrados, que es el punto de vista del niño, y es mucho más avanzado en cada cuento. Como todos los grandes escritores, Martí se fue superando a sí mismo a medida que escribió.

Los conceptos principales que esgrime Martí son sobre todo éticos. Él insiste mucho en una idea que es muy difícil de aceptar en estos días, y es que el hombre tiene que ser bueno de por sí. Además, está su problemática básica que es América Latina. Están “Las ruinas indias”, “Tres héroes” y “El padre Las Casas”, que para conocer la historia de América son esenciales.

Hay ciertos artículos en cada número que, como la revista debía tener 32 páginas, eran de base. Entonces, cuando le quedaba espacio armaba otros más pequeños. “Un juego nuevo y otros viejos” me da la impresión de que era de estos últimos.

Martí escogió tres láminas y elaboró un texto que aparentemente no tenía nada que ver con las ilustraciones, sino que las recrea y les llama muñecas a los tributos que hacían los romanos. Esos son aspectos importantes. También la apertura a la ciencia y la técnica y sobre todo la apertura al mundo.

Se habla recientemente del ecologismo en La Edad de Oro. Eso me hace pensar que según avance el tiempo seguiremos encontrando cosas en los textos de Martí que tienen que ver con nuestra época y nuestra realidad, y que nos son útiles. Con esta revista rompió completamente con lo que era la literatura para niños de la época.

Por otro lado, el niño, como ser con sus propias características y personalidad, comienza a valorarse en el siglo XVIII con Emilio, de Rousseau. Antes de eso, era solo un hombre pequeño. Es en el siglo XIX cuando se empieza a descubrir y a escribir para él. Pero se le escribía desde la posición del maestro, siempre regañándolo e imponiéndole reglas, aunque en EE.UU. ya existían algunas revistas que habían avanzado un poco en ese sentido.

Cuando salió La Edad de Oro, lo que más sorprendió fue que un escritor tan prolífico como Martí pudiera escribir en esa forma para los niños, con todas sus armas, con todas sus posibilidades. Porque como él lo hizo no lo hizo nadie en la época. O se escribían boberías para las criaturas o los que escribían para ellos no eran grandes escritores. Eso sigue pasando un poco, hoy mismo la literatura infantil es bastante subvalorada.

Hubo un rompimiento completo con La Edad de Oro, sobre todo en la lengua española. Lo más sorprendente es que todas las ideas de Martí como pensador y revolucionario están en esos cuatro números, accesibles a todos los niños. Por eso, es trascendente en tanto el pensamiento de José Martí lo es.

En América Latina, fundamentalmente, hubo una ruptura evidente con los esquemas existentes y con la cultura colonial. La primera edición que se hace de La Edad de Oro fue en Costa Rica, en 1920, y se han encontrado anuncios de la revista en periódicos de la época pertenecientes a Guatemala, Panamá y otros países latinoamericanos.

Martí fue creando una nueva visión de lo que era trabajar con los niños, se preocupaba mucho por la comunicación con ellos. Utilizaba un tono conversacional que, sin ser elegante ni rebuscado, facilitaba la comunicación. Sobre todo en “La última página”, que sí era coloquial completamente.

Cuando Martí llega a los EE.UU., existen visiones sobre el Otro muy denigrantes, en especial de los emigrantes. Los chinos, que siempre han sido una comunidad muy fuerte en ese país, acusaban este rechazo constantemente, se hablaba muy mal de ellos. Sin embargo, se acerca mucho a su cultura y se va adentrando en el mundo oriental. Pienso que el relato sobre los anamitas es el mejor ejemplo para eso. Él siempre atacó la discriminación y los prejuicios raciales en sus escritos, y creo que con esto ya estaba a las puertas del siglo XX.

La Edad de Oro llegó a la edad de plástico

Las ideas siempre tienen vigencia. Desde que se forman, se van arrastrando de generación en generación. Lo básico del ideario que conservamos de Martí surgió en aquellos años.

Los niños de aquella época leían mucho, también a falta de televisión y otros entretenimientos tecnológicos; pero eso hizo que no se perdiera su legado y nos llegara prácticamente íntegro al día de hoy.

Creo que si Martí escribiera La Edad de Oro en estos momentos lo habría hecho utilizando los recursos tecnológicos más atrayentes para los niños, sin perder su fórmula, aunque la forma cambiara un poco. De hecho actualmente se utilizan muchos de esos medios para dar a conocer sus textos y en especial el que nos ocupa.

Esto se ve en el hecho de que en las librerías La Edad de Oro sea un texto muy solicitado, uno de los primeros en las listas de los más buscados, y en que todos los años hay que hacer nuevas impresiones. Cuando un niño tiene La Edad de Oro, no es un libro que regale ni que pierda, es un libro que cuida. Cada nueva generación de niños quiere tener su propio libro, un libro que además llega a muchísimos pueblos del mundo.

En cuanto a los estudios realizados sobre este texto, te puedo decir que en las últimas décadas se han hecho seis o siete veces más investigaciones que desde el año 1889 hasta los años 50, y a mí me parece que eso es una prueba evidente de su vigencia.

A mí La Edad de Oro me la dio mi padre, y mis sobrinos le tienen mucho amor a ese libro. Al varón le gustaba mucho “Meñique” y cada vez que lo visitaba me pedía que se lo leyera. Como el texto era muy largo, a veces me saltaba algunas partes, y él me lo corregía y no se dejaba engañar porque se lo sabía de memoria.

No te puedo decir que esta experiencia sea generalizada en todos los niveles porque no tengo conocimiento, incluso algunos profesores se quejan de que no se conoce como se debiera La Edad de Oro. Mi opinión en este caso sería muy parcializada porque trabajo en un lugar donde acudimos a ese texto constantemente. También los fines de semana vienen los niños de la comunidad y de las escuelas cercanas a diversas actividades que hacemos en el Centro y ellos se la conocen muy bien.

Se supone que nuestros niños de hoy la leen porque la piden y siempre es un buen regalo. Además sus padres la leyeron, eso es una tradición que me imagino que se mantenga, aunque no lo puedo asegurar.

Especialmente creo que los medios de difusión no siempre reflejan a Martí del mejor modo y eso a veces aleja al receptor, cae en una especie de campo de rechazo. Pero no creo que pase eso con La Edad de Oro porque la mayoría de las veces les llega de una forma natural.

Con lo que significa Martí en Cuba, con lo que significa La Edad de Oro, los niños se acercan a ella voluntariamente, con interés. Habría que preguntarles a los niños si ese libro es accesible o no. De algún modo hay algunas cosas que necesitan explicación, de ahí la edición crítica. De todos modos, los niños saltan las dificultades sorprendentemente y casi siempre tienen más capacidad que la que les atribuyen los adultos. Ellos asumen La Edad de Oro a su propio modo, eso queda para estudiar.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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