Año VIII
La Habana
1 al 7 de AGOSTO
de 2009

 

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Son muchos los que vuelven una y otra vez a los textos de Nicolás Guillén. Unos gozan el ritmo de sus versos, otros la melodía de las palabras; unos transitan por las alturas de sus elegías, otros por los sones sencillos y rotundos; unos se enardecen con el canto ceremonial a los ancestros, otros con el fulgor de su ingenio. ¿Qué tiene la obra de Guillén para que tantos usos cotidianos y permanentes se hagan posibles? ¿De qué tamaño es la vastedad de su legado?
Honduras... Notas para una tesis
Rafael de Águila
• La Habana
Los golpes de Estado en América Latina pueden homologarse a un enorme y terrible cáncer, un cáncer que ha diezmado continua y dramáticamente a la familia latinoamericana. Han sido cientos de miles los asesinados, los desaparecidos, los torturados, los detenidos, los vejados, los exiliados, los vapuleados. En consecuencia cualquier resurgimiento, incluso new fashion, estremece a los pueblos de la región. Se teme, con razón, la más ínfima posibilidad de retorno de la enfermedad. Y no habrá quien aplauda o tolere recidivas. La suerte de Honduras puede ser la suerte de todos en el continente.
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Cervezas de premio

Henry Louis Gates intentaba abrir la puerta de su casa, cuando se presentó el sargento Crowley —tras un aviso de posible robo. Gates es catedrático, pero es negro, y eso bastó para que el policía no dudara de que fuera un ladrón...

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Nicolás Guillén en la ruptura vanguardista
Denia García Ronda
• Camagüey
Los poemas rupturistas de Guillén no se afilian completamente a ninguna de las tendencias que recibieron el nombre genérico de vanguardia. Solo en el poema “El puente” hay un cierto matiz surrealista. En su caso, la asonada vanguardista del 27 al 30 sirvió, más bien, para remover su dormida conciencia poética ofreciéndole nuevas posibilidades expresivas, más cercanas a la vida real. No se van a encontrar en estos poemas desafueros tipográficos ni estridencias metafóricas. Abordarán, sí, los temas nuevos —adelantos técnicos, velocidad—, pero tratados con una actitud no distanciada, conservando la subjetividad del sujeto lírico, mediante un lenguaje cercano al prosaísmo.
Quedan planteadas algunas zonas interesantes cuyo potencial permanece aún alejado del discurso crítico sobre la obra de Nicolás Guillén. La crónica urbana, tal y como hemos podido al menos bosquejar, engarza de manera armónica con otras directrices creativas de este autor. Pero no solo corroboran algunas de esas ideas, asentadas ya en nuestro imaginario crítico, sino que reconfiguran muchas de ellas dotándolas de una nueva intensidad.

Selección de poesía de Nicolás Guillén

Mi patria es dulce por fuera... 

Martí

Cuando yo vine a este mundo

Cómo no ser romántico

A veces...

Pero que te pueda ver

Burgueses

Palabras fundamentales

Tu recuerdo

El biógrafo Nicolás Guillén
Mariana G. Serra García
• Camagüey
Las semblanzas escritas por Guillén incluyen a personalidades de diversas esferas de la actividad humana: ya sea un músico, poeta, novelista, pintor, político, pelotero, boxeador, científico o realice varias ocupaciones simultáneas; ya sea blanco, negro o mestizo; joven o viejo; antecesor o contemporáneo; letrado o autodidacta; ilustre o desconocido; aunque se inclina con mayor satisfacción hacia estos últimos, en el interés de dar visibilidad a quienes se encuentran en los márgenes de la crítica y la historia "oficiales", en tanto instancias legitimadoras.
Los “Pistos manchegos”
José Villabella
• Camagüey
En estas crónicas, Guillén emplea una especie de estro que lo acerca mucho más al receptor: la estructura del género que ya hemos especificado es de carácter impersonal; en algunos escritores costumbristas hay, en ocasiones, algunos giros de cierta familiaridad con el lector. Para Guillén, el receptor es activo. Puede resultar reiterativo subrayar que la ironía está implícita en la mayoría de los “Pistos”; en ellos el soporte estriba en el relente desparpajo politiquero de los años 20 y, en general, de todo el período neocolonial y también en la agudeza con la que el autor realiza sus valoraciones de la psicología del cubano en esos años.
La voz del poeta
Sigfredo Ariel
• La Habana
La poesía de Nicolás Guillén es auténticamente popular porque su raíz está en la música y el modo de ser de su gente. Se cantan, se repiten versos suyos sueltos, frases completas en bocas que no saben a la larga quién las escribió: "al fin, el mar; como si fuera la primavera; lo que tenía que tener..." Y su gente es también el siglo de oro español, el bembé, la décima espontánea del rimador casi iletrado, los clásicos... Lope y un bongó, Villon y un tres. "Todo mezclado".
EN MP3  
 

Nicolás guillén
Dice sus poemas

 

1. Tengo  
2. Balada de los dos abuelos
3. Canción de cuna para despertar un negrito  
4. A veces                  
5. Un poema de amor              
Vamos a conmemorar los primeros 20 años de la muerte del poeta de Sóngoro cosongo (1931), El gran zoo (1967) y las maravillosas elegías; del poeta de la voz entrecortada al margen de sus libros de estudio, junto a las horas crucificadas a las tres menos cuarto; del poeta de las crónicas perseguidas en el centro de los bateyes y en los puertos; el poeta amigo de los negros ahogados a la orilla del Mississipi; y el poeta de los ríos y los bares y la paloma de vuelo popular y de las gacelas del Caribe...
Antes de conocer el mundo y de sufrir la experiencia del exilio, el cubano Nicolás Guillén no solo había publicado de manera vertiginosa varios de sus poemarios más importantes, sino que se había alimentado, en su propia ciudad natal y, luego, en La Habana, de ese fermento literario para la poesía negrista que comenzó a emerger a partir de los años 20 en la región del Caribe, en Estados Unidos y en Europa.
Nicolás Guillén
Vivo a veinte años de su muerte
Paquita Armas Fonseca
• La Habana
Para el bardo la experimentación fue siempre muy cara, de ahí que cultivara clásicos sonetos  o prosas poéticas. Es cierto que la mayoría de su obra tiene como denominador común una especial musicalidad, pero sus indagaciones y construcciones no se limitan a eso. Lo cierto es que si Nicolás Guillén dejó de respirar hace 20 años, hoy sus versos y su labor toda tienen la vitalidad propia de la auténtica creación.
 
por Liborio Noval
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del Poeta
 
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El ex jefe de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana, el embajador James Cason, criticó duramente a la administración de  Obama por retirar la pantalla electrónica que durante tres años transmitió noticias y mensajes políticos a los cubanos desde el edificio de esa sede diplomática.

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¿Quién le paga a la “extraordinaria” mercenaria Yoani Sánchez?
M. H. Lagarde • La Habana

Para quienes se preguntan quién y cómo se paga la labor mercenaria que realiza la bloguera cubana Yoani Sánchez, la mención del María Moors Cabot que le acaba de otorgar la universidad norteamericana de Columbia puede ser la mejor respuesta.

 

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Nicolás Guillén
(Camagüey, 1902-La Habana, 1989)
A veces tengo ganas de ser un cursi / para decir: La amo a usted con locura. / A veces tengo ganas de ser tonto / para gritar: ¡La quiero tanto! / A veces tengo ganas de ser un niño / para llorar acurrucado en su seno. / A veces tengo ganas de estar muerto / para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos, / que me crece una flor rompiéndome el pecho...
 

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El ford azul
Lisandro Otero (La Habana, 1932-2008)
Novelista, diplomático y periodista. Premio Nacional de Literatura 2002. Fue merecedor del Premio Casa de las Américas de 1963, en la categoría novela, con La situación. Hasta su muerte presidió la Academia Cubana de la Lengua. Recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro. 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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