Año VIII
La Habana
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de JULIO
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Carlos Junior Acosta:

Nos distingue la cubanía

Nirma Acosta • La Habana
 Fotos: R. A. Hernández, Nancy Reyes y Kaloian (La Jiribilla)

 

"Por fin un negro tenía la oportunidad de bailar en el Royal Ballet como primer bailarín.
Un negro y cubano. Un cubano dondequiera que esté es Cuba y todo lo demás que significa eso."

Primer bailarín del Royal Ballet, una de las compañías más prestigiosas del mundo, Carlos Junior Acosta, de padre camionero y madre ama de casa, es el menor de 11 hermanos de una familia humilde cubana. Nunca había escuchado música clásica. No tenía idea de lo que la palabra ballet significaba, cuando una de sus primeras profesoras comentó "ese niño tiene talento", quedó toda la noche en vela, preguntándose qué querría decir eso. En el año 90, con solo 18 años, obtiene cuatro premios internacionales, de ellos dos Gran Prix. Debuta con el Ballet Nacional de Cuba y ha bailado con el English National Ballet, el Houston Ballet y el American Ballet Theater de Nueva York. Confiesa que su obra preferida es Manon y que le gustaría hacer Giselle en La Habana.

¿Qué distingue a la escuela cubana de Ballet? ¿En qué medida, lo aprendido en ella, te ha ayudado a colocarte en las más importantes plazas del mundo?

La escuela cubana es muy respetada. Cuando contratan a un cubano, es por su talento, pero también por su técnica. El bailarín nuestro es diferente. Nos distingue eso mismo: la cubanía. En los giros, en el desplazamiento por el escenario. Se ve fuerte, de carácter, expresivo. La tropicalidad de sus movimientos, la alegría, la extroversión. Hay mucho calor humano en los bailarines nuestros. Contagian a los otros y el resultado es excelente. 

Técnicamente tenemos una mezcla de la escuela cubana y la rusa que junto a la idiosincrasia aportan un sello único. Ello forma parte de nuestra personalidad, es lo que somos, cómo somos.

Hay quien ha dicho que durante los años más duros de período especial, nuestros artistas salieron de Cuba para evadir la situación económica y el sistema social. ¿Qué dices sobre esto?

Lo que soy y lo que he logrado se lo debo a la enseñanza artística cubana. Durante estos años fuera de Cuba, siempre he dejado claro, en Miami y donde sea, que gracias al sistema de la
Isla he podido llegar tan lejos. Creo que uno de los sentimientos más puros del ser humano debe ser el agradecimiento. Si no fuera cubano y viviera en Miami con mi papá camionero y una familia tan numerosa, jamás hubiera podido pagar mis estudios. Para ser bailarín o tener cualquier otra profesión allá, hay que tener dinero. Mi familia nunca hubiera adquirido el presupuesto necesario para pagar mis estudios. Ni el tan "misterioso" talento de mi infancia me hubiera servido.

Una vez casi me fajo en Miami, en el 91: Voy a comprar una chaqueta y alguien me pregunta si era cubano de los de aquí o de los de allá. Cuando le dije que era cubano de Cuba, me ofendió y casi nos vamos a las manos. El ambiente de Miami en este sentido es muy agresivo. Pero por lo demás no he tenido problemas. Vengo a Cuba cuando el trabajo me lo permite y se me ha respetado mi punto de vista respecto a la
Isla. 

¿Qué ha sido lo más difícil de estos años fuera de la Isla?

La soledad. Es el precio más alto de este tiempo. No tener a mi familia al lado, comunicarme en otro idioma que no es el mío, adaptarme a personas distintas, comer alimentos que no tienen nada que ver con mis costumbres y hábitos... Estas vacaciones en Cuba se me han ido tan rápido. Quisiera venir y bailar más en mi país, que la gente vea cómo he crecido. He bailado bastante, eso me ha dado alguna experiencia y deseo transmitirla. El paso no es el fin, sino la calidad del artista. Ya todo el mundo sabe que salto tres metros y hago mil barbaridades más, pero eso no lo es todo. Soy un artista. No quiero que mi éxito se deba solo a la técnica. Me gusta demostrar emociones, comunicar mensajes, desdoblarme. He luchado mucho para ser un bailarín completo.

¿Ser negro, limitó alguna vez tu desarrollo profesional, incluso en Cuba donde el racismo fue desterrado de nuestra actitud diaria?

Es linda esa pregunta. En la escuela no se me limitó. Pero eso siempre está en la cabeza de la gente. Soy negro, feo. Algunos han dicho "sí, mucha técnica, pero ¿un príncipe negro?" Claro que es un tabú. Pero el talento me ha ayudado. Alguna vez me quitaron papeles importantes, pero de eso hace tanto tiempo. Fue un desafío. No me acobardé. Hasta la princesa Diana, un día, fue al camerino a conocer al negro bailarín. 

Fuiste el primer negro en la historia del Royal Ballet. ¿Eso no trajo comentarios?

Por supuesto que sí. El primer negro y representando al padre de la danza, en El corsario, un espectáculo que grabó la BBC en vivo. Los negros de allá cuando vieron eso casi hacen una fiesta. Incluso los bailarines. Fue un paso histórico. Ellos nunca estuvieron representados como raza en el Opera House de Londres, que es una de las plazas más importantes. Por fin un negro tenía la oportunidad de bailar allí, como primer bailarín. Un negro y cubano, por demás. Un cubano dondequiera que esté es Cuba y todo lo demás que significa eso. En el Royal Ballet, el centro de los reyes y príncipes, un negro se viste con lo que ellos consideran sus galas. Se han olvidado de que los primeros esclavos traídos de África eran reyes y príncipes desde mucho antes que pensaran en colonizarnos. El talento no lo define el color ni la ropa que llevas puesta. A veces el talento es mutilado. En mi caso no pasó así. Tuve suerte. Por eso digo, estoy metido en un cuento de hadas. Le salió bien al viejo digamos. Y soy afortunado porque nací en Cuba y pude estudiar.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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