Año VIII
La Habana
11  al 17
de JULIO
de 2009

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Lo que los catalanes nos dejaron

Rachel Domínguez Rojas • La Habana

 

•  Antoni Gaudí, de Barcelona a La Habana

  Barcelona-La Habana, el espejo modernista

En un lugar de Cataluña cuyo nombre no deseo recordar, existió un pueblo liberador y progresista. El lugar era un oasis en medio de una comarca extremadamente conservadora, un contraste casi irrespetuoso en la España de aquellos viejos años. El pueblo, por lo de progresista, poseía un colegio gratuito, mixto y laico. De cierta forma aquella escuela significó el surgimiento de una nueva ideología y un pensamiento nacionalista.

Pero he aquí el dato que nos interesa: había sido construida por un catalán —uno de tantos— que corrió con buena suerte y pie derecho en esta Isla. Sí, de aquellos que se lanzaron a la aventura americana entre los siglos XVIII y XX, de los más de 2000 que llegaron legalmente a Cuba entre los años 1800 y 1835. Toda la fortuna de aquel pueblo gracias a este país lleno de riquezas. El país que acogió a sus hijos y les proporcionó el bienestar económico, tan fuera de alcance en su tierra natal. Así lo cuenta Joan M. Ferran, autor de La saga de los catalanes en Cuba.

El libro constituye un exhaustivo estudio sobre la historia de los catalanes en nuestro país y de alguna manera narra las migraciones económicas y el exilio político de muchos de ellos. Presentado en la sala Che Guevara de la Casa de las Américas, forma parte del proyecto cultural La Huella Catalana en el Caribe.

Se trata de un intento por destacar un período poco explicado y evaluado, aunque significativo, en la historia de ambas regiones. Especialmente en Cuba, donde los catalanes son hoy una especie en extinción: no hay más de cien en toda la Isla y la edad media del grupo es de setenta y cinco. Organizado principalmente por el Instituto Ramon Llull —primer escritor, del siglo XII aproximadamente, en lengua catalana— y la Casa America Catalunya[1]

Durante la presentación, Josep-Lluís Carod-Rovira, vicepresidente de la Generalitat de Catalunya, es decir, del gobierno de Cataluña, hizo un recuento sorprendente de las principales fundaciones de los catalanes en Cuba. Entre ellas se contemplan la primera siembra de maíz y el primer cafetal en el siglo XVIII, la primera fábrica de cigarrillos en 1810, la primera entidad catalana del mundo fuera de Cataluña en 1840, la primera producción de azúcar de Cuba en 1848 y la primera revista catalana en español en 1881.

También mencionó, un poco “ingenuamente”, esta es mi opinión, los “aportes” a nuestra historia de personalidades como Tomás Estrada Palma y Carlos Prío Socarrás, ambos de ascendencia catalana.

Quizá haya resultado extraño para los cubanos presentes la mención, de modo especulativo, de estos personajes, cuyos “aportes” a la historia cubana fueron, sin duda alguna, negativos.

La publicación de La saga... estuvo a cargo del sello editorial Km 13.774, perteneciente a la Casa America Catalunya. La cantidad de kilómetros simboliza la distancia entre el punto más al norte de Cataluña y el punto más al sur de Latinoamérica, como un puente entre ambas culturas, el elemento común, de unión.

Sin embargo, el lector deberá estar preparado para encontrar las antiguas visiones, realmente insultantes, de algunos catalanes hacia los americanos. La antigua piedra en el zapato. Que si la nueva tierra, el descubrimiento del siglo, la obnubilación con el nuevo mundo. Que si los siglos de dominación, como consecuencia el subdesarrollo, parte de nuestra identidad. Así los comentarios de pasillo, lo de siempre.

Un doctor chileno en ciencias sociales escribió que no es que América “llegara tarde al banquete de la modernidad”, sino que “llegó por la cocina y para servir”. En este caso, evidentemente, se trata del reflejo de una época que no se puede negar, de historia. Pero indudablemente cada cual tiene una versión propia.

A continuación transcribo los fragmentos de uno de los artículos del libro que originaron la conversación, escuchada como quien no quiere la cosa, claro está.

Caricatura de los americanos

Xarel-lo —un tipo de uva— fue el seudónimo de Samuel Gilberga, uno de los redactores de la revista La Llumanera (Nuena York 1874-1881). En 1876 publicó en ella un artículo en el que satirizaba a los americanos. Más que una caricatura resultó un ultraje. En cualquier caso, da una visión de los americanos que vale la pena conocer, siempre que no se pierda de vista la parte de menosprecio que incluye. Así lo reflejan algunos de los párrafos seleccionados. Cuenta Xarel-lo que el americano:

“Compra papel de caminos de hierro, canales y de minas; es vocal de sociedades de crédito; accionista de compañías de seguros contra todo, menos contra la quiebra; entra con toda su buena fe en empresas, por descabelladas que sean; se introduce en cincuenta combinaciones industriales o mercantiles. Allí donde resuena la palabra negocio, allí donde se habla de tantos por ciento, allí donde se alza la voz de la especulación, surge un americano al igual que surge el rayo en la tormenta, con la salvedad de que el rayo suele acabar por convertirse en verdugo, mientras que el americano casi siempre es víctima. ¡Regresa a España para vivir de rentas y vuelve a meterse de cabeza en nuevas historias comerciales!

(...) Los americanos se preocupan tanto del arte, de la literatura, de las ciencias, como el sordo de la música, un mudo de hablar o un cojo de correr.

¡Dicen que vale más Juan de Dios Alfonso que Bellini; Failde que Mozart, y que prefieren a Pancho Candela que a Meyerbeer! (...)

En lo que a literatura se refiere, están suscritos a La Ilustración española y americana, pero porque es el periódico de moda, porque habla de América y por otra razón que aún influye más en ellos: que como el negro les molesta, nunca leen el texto, ¡pero siempre tienen los dibujos para entretenerse! (...)  

Notas:

[1] Según Marta Nin, directora adjunta de dicha institución catalana, la casa se remonta al año 1911 y es la primera casa de América en el mundo. Su origen se encuentra en el denominado Club Americano, integrado por un grupo de personas que regresaron a Catalunya llenas de nostalgia por la música, los bailes, las personas y, en general, todas las tradiciones que forjaron en Cuba.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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