Año VIII
La Habana

6 al 12 de JUNIO
de 2009

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A medio siglo del Teatro Nacional de Cuba:
evocación de sus carteles

Reinaldo Morales Campos • La Habana

 Fotos: Cortesía del autor

 

Aunque por sus representaciones pictóricas, exhortaciones y reflexiones de sus mensajes, en los que se enfatizan momentos significativos y trascendentales de la Revolución Cubana, el cartel político tiene el principal desempeño; hay que significar que con similar expectación, asociados con la difusión de los nuevos cambios y transformaciones ocurridas en el campo de la cultura, también han estado los de divulgación de temas culturales. 

Sin las codificaciones y formalidades que para la creación de convicciones patrióticas y revolucionarias han poseídos los de temas políticos, en los nuevos carteles de temática cultural, a diferencia de los realizados durante el período de la República —que con un marcado interés mercantilista solo sirvieron para anunciar las ofertas de funciones de teatros y de diversos espectáculos— estos, después del triunfo revolucionario, comenzaron a ser diseñados con un nuevo lenguaje, con otros valores estéticos-comunicativos y pasaron a ocupar un lugar significativo dentro la sociedad. 


Ministerio de Educación, serigrafía, 1961

A través del nuevo cartel de información cultural fue por donde primero se produjo la génesis del proceso de asimilación de nuevos valores artísticos de la cartelística surgida con la Revolución Cubana;  en los que mediante la reformulación de sus códigos empleados con anterioridad en sus mensajes; además de promocionar los programas y actividades culturales, se logró estimular el conocimiento de la diversas manifestaciones artística  de la cultura nacional e universal y de las transformaciones que se comenzaron a generar en el campo cultural. 

En las nuevas circunstancias con la frescura original de sus elementos gráficos, su acostumbrado empleo de gama cromática y su texto integrado al dibujo, asumidos como un acontecimiento folclórico y tradicional, brillaron también con sus elocuentes bellezas los carteles del carnaval, como el de la Libertad; organizado en La Habana en febrero de 1959. De similar cualidades pero impresos en offset, con tipografía acompañadas de una ilustración o fotografía, estuvieron los creados por el Departamento de Bellas Artes de La Habana, de la Administración Municipal Revolucionaria de La Habana; portadores de la programación cultural, como los de: Cooperativa Popular de Artes, 1ra. Exposición y venta de cuadros y Cine Municipal del Pueblo, que se organizaban, a precios populares, en el anfiteatro de la Avenida del Puerto,  Plaza de Arma y en diversos puntos de la ciudad. 

Junto al Departamento de Bellas Artes de la Administración Municipal Revolucionaria de la Habana, desempeñaron en aquel período una significativa labor de promoción y en la escenificación de actividades culturales de atractiva calidad: la Dirección de Cultura del Ejército Rebelde, los Departamentos de Extensión Universitaria de las Universidades de La Habana y Oriente, la Sección de Cultura de la Dirección del Movimiento 26 de Julio, Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, Sociedad  Liceum Lawn Tennis,  Sociedad Pro Arte Musical y Dirección de Cultura del Ministerio de Educación (MINED). 

Por otra parte la creación mediante la Ley No 379 del 12 de junio de 1959 del Teatro Nacional de Cuba (TNC), subordinado a la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación (MINED), posibilitó la creación de una institución encargada de llevar a efecto la política cultural de la Revolución; con sus departamentos de Folclor, Música, Artes Dramáticas, Danza y Publicaciones e Intercambio Cultural, no solo propició un incremento de las actividades culturales, sino que también contribuyó a establecer un equipo de publicidad y propaganda, para la creación de diseño de anuncio de prensa, carteles, folletos, sueltos informativos y programación de los espectáculos culturales. 

El Teatro Nacional de Cuba según lo determinado en Ley que oficializó su constitución, establecía entre sus misiones la “…de llevar a cabo labor de fomento y desarrollo que el estado cubano debe realizar en lo referente al teatro, música, ballet, ópera y actividades artística en general” por lo que dada su circunstancia y sus objetivos esta institución rebasó su función teatral para trascender como fundación gestora, propagadora y transformadora de la cultura nacional iniciando una revolución cultural de todas las manifestaciones artística del país. 

Entre 1959 y 1960 en el Teatro Nacional de Cuba, devenido uno de los centros culturales más importantes de América Latina, se realizaron importantes presentaciones en su sala Covarrubias, obras como La ramera respetuosa, de Sucre; realizado por Francisco Morin y El lindo ruiseñor, por Dume; así como los espectáculos del Conjunto de Danza Moderna, La suite yoruba, de Ramiro Guerra y los del folclor afrocubano estrenados por Argeliers León, distinguieron la labor de dicha institución; que en eficaz colaboración con las organizaciones obreras y campesinas, extendió su labor a centros laborales y comunidades rurales de todo el país. 

En el Teatro Nacional de Cuba, Ricardo Vigón, jefe de Propaganda hasta que murió en abril de 1960, creó un equipo de trabajo de diseño, que tuvo como director artístico al artista de la plástica Pedro Oraá Carratalá e integrado por los creadores Umberto Peña, Carlos Manuel Díaz Gámez, Roberto Guerrero, Rolando Oraá y José Manuel Villa. Tony Évora colaboró con el diseño del programa que informaba de las actividades programadas en sus instalaciones culturales; siendo esta la fuente originaria de donde surgieron los primeros carteles con soluciones instructivas para educar al público en la apreciación de las artes visuales, con diseños donde estuvieron presentes elementos plásticos de fácil comprensión con motivación a la reflexión a la sugerencias. Proporcionándose los orígenes del uso del cartel cubano con una proyección artístico-comunicativa sin proyección mercantilista y con fines educativos. 


Rolando Oraá. Teatro Nacional de Cuba / Ministerio de Educación, serigrafía, 1960.

Uno de esos carteles, de tema cultural, portadores de los nuevos atributos se consiguió en el diseñado por Rolando Oraá, en julio de 1960, para la promoción de la Ópera de Pekín; de fascinantes descripción pictórica, configuraciones lineales naturales y atractiva imaginación, su impresión gráfica se ejecutó en un taller de serigrafía que poseía su hermano Pedro Oraá en su casa, no obstante su calado y reproducción de forma manual, se logró configurar una obra de extraordinario valor artístico en el que quedaron plasmados elementos plásticos de fácil compresión que incentivaron a la reflexión y sugerencias. 

El cartel cultural del Teatro Nacional de Cuba, bajo el creditito TNC-MINED, entre finales de 1959 y durante 1960, formó parte de una diversidad de medios de propaganda, que incluyó también los anuncios de prensa y el empleo por primera vez de impresos en serigrafía en formato rectangular de gran coloridos y bellezas, portadores de mensajes culturales, no comerciales, que fueron colocados sobre las ventanillas de los ómnibus del servicio público urbano, donde tradicionalmente se colocaban los anuncios publicitarios. 

De análogo contenido, los carteles de las presentaciones del Ballet de Cuba, gremio artístico dirigido por Alicia Alonso, también formaron parte del entorno promocional de la vida cultural. Para la presentación del Primer Festival Internacional de Ballet de La Habana, inaugurado el 15 de marzo de 1960 —y que para su organización se contó con la colaboración  del Instituto Nacional de Industria Turística (INIT) y los organismos culturales del gobierno revolucionario— se editó un excelente afiche con una gama de tonalidades en azul donde aparece la imagen de Alicia Alonso. Su diseño fue un aporte del Departamento de Divulgación del INIT; ganador de primeros lugares en concurso de carteles del carnaval habanero. 


Ballet Nacional de Cuba. Offset, 1960

Para entonces en los empleados para la presentación de exposiciones de pinturas, cerámicas y otras manifestaciones artísticas; la serigrafía, constituyó el medio fundamental por donde artistas plásticos, incorporados al diseño gráfico, expresaran sus aportes artísticos con atrayentes elementos y símbolos gráficos, entre los que se distinguieron, además de los antes enunciados del Teatro Nacional de Cuba (TNC), también estuvieron: Eladio Rivadulla, Salvador Corragé, Wilfredo Arcay, Julio Pedro Medina, Rodolfo Peña Mora, Carmelo González, Raúl Martínez González, Esteban Ayala, Servando Cabrera, René Portocarrero, Mariano Rodríguez, Ricardo Reymena, Miguel Custilla, Roger Aguilar Labrada, José Mancilla, Jorge  Carruana, Héctor VIllaverde y Luis Martínez Pedro. 

Igualmente enmarcado en los de temas culturales, cuando el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), primera institución cultural, creada por la Revolución el 24 de marzo de 1959, encargada de fomentar un cine que conservara su condición de arte, carácter educativo, formador de conciencia y espíritu revolucionario, aún se encontraba en fase de estructuración y no había iniciado aún su protagonismo en la edición de un nuevo cartel de cine, con  contrastadas atribuciones simbólicas estuvieron los Pelicuba, distribuidora creada en 1959 y perteneciente al Partido Socialista Popular (PSP); que se encargaba de la exhibición en los cines de los filmes procedentes de la Unión Soviética y los demás países socialista, estos carteles de configuraciones con tonalidades tenues  se diferenciaron de los de representaciones pictóricas de intensas tonalidades, de marcado interés lucrativos y  excitantes acciones de terror y violencia que reflejaron los de las distribuidoras privadas de cine que actuaron hasta finales de 1960. 

Fue a partir del estreno mundial, el 30 de diciembre de 1960, del primer largometraje de ficción cubano: Historias de la Revolución, que el ICAIC inició la edición de los carteles del nuevo cine cubano. En ese primer cartel, impreso en offset y con un lenguaje susurrante, se eliminaron las escenificaciones trágicas y las pretensiones mercantilistas. Continuamente, durante 1961, en los reproducidos en serigrafía participaron Eduardo Muñoz Bachs, Rafael Morante Boyerizo y Eladio Rivadulla  Martínez; en los primeros aportes predominaron el uso de la línea, con preferencia a la ilustración en lo formal y colores de pocas intensidades sobre fondo blanco; con representaciones pictóricas, que junto al título, brindaron al público la inmediata identificación con la trama principal del filme que se le sugería.           

Simultáneamente en el Teatro Nacional de Cuba; en el afán de continuar propiciándole al cartel una significada pretensión artística, sus creadores, para la promoción de los diversos espectáculos también se confeccionaron posters de grandes dimensiones coloreados en forma caballetes, montados sobre trípodes como el diseñado por Pedro Oraá para el estreno de la obra Santa Camila de la Habana Vieja. Indistintamente en una entidad denominada Dekora se imprimieron carteles en serigrafía y se confeccionaron vallas, todos estos medios de propaganda fueron ubicados en calles y avenidas de la capital. 

Con la conversión de  la Dirección de Cultura, mediante la Ley No 926 del 4 de enero de 1961, a Consejo Nacional de Cultura (CNC), adscrito al Ministerio de Educación que entre sus nuevas funciones tuvo la de aplicar “… una política cultural amplia y profunda, destinada a todas las capas sociales de la población y de manera especial a los sectores populares”, concluyó el proceso de germinación del cartel cultural y se inició una fase de generalización de su empleo que abarcó la realización de ediciones en grandes cantidades portadores de los mensajes de las transformaciones originadas en el campo cultural y en la vida general de los cubanos. 

Ese momento, a partir del cual se logró situar la cultura al alcance del pueblo, coincidió con el inicio de la Campaña de Alfabetización y con  la derivación del cese del histerismo publicitario, que alcanzó su máxima declinación cuando el 22 de febrero de 1961, por indicaciones del Che,  se suprimieron por 24 horas la difusión de las menciones comerciales en la radio y la televisión, y al apreciarse que tal medida tuvo la aceptación de la ciudadanía se acordó su total eliminación. Los espacios que se ocupaban con anterioridad en emitir anuncios se ocuparon por programas culturales como: Viernes de CMQ para la presentación de teatro, ópera y zarzuela. 

Entre diversos factores que incidieron en su eliminación se pueden señalar: la reacción del pueblo, inmerso en una situación de cambios y transformaciones que en consecuencia con el creciente proceso de educación, culturización y convencimiento revolucionario, manifestó  una reacción de rechazo contra los patrones establecidos en la publicidad donde se excitaba al consumo mediante el empleo de textos e imágenes degradantes de mujeres y niños. 

En los nuevos carteles de temática cultural, poseedores de atrayentes elementos y símbolos gráficos a la par de la serigrafía, comprendieron otros acostumbrados sistemas de reproducción, como: la impresión directa, con tipografía de caja y grabados; el offset y la litografía. Además del CNC integraron también la edición del cartel cultural: el Ballet Nacional de Cuba, las Casas Editoriales de Libros, Casa de las Américas y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en los que, entre otros diseñadores, participantes estuvieron: César Mazola Álvarez, Rafael Zarza González, Rafael Morante Boyerizo, José Gómez Fresquet (Fremez), Julio Herrera,  Pedro Arrate, Alfredo Rostgaard y Pablo Casanueva. 

La suscitada madurez alcanzada en los carteles culturales posibilitó que —tras su fugaz período de germinación de sus nuevas configuraciones en el Teatro Nacional de Cuba (TNC)—  a partir de la generalización de su empleo, después de la creación en 1961 del Consejo Nacional de Cultura (CNC), posibilitó que se lograra mostrar efectivos mensajes donde como sustentáculo esencial de la visualidad, se acudió al empleo de la fotografía a medio tono, con contrastes de luz y sombra y a línea; así como  tipografía con el texto reservado. En otros diseños se utilizó la ilustración pictórica de imágenes surrealistas y originales con delineación de mayor complejidad estética mediante el empleo de efectos ópticos y cinéticos a la línea ondulante del art nouveau, de la imagen figurada y del uso del dibujo combinado con la fotografía. En casi todos sus aportes gráficos se manifestaron la fusión de las artes plásticas con los principios humanistas, solidarios e internacionalistas de la Revolución.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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