Año VIII. La Habana 9 al 15 de MAYO de 2009

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Entrevista con el cantautor David Torrens

“Vivir la canción”

Mabel Machado • La Habana

Fotos: La Jiribilla

 

Soñoliento —porque el día para él transcurre en las noches— y divertido —pues cada minuto pasa mejor si está lleno de gozo—, encuentro a David Torrens arrellanado en una butaca de La Jiribilla, esperando la hora del concierto. Mientras conversamos, bromea y busca aprobación en los músicos de su banda, los mismos cómplices de fiestas y madrugadas. Detrás de la puerta, unos minutos después, esperan sus fieles “Perversa” y “Pamela”, el dulce “Besito” de una abeja de La Colmenita, el patio desbordando la Casa Amarilla, el primer encuentro de algunos con su música, los colegas de ventanas y candiles, el aplauso sincero, las risas…

El guanabacoense rubirrizo, heredero de repentistas, rockeros y trovadores, que en otro tiempo tuvo a la música por hobby, ya no logra desprenderse de ella. Y en Cuba son pocos los que pueden privarse de su espiritualidad, de sus espectáculos íntimos y pasionales. Tal vez porque de su espontaneidad, brota lo auténtico.

¿Qué le entregas a La Jiribilla en su octavo aniversario, y qué representa compartir con “ellaeste momento?

Para nosotros es un privilegio que una publicación relacionada con el arte, con lo que hacemos, nos haya convidado a celebrar su aniversario. Me han invitado a otras actividades, y para mí resulta muy divertido venir a compartir con La Jiribilla.

¿Por qué lo haces, si los conciertos son para ti un “desgaste total”?

El concierto, a pesar de ser agotador, es un acto disfrutable, sobre todo cuando uno sabe que se va a presentar para artistas, para escritores… Así se hace mucho más interesante el intercambio que puede darse en la escena. Por eso puede ser, supongo, más provechoso que en otras ocasiones.

Cuando se menciona a David Torrens, más que de un tema en específico, se habla de las descargas, de las peñas, de los conciertos a los que puede ir todo el mundo sin “exprimir” el bolsillo. ¿Por qué te sientes comprometido con esos espacios?

Realmente creo que en estos lugares se encuentra parte del público más fiel entre nuestros seguidores. Suelen ser jóvenes universitarios o del Pre. De algún modo cultivar a ese público es un fruto que uno puede recoger en el futuro. Por otra parte, la retroalimentación que se siente es maravillosa. En mi opinión la música que hago, a pesar de no ser difícil, tampoco es netamente comercial y por ello ha gustado, ese público nos ha seguido siempre. Más que habérnoslo propuesto, es sencillamente así como se ha dado.

De haber sido de otro modo supongo que estaríamos tocando también en esos otros lugares, pero realmente tocar para el público universitario, para los jóvenes, es lo que simplemente se nos da mejor.

Tu música pudiera no tener etiquetas, pudiera no encasillarse dentro de un género puro, pero sí es el reflejo evidente de lo escuchado y lo vivido. ¿A qué momentos, eventos o a quiénes les debes más en tu carrera?

Escuché en mis inicios como compositor mucha música argentina y brasileña sobre todo, y mucha canción cubana de bares y cantinas, esas canciones que en algún momento, por un motivo u otro, se dejaron de escuchar y desaparecieron junto con sus intérpretes. Todas esas cosas juntas, más el haber escuchado la trova, que me encantaba, me han llevado a concebir este tipo de música.

Realmente no creo que me dedique a un género específico. Se lo debo todo a la canción y a lo que resulte ser la canción. No me propongo hacer un danzón, hacer esto o lo otro… Hago la canción y después descubro que puede pertenecer a un género.

¿De dónde te llegan la emoción viva en la interpretación de los temas, el tono pasional, los deseos del llanto, el frenesí, el paroxismo?

En mi caso, la interpretación está relacionada con mi gusto por figuras como el Benny y Bola de Nieve, por ejemplo. Siempre he creído que si una persona se va a subir a cantar ante un escenario y el público, debe ser muy buen intérprete. Debe ser, además, casi un actor: desdoblarse y vivir la canción; si no, es mejor que haga música solo para la radio o que grabe un disco y lo pase entre sus amigos.

Durante mi carrera he respetado mucho eso. Me impresionó cuando empezaron a venir a Cuba figuras como Fito y Baglietto, porque sus espectáculos eran tremendamente completos, uno se iba satisfecho con lo que sucedía en la escena. Me pasaba con muchos cantautores del rock argentino y cantautores e intérpretes de Brasil, entre los cuales pudiera mencionar a Caetano Veloso, o a todas esas personalidades que tienen un gran nivel interpretativo; verlos, aunque se le haya roto el volumen a tu televisor, es reconfortante.

También, por supuesto, hay algo de eso que es medio empírico, pero siempre he estado convencido de que yo debía hacer una interpretación que llenara a la gente. “Culpables” de ello son todas esas influencias. 

Me aburría un poco ver la música de otra manera. Prefería escucharla y no observar una imagen que no me transmitiera lo que verdaderamente estaba sintiendo el artista.

Tus canciones son, en su mayoría, de amor y de olvido, de alegría y desconcierto, pero también de patriotismo. ¿Qué es para ti Cuba, la Isla, el terruño, la cuna?

Cuba es mi casa, mi todo. Después de algunos años en los cuales estuve fuera por asuntos de trabajo, llegó el momento en que me dije: “ahora debo regresar”. Cuba es el lugar donde puedo componer, donde realmente las cosas me provocan. Efectivamente, aunque no me lo propongo, en mis canciones ―que por lo general son de amor― no logro escaparme de la realidad social o política del país y de cómo esas cosas pueden afectar al individuo. No me propongo hacer una canción política, pero no me escapo de ello.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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