Año VII
La Habana

18 al 24 de ABRIL
de 2009

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Mensaje de fe en la cultura verdadera

Abel Prieto • La Habana

Foto: Baldrich (Archivo de Juventud Rebelde)

 

Comandante, compañeras y compañeros:

Hoy nos reunimos aquí los delegados de los congresos de la UNEAC y de la UPEC para asistir a un acto que expresa, una vez más, y con hechos irrefutables, la voluntad de la Revolución de salvar la cultura.

Estos dos congresos caracterizaron los grandes desafíos ideológicos que tenemos ante nosotros y reiteraron la necesidad de enfrentar coherentemente la globalización hegemonista en el campo de la cultura y de la información.

Por estos días hemos comprobado de nuevo cómo se complementan y articulan el poder militar del imperio y la maquinaria de manipulación de las conciencias que está a su servicio: así van juntos, perfectamente armonizados, el genocidio y la desinformación, la agresión imperialista y la difamación. Nunca como hoy la llamada "opinión pública" ha sido dirigida de una manera tan inescrupulosa y totalitaria.

Bajo un lenguaje propagandístico que nos habla de "democracia" y "derechos humanos", se está articulando ante nuestros ojos un nuevo fascismo mucho más peligroso que aquel que fue vencido en la Segunda Guerra Mundial.

Los signos fascistas aparecen de modo evidente en la propia "industria del entretenimiento": el desarme cotidiano de la inteligencia y del espíritu crítico, la supresión de la memoria histórica" el mensaje racista y xenófobo y la glorificación del "súper héroe" yanqui como arquetipo, del vencedor, y, por supuesto, la exaltación de lo peor del hombre y su sistemática de mutilación espiritual.

La auténtica cultura siembra valores éticos; pone de manifiesto lo mejor del hombre, lo específicamente humano que hay en él; lo completa y lo hace crecer. Por eso, en la maquinaria imperial que fabrica y difunde supuestos productos artísticos, hay, como en la ideología fascista más ortodoxa, una definida orientación anticultural.

Cuando en Cuba, en medio de tantas dificultadas inauguramos una obra como este teatro, estamos levantando una nueva trinchera de ideas; estamos participando activamente en esa “batalla globalizada” a la que nos ha convocado Fidel.

Tenemos que unirnos para acudir a esa batalla; tenemos que construir un frente común entre todos los que defendemos día  a día nuestras ideas, nuestros valores y nuestra cultura; entre las instituciones culturales y educacionales, la televisión, la radio y la prensa; entre artistas, perio­distas, maestros y promotores culturales.

Creo que ese es el sentido profundo de la invitación que nos hizo Fidel a los delegados de los congresos de la UNEAC y de la UPEC para estar aquí, juntos, en esta reapertura del Amadeo Roldán.

Es una institución nueva la que está naciendo hoy, con posibilidades y condiciones a la altura del extraordinario talento que hemos formado en estos años. Con la recuperación y remodelación integral de este teatro, la cultura cubana gana un espacio privilegiado. Esto ha sido posible, como ya dijo Alicia, gracias al apoyo de Fidel, a su preocupación directa y permanente; al empeño de Lazo, Felipe, Alfredo y de otros muchos compañeros, y al trabajo esforzado de los constructores.

Este 10 de abril quedará como una fecha memorable para el movimiento artístico e intelectual cubano. Nuestro pequeño país, bloqueado, hostilizado y calumniado por ese imperio que se pretende dueño y gendarme del planeta, ha empleado cuantiosos recursos en la fundación de un centro de promoción artística de altísimo nivel y ha dado así un nuevo ejemplo de su irreversible vocación humanista.

Frente al fascismo y a las tendencias anticulturales, frente al pragmatismo y a la deshumanización, frente a la crueldad del reino del mercado, Cuba envía con esta obra otro mensaje al mundo: un mensaje de fe en la cultura verdadera, de fe en el poder de los valores espirituales y en el mejoramiento humano.

Muchas gracias


*Discurso pronunciado en la reinauguración del Teatro Auditórium Amadeo Roldan el 10 de abril de 1999

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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