Año VII
La Habana

 2009

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Gente Nueva en el XXI

Esther Suárez Durán • La Habana

 

Acabo de leer El ángel terrible, del escritor italiano Carlo Frabetti (Bolonia, 1945), una breve novela de 74 páginas publicada por la casa editora Gente Nueva en la vertiente Juvenil de su Colección Veintiuno, una nueva oferta de narrativa cubana y foránea que declara privilegiar lo valiente, novedoso y actual y se define por “una literatura para niños, adolescentes y jóvenes sin prejuicios ni temas tabú”.

Para su éxito, afamados narradores prácticamente desconocidos en Cuba hasta el presente han cedido sus derechos en gesto solidario con los lectores cubanos. De este modo ya han sido publicadas obras de Bianca Pitzorno (Italia), Alki Zei (Grecia), Jostein Gaarder (Noruega), Armando José Zequera (Venezuela), Marina Colasanti (Etiopía- Brasil), el propio Carlo Frabetti, mientras más de 20 títulos figuran  en las próximas entregas de este catálogo editorial, en el cual también aparecen los nombres de Luis Cabrera Delgado, Ariel Ribeaux, Gumersindo Pacheco entre los autores de la Isla.

El ángel terrible, de Frabetti, se inicia con los estremecedores versos de Rainer Maria Rilke en las Elegías de Duino: ¿Quién, si yo gritara, me oiría/ desde los órdenes angélicos?/ Y si súbitamente un ángel/ me estrechara contra/ su corazón, me aniquilaría/con su existencia más fuerte./ Pues lo bello/ no es sino el comienzo de lo terrible,/ que aún podemos soportar,/ y lo admiramos porque, sereno, desdeña / destruirnos. Todo ángel es terrible./

De forma que resulta sencillo para el lector establecer la analogía entre versos y fábula. Aparentemente uno más entre tantos relatos de amor contados a los adolescentes, este, sin embargo, se muestra tocado por la gracia de la sencillez y la ausencia de pretensiones, lo cual para nada implica que estemos en presencia de una historia chata; todo lo contrario.

Priorizando la peripecia, que combina los ingredientes de la aventura y el suspense, el autor construye con economía de medios una trama de amistad y amor. Amistad de adolescentes: entre Julio y el protagonista, ambos enamorados perdidos, como suele suceder en esa etapa de la vida, de una hermosa joven, Laura, a la cual ayudan en un trance difícil.

Amistad también, cariño, es el sentimiento que une al detective Gómez y su secretaria Paquita. Hilo semejante que luego la vida teje en torno a estos y el chico que narra la historia.

Sinceridad, justicia, lealtad son también otros valores presentes, sin altisonancias ni pedantería, en las páginas de esta novela que en su mismo centro guarda el misterio del amor, su esencia inefable ―y recuerdo ahora ese hermoso poema de Nogueras—  cuando trata el posible lesbianismo de Laura, su confusión de sentimientos ante la ternura del adolescente en un cuerpo que parece adulto.

Y es que aunque nuestra literatura para los más jóvenes (que incluye por supuesto a los infantes) se diferencia sustancialmente de aquella que se les destinaba en los 70, y tanto en forma y estilo como en el aspecto ideotemático esta producción es variada y audaz, inteligente y responsable, no quiere ello decir que resulte sencillo colocar ciertos temas o utilizar ciertos recursos literarios. Tal vez a un manuscrito del patio se le hubiese criticado la apelación a la presencia epistolar para develar la posible orientación lésbica de Laura o se hubiese calificado de explícito en exceso el lenguaje de la epístola o el propio asunto se hubiese entendido como poco elaborado en su introducción, brusco en su presentación… En fin, son solo especulaciones a partir de lo vivido en los predios de la creación literaria. El caso es que me felicito de la presencia de estos colegas de otras geografías en nuestros parajes  porque, entre otras ventajas ya sabidas, tiene aquella de flexibilizar un tanto el ambiente y allanar algunos senderos (bien dice el refrán que “nadie es profeta en su tierra”). Por más que el tiempo transcurra no me abandona la sensación de que, en ocasiones, entre nosotros podemos ser más exigentes de lo preciso.

Más allá de las discusiones en torno a lo legítimo o no de la solución “salomónica” de la epístola y del tono de la misma, el oficio de Frabetti, su sensibilidad y su gracia quedan a salvo cuando nuevamente recurre a las azoteas para producir el último encuentro que transcurrirá ante el lector entre Laura y el ya no tan joven protagonista. La novela, que tiene un excelente ritmo, se lee con gusto y consigue algo envidiable: dialogar con lectores de edades y experiencias diversas. Entre ellos nos hallamos quienes nos dedicamos a producir esta literatura: escritores, editores, diseñadores, directivos de las casas editoriales. Ojalá que el diálogo sea fecundo para nosotros.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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