Año VII
La Habana

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de 2009

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Entrevista con el joven cineasta Ernesto Pérez Zambrano

Un joven de grandes ligas

Helen H. Hormilla • La Habana

 

La existencia de equipos de béisbol femenino en Cuba era hasta hace poco más de un año, una realidad apenas conocida por los más cercanos al deporte, o por los amigos y familiares de las peloteras. Para nadie es un secreto que nuestro deporte nacional excluía de su práctica a la mitad femenina de la Isla, por ser considerado una disciplina esencialmente de hombres. Sin embargo, un joven estudiante de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (ISA) se propuso visualizar el trabajo que desde 2003 llevan adelante estas atletas, quienes deben sufrir los tabúes que una cultura machista impone a nuestra cotidianidad.

A Ernesto Pérez Zambrano lo vi por primera vez hace dos años, en un evento universitario sobre género, en el que llegó a presentar el proyecto de lo que luego sería ¿Grandes Ligas?, su primer documental en solitario. Me llamó la atención la coherencia de su discurso y su identificación con las nociones y teorías de género, pues a veces resulta complejo sensibilizar a los hombres con un cambio en los patrones de la sociedad patriarcal. Sin embargo, en Ernesto no parecía existir tal escollo, pues el convencimiento y admiración con el que hablaba de las protagonistas de su documental, vaticinaban una película interesante y cuestionadora.

Cuando en la Octava Muestra de Jóvenes Realizadores finalmente pude encontrarme con el trabajo terminado, confirmé aquellas primeras apreciaciones, pues se trata de un documental en el que, sobre todo, destaca la pasión del realizador, su comprometimiento con la realidad que relata, y el poder de síntesis para transmitir sus ideas.

Desde entonces me atrapó el deseo de conocer qué había detrás de este joven cineasta, qué lo había llevado a reparar en esta zona de la sociedad cubana y desde ella establecer una crítica a las estructuras sociales que sustentan el machismo. A sus 27 años y recién graduado de la carrera de Cine, Ernesto es un muchacho que “sueña y ama y siente rabia, como cualquier otro/a...”. Actualmente trabaja en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos como asistente de dirección, y cuenta en su biofilmografía con la codirección del documental Hombres sobre cubierta junto con Alejandro Ramírez.

¿Grandes Ligas? fue su tesis de graduación en el año 2008 y mereció el premio del Grupo de Reflexión y Debate Oscar Arnulfo Romero en la pasada Muestra de Nuevos Realizadores, por el tratamiento de la temática de género. La eficacia de este documental ha quedado probada en cada uno de los auditorios en que se ha presentado, pues cumple una de las máximas de toda obra de arte: motivar, conmover y provocar la reflexión o el disentimiento en los espectadores; pero nunca pasar desapercibida. Por otra parte, en él quedan reveladas las magníficas cualidades humanas de Ernesto, perceptibles también en el transcurso de esta entrevista.

¿De dónde partió la idea de hacer un documental sobre peloteras en Cuba?

Creo que hay ideas que lo escogen a uno para que las cuente y hacer con ellas algo de provecho para el bien común. De este criterio podría desprenderse la afirmación de que no somos más que traductores del universo de signos y sensaciones en que viven los seres humanos, pero esto sería una idea demasiado reduccionista de la creación, sino le añadimos la sensibilidad por determinados asuntos a que nos conduce nuestra manera de ver, oír y sentir el mundo, para no ser testigos pasivos de un tiempo, sino sus hacedores y críticos.

Un día que caminaba por los alrededores de la Ciudad Deportiva me percaté de un grupo de mujeres que se encontraban practicando béisbol en los terrenos de esta instalación capitalina. Aquella imagen me pareció una hermosa metáfora del fin de la discriminación por razones de género. Luego de pensar algún tiempo en esto y de una estimulante conversación con una amiga, me pareció una oportunidad que la vida me ponía por delante para hacer un documental donde expresara ideas que habían germinado en mí y probar algunas nociones sobre la investigación y la realización de filmes de este género.

Quienes abordan temas femeninos, no siempre hacen uso consciente de una perspectiva de género; pero en tu caso esto se logró con creces y me llama la atención que sin necesidad de recurrir a académicas (os) o teóricas (os), sino que fluyó en las entrevistas a personas de la extracción más popular. ¿De dónde viene tu cercanía con los estudios y teorías de género?
 
Es inobjetable la importancia  de la teoría en todas las ramas del saber humano. Yo me he valido de dos fuentes imprescindibles para cualquier creador o creadora. Por un lado la intuición y la visión personal, subjetiva está claro, pero pulida por las lecturas y las enseñanzas sobre los estudios de género que agradezco a varios amigos y amigas en particular. Por el otro, el diálogo, el roce cotidiano y estrecho con las personas y los espacios, atento a cualquier fuente que enriquezca mi visión. Creo que las teorías no se pueden quedar en los libros, el reto está en incorporarlas a la práctica de todos los días, que no se fosilicen, ni se marchiten, ni se empolven, sino que evolucionen dialécticamente al compás de la vida. Las personas son capaces de comprender y asumir posturas solidarias en cuestiones de género "sin poseer el conocimiento teórico" de la academia; sin este principio, de nada serviría nuestro trabajo, ni el de los teóricos y teóricas de los estudios de género. Mi primer acercamiento a estos temas lo motivó, acaso sin saberlo por entonces, el período especial y el divorcio entre mi padre y mi madre.

Indudablemente, los estudios que pude hacer sobre estos temas, sin llegar a ser un especialista al respecto, fueron muy importantes para no caer en los estereotipos, que son el riesgo más común en los documentales donde se pretende focalizar una realidad que no es la del director o directora. Pero sin tomarles el pulso a los acontecimientos, ni sentir una pasión desbordante por lo que hacía y me proponía, de nada me hubieran servido esos saberes tan útiles como volátiles. En este sentido creo que es necesario encontrar un punto de encuentro, un lenguaje común entre las ciencias sociales y la creación artística, donde se fundan "poética y política" de manera orgánica. Tal vez ese espacio de intersección es la obra con un discurso emancipatorio; que para mí es el que enfrenta toda forma de discriminación e injusticia, tomando como referente la verdad de los/las olvidados/as por la Historia Oficial.

Según has dicho, el proceso de grabación duró casi un año, y la investigación previa casi tres. ¿Qué importancia le confieres al trabajo de campo a la hora de realizar un documental de este tipo?

Realmente la investigación de campo fue la que demoró casi un año. Desde el momento en que me propuse hacer el documental hasta la primera proyección, transcurrieron tres. El proceso de filmación se conjugó de cierta manera con una etapa final de la investigación de terreno. A esto habría que sumarle los tropiezos que habitualmente enfrentamos los realizadores y realizadoras jóvenes que de forma autónoma se proponen hacer una obra.

Durante varios meses previos a las primeras filmaciones, acudí casi a diario a los entrenamientos del equipo femenino de béisbol de Cuidad de La Habana. Uno de los elementos importantes para el tipo de documental que me proponía, era lograr que todas las jugadoras se sintieran parte de la película y que sus puntos de vista y la manera en que ellas desearan mostrar su realidad enriqueciera mis ideas iniciales y que al final, la obra transmitiera valores y perspectivas menos contaminadas con los estereotipos habituales. Para lograrlo se trató de no focalizar solamente el nivel anecdótico, que es el más obvio, sino de provocar la reflexión crítica sobre fenómenos culturales enconados en nuestras tradiciones culturales y en las mentalidades que de estos se originan; los cuales son, en el caso de ¿Grandes Ligas? las maneras en que concebimos la feminidad y la masculinidad, su posible evolución, antagonismos sexistas, prejuicios y modos de superarlos: tal vez, mediante políticas públicas que estimulen la práctica de un deporte incluyente y solidario.

Todo documental tiene un tiempo y una visión particular sobre los temas que aborda, lo cual hace imprescindibles a la síntesis y la selección, que conforman junto a los elementos expresivos del lenguaje  cinematográfico, el cuerpo poético de la obra. Según el antropólogo y escritor argentino Adolfo Colombres, si bien no se puede prescindir de esta gramática audiovisual, lo importante es que los realizadores y realizadoras, hagamos uso de ella con nuestra mirada pulida por la investigación y el tipo de acercamiento que tengamos al asunto que se pretenda abordar. Evidentemente, el tiempo junto a las jugadoras de béisbol en sus entrenamientos, me convirtió en alguien mucho más cercano a ellas y su entorno, que si me hubiera mantenido observándolas desde una distancia prudencial.

¿Crees que en Cuba podamos lograr un desarrollo de este deporte en las mujeres?

Cuba es un país donde se le rinde un culto especial a las prácticas deportivas y donde el béisbol tiene un peso cultural, social y político que trasciende a la isla física, para ser parte de un imaginario nacional perdurable. Las mujeres hacen la mitad o más de nuestra población; si ellas permanecieran por completo ajenas a este deporte y prefirieran otros, habría que replantearse el término de Deporte Nacional. En la segunda mitad el siglo XIX, cuando el béisbol se convirtió en una parte importante de la vida pública en Cuba y  los aires independentistas se hacían sentir, las mujeres patriotas asistían a los estadios o espacios donde se producían los juegos de pelota de entonces luciendo en el pelo cintas de color rojo, blanco y azul que agitaban para vitorear a los jugadores de buen desempeño o ante una jugada espectacular. Indudablemente ellas habían encontrado la manera de hacer sentir su presencia en las gradas a favor de la causa cubana. No dudo que existan muchas mujeres en Cuba, con más de un sueño donde vistan el uniforme de la selección nacional de béisbol. ¿Cómo les sería ajeno este deporte a las mujeres cubanas, cuando no lo son otros como el fútbol, las pesas, la lucha, el judo o el atletismo? Hay otra pregunta que me hago desde que surgió en mí la inquietud por este tema: ¿por qué no vemos a las mujeres tan frecuentemente como a los hombres, practicando deportes o haciendo ejercicios al aire libre? Alguien dirá que las ve en los gimnasios, corriendo en una pista o por una avenida, en esencia es así en casos que resultan minoritarios si nos detenemos a pensar en los hombres que juegan fútbol, béisbol o cualquier otro deporte, los fines de semana y en las tardes, no exclusivamente para modelar nuestros cuerpos según los cánones de belleza establecidos, ni para combatir un malestar de salud y el exceso de peso corporal.

Algunas personas pueden argumentar que hay cosas que siempre han sido así, producto de la tradición cultural; que están arraigadas y son inamovibles. Pero, ¿acaso el ser humano estaba diseñado para volar? Y sin embargo vuela. ¿No era acaso considerada una herejía en el  siglo XIII la idea de que los siervos podrían llegar a gobernar y alterar el orden establecido?  Sin embargo, han destronado reinos y ejercido el poder, aunque no siempre hayan podido conservarlo. Es exactamente lo mismo: la creencia de que a las mujeres no les gusta el béisbol, debido a que no "han nacido" preparadas para esto o aquello, se derrumba como castillo de naipes con una sola jugada de double play que hacen estas peloteras. Ellas también pueden desarrollarse plenamente en este deporte y luego que las primeras, segundas y terceras, hayan abierto “los diamantes” a las que vengan detrás, estas lo harán mejor. De este modo surgirán entrenadores y entrenadoras de béisbol que con sus experiencias, sedimentarán el conocimiento y la metodología, para perfeccionar las técnicas de bateo, fildeo o el corrido de las bases en las jugadoras.



El montaje, la musicalización y hasta el punto de vista de la cámara parecen tener en ¿Grandes ligas? una intención bien definida. Como realizador de documentales, ¿qué importancia confieres a cada uno de estos elementos?

Esos elementos son parte imprescindible de la gramática del lenguaje audiovisual. Pero debo ser sincero y decir que en ¿Grandes Ligas? lo que está presente es una hegemonía del discurso sobre la forma, que tampoco es ideal. El  ideal está en logar el equilibrio orgánico de  ambos conceptos.  Algo que se aprende solo con el ejercicio constante, con la búsqueda estética y el crecimiento que da la práctica. ¿Grandes Ligas? también me sirvió para reconocer esta limitación; pero hay razones suficientes para sentirse contento y agradecido con el resultado final: hoy hablamos de un documental que cumple los objetivos que le dieron origen. Es un filme que no cae en estereotipos y motiva el debate sobre las formas de discriminación hacia la mujer.

¿Cuáles son, en tu criterio, las razones que motivan la tendencia de los  realizadores jóvenes a privilegiar el documental como género?

Por un lado, la necesidad de decir algo sobre nuestro tiempo y no hallar una manera donde hacerlo sin restricciones y prejuicios, que a través de una obra autónoma o independiente de las instituciones hegemónicas; esta es la que mejor nos representa con las maneras complejas y contradictorias de ver nuestra sociedad. Lo otro es que para algunos realizadores y realizadoras el género documental es una puerta por donde entrar al cine de ficción. Cualquiera de las dos variantes se resumen al final en una misma cosa: hacer sentir nuestra inconformidad con aquello que nos molesta y ser parte de aquello que nos entusiasma y en lo que creemos.

¿Cómo asumes tú la elección del género y los temas que vas a tratar en tus películas?

Tengo en mi haber un intento de documental y dos realizados con dignidad, uno de los cuales es una dirección compartida. Parte de la respuesta a esta pregunta, está en camino aún. Yo hago documentales o los sueño, por dos motivos fundamentales: lo primero es que si no me expreso a través de ellos o por alguna otra vía de las tantas que existen para comunicar sublimando la vida prosaica que solemos llevar, creo que me autodestruiría. La otra, es que me aterra la idea de llegar a ser el último ser humano que vaya a quedar en pie tras  la tremenda hecatombe universal, a la que irremediablemente nos conducirán las prácticas inhumanas, anticulturales y discriminatorias que se ejercen impunemente sobre cualquier persona o el ecosuicidio ambiental del que somos parte todos y todas. Me gusta entrar en contacto con las personas, escucharlas, verlas en silencio y en especial, percibir el aliento de la vida allí donde parece casi imposible. Eso me estimula grandemente.


En los jóvenes cineastas cubanos se aprecia cierta tendencia a referir conflictos sociales desde un particular prisma generacional. ¿Crees en el cine como un instrumento de cuestionamiento social?


Mucho he leído y escuchado últimamente sobre la imposibilidad de un hecho artístico para transformar la realidad. Tal vez eso sea cierto; tal vez una película, un poema, una canción, no sean suficientes para cambiar el mundo. No obstante, me parece que el joven o la joven que no crea que ese poema que escribe, esa canción que canta, esa película que filma, no tendrán el poder de perforar el duro pedernal de la humillación humana (y ya nos enseñó el Maestro que la máxima expresión de esta, es la esclavitud de los hombres y de las mujeres; cambiando de grilletes muy sutilmente) habrá envejecido extraordinariamente, prematuramente... hay quienes quisieran vernos viejos antes de tiempo, pero yo tengo fe de que seamos más, quienes no aceptamos esa negación de la juventud. Creo en la "necedad", la que canta Silvio, la que practica cualquiera que sabe lo que quiere y que cree profundamente en su verdad. Creo que el arte como práctica del mundo simbólico y espiritual de los seres humanos es un cuestionamiento de la realidad que se presenta como absoluta, y creo que el arte es y debe ser la herejía total ante los dogmas y los prejuicios. Por supuesto, me refiero al arte pleno y verdadero, el que no reduce, sino que integra y abre la posibilidad a la crítica y a la pluralidad del pensamiento.

¿Podrías definir algunas fortalezas y debilidades del discurso de los jóvenes realizadores cubanos?

Las fortalezas más grandes que podemos tener están en la diversidad, la pluralidad, el ímpetu, las ganas que ponemos en lo que hacemos y la manera desprejuiciada con que lo hacemos en muchos casos. Pero le temo a una ausencia de centro que a veces percibo en algunas obras. O sea, no saber a dónde se dirigen los disparos, que en ocasiones son como tiros ciegos, que pueden no ir a dar en un blanco justo, que polemice con agudeza y a la vez con certeza sobre un tema. Y también le temo a la ausencia de algo que nos una, que le dé sentido como proyecto cultural y humano a esta generación de obras cinematográficas y a sus autores y autoras, como en su tiempo fundacional fueran el ICAIC o el propio acontecer REVOLUCIONARIO.


¿Cuáles son los principales conflictos que enfrentan hoy los jóvenes realizadores de cine?


Generalizar es siempre un terreno pantanoso, pero si tengo que opinar sobre esto, digo que: "La angustia es el precio de ser uno mismo",  tal vez sea una lección pendiente para los realizadores y realizadoras jóvenes en cierta medida. 

¿Siempre quisiste dedicarte al cine?

No. El cine estuvo siempre presente en mi vida, pero nunca creí que con él me jugaría el porvenir, la vida o la fortuna. Llegué tras un largo período de gestación y apenas comienzo a andar este universo extraordinario, sorprendido por todo a mi alrededor, totalmente inexperto e imberbe. Yo no estaba “destinado” a ser cineasta, pero he iniciado este camino y espero no dejarlo a medias.

¿Grandes ligas?, tu primera incursión en solitario en el documental, ha tenido una recepción bastante favorable en los lugares que ha sido exhibido. ¿Te sientes satisfecho con el camino que ha transitado tu obra?

Estoy muy contento con ¿Grandes Ligas?. Ha sido un proyecto al que me entregué por completo y de nada me arrepiento. Lo más positivo ha sido el roce humano con las peloteras, con el equipo de trabajo y la vivencia de cada situación que se me presentó en particular: cada momento me ha hecho crecer mucho y evidentemente no sería el mismo sin haberlo realizado y no me parece que una mejor persona exactamente.
 


Si pudieras volver al principio, ¿qué harías diferente?

Al principio no se puede regresar aunque quisiéramos y lo más sano es no torturarse con lo que hicimos y no salió bien. Espero haber aprendido de los errores de los que luego me percaté. Asumir el riesgo sabiéndolo todo anticipadamente, no tiene gracia ni sentido. Mis nuevos proyectos andan por los caminos por donde espero pasar sin haber perdido la cualidad de sorprenderme. Siempre he dicho que el día más feliz de mi vida será aquel en que no tenga nada más que decir sobre los temas de género o sobre cualquier otra problemática social, porque ese será el día en que la especie humana haya superado esta prehistoria. Ese día dedicaré mi empeño a otras cosas.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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