Año VII
La Habana

22 al 28
de MARZO
de 2009

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La historia por contar

Eduardo Torres-Cuevas • La Habana

Foto: Kaloian (La Jiribilla)



Lo que más llama la atención en este bicentenario de Plácido es que hoy vamos a presentar un libro sobre el poeta. Quiere decir que no ha dejado de estar presente en toda la inquietud intelectual cubana en todos los años desde su fusilamiento en Matanzas.

¿Qué es lo que ha hecho que Plácido quede permanentemente en nuestras ideas, en mayor medida que otros poetas más elaborados y de mayor erudición que él? Pienso que, más allá de si Plácido fue o no un conspirador, lo más importante es ese campo que queda como la sombra utópica de todo pensamiento, ese campo en el que la historia no puede dar respuestas y en el que, sin embargo, se identifican la mentalidad popular, las tradiciones, la historia oral y en gran medida el sentimiento de una nación, e incluso crean alrededor de la figura toda una leyenda que puede no ser real, pero que es más fuerte a veces que la propia historia real. Son innumerables los ejemplos que se pueden poner de estos casos, en los que muchos de los elementos históricos reales del héroe son sustituidos por todo el acumulado cultural que un pueblo le va atribuyendo. Y por eso en la historia nunca es igual la lectura fría del documento, en dependencia de quien lo lea, de su intención y sobre todo de su cultura. El documento histórico está sujeto también a muy variadas interpretaciones en las que puede tener más de una lectura incluso una simple frase o una oración.

De lo que sí no hay dudas en el caso de Plácido es de que nos perteneció desde el mismo instante en que lo fusilaron. Desde entonces la "Plegaria a Dios" fue casi un segundo himno nacional —no hay dudas de que el primero fue el "Himno del desterrado", de José María Heredia. ¿Por qué esta connotación de la "Plegaria…"? Pienso que es importante en esta historia contraponer las figuras de Aponte y de Plácido y las imágenes que de ellos transmitieron no solo los historiadores, ya que muchas veces ellos son el reflejo de una mentalidad, de una concepción de época y del modo en el cual les llega una tradición y la tratan de vindicar o no. La imagen de Aponte era exactamente la contraria a la de Plácido. Del primero se decía —y esta es una frase que se recoge desde el siglo XIX: "más malo que Aponte", y entonces hay que preguntarse por qué se logró acuñar esa frase, qué significó Aponte y qué no significó Plácido.

En 1811 se ha producido el derrumbe de todo un sistema económico, político y social en toda la hispanidad. El antiguo régimen, con todo lo que significa de monarquía absoluta, ha hecho crisis desde 1808 con la invasión de Napoleón Bonaparte a España y en ese momento pierde el control el poder colonial.

Entre 1810 y 1811 surgen varias conspiraciones, pero la primera conspiración, como no había sido vista con anterioridad en toda esta Isla, es la que organiza Aponte. Primero porque fue una conspiración que no tuvo un color, se compuso de personas de todos los colores; segundo, porque no fue una conspiración habanera sino una nacional, se estaba conspirando en Holguín, en Camagüey, en Las Villas, etc., y tercero, fue una conspiración por la independencia y por un cambio social. Nadie quiso nunca reivindicar ese movimiento, y es el primer movimiento que tiene un carácter nacional. Fue marcado como lo que no debía ser. A ese carpintero, que además tenía conexiones en La Habana y que todo el mundo respetaba, se le cortó la cabeza y se le puso en una jaula a la entrada de la ciudad, en Belascoaín, para que todo el mundo la viera y aprendiera de ese acto de represión.

Entonces se transmite por los medios de la época no solo el hecho de que le cortaran la cabeza a Aponte, sino algo mucho más importante, la creación de la figura como símbolo de lo más malo. Este hombre representaba la independencia, y más que eso, la unidad. Cualquier cosa podía pasar en Cuba menos lo que proyectó Aponte —quien no era esclavo, era libre y además tenía una biblioteca muy respetable, era un hombre de lectura y de acción—, por eso fue más malo que ninguno.

Tuvo lugar una represión que dio cierto resultado, pero luego, en la década del 20 del siglo XIX, ocurre algo que José Antonio Saco trata muy bien en sus memorias sobre la vagancia en Cuba, cuando explica que los jóvenes blancos de clase media de la época detestaban el trabajo manual. Era una ofensa y un deshonor ganarse la vida con el trabajo manual y, por tanto, fundamentalmente en las ciudades puerto donde hubo un mayor crecimiento en los trabajos de los muelles, en la construcción y en el comercio, se desarrolla impetuosamente una clase media de negros y mulatos libres, capaces no solo de comprarse la libertad con su trabajo, sino incluso de comprársela a su familia. Algunos se dieron el lujo, porque hay que contar la historia tal y como es, de tener esclavos. Esa clase media tuvo músicos como Brindis de Salas padre e hijo, y propietarios, no tan grandes como Arango y Parreño, pero cuando fusilan a José Dolores Pimienta este tenía 13 esclavos y varias caballerías de tierra, y el doctor Andrés Dodge, negro que fue fusilado también, era dentista y estudió en París. Es decir, era una clase media de negros y mulatos albañiles, carpinteros, sastres, peineteros, músicos, etc., y estaban ganando mucho dinero a través del trabajo artesanal que los ubicó y les permitió ganar un espacio cada vez mayor en las sociedades de la Isla. En tiempos de Plácido este es un sector muy importante ya, sobre todo en las ciudades de la zona occidental. No es casualidad que los abakuá surgieran en esta región. Y así se llega a lo que me interesa recalcar: Plácido es un símbolo.

Estoy convencido de que la conspiración existió y de que hay que hablar de "conspiraciones", algo mucho más complejo, porque en ella había figuras como David Turnbull, un agente inglés enviado a Cuba como lo prueban los documentos que el historiador Rodolfo Sarracino encontró. En 1838 se había logrado la abolición de la esclavitud en las colonias inglesas y Turnbull ha sido uno de los hombres clave en este movimiento en Jamaica. En Inglaterra, Lord Palmerston es el hombre que está llevando a cabo todo el proceso de abolicionismo inglés. A Turnbull lo ubican aquí, junto a otros agentes, para trabajar en la abolición de la esclavitud en Cuba, eso está absolutamente probado.

La segunda parte del problema es más complicada porque los documentos no son lo suficientemente claros acerca de todos los grupos en acción que son mencionados por Turnbull y otros agentes. También sale a relucir el epistolario de Domingo del Monte, que le estaba pasando información diaria a EE.UU. a través de Alexander Everett, el hermano del Secretario de Estado norteamericano, sobre el inminente estallido de la situación. Es decir, existió una conspiración bastante clara. Hay otro fenómeno cuya conexión tampoco se ha podido probar, pero las insurrecciones de esclavos se multiplicaron como nunca antes y estallaron por todas partes. ¿Hasta qué punto estaban conspirando Domingo del Monte y José de la Luz y Caballero?, no me atrevería a afirmarlo. En ese momento hay varios núcleos de los que aún quedan por descubrir los nexos.

Hay otra conspiración para mí clara y es la del gobierno español y Leopoldo O'Donnell. Este es un momento en el cual se está decidiendo el futuro no solo de la esclavitud, sino de la economía de Cuba y el papel de O'Donnell al respecto tampoco está muy claro, tal parece que inicia una represión que no era como la esperaban algunos hacendados cubanos. El enfrentamiento entre O'Donnell y este grupo de los ilustrados, fundamentalmente la situación compleja que se crea entre él y Del Monte en un momento determinado, que después tomó otra arista, explica también parte del tema.

Pero, como decía inicialmente, creo que lo más hermoso de nuestra historia es cómo estos temas de nuestra identidad, que nos tocan cardinalmente, siguen estando presentes en la investigación no solo de los historiadores, sino de los literatos e intelectuales, y que hoy estemos presentando un libro donde se estudia a Plácido lo demuestra. Plácido sigue presente, el problema "Plácido" es algo más que la duda de si conspiró o no conspiró. Plácido representa un momento donde, como diría Guillén, "esta sociedad mestiza" obtiene una carta de presentación cultural y política.

Para nosotros, Plácido siempre será un referente necesario, aunque polémico, y es bueno que exista un área a la que nuestra historia debe seguir acercándose. Creo que lo fundamental de aquella represión fue también lo fundamental en 1912, cuando los hechos del Partido de los Independientes de Color: fue una represión, con razones o sin razones, a un sector que había que cortarle las alas, a esa pequeña y mediana burguesía de las principales ciudades que era potencialmente revolucionaria, no solo por ser clase media, si no por ser clase media excluida, es decir, que ni siquiera esa condición le era reconocida porque estaba sometida a la doble condición de clase y de raza.

Queda otro asunto que para mí es fundamental: aquel fue un modo de sembrar el terror. Lo hicieron con Aponte cuando pusieron su cabeza a la entrada de La Habana y luego lo hicieron con Plácido y todo aquel grupo, para reprimir y dejar una señal en ese sector, y lo hicieron en 1912 con una represión que no fue solo contra los Independientes del Color, sino que se convirtió en un holocausto para que nunca más hubiese ninguna aspiración de esa clase obrera y clase media de negros y mulatos. Para que nunca más pudieran aspirar, no ya por los mecanismos jurídicos, si no por el terror y el miedo, a determinados espacios políticos y sociales. Es ahí donde Plácido engarza y engarzará siempre con cualquier pensamiento de auténtica reflexión en una sociedad de justicia social por la cual todos ellos, o fueron víctimas, o lucharon heroicamente. Es una de las claves que unen un largo período y que no aparece en los manuales, porque es la historia de la gente sin historia y es lo que no nos permite entender nuestro pasado. Mientras esas ausencias existan, no podremos explicarnos nada, nos explicaremos solo una parte de lo acontecido, precisamente la que siempre ha estado a la luz pública. La otra, la oculta, esa sombra que ha acompañado a nuestra historia, seguirá invisible hasta que no seamos capaces de asumirla tal y como fue, para entender esta sociedad que es hoy nuestro país.

Intervención en el Panel “Plácido en la encrucijada de la identidad cubana”. Teatro de la Biblioteca Nacional de Cuba, 18 de marzo de 2009.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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