Año VII
La Habana
2008

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 Edelmis Anoceto Vega

(Cuba, 1968)


Yo recomiendo al coro soledad,

y al solo recomiendo esta pobreza.


Cuando sus ojos descendían por la montaña

como una manada de humildes lobos,

el cielo se empedraba

y en las frondas era más tenúa

el canto del ave migratoria.

Después se alzaba su voz

tirada por aquellos lobos

que ya podían ser imaginados,

y el olor de su sangre destilaba

sobre el mármol.

Tras el velo nada parecía florecer

Porque, sin mirar sus ojos

no querían saber los colores del girasol.

La niebla cubre la montaña

pero los lobos esquivos cruzan la laguna

para desaparecer en otros ojos.


Posible lo callado, ya no baste decir

sino escuchar un himno salvador de tu sueño,

sino el pájaro ileso en la remota calle.

Lo callado imposible, la fuente poderosa

donde acude mi mano, a veces, casi nunca,

a preguntar quién eres,

quizás sin mi dibujo, sin mi rosa quizás.

Por fin en el silencio la pregunta surgente,

porque tu frente reza un salmo sin querer,

que sin querer escapa.

Ya no baste decir sino escucharte lejos,

brevemente callada.


Algo va a suceder en mi conciencia,

sin un grito, una palpitación,

para que yo mire el sitio,

los charcos, la yerba alta,

algo de qué asirme.

Mis ojos claman una oportunidad

más allá del sueño.

Me niego a los cielos promisorios,

escucho los ríos de mi sangre,

el incendio de todo.


Y lo difícil fue siempre desafío,

sin sufrir la caída ni el gemido

posible en la estación de lo perdido.

(Final de la tormenta, comienzo del estío.)
 

Aquello que se acerca desde el río,

todo color de girasol fingido,

sube a la lenta sombra sin sentido.

(Lobo después y antes del rocío.)
 

Porque la liebre al paso no cedía

manchas de sangre en la propia falda.

(Pequeña luz esconde su verdad.)
 

Después de la caída quién caía

como difícil mancha de la espalda.

(Difícil entender su eternidad.)


Elegida por las recias aspas,

la vieja se detiene afuera para mirar

al gran sol a veces temeroso

que por la línea horizontal

quiere viajar. Mortgana

ha sabido su sueño

(si por el laberinto de su piel

ella desata los hilos

que deben conducirla al nirvana,

estas aspas serían tan limpias

como el agua que Mortgana,

muda de nacimiento, ha escondido

entre sus piernas.)

Solo así podría espiar

al paciente sólo una vez más

y coronar con la rama

la estatua que surge tras el bosque.
 

Edelmis Anoceto Vega: Santa Clara (Villa Clara), 1968. Poeta, editor, traductor literario, y licenciado en Lengua y Literatura Inglesas. Obtuvo primer premio en poesía en Encuentro Municipal de Talleres Literarios de Santa Clara (1997); premio Batalla de Mal Tiempo en décima (2000); el premio de la XII Jornada de la Poesía Cubana en Sancti Spíritus; Beca de Creación El Girasol Sediento, con el poemario Imago Mundi; premio nacional de soneto “Antonio Rodríguez Castro” de Sancti Spíritus (2001); premio de poesía Ciudad del Che de Santa Clara (2002); premio literario Fundación de la Ciudad de Santa Clara en Décima (2004); premio nacional de poesía “Manuel Navarro Luna”, con Días de reparaciones (2005); primer premio de poesía del concurso nacional Hermanos Loynaz con Desertor del cielo (2007); Premio Dador de poesía, con Agujero negro (2008).Aparece en las antologías: Los parques (2001), Yo he visto un cangrejo arando (2004) y El poeta eres tú (2007). Obras personales: Cantos del bajo delta (1998); De todas las almas creadas (1998) (Cuaderno de traducciones de poemas de Emily Dickinson); A una alondra y otros poemas (2003) (Cuaderno de traducciones de poemas de Percy B. Shelley.); Mortgana (2002) (Premio de Poesía Calendario); Imago Mundi (2002); La cólera de Aquiles (2005), La cosecha y el incendio (2005), Desertor del cielo (2007) (Premio Dador de poesía, 2007), Poemas agrestes (Traducciones de Robert Frost).

 

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