Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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La lectura es como un sexto sentido

Fina García Marruz • La Habana

 
Decía el maestro Alfonso Reyes, con su habitual sonrisa y elegancia, "Prefiero repetirme a citarme". Hoy me permito disentir en algo de su sabio consejo, ya que repetir me parece más propio de la Academia que acudir a la cita: frescura de lo que se pensó por primera vez.

"¿Qué ha sido para mí la lectura?"

La lectura es como un sexto sentido. Si el hombre no hubiera inventado esos signos, se hubiera perdido la memoria cabal del pasado, su ciencia reciente, toda su poesía. La civilización retrocedería siglos. ¿Qué debemos a la lectura? El hombre no puede calcularlo. Desde que abre los ojos al mundo, el saber por ella proporcionado permite el desenvolvimiento feliz del parto. Nuestros puentes serían más frágiles, nuestros techos más embestidos por los vientos. Leer nos comunica con el mundo. La simple lectura matinal del periódico niega la soledad. Enseña que nuestros problemas no son solo los nuestros, que estamos ante un contexto mayor que nos modifica y afecta. Leer no es solo aprender a conocer, es sobre todo compartir.

Don Francisco de Quevedo, estando en la cárcel, "con pocos, pero doctos libros juntos" no se sentía ya aislado. "Vivo en conversación con los difuntos, y escucho con los ojos a los muertos". Si leer es "escuchar con los ojos" a los que no están presentes, es entonces escucharlos como vivos que nos hacen más vivos a nosotros. La costumbre de "los lectores de tabaquería" del siglo pasado, hizo de estos obreros los más cultos, los más aptos para recibir la prédica de libertad de Martí. Pero escuchar requiere silencio, campaña contra el ruido innecesario, para de veras oír este diálogo, entre presentes y ausentes: "los músicos, callados contrapuntos", de que hablara Don Francisco.

Es más fácil definir lo que representa la lectura en general, que lo que es para cada uno.
Hay un pasaje muy triste del Quijote y es cuando el ama y la sobrina deciden sin duda pensando que le hacían un bien quemarle todos sus libros, pues los creían culpables de su locura. Cervantes nos dice: "el caballero palpaba las paredes, y "no decía palabra".

No ve los estantes vacíos, palpa, como un ciego, y enmudece. Porque lo que le habían quitado no era solo el mundo de la imaginación, sino todo lo que no podía verse con los ojos y que él necesitaba para SER.

Hay los lectores que leen para aprender algo y los que leen como aliento de la vida misma.

A San Agustín, después de recorrer todas las filosofías de su tiempo, alguien,
¿un enviado? le dijo: "Toma, lee", y así fue que halló los Evangelios, lo que decidió el destino de su vida.

Acaso fue Darío el primero que advirtió, cuando se hacían Odas a la invención de la vacuna o a la invención de la imprenta, que "en el Principio fue la palabra", que era un signo "que lo comprendía todo por virtud demiúrgica, pero aquellos que la usan mal serán culpables si no saben manejar esos peligrosos y delicados medios". No de otro modo cuando se nos repite "no te digo cree, sino lee", quiere también decírsenos que no se crea en todo lo que se lee.

¿Qué es aprender a leer, si después no leemos? Se necesita no solo crear el hábito de la lectura, sino tiempo y condiciones para ejercerlo. Lo principal considero no está en enseñar que el niño, el joven, "deben" leer, hay que presentarle el libro como se presenta a un amigo o a una encantadora muchacha, que aviven en él constantes deseos de compañía. Si se logra que el niño, o el joven, no asocie la lectura a un penoso deber sino a un maravilloso descubrimiento, ya todo estará ganado. Leerá, por su propio gusto, toda la vida. Cuando Martí decía "Aprender a leer es aprender a andar", no se refería a dar el primer paso sino a seguirlos dando. Leer es seguir leyendo. Andar es seguir andando. La noble campaña de la lectura alcanzará su más preciado fin cuando no necesite ser una campaña. Sigue leyendo hasta que encuentres la fuente misma de tu necesidad de leer.

Solo me resta dedicar este día a la memoria de mi padre, que nos inculcó la pasión por la lectura. Y quiso que estuvieran en mi casa desde el Quijote ilustrado por Doré hasta un libro tan formador como Corazón, de Edmundo de Amicis, el primero que nos leyó nuestra madre, cuando aún no sabíamos leer. Pero sobre todo el poemario Canción de Juan Ramón Jiménez que nos regaló mi padre a mi hermana y a mí, en las Navidades del 36, que fue el vínculo común gracias al cual conocí a Cintio.

Quiero agradecer al Instituto Cubano del Libro, a su actual director Iroel Sánchez, la gentileza de dedicarme la Feria junto a Jorge lbarra, a quien admiro y respeto.

También quiero agradecer por su presencia hoy al Ministro de Cultura Abel Prieto, a la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet y a nuestro presidente Raúl Castro Ruz. Así como a todos los invitados y amigos presentes.

No me falta sino desearle a esta Feria Internacional del Libro de La Habana los éxitos y frutos que merece, en el año del cincuentenario de la benemérita Casa de las Américas y de nuestra Revolución.

Fina García Marruz
Ciudad de La Habana, doce de febrero del dosmilnueve

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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