Año VII
La Habana

13 al 19 de DICIEMBRE
de 2008

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30 Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano

El Festival de los jóvenes

Joel del Río • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla) y carteles promocionales
 

 


 

La chilena Tony Manero, la argentina Leonera y la brasileña Línea de pase fueron los tres filmes que capitalizaron los principales premios, en cuanto a largometrajes de ficción, en esta histórica, trigésima edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. De cerca los perseguía la cubana El cuerno de la abundancia, feliz vuelta de tuerca a uno de los géneros cinematográficos más populares entre nosotros: la comedia filial y de costumbres.
 

Algunos de los premiados con los Corales

Este fue el Festival de los jóvenes. Una vez más. No solo porque desde la inauguración así lo declararon dos patriarcas del Nuevo Cine Latinoamericano como Alfredo Guevara y Paul Leduc, sino porque entre los temas dominantes en el Festival, quiero decir en las películas latinoamericanas que vimos por estos días, estuvieron los jóvenes, o los problemas generacionales y filiales que ellos enfrentan. Se subordinaron a esta temática otras dos: la vida citadina (observada desde la exclusión y las diferencias de clase) y la violencia (generada por un entorno social y económico desigual y castrante). De modo que los mejores filmes del evento, incluyendo o no a los galardonados —que más adelante relaciono— discursaron sobre estos temas, como se aprecia en las argentinas La rabia, Leonera, Los paranoicos y La sangre brota, en las brasileñas Línea de pase, Última parada 174, Mutum, Quero, Tropa de elite y Maré, una historia de amor; las mexicanas Voy a explotar; Lake Tahoe, Quemar las naves  y Los bastardos; la peruana Dioses, la costarricense El camino, la guatemalteca Gasolina, la uruguaya Acné, entre muchas otras en  las cuales los cineastas, más o menos bisoños, reflexionan sobre el doloroso camino al conocimiento y la adultez.

El realizador Pablo Trapero recibe el premio
por
la cinta argentina Leonera

Los cineastas triunfadores pertenecen, en mayoría, a la generación que sucedió a los fundadores del Nuevo Cine Latinoamericano, o son incluso más jóvenes, pues nacieron justo en el instante en que estaba triunfando aquel movimiento. El segundo largometraje de Pablo Larraín, Tony Manero, un thriller de carácter retro —sobre un asesino en serie en Santiago de Chile, a finales de los años 70— alcanzó el Coral máximo, y el merecidísimo premio a la mejor actuación masculina para Alfredo Castro. La también chilena La buena vida (de Andrés Wood, a quien se le recuerda por Machuca o El desquite) sobre la vorágine urbana de esa misma Santiago de Chile, logró una mención del jurado oficial. La saludable renovación del cine chileno, cuyo auge artístico y creativo en el momento actual, iguala o supera los aportes de clásicos como Raúl Ruiz, Patricio Guzmán y Miguel Littín, se percibió también en el segundo premio Coral de documental para El diario de Agustín, que retrata cuarenta años de historia a partir del llamado decano del periodismo chileno, El Mercurio; e igual escaño ocuparon los realizadores australes en la competencia de animación con V al Paraíso, donde los muertos salen del fondo del mar al llamado de la música.

La violencia, exclusión y atroces desigualdades inherentes a las megalópolis, en este caso Sao Paulo, es el tema dominante en la brasileña Línea de pase (de Walter Salles y Daniela Thomas), aunque los realizadores, por suerte, decidieron apartarse de los tópicos fatalistas, y de la exhibición miserabilista que domina otros filmes latinoamericanos en la cuerda de Ciudad de Dios, Amores perros o Taxi para tres. Formidablemente contada, actuada y editada, en la imbatible línea narrativa que pasa de la madre a sus cuatro hijos, Línea de pase clasificó como segundo premio Coral, mejor actuación femenina (Sandra Corveloni) y mejor edición, además de una mención del jurado Signis y el premio Caminos, colateral que entrega el Centro Memorial Martin Luther King Jr.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez, su esposa
y Alfredo Guevara en la gala de premiaciones

La embajada fílmica brasileña fue destacada en varios otros rubros. Fueron reconocidas también la banda sonora de ese musical a lo Romeo y Julieta, a lo West Side Story, pero profundamente brasileña y carioca, que es Maré, nuestra historia de amor, en la cual la directora y guionista Lucia Murat aporta también una visión anchurosa y desprejuiciada de la juventud actual, la violencia pandillera y la música brasileña más allá del tropicalismo y el bossa nova, pues aquí hay favela y narcotráfico, pero se canta y se baila hip hop y rap, sin olvidar la samba.

Otros dos largometrajes de ficción brasileños fueron reconocidos en la competencia de óperas primas: la penetrante reflexión sobre la infancia y la vida rural que es Mutum, de Sandra Kogut, y la muy hábil incursión autorreflexiva, de cine dentro del cine, que es Filmefobia, de Kilo Goifman. Además, para coronar las excelencias del cine brasileño contemporáneo, el tercer premio de animación fue para esa extraña combinación de géneros que es Dossier Re Bordosa, donde el documental y la animación se combinan con toda naturalidad, como si no fueran dos manifestaciones audiovisuales esencialmente dispares.

Juan Carlos Tabío recibe el 3er premio Coral
por su pelicula
El cuerno de la abundancia

La mejor comedia del Festival, y una de las más divertidas producidas por el cine cubano de los últimos diez o quince años, El cuerno de la abundancia, de Juan Carlos Tabío (Plaff, Lista de espera) escaló hasta el tercer premio Coral, y le otorgaron un muy justo galardón como el mejor guión de los filmes en concurso (mérito del cineasta junto con el escritor Arturo Arango). El jurado de óperas primas no le vio méritos suficientes a ese muy alentador debut que es Los dioses rotos (de Ernesto Daranas), para figurar en su palmarés, no obstante fue reconocido en los premios colaterales por el Círculo de Periodistas de la UPEC y la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica.

Entre los documentales, recayó mención especial en The Illusion, la tesis de graduación de la joven Susana Barriga en la Escuela Internacional de Cine y Televisión, en San Antonio de los Baños, también reconocida por el jurado de la UNEAC. De este modo debe inaugurarse la andadura internacional de este excelente trabajo, de sesgo experimental, y así mismo, se abre la carrera profesional de una documentalista cuyo nuevo proyecto, Cuba 2009, recordar, fue destacado en el evento Nuevas Miradas, y por tanto ya cuenta con el apoyo de varias instancias productoras que contribuirán a que se realice prontamente.

No fueron pocos, de ninguna manera, los triunfos argentinos, aunque ese peso pesado que es Lucrecia Martel y La mujer sin cabeza no lo fueron tanto y no consiguieron llamar la atención del jurado oficial. El Premio Especial del Jurado destacó a uno de los filmes más estremecedores del evento, el drama carcelario y femenino que es Leonera, de Pablo Trapero, quien también supo acaparar el premio Signis y el Coral a la mejor dirección de arte. La historia de violencia entre dos familias rurales, mostrada por Albertina Carri en La rabia, fue reconocida como la mejor dirección del evento, mientras que el corto de ficción Hoy no estoy, la animación El empleo y el guión inédito Mía triunfaron en sus respectivos carriles competitivos.

Ese contundente drama rural que es Desierto adentro, se hizo acreedor del Coral a la mejor fotografía, y además los mexicanos dominaron en las competencias de ópera prima (en la cima quedó Parque vía, de Enrique Rivero), cortometrajes (Tierra y pan) y documentales. En este último rubro, arrasaron los aztecas, pues se granjearon el primer premio para Los herederos, sobre los niños que heredan el trabajo, las costumbres, la cultura y la miseria secular de sus ancestros, y el Premio Especial del Jurado para Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo, en el cual la realizadora Yulene Olaizola, quien se encargó también del guión, la foto, el sonido y la edición, emprende el rescate de su infancia, sus memorias, y de una casa de huéspedes por donde pasaron todo tipo de personajes pintorescos.

Entre las ausencias más notables en el reparto de premios se cuentan la argentina La ventana, la mexicana Lake Tahoe, la brasileña Tropa de élite y la cubana Los dioses rotos, pero es indiscutible que este reparto de premios brilla por su sentido de justicia, pues todas las galardonadas son películas dignas, altruistas, profesionales en el mejor sentido, obras que enaltecen las cinematografías latinoamericanas y confirman la identidad cultural que asemeja y engrandece a nuestras respectivas naciones.
 

El Gabo junto a Roberto Fernández Retamar

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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