Año VII
La Habana

6 al 12 de DICIEMBRE
de 2008

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TE PONGA EL PLATO?

 

Epistolario

 

Berlín, martes 30 de junio 59 – 11:30 p.m.

Querido Alfredo,

Hoy el día fue bastante bueno. Ya se van aclarando algunas cosas. Tuvimos una entrevista con el Dr. Bauer. Le entregamos el regalo (la bandera): le hablamos de nuestros planes, nuestras proyecciones, y el interés que teníamos en encontrar contactos en Alemania, tanto para conocer diversos equipos y técnicas, como para hacer conocer que existe en sus primeros pasos una industria cinematográfica cubana con la que se puede contar para hacer negocios. Lo invité a pasar por La Habana si iba a México en noviembre, cosa que es posible, pero no muy probable. El Dr. Bauer se mostró muy amable e interesado en todo. Nos convidó a una visita a los establecimientos UFA que son los más importantes de Alemania, y nos proporcionó varios contactos.

Después vino el encargado de prensa del Festival a quien le di fotografías del documental y las versiones española, alemana y francesa del texto. Después fuimos todos juntos a una recepción de la SPIO, que viene a ser algo así como la unión de los industriales del cine en Alemania. Allí fue donde mejor se comprobó lo bueno que fue traer a Ramiro con la barba y todo. Le hicieron muchas fotografías (y a nosotros también, claro, aunque no tantas) y hasta le tomaron en película con distintas personalidades. Esto nos permitió hacer una serie de contactos de los más diversos que espero ir procesando estos días.

Sobre el problema de equipos e industria en general hay lo siguiente en concreto: Logramos un buen contacto para visitar DEBRIE en Francia. Se trata de un italiano, responsable de UNITALIA en Alemania, que evidentemente conoce bastante los problemas técnicos y dice que en Italia utilizan preferentemente equipos DEBRIE para revelar e imprimir porque son incomparablemente de mayor calidad que cualquier otro. Esto coincide con lo que le dijo a Fraga1 el americano ese que conoció en Miami. Mañana vamos a ver
la UNION y la UFA.

Distintas personas de distintos países se han acercado a nosotros (y nosotros a ellos) y siempre se acaba hablando de la posibilidad de coproducciones. Evidentemente hay interés en ello.

He conocido también algunos distribuidores (pocos) y pienso hacer contactos más firmes con ellos en los días que siguen. Hasta ahora se trata de una argentina y de un alemán. De Venezuela conocí al dueño de Bolívar Films y al dueño de publicidad ARS. Han estado bastante tiempo con nosotros y están interesados en hacer negocios. También conocimos a un productor brasileño. Con casi todas estas personas quedamos citados para nuevas entrevistas.

Sobre el documental nuestro hay también algunas cosas interesantes: Como creo que te indiqué en mi primera carta fue presentado ayer lunes en una hora bastante mala y se repitió hoy por la mañana. Yo fui a verlo ayer pero hoy no pude ir porque tenía a esa misma hora la entrevista con el Dr. Bauer. En realidad no había mucha gente en el cine, pero no fue mal acogido a pesar de eso. No sé si te indiqué también que en el programa general aparecen todas las películas con título menos la nuestra, lo cual parece indicar que el programa fue confeccionado antes de que esta gente conociera siquiera el título del documental. Toda esta improvisación, y consecuentemente la ausencia absoluta de la más mínima propaganda previa, ha sido muy perjudicial. Pero a pesar de todo, hay algunos detalles interesantes: el encargado de prensa del Festival le dijo a nuestra intérprete (una mujer extraordinariamente eficiente que quisieras tener trabajando en el ICAIC...) sin estar nosotros delante, que había escuchado varios comentarios de gente interesada en el documental de Cuba y que iba a facilitar la manera de que diéramos una pequeña reunión de prensa para hablar del mismo y en general del cine cubano. Después hay la posibilidad de reexhibirlo nuevamente en una pequeña sala para aquellas personas particularmente interesadas. Esto es interesante, porque, como ya te he explicado, las circunstancias en que se ha exhibido hoy no han sido las más favorables.

Por otra parte, dos alemanes jóvenes se han acercado a nosotros para ver si tenemos interés en distribuirlo en Alemania. Ellos tienen dos documentales premiados y nos los ofrecen a cambio. Aquí te envío una hoja de propaganda para que veas de qué se trata. Pero tanto la intérprete como el encargado de prensa me han dicho que no debo hacer nada todavía porque es posible lograr una distribución más eficaz con otra gente. Los dos alemanes también me dijeron una cosa que me ha desalentado un poco aunque ya me lo imaginaba: que el comentario en alemán no parece ser una buena traducción y que además, el narrador no es bueno. Quieren hacer una nueva grabación con un narrador profesional. Todo esto es muy comprensible, pero son cosas que no pueden volver a suceder.

Los venezolanos quieren que le envíe una copia para distribuirla en Venezuela. Una argentina que tiene una fuerte cadena de cines en Argentina (dice ella) también está interesada. Y de la poca gente que lo ha visto he escuchado algunos comentarios favorables. Vamos a ver qué sale de todo esto.

Y nada más por hoy. Me remonto nuevamente en mi nave imaginaria para reaparecer mañana, a la misma hora, si no se me funde el motor. Auf Wiedersehen!2

Titón

No he recibido noticias de allá.

1 Jorge Fraga (Cuba, 1935). Cineasta.
2 ¡Hasta la vista!


26 de julio de 1959

Mi estimado Alfredo:

Apenas recibí tu carta me puse en contacto con una compañía mediana de las de aquí e hice algunos ofrecimientos por mi cuenta que son los siguientes: instalación, por parte de Japón, de un estudio autosuficiente, completo para tres películas mensuales, equipado con todos los instrumentos menos cámaras y cinematógrafo pertenecientes al estudio, de 2 500 localidades, pago en azúcar. Incluí esta última proposición con la cosa personal porque considero que el Instituto debe independizarse de los cines y tener su propia sala. Me encontré con varias sorpresas; primero, todos los estudios usan cámaras norteamericanas y alemanas, sobre la norteamericana Mitchell. El trabajo de llevarte todos los folletos se lo dejo encargado al Embajador porque es largo y esta gente trabaja despacio; te envío con el portador un libro que tal vez pueda servirte, no sé su valor porque ni hablo inglés ni entiendo de cine. Sobre las preguntas concretas que me hiciste puedo darte estas respuestas: los estudios japoneses tratan de filmar interiores, solo recurren al exterior cuando no hay más remedio, y calculan un tercio de la película en estas condiciones. Sí, es posible comprar planos de los estudios, y me los ofrecieron, pero no volvieron a visitarme. El cine japonés hace tres quintos de las películas de tipo corriente con escenario pequeño y costo reducido ($50 000); los dos quintos restantes se hacen con grandes escenarios, en general cinemascope, y una película extremadamente cara cuesta en Japón $250 000. Según los empresarios, tienen mucho interés en el mercado latinoamericano de películas, pero no lo demostraron, pues no volvieron a hablarnos ni tampoco mandaron los catálogos que pedí. Les manifesté el interés del Instituto del Cine por distribuir las películas japonesas. Haré otra tentativa antes de irme (salgo mañana) y te haré comunicar oficialmente por la embajada los resultados. Discúlpame lo escueto de la carta, pero mi caletre materializado no sirve para disquisiciones psicológicas; la tuya, en cambio, me interesó mucho, pero las dos páginas que dedicaste al análisis de Pedro Luis [Díaz Lanz] yo las resumo en tres palabras: hijo de puta.

Recibe un abrazo de tu amigo,

Che


Marzo 22, 1962 1

Carlos Fariñas

Conservatorio de Moscú

Presente

Querido Carlos:

Apenas he sabido de ti desde la partida pero tu nombre no se borra de entre nosotros y a veces sé que se escucha tu música. Supongo que te apoderas  apasionadamente de la técnica musical en busca de un instrumental  de expresión que te permita, finalmente, decir sonoramente lo nuestro…  No sé cómo es el Conservatorio, nadie dice mucho sobre tus actividades y  estudios pero en Nuestro Tiempo, y en otros tiempos, aprendimos a tener  a nuestro grupo musical entre lo más avanzado de nuestro arte, del arte de  nuestro país. Tormentosas discusiones y críticas acerbas, magisterios pedantes  y orientadores admirados han tenido nuestros compositores. También  los hemos tenido la gente de cine. Pero en definitiva, objetiva e históricamente  hablando, acaso inmaduros pero perspicaces, interiormente fuertes  y seguros de nuestras posiciones estéticas en germen, y en algunos casos ya  en formación, supimos resistir, supimos aprender, supimos defender nuestra fisonomía frente a las presiones de los magisters ayer medio-estalinistas y a  sus liberalismos sin principios, más cercanos pero igualmente erróneos.

En el orden ideológico y en la vida política concreta, y en la política que sigue el partido revolucionario en el arte, no puedo sentirme mejor —y hablo  así porque esta carta no es solo personal sino personalísima como verás más  adelante. Veo como lentamente se derrumban viejos y falsos altares, y como  supuestos orientadores, reales demoledores, van siendo descubiertos pese  a sus ingenios y astucias intelectuales, y como sin demérito de sus valores  reales, y de sus reales posibilidades de trabajo creativo, las cosas van siendo  puestas en su lugar. Este proceso es sutil pero definitivo y forma parte de las  transformaciones, del replanteo de las fuerzas en dirección intelectual, de  la liquidación de las presiones de grupos y de los grupos “problema”, y de la  atención que van recibiendo más y mejor los problemas de fondo. La maestría  política y la calidad humana e intelectual de Edith2 juegan también un papel que no puede ser subestimado. Sé que a partir de esas calidades no se  pueden sino descubrir tarde o temprano las fuentes reales de las corrientes  que van hacia delante, listas a recoger lo mejor en todas partes, a detenerse  en todos los meandros, y a bifurcarse en todas las formas. El trabajo general  del Consejo Nacional de Cultura y a partir de una orientación ideológica y  de una política cultural abierta ha puesto extremo énfasis en las labores de  divulgación extendiendo horizontal y nacionalmente su base de influencia,  y haciendo partícipe del empeño organizativo a las organizaciones de masas  CTC, AJR, FMC,3 etc. —todo esto promueve en sus cuadros una nueva  perspectiva, y a la par que brinda una dimensión nueva a todo el campo  de la cultura, mina las capillas y a sus pontífices, a los que andaban de  francotiradores haciéndonos sentir sus plomos de tarde en tarde, y según  mi opinión, también a los que desde dentro oficiaban la misa de su propio  talento, imponiendo sus puntos de vista, su seriedad intelectual —algunas  veces máscara de su muy serio escepticismo—. De este modo, y te repito  que es una muy personal interpretación, el final está claro: los talentos, talentos  son, pero no pueden asar en su fuego todas las sardinas; orientar no  será deformar; las capillas no alcanzarán para el exceso de trabajo práctico  y sus muros y altares serán devorados por el impulso vivo de las urgencias  populares; serán tantas las posibilidades y tantos los caminos que andarlos  será más difícil pero la vida de los artistas, de los creadores, será en ella  más auténtica, solo resistirán todas las pruebas los verdaderos valores. Los  grupos y personeros con propaganda tipo “palmolive”, editoriales semiprivadas  y orquestas, teatros, plantas de televisión y periódicos casi propios  están en decadencia. ¿Y cómo manejará “el Estado” esas fuerzas, recursos y  vehículos de los medios de expresión artísticos? Según parece se acerca una  verdadera Comisión del Trabajo Intelectual —con talla y poder suficientes  y un Ministerio de Cultura— esto se discute y aplaza siempre pero la urgencia  del caso hace pensar en que se acerca la solución. Sueño con que  terminen las duplicidades e interferencias y con ellas las pequeñas y mezquinas batallas en que tanto tiempo se pierde. Esto es necesario, es urgente, es inaplazable: habrá entonces Ministerio de Cultura. Me atrevo a hablar así porque ahora la Revolución Socialista, al unir los más desarrollados cuadros  del M-26 con las figuras mejores, más inteligentes, probadas y a la par  leales a los principios y capaces de la mayor amplitud, provenientes del PSP, resume en una Dirección4 un núcleo capaz de repartir el trabajo y compartir  las responsabilidades políticas. Los dos últimos discursos de Fidel contra  el sectarismo 5 son magníficos y el más reciente del Che sobre la calidad los  complementa en cierta forma. ¡Cómo espero un discurso, una frase sobre  la calidad en arte, y cómo espero un discurso sobre los principios y sobre la  amplitud en arte! Es difícil el tema, peligroso, muy serio. No lo tendremos  aún, pero llegaremos a tenerlo.

Esta carta es la de un envidioso. Durante mi estancia reciente en Moscú —relativamente reciente— apenas pude tener contacto con la vida cultural  soviética, con ese renacimiento que tiene que estarse produciendo como  floración lógica en la primavera que abren los Congresos del Partido y las  orientaciones de Nikita Kruschov —¡cómo le admiro viejo!... ¡y sin culto!—.  Lo trágico de nuestra hambre de noticias es que la mayor parte de la  información de última hora sobre la URSS en materia cultural nos llegan a  través de “filtraciones” en la prensa europea, principalmente en periódicos  como L’ Express y Le Monde y en las revistas y publicaciones literarias semanales.  Primero nadie sabe nada, después algunos niegan los acontecimientos  —claro que eso no lo hacen jamás un Carlos Rafael6 o un Nicolás,7 más finos  y sabios de lo que muchos creen— finalmente resulta cierto que se publicó  tal libro, que tal discusión tuvo lugar, que una sinfonía promueve la ira de los críticos, el aplauso de los compositores, la polémica en todas partes. Siempre  me he preguntado por qué hemos de conocer la literatura, el cine, la música,  por qué hemos de saber de sus problemas y de los conflictos y búsquedas de  nuestros compañeros, los artistas de países de mayor desarrollo y experiencia,  a través de las conclusiones finales. Es la vida en toda su plenitud, la caliente  entraña de la lucha, el filo de las armas y la destreza de la polémica, el movimiento  ideológico que esto comporta, su sustratum cultural y político, lo que  en forma más efectiva pudiera depositar en nosotros simientes de comprensión.  Estoy de acuerdo con leer y estudiar “resoluciones” pero sería muy distinto abrir ahora, por vez primera el discurso de Fidel a los intelectuales, sin haber participado como protagonista de tantos hechos y trabajos de nuestra  vida en la clandestinidad, o en los meses y años que siguieron al triunfo sin  haber acertado y sin haber cometido errores, sin haber presentido o sin descubrir  una oculta ceguera. El discurso de Fidel en esas condiciones no tendría  para mí el mismo peso. Si podemos aprender de nuestros amigos soviéticos,  de sus problemas, conflictos y luchas, de sus aciertos, y de la forma en que  van encontrando el camino ¿por qué no hacerlo? Es necesario ser un poco  protagonista de cada hecho, adentrarse en su carne y palpar de cerca todas  sus motivaciones y matices. Ese contacto nos falta con la cultura soviética, y  en general con la vida intelectual de todos los países socialistas.

En materia cinematográfica los soviéticos publican una revista absurda, ridícula en su formato, antigua, vacía, sin una orientación artística ni valor  alguno, un homenaje a la solemnidad, la retórica y la incomunicabilidad:  quién habla con fórmulas poco se hace entender. Esta revista sale en mil idiomas,  debe costar un dineral en sus colores y papel satinado, en cambio jamás  se publican los artículos teóricos o los materiales críticos que habitualmente  recogen —según remotas noticias— La Pantalla Soviética y El Arte del Film...

Esto lo dije hace nueve meses a Davidov, viceministro de Cultura de la URSS. Lo anotó todo. Gracias.

Las relaciones culturales toman así un cierto sabor aburrido, al estilo del que han inventado los sabios que se reúnen en la UNESCO para dormitar en París —lo cual por demás no demuestra mal gusto—. Cómo suplir semejante  deficiencia, cómo hacer entender que nuestro cerebro funciona y que  aspiramos a recibir algo más que condensados, cómo enviar al infierno las pastosas traducciones de “Literatura Soviética”, hechas acaso con el afán  más piadoso pero capaces de hacer odiar hasta a Gorki —aclaro: uno de  mis preferidos—. Me atormenta pensar en un Maiakovski despedazado en  ese español de “sefarditas modernos”. Hay que hacer algo, hay que hacer  comprender estas cosas, hay que levantar puentes, que secar océanos, pero  hay que abrir la comunicación entre lo que allá pasa y lo que aquí presentimos.

¿Sabes que existe una revista del cine cubano que se publica de vez en cuando y que ansía hablar este idioma?

Envíanos algo, un artículo, una declaración, noticias, cuanto ligue al cine y la música, con sangre juvenil, envíanos lo nuevo, lo que dicen los jóvenes,  lo que los jóvenes descubren, un reflejo de sus inquietudes, de su modo de  ser, característico de la época socialista, en el siglo XX, año 1962, en Moscú,  en invierno, el día en que Argelia es libre, cuando Cuba es amenazada y  mientras Kruschov pelea desde lejos por hacer de Ginebra un bastión de paz.  Es necesario sentir a la gente en actual, como en actual vivimos. Estás ahí, ahí está Enrique Pineda Barnet. Él me envía una postal dulzona. Esto me ha  indignado porque le sé capaz de vivir fuera de los merengues y el almíbar. Pero  también me ha hecho pensar: ¿Qué hago yo por saber? ¿Digo esto a mis amigos  soviéticos? Los tengo. Estoy unido a la amistad con la URSS desde hace  20 años: no son pocos. Estoy seguro que no verán en mí un agazapado. ¿Por  qué no les escribo? Ya sé, mucho trabajo, apenas queda tiempo para dormir, etc., conozco mis disculpas, también por miedo, por sujetarse a los canales  habituales, porque soy un funcionario y porque hay un protocolo —¡al diablo  los protocolos! Escríbeme aunque sea diez líneas, dime quién y qué es interesante,  háblame de los músicos, de los jóvenes, del futuro de la URSS, de ese  renacimiento cultural en el que te toca estar momentáneamente inmerso, y  que tan importante será para nosotros conocer...

Compondrás música nuevamente para el ICAIC y esta vez para nuestra coproducción con la URSS. Espero que Kalatosov ya haya hecho contacto contigo. Debes ir conociendo el guión lo más pronto que puedas, y a  sus creadores. El poeta Evtushenko y Enrique Barnet por nosotros son los guionistas. Símonov debía supervisar pero brilla por su ausencia. El primer  cuento era bueno ¿lo sigue siendo? Los otros no habían cuajado cuando  partieron los escritores.

Entra en contacto con Barnet si aún no lo has hecho: él te llevará esta carta.

Saludos cordiales,

Alfredo Guevara

1 Pertenece al archivo personal de Carlos Fariñas.

2 Edith García Buchaca. Presidía la Comisión Cultural del Partido Socialista Popular

 (PSP), que se suponía disuelta con la unión de las organizaciones revolucionarias y que

permanecía actuando e interfiriendo en la política cultural. Intentó imponer un comisario político a Alfredo Guevara.

3 Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) y Fede ración de Mujeres Cubanas (FMC).

4 A finales de 1961 se crearon las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), formadas por la unión del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Partido Socialista Popular (PSP) y el Directorio Revolucionario 13 de marzo, principales movimientos y organizaciones que lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista.

5 El sectarismo fue una corriente que surgió dentro de las ORI, durante el proceso inicial de organización del aparato político para consolidar la unidad de todo el pueblo, defender y llevar adelante la Revolución.La secretaría de las ORI se le confió a Aníbal Escalante, miembro del PSP, quien poseía una experiencia organizativa por haber desempeñado el mismo cargo antes del triunfo de la Revolución en dicha organización. Sus ambiciones y vanidades personales lo llevaron a aplicar una concepción errónea que causó mucho daño a la Revolución Cubana. Sus métodos consistían en desconfiar de todo aquel que no tuviese una vieja militancia marxista, sin importar su trayectoria revolucionaria, ni su integración a la Revolución; por tal motivo no se le consideraba apto para ocupar cargos y responsabilidades. Esta política promovió el avance del sectarismo, lo cual llevaba en sí el aislamiento de las masas populares de la vanguardia revolucionaria.
 
El 26 de marzo de 1962, Fidel Castro, en un discurso televisado al pueblo denunció el fenómeno del sectarismo y el errático proceder de Aníbal Escalante. Inmediatamente se inició un proceso de rectificación de errores en la organización del Partido.

Años más tarde en 1966 – 1967, tras la constitución del Partido Comunista de Cuba en 1965, renace el fenómeno del sectarismo pero en menor dimensión por eso se le llamó microfracción. Nuevamente Aníbal Escalante se convierte en el eje central de este grupo, que criticaba las líneas políticas adoptadas por el Partido así como a la dirección de la Revolución.
 
El grupo de la microfracción no llegó a estructurarse formalmente por las investigaciones y arrestos practicados por la Seguridad del Estado. Se procesaron 43 personas, no por sus opiniones sino por sus actos de conspiración contra la dirección y la línea del Partido. Tiempo después muchos desertaron y se refugiaron en Miami desde donde sirvieron a los grupos anticubanos y al imperialismo norteamericano, entre ellos se encuentran Ricardo Bofill, Carlos Quintela y Adolfo Rivero Caro.

6 Carlos Rafael Rodríguez (Cuba, 1913 – 1997). Destacado intelectual cubano. Político y economista. Fue Vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.

7 Nicolás Guillén.


La Habana, febrero 4, 1969

Chris Marker

B.P. 2205

París V, Francia

Querido Chris:

También me toca escribirte bajo la presión de “una mala conciencia”. Tu carta del 18 de diciembre no tenía respuesta pues se trataba de pensar más que en un disco, en muchos rollos de película positiva para copias, de 16 mm o de dup-negativo. Afrontamos en este terreno una crisis nada agradable. Pero pese a ello estamos tratando de enviarte los filmes que te interesan. Y creo que no pasará de unos días.

El disco es fenomenal, bastante mejor que su título.

Entre nosotros ha surgido un grupo de compositores y cantantes jóvenes, su edad y sus canciones son como nuestra época, y como nuestro país. Casi todos trabajan con nosotros y los podrás escuchar en los documentales que ahora terminamos y en los noticieros. Con ellos, y con Leo Brouwer se está organizando un Departamento de Experimentación Sonora (no he querido decir musical, pero pudiera serlo: de nueva música o de nueva “concepción” de la música)1 que creo nos permitirá a corto plazo recuperar el tiempo perdido en el desarrollo y enriquecimiento de nuestra música (se me fue). Tan pronto pueda, y tal vez ahora, con Jorge, te haré llegar una grabación de Silvio ( Silvio Rodríguez) cantando algunas de sus composiciones: La era está pariendo un corazón, Fusil contra fusil, etc.

El Noticiero y documental de Santiago dedicado al centenario de los combates por la liberación (10 de octubre de 1968), lleva una de las canciones de Silvio Rodríguez: Fusil contra fusil, y en LBJ, la de Pablito Milanés dedicada a Vietnam. Ahora Miguel Torres acaba de terminar un documental de veinte minutos —lo he visto varias veces en doble banda y hoy, por primera vez, terminado, aunque en copia de corrección— que te va a golpear profundamente. Es una pequeña obra, lograda, emocionante, lúcida, combatiente. De nuevo y con imágenes del Che una canción de Silvio Rodríguez: La era...

Como ves no nos estancamos. Nueva música: con Silvio y Pablito, y con Leo Brouwer de quien conoces la banda sonora de [Aventuras de] Juan Quinquín y conocerás Lucía; nuevos documentales: Nuestra Olimpiada en La Habana, que revela a Pepe Massip “humorista”; Acerca de un personaje que unos llaman San Lázaro y otros [llaman] Babalú, de Octavio Cortázar; Coffea arábiga, de Guillén Landrián; Hombres de Mal Tiempo, de Alejandro Saderman; La odisea del general José, mediometraje de Jorge Fraga —que vuelve a ser el de Año Nuevo y claro, más moderno—; Escenas de los muelles, de Oscar Valdés, etc. (la etc. comprende: En la otra isla, de Sarita Gómez; Maniobras, de Miguel Torres; El desertor, de Manolito Pérez; Color de Cuba, de Bernabé Hernández; y Granel, de Manolito Herrera), nuevos realizadores (que ahora se realizan como tales): Miguel Torres, Octavio Cortázar.

No son los revolucionarios los que se estancan sino los liberales, y sus posiciones, que no logran asimilar, ni entender, un ritmo de creación, y de vida, que no acepta cristalizaciones. Es posible que alguna vez no logremos la esperada brillantez a la hora de elaborar una teoría o un contra-golpe pero en lo fundamental golpeamos donde hay que golpear, y rectificamos, sin teoría, y sin sujeciones lo que hay que superar. Esta es la característica de los revolucionarios cubanos, de los revolucionarios cubanos: y todos somos verde olivos, combatientes.

El 23 de marzo el ICAIC cumple 10 años. Se han publicado algunos artículos, en Granma, en Bohemia, en la revista Cuba, te los envío y con ellos Cine Cubano, el programa de documentales homenaje al X Aniversario de la Revolución, y todo lo que se me ocurra a última hora.

¿Estarás con nosotros el 23 de marzo? No organizamos una convención, sino una reunión casi íntima, un “encontrarse”. Estaremos en medio de los 18 meses del esfuerzo decisivo: un largo año de 18 meses que nos ayudará a romper la trampa del subdesarrollo a pulmón. Te esperamos, aunque de un modo u otro te tendremos presente ese día.

Saludos afectuosos para William y Jeannine Klein. Para ti un abrazo,

Alfredo Guevara

1 Grupo de Experimentación Sonora (GES). Fundado en 1969 y dirigido por Leo Brouwer, surge con el objetivo de revitalizar la música popular cubana y componer música para el cine. Estaba integrado, entre otros, por: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sergio Vitier, Emiliano Salvador, Sara González, Eduardo Ramos, Noel Nicola, Pablo Menéndez, Manuel Valera, Ignacio Berroa, Carlos Averoff y Gerónimo Labrada.


3/11/69 M/P “Mar Caribe”, Atlántico, nov./691   

Alfredo,   

Te escribo con mucha prisa —me acabo de enterar de que se va el  barco que la lleva; pensaba escribirte en estos días—. He pensado muchas veces hacerlo no sé por qué; quizás para hacer un informe o algo así, porque de alguna forma me siento obligado con la generosidad del ICAIC —la tuya— al haberme concedido esta oportunidad que de ninguna forma  aparece en los planes perspectivos del grupo de música.  

Aparte de vivir, vivir a los cuatro puntos cardinales, con todo rigor,  con toda intensidad, con toda energía, tengo algunos modestos frutos palpables de la navegación y la aventura. Pudiera decir que, hasta la fecha  —faltan 4 días para dos meses— hay 28 canciones y 63 poemas, que hacen un libro, ya estructurado. Tres cuentos también. Pero lo más importante son mis ojos, que los siento más abiertos y seguros de lo que  ven, aunque, como es de presumir, con su correspondiente dosis de vejez  agregada.  

He sabido por la telegrafía que hablaste en la Universidad sobre los “10 años de lucha” cinematográfica y ésta fue la primera vez que sentí no estar  allá. Después, un periódico viejísimo me informó lo de “Viña del Mar” y  me di cuenta de lo lejos que estaba al sentir el golpe de las noticias, que  hablaban de esas luchas cotidianas que se adormecen con el tiempo en  el Atlántico. Otra vez supe que hablaba Fidel. De estas tres formas he  aprendido a emocionarme con todo lo que dejado atrás, latiendo, dentro  de la Revolución, dentro de todos.  

El mar —lo he anotado en el diario, creo— es una lección importante dentro de la escuela del hombre y, como todas las escuelas, a veces resulta  aburrida, aunque no por eso deje de dar tirones a la conciencia. He aprendido  tanto, que estoy agotado y feliz después de las melancolías y otros  pormenores que aún se usan.   

Estos hombres simples, como la naturaleza que trabajan, son hombres. Saben hacer del sacrificio el bostezo de todas las mañanas y saben esperar  la llegada de la tierra y sus seres queridos como esperan el sueño a través  de todo el día de trabajo.   

A veces no he sabido qué hacer con tantas cosas y temo no haber dicho lo que significaría la justicia para ellos.   

He pensado —al cabo de 2 meses ya— en regresar, pero algo me rodea los pies hasta enero, cuando hayan pasado las Navidades y los seguros malos tragos de entonces.

Abrázame a la gente, que sepan que no los olvido, que los quiero. A todos.   

Lo mismo a ti.   

Silvio   

Dirección: Silvio Rodríguez   

Oficina Ibérica   

Las Palmas de Gran Canaria   

M/P “Playa Girón”   

España

1 Silvio se encontraba a bordo de la embarcación “Playa Girón”, perteneciente a la Flota Cubana de Pesca. 


9 de agosto de 1974

Querido Edgardo:

Espero que finalmente podamos vernos, conversar largo, discutir, aclarar tantas cosas; comprobar, y de eso estoy seguro, que nada nos separa.

Caracas1 será la oportunidad que nos cerró el golpe fascista en Chile, algo así como el III Festival de Viña del Mar que tanto y tan infructuosamente esperamos. Será más porque en estos años el Nuevo Cine Latinoamericano ha sufrido duras pruebas pero también ha demostrado su fortaleza. La continuidad de la obra de algunos cineastas, y la combatividad de la de otros, lo prueba. El cine chileno es una de las más eficaces armas de denuncia y aislamiento de que dispone la resistencia en el exterior, y se usa sin descanso.

Su producción será en 1974-75 incluso mayor que antes. Es decir, la imagen de los años de ascenso de las fuerzas revolucionarias en Chile, sobrevive a su temporal derrota. Y contribuye al análisis, la reflexión y la educación. A la consolidación de la conciencia política. También sucedió en Bolivia, y la obra de Jorge Sanjinés continúa, y continuará.

Los cineastas colombianos han recuperado su libertad. Y no creemos que la represión y la cárcel hayan empequeñecido su obra. El odio reaccionario probó la significación cultural, la autenticidad de los documentales que alcanzaron a hacer. Y por eso les dio una nueva dimensión.

Por demás surge un cine en Panamá, en Perú, en Puerto Rico, entre los chicanos, y una esperanza en México. Algunas obras, una cierta apertura, autores jóvenes e inquietos, documentales. En Karlovy Vary vimos varios filmes argentinos. Entre ellos Quebrahacho y Patagonia rebelde, este bastante discutible, pero interesante: la imagen de los trabajadores del extremo sur, y sus rostros, es un trozo de América que nos faltaba; y verles, sentir sus problemas, acercarnos a su historia, nos hizo temblar de emoción; es una pena, frustrante, absurdo, el tratamiento del cuasi nazi asesino jefe de la represión, y el intento de explicar (¡) su conducta en busca de “objetividad”.

Caracas es un chance de los cineastas latinoamericanos, y no debemos perderlo. La mejor prueba de que hay todavía mucho que discutir es la división que a ratos e inesperadamente nos amenaza; los malentendidos; las inhibiciones; las exclusiones. Supongo que Edmundo Aray o Carlos Rebolledo te habrán llamado. Sería injusto que negaras tu presencia. O al menos que lo hagas por una supuesta incompatibilidad con la Reunión planeada en Buenos Aires para Lima, y en la línea que se inició en Argel. No creemos en incompatibilidades. Por eso estuvimos en Argel y en Buenos Aires. Y discutimos, y discutiremos. La gran nación latinoamericana, nuestra patria, exige que este cine que nace, y que crece, la sirva coherentemente, redescubra su imagen, la proyecte, la enriquezca, la haga de todos, y que recorra tierra firme e islas, se multiplique, e inunde todas las pupilas, y llegue a todas las conciencias.

Nos ha sido negado conocernos, y nos conocemos. Nos cercaron, a unos y otros, y se han roto, se rompen, rompemos los cercos. Destruyeron viejas imágenes, y ellas resurgen en jóvenes medios de expresión, levantaron calumnias, y están deshechos en medio del camino, porque cayeron en sus propias trampas.

Se apoderaron de nuestras riquezas, intentaron destruir nuestra cultura, nos atomizaron, nos saquearon, prostituyeron los gobiernos, asesinaron a nuestros líderes, ocultaron a nuestros héroes, reescribieron la historia, y aquí nos tienen, peleando y rescatando, aprendiendo de nuevo a conocernos, y descubriendo un día y otro, con ojos nuevos, que somos fuertes, y que venceremos.

El precio es alto, y aún se paga en vidas. Por eso mismo, en nuestra escala, en nuestra tarea, tenemos que ser serios, rigurosos, ambiciosos, vigilantes, implacables (y ante todo con nosotros mismos), profundos, combativos. Este cine es tarea de revolucionarios. Debe serlo. No hay otra opción. Pero no de evolucionarios de aquí o de allá: de patriotas latinoamericanos. Que no se excluyen entre sí, que se buscan, que tratan de descubrir todo lo que los une, de profundizar en ello, y de encontrar nuevos lazos, de fortalecerlos.

Tal vez te parezcan palabras demasiado altisonantes para un cine que apenas tiene obras, que ha sido duramente golpeado en varios países, que a veces estalla en ímpetus, y a veces languidece... Es pequeño, es todavía débil, tendrá que hacer mucho todavía. Pero es el único que merece el nombre de cine, el resto es mierda, mierda en su más recta acepción. Porque el nuevo cine es aún pequeño y débil, y porque nada pequeñas son las tareas que la historia le asigna, no hay nada que pueda insuflarle la vida, fuerza, coherencia, que no merezca nuestro apoyo.

Te saluda con un gran abrazo que es para ti y para todos los cineastas argentinos que se plantean el cine como un acto de afirmación latinoamericana.

Afectuosamente,

Alfredo Guevara

1 Con el apoyo del ICAIC se realiza, en septiembre de ese año, el Encuentro de Cineastas Latinoamericanos. En este importante evento se crea el Comité de Cineastas de América Latina (C-CAL).


20 de septiembre de 1991 1

Alfredo:

Me excusa esta carta a mano, pero su carácter estrictamente personal y mi incompetencia para escribir a máquina no me permitieron que fuera de otra forma más adecuada.

Lo que aquí deseo exponerle, motivado por la informal conversación que sostuve con Ud. el pasado lunes 16 de septiembre, es el exclusivo producto de mis reflexiones, sin que ningún otro factor o individuo haya incidido al respecto. No huelga esta aclaración, porque no soy ajeno a que en este clima de indeterminación e inevitable incertidumbre en que muchos compañeros del ICAIC nos encontramos, se pueda pensar en una negativa ascendencia sobre mi persona a partir de influencias más o menos desilusionantes.

Por el respeto y confianza que siento hacia Ud., debo confesarle que salí con sentimientos muy contradictorios de esa reunión; con una sensación que se ha ido perfilando entre la contrariedad y la inquietud de quizás no haberlo comprendido bien, donde mis carencias oratorias tampoco ayudaron a explicitar y hacer más elocuentes mis dudas en ese momento.

Prefiero, por tanto, tratar de exponerle lo más claramente posible mis puntos de vista acerca de lo conversado sobre mi película2 y el próximo Festival de Cine.

Debo manifestarle que no encuentro —quizás ya limitado por la carga de tensiones que estos continuos embates han provocado en mí— otra salida de esta embarazosa situación que no sea el progresivo “descongelamiento” del filme y su cese como obra censurada y prohibida.

Todo lo que se haga soslayando esa medular y conflictiva situación es para mí inaceptable. Y entiéndame: no concibo cómo puede ser creíble y digna una intervención mía en el Festival alrededor de la película, reconociendo su proclividad a suscitar dobles lecturas, a generar especulaciones o equívocas interpretaciones... y silenciar o esquivar por otra parte que sigue siendo una obra prohibida, que no puede ser difundida internacional ni nacionalmente; y que solo será exhibida en el Festival, prestándose para que esto se convierta en un acto cuyos matices farisaicos van a ser muy difíciles de encubrir.

En nombre de la Revolución, estoy dispuesto a todo; incluso a morir —y no es patetismo retórico— antes de incurrir en un acto de traición. Es por eso que la disposición mía a intervenir, encubriendo si es necesario incómodos aspectos en aras de distender este clima dañino contra la Revolución (aun a costa de doblegar mis propios sentimientos de dolor, incomprensión y decepción por todo este innecesario y envilecido proceso alrededor del filme) no era solo una opción que aceptara como viable, sino que personalmente la había interiorizado como un deber, como mi obligación de artista revolucionario. Pero pienso que nada sería más terrible que este paso fuera en vano; que a los desaciertos y cuestionables procedimientos empleados se sumara ahora una tardía y poco convincente alocución mía, si después la película va a continuar prohibida.

Preferible sería siempre que se asumiera sin ambages su prohibición. Tenga confianza que ante esta certeza, yo jamás me pondré de otro lado que no sea el de la Revolución, aunque no esté de acuerdo con esta decisión. Sé que la Revolución y Fidel son inmensamente mayores que un posible error en la política cultural. Y aunque sin dejar de reconocerle que esta lamentable contradicción me ha dejado huellas muy amargas, esté seguro —y no le temo a la retórica convencional si expresa lo que siento— que mi camino y destino no serán otros que los de la Revolución.

No tengo pasta ni condiciones de lidercillo intelectual ni nada similar. Pero tampoco de maleable y dócil corifeo de tendencia alguna. Lo que he hecho no es el producto de una supuesta atmósfera de liberalismo hipercriticista que haya irradiado sobre mi impreparada conciencia su influencia nefasta, como sé que se ha querido sugerir entre otras variantes.

Lo que he hecho, sí, es el producto de mi conciencia, de mis propias preocupaciones, angustias e incertidumbres; de mi personal visión sobre mi entorno y realidad en la que vivo inmerso, participando de sus pequeñeces, miserias y grandezas, que confirman mis certezas y convicciones como revolucionario, aunque a veces sea al borde de la desesperación.

Por todo esto, le pido entonces, por favor, que no me compele o induzca a asumir acciones que siento pueden lesionar mi dignidad. Porque aunque éste parezca un precio muy bajo (no soy en definitiva un gran artista) creo que a la larga nos debilitará a todos.

No me creo a mí mismo hablando ante latinoamericanos (si es factible reducir una proyección en el Festival solo a este público) mientras sé que la película continúa censurada; que nadie ha querido variar sus extremas posiciones y que todo sigue igual a pesar de haber transcurrido meses, primando criterios injustos, intolerantes, cargados de suspicacia y desconfianza contra mí y otros compañeros. Del sentimiento de cobardía e indignidad con que conviviría desde ese momento, no creo que me repondría jamás.

Entonces sí dejaría de ser revolucionario. Entonces sí se podría esperar de mí cualquier claudicación, cualquier oportunismo.Confío en usted, en lo que siempre ha significado para mí como ejemplo de intelectual y revolucionario audaz, inconforme, vital. No vacilo en decirle que le debo el estímulo a mis mejores impulsos como creador y como revolucionario, y que tengo una imborrable admiración por su valor en los momentos más difíciles y adversos. No es fe ciega ni adulación oportuna la que me hace creer en usted, sino su obra y su propia vida. Y nunca quisiera empañar sentimientos tan nobles vinculándolo a usted a un episodio en mi vida del que tenga que arrepentirme con amargura.

A estas alturas no puedo explicarme que no se vea y sienta que yo he cedido; que he hecho serenamente concesiones; que no me he dejado arrastrar por lógicos ímpetus emocionales.

Por no contribuir a envenenar un clima del que sé que solo sacarán provecho los verdaderos enemigos, he soportado con serenidad una abrumadora campaña de insultos y difamaciones, y que se estimulara en nombre del Partido y la Revolución la pública acusación de “película contrarrevolucionaria” a esta obra, aparte de toda una serie de especulaciones y falsas informaciones sobre mi persona y mi conducta como revolucionario, y la de otros compañeros relacionados directamente con el filme.

He soportado en silencio que a pesar de las tristemente proféticas cartas enviadas al Ministro y de las preocupaciones expuestas con subrayada insistencia sobre el ambiente viciado que se iba gestando alrededor del filme, nadie se planteara llamarme como militante del Partido que soy desde hace 16 años para intentar discutir o aclarar algo.

Y no quiero ceder a la tentación enumerativa de disgustos, mentiras, sinsabores, provocaciones e inaceptables criterios que he tenido que tolerar, que muchas veces han hecho pugnar mi absoluta perplejidad con ese precario sentido del equilibrio y la serenidad que he intentado mantener en medio de una presionante atmósfera que ya abarca siete meses.

Y he soportado todo esto no por cobardía, no porque “no me quedara más remedio” —como con lamentable cinismo quizás alguien piense— sino por un sentido de responsabilidad ante la Revolución y ante mis compañeros en los que creo.

Me sobrecoge escuchar aún la poca verosímil paradoja de decirme que soy revolucionario y que a la par se me espete que yo he intentado en la película caricaturizar y cuestionar la figura e imagen de Fidel. Como si no estuviera yo más que consciente de que cualquiera que intente denigrar, caricaturizar o ridiculizar a Fidel —que por su autoridad y dimensión histórica, política y moral es uno de los pilares esenciales de nuestra unidad como nación, como Patria, como Revolución— no hace más que incurrir en un claro acto de contrarrevolución…

Ese retruécano no es más que una manera eufemista de tacharme cuando menos de ser un completo irresponsable político, que merece toda la desconfianza.

Hoy, la gusanera retoma la película de manera curiosamente tardía, fomentando una seudo-alharaca en Miami. Parece cerrarse un círculo ineluctable y casi diabólico. “He aquí la confirmación de cuál era el receptor idóneo de este filme,” se dirá. “Cuáles eran los ocultos propósitos de esta obra, que ahora celebra el enemigo…”

Y, Alfredo, por más que logre entender que esta película ha dejado abierto un espacio especulativo más extenso y ambiguo de lo que hubiera deseado —y no ironizo con esta apreciación— no puedo aceptar que esta nueva faceta de este deplorable “show” no sea en su más alto porciento resultado y cosecha de lo que tan erróneamente iniciamos aquí.

Tengo que recordarle la carta que envié el 30 de abril. Me desespera pensar que haya sido letra muerta opacada por la desconfianza. Allí escribí: “Es como si se quisiera provocar, con la expansión y difusión de tales opiniones, que las mismas acaben por encontrar eco no solo en el ámbito nacional, sino incluso internacional. Y la inducción en este terreno de tales supuestas ‘claves ocultas’ en el filme me parece cuando menos de una gravísima irresponsabilidad y torpeza políticas, que no es a mí ni a la película a quienes va a perjudicar (en definitiva, no somos más que ‘una película’ y ‘un director’ más) sino a la Revolución. Es impredecible el tipo de campañas o de escándalos artificiales que pudieran levantarse de ‘prender’ tales provocadoras ‘interpretaciones’. Nada semejante aconteció en Berlín, donde público, críticos y cineastas de múltiples nacionalidades (latinoamericanos y europeos) vieron el filme, con una acogida no solo favorable hacia el cine cubano, sino hacia la Revolución. Ahora, con esta oscura seudo-campaña, es como si se quisiera forzar a estos espectadores a que ‘vieran lo que no vieron’, partiendo de motivaciones que me resultan inexplicables a la luz de la razón en los compañeros que así actúan.” Y ahora, cuando estos vaticinios comienzan a cumplirse, resulta que solo es culpa de la película… ¡Qué amargo callejón sin salida! ¡Qué trampa más penosa! ¡Cuánto quisiera que una evaluación equilibrada pudiera abrirse camino, sin estar signada por el recelo, por las dudas alrededor de mi honestidad y entereza revolucionarias!

No soy iluso y no abrigo desmedidas expectativas. Dolorosamente, se avanzó —y se estimuló— demasiado en un clima de envenenamiento que acabó influyendo en la propia dirección de la Revolución. Jamás me ha pasado por la mente reclamar absurdos actos de contrición a niveles tales.

Sé que alrededor de lo ocurrido no habrá retracciones y nunca las solicitaré. Pero sí creo tener el derecho —porque no hago más que apelar al sentido de equidad y justicia que ha caracterizado a esta Revolución— a pedir que la política futura hacia la película y hacia mí —y por extensión, hacia los compañeros que tuvieron que ver con esta obra— sea revisada. No veo otra salida constructiva. Porque la película no es contrarrevolucionaria. Y porque siempre consideraré injusto e inmerecido —aunque lo acate por disciplina— el baldón de aceptar que se convierta Alicia… en una obra prohibida, y por tanto, entregada así a la contrarrevolución (aunque no se quiera ver de este modo).

Quisiera, con profunda sinceridad, poder contribuir positivamente a las expectativas que usted haya concebido. Y más en estos momentos, cuando como nunca el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano debería trocarse en un foro de renovada solidaridad con Cuba, con su Revolución, porque no abrigo dudas de que ésta es la manera más actual y concreta de defender la propia independencia latinoamericana. Estos principios son los que el cine cubano —el que usted fundó— no ha hecho más que reafirmar y simbolizar en su obra diversa a lo largo de más de 30 años.

Quisiera hacer algo —aunque como le dije me sienta por momentos en el límite de mis posibilidades— por ayudar a resolver constructivamente este penoso trance, que amenaza (y ojalá sea un personal tremendismo subjetivo) con apagar progresivamente al propio cine cubano. Cuente conmigo, pero que no sea al precio de mi dignidad como intelectual, como ser humano y como revolucionario. Porque estoy convencido de que por un momento de aparente alivio, de efímera salida de un transitorio aprieto, a largo plazo acabaríamos perdiendo todos.

Fraternalmente,

Daniel 3

1 Original manuscrito.

2 Se refiere a su filme Alicia en el pueblo de Maravillas, controvertido filme cubano que aborda la doble moral a partir de la estética del deterioro de la problemática social cubana. El filme fue duramente criticado por la dirección del Partido y desató una serie de polémicas y análisis entre la misma y el ICAIC. La comisión creada para el análisis y solución del filme por parte de la direción del Partido se estancó. El filme fue presentado en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y discutido ampliamente en conferencia de prensa, y se exhibió en otros festivales en el extranjero.

3 Daniel Díaz Torres (Cuba, 1948). Cineasta. Profesor de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.


25 de septiembre, 1991 1

Querido Daniel:

Creo necesario recordarte pues parece olvidado que no se ha producido una sola conversación entre nosotros en la que no haya insistido con cuidado y firmeza, en que solo tienen valor para mí, los criterios que parten de convicciones profundas o que van surgiendo a partir de reflexiones que la experiencia impone, te impone, pero que no constato, ejerzo o utilizo, como recurso de discusión.

Se trata de que tú me has aceptado como interlocutor; se trata de que yo he querido serlo; se trata de que lo he sido hasta ahora; y de que los otros compañeros que contigo firman la carta a Fidel, también me aceptaron.

Llegué sin cargos ni parafernalia alguna, y tal y cual llegué puedo partir. No me tocó abrir el diálogo para escuchar y hablar sin objetivo que rebasara el mero entretenimiento intelectual. No estamos ante un té de las 5. Iniciamos el diálogo ante una situación compleja y conflictual, y hoy la

Comisión constituida, se produce con compañeros de muy alta jerarquía intelectual y política. Se trata de que ese diálogo conduzca a algún resultado.

De despejar el camino; de encontrar explicación a las acciones que dieron lugar a la situación que analizamos. No es un diálogo para desplegar armas sino para buscar puntos de contacto, y acaso soluciones aceptables. Y todo esto supone voluntad de comprensión y acercamiento. Voluntad, no obligación de recorrer un camino a paso forzado. Ni en una dirección, ni en otra. Tal y cual sitúas tu posición propones pasos “graduales” pero forzados y en una sola dirección. Creo que estás proponiendo una ruptura; y aunque me niego a entenderlo de este modo y dado que ésta, mi carta, tiene carácter personal y discreto (aunque no secreto) no puedo dejar de subrayártelo.

No renunciaré por mí mismo a continuar esforzándome por encontrar un terreno común. No te he pedido jamás que renuncies a tus principios. Lo consideraría indigno de mis convicciones, que también las tengo, y he sabido probar que no soy capaz de rendirlas. He intentado, eso sí, reflexionar contigo, profundizar en las experiencias vividas, aprovecharlas y sacar conclusiones provisionales cuando ha sido posible. Contigo y con los demás compañeros que firman el documento. Y he sentido que la aproximación era posible; que el diálogo no sería un ejercicio de espadas sino una búsqueda común. Por eso no me he sentido propenso a inhibiciones. Pero al mismo tiempo he sido, estoy seguro, cuidadoso y medido, e ilimitadamente respetuoso. No puedo reconocerme en consecuencia en ciertas frases y reflexiones que pueden hacer pensar en proposiciones que pudieran no partir de principios. Siempre he cuidado el lenguaje, también estoy seguro; más aún, su sub-texto; y nunca he rebasado el límite de la reflexión en común, por el diálogo, dejando en suspenso toda conclusión hasta que tú, solo contigo mismo, reafirmaras o no los acercamientos posibles. Es mi estilo; mi modo de ser irrenunciable, y por no impostado nunca violado.

Está claro para mí que no solo es tu derecho atrincherarte en posiciones que parten de tu convicción y sensibilidad. También es tu obligación moral si son esos tus criterios y si tu condición de revolucionario, que siempre subrayas, y de adhesión a Fidel, que ratificas y explicas en tu carta, resultan para tu conciencia entrelazados e involucrados de modo tan estrecho a las posiciones que has adoptado.

Dices “¡Cuánto quisiera que una evaluación equilibrada pudiera abrirse camino, sin estar signada por el recelo, por las dudas alrededor de mi honestidad y entereza revolucionarias!” Eso es lo que persigue la Comisión —aunque ahora, en esta carta no me expreso en su nombre o como miembro— y lo que tú no pareces comprender o aceptar, y digo también “aceptar”, y no solo “comprender”, porque la Comisión se propone una evaluación equilibrada y es esa su razón de existir, su función. No creo en cambio que seas coherente cuando señalas entre admiraciones el ansia que de ese equilibrio tienes, para continuar con la decisión que factualmente adoptas al decirme en tu carta —por ahora a mí— que no encuentras otra salida,“... que no sea el progresivo ‘descongelamiento’ del filme y su cese como obra censurada y prohibida”; y de inmediato “...todo lo que se haga soslayando esa medular y conflictiva situación es para mí inaceptable. Y entiéndeme: no concibo como puede ser creíble y digna una intervención mía en el Festival alrededor de la película, reconociendo su proclividad a suscitar dobles lecturas, a generar especulaciones o equívocas interpretaciones... y silenciar o esquivar por otra parte que sigue siendo una obra prohibida, que no puede ser difundida internacional ni nacionalmente; y que solo será exhibida en el Festival, prestándose para que esto se convierta en un acto cuyos matices fariseicos van a ser muy difíciles de encubrir”.

No te he hecho Daniel, una proposición fariseica; y no voy a detenerme en cuan abusivo e insultante es el supuesto; te he hecho una reflexión sobre una posible salida a la situación que puede presentarse en el Festival, y te la he hecho en el supuesto, pero supuesto muy explícito, de que su aplicación solo sería concebible si tú compartieras ese criterio; si tus convicciones acompañaran al acto; si éste resultara de un profundo, serio, exigente proceso de reflexión; si expresara en fin, sin reservas, tu punto de vista. Tu carta es muy clara: ni es tu punto de vista; ni tus reflexiones y experiencias e informaciones te acercan a esa posición; ni estás dispuesto a reconocer, no reconoces, que el filme tiene una potencial doble lectura, y la tiene. Porque

Daniel, muchas cosas de entre las que te hieren y reseñas tendrían que ser rectificadas y pueden ser resultado de una visión errónea en unos, obcecada en otros, desmesurada muy a menudo, injusta hasta el delirium. Es lo que para ti está establecido y para otros no, y lo que la Comisión —e insisto en que no escribo en su nombre— trata de esclarecer y establecer. Por eso creo en la posibilidad de equilibrio y no doy por sentado sin que su trabajo termine la perennidad de ninguna fórmula o medida. Pero hay algo que a mí, a mí, y sólo de mí puedo hablar, me parece obvio. El conflicto no comienza con las medidas, por desmesuradas u ofensivas que te parezcan y no trato de minimizar estas acciones; comienza con el filme, con su potencial doble lectura, y por tanto con su concepción y factura; con tu autocomplacencia; con la subestimación de sus eventuales implicaciones y consecuencias; con un clima de ilimitada crítica; con la elaboración teórica que la justifica, y con su ejercicio continuo, exasperado y decidido a ignorar como gastado y pesante todo llamado a tomar en cuenta el contexto. No debes entender —y parece que todo tiene que ser exhaustivamente aclarado— que rechazo el espíritu crítico, o la necesidad y conveniencia de su ejercicio. Es que no ignoro que a ese espíritu se integra en grados diversos un cierto desencanto de la Revolución, del proyecto revolucionario y de su dirigencia; y a veces —insistes en que no es tu caso, y no lo dudo— de su dirigente. Ésa es la realidad. Una realidad que expresa un derecho: el derecho al desacuerdo. Así pienso. Pienso también que hay que poner las cartas sobre la mesa. Las pongo. La situación de nuestro país es muy compleja; la del proyecto revolucionario también; nunca corrió mayores riesgos, y el mayor es ese desencanto que transita por la conciencia de no pocos y entre ellos de algunos cuadros, sin llegar a asentarse del todo. Y que abre sin embargo el camino a esa tolerancia o condescendencia o espíritu de alta comprensión, que les lleva a aceptar cuanto abra fuego a lo mal hecho, a lo mal concebido, a lo mal conducido, sin exigir ni exigirse que se afine la puntería para golpear en el blanco y no a la Revolución. No te describo a ti o tu película. Describo el clima que hace posible que el diálogo que quisiera contribuir a profundizar, decantar y desbordar no sea al parecer nada fácil. Se instauran dos lenguajes. Imitando tu expresión diré ¡cuánto quisiera que pudiera superarse esta diferencia y que encontráramos algún firme por el que pueda transitarse en dos direcciones!

No tengo la intención de desdoblarme en crítico cinematográfico. No tengo la intención de hacer una crítica exhaustiva del filme; ésa es vocación cerrada, pero si me he atrevido a hablarte de doble lectura es porque creo que en ese fenómeno reside la clave de todos los malentendidos —para describir de forma mesurada, la desmesurada situación que afrontamos— y en su desacralización la posible apertura de un camino hacia ese necesario firme que me empeño en buscar.

Parece que debo insistir en que creo en tu sinceridad y en tu dolor; que participo de tu profunda angustia; y no ignoras que he tratado de deshacer ciertas interpretaciones y simbolismos que a ti también preocupan porque son la peor cara de esta hedionda hidra que a todos nos devora; y que lo logra porque encuentra reductos en que apoyarse; un terreno propicio a interpretaciones que aunque no se correspondan a los objetivos del filme, o a tu intención personal, están ahí para confundir o permitir confusión, lo que no comporta que no haya otras caras, ángulos o aspectos que tendremos que afrontar con franqueza y rigor intelectual y moral, con inagotable honestidad, tratando de llegar al fondo, y de sobrevolar la situación para convertir “en victoria el revés” dando otra significación a esta experiencia que pudiera ser, acaso, la última y la primera de una política diseñada para evitar que se repita.

De ti, de mí en pequeña escala, de los 18 que te comprenden, de los trabajos que la Comisión realizará y en los que tú y ellos se insertan, dependerá que sea posible.

Muy cordialmente,

Alfredo Guevara

1 Publicada en Tiempo de fundación, Alfredo Guevara, p. 462.


26 de abril, 2003

Estimado amigo Federico Mayor Zaragoza:

Nunca estuvo en mayor peligro nuestro país. No hay ley internacional salvo la arrogancia, la impunidad y el desprecio.

No son pocos los que —confundidos o enturbiados por medios de comunicación que todo banalizan y todo valoran como espectáculo— nos condenan sin atender nuestra circunstancia y cercanías.

Te envío el mensaje de nuestra intelectualidad, que encabezamos algunos y al que se han sumado ya miles de entre nuestros escritores, artistas de diversa expresión y científicos. También un texto de un escritor-analista, Heinz Dieterich Steffan, que no conozco mucho, y que parece esclarecedor, y fragmentos —dado el medio de que me sirvo— de la intervención que hizo en la tarde de ayer Fidel por TV, y que explica algunas acciones que resultan de muy específica situación y evaluación estratégica. No pretendo, al hacerte llegar su argumentación y análisis, otro objetivo que el de enriquecer tu información.

Esto a modo de introducción.

Federico Álvarez Arregui, profesor español, republicano, hoy en la UNAM, fue mi amigo de la extrema juventud en La Habana. Era entonces Secretario General de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y pedí a Federico dirigir el Comité Pro República Española. Pasaron los años, tantos años, y ahora lo reencuentro promoviendo desde México solidaridad con Cuba. No solidaridad ciega, sino haciendo un llamado a la claridad, pidiendo se tome conciencia del riesgo que corre mi isla, amenazada por el imperio. Esa amenaza supone para nosotros, para nuestra cultura e identidad, para la vida y vida en dignidad de nuestro pueblo, situación de tal gravedad que no podemos sino acudir a aquellos en cuya lucidez confiamos.

El texto que propone es el que te envío a continuación, adelantándome a su esfuerzo, ya que acabo de obtener tu correo. Al pie de ese texto aparece el correo electrónico de Álvarez Arregui. También me estoy dirigiendo a él, pero no he logrado aún su teléfono.

Sé que comprenderás estas líneas.

Sabes cuanto amo, lo que me importa Cuba, mi pueblo, esta historia, esta cultura, esta identidad, este martiano modo de ser.

Y no cejaré un instante en el esfuerzo por detener —aunque mi aporte sea un granillo de arena— tan inmediata amenaza de agresión.

Por eso no me inhibo en acudir a ti, a todo lo que significas, en busca de comprensión; sé que si comprendes, y no lo dudo, puedes ser irradiante incitador de reflexión.

Con afecto, admiración y respeto,

Alfredo Guevara

Fragmentos del libro ¿Y si fuera una huella?, de Alfredo Guevara. Ediciones Autor y Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, 2008.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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