Año VII
La Habana

22 al 28 de NOVIEMBRE
de 2008

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Rachel Domínguez Rojas • La Habana

Foto: Cortesía del ICAIC



 

En nuestro país, el cine de animación ha tenido una evidente y rápida evolución en los últimos años. En parte quizá se deba a la presencia de una generación de jóvenes que han inyectado ideas renovadoras a los procesos productivos de los animados cubanos.

El registro de fases de una acción imaginaria, que al proyectarse de manera consecutiva produce una ilusión de movimiento inexistente en  la realidad, es uno de los conceptos de cine de animación más esgrimido mundialmente. Pero no resulta tan sencillo. Hace ya más de cien años, en 1888, un curioso francés creó el praxinoscopio. Émile Reynauld logró crear un juguete óptico que llegó a proyectar películas "de muñequitos" con música y efectos de sonido, lo cual fue un gran paso de avance para aquella época. Desde entonces hasta la actualidad se han desarrollado un buen número de técnicas para ese tipo de realización. Pero fue durante la época de las películas mudas y los inicios de las sonoras que aparecieron las principales formas de ese quehacer.

El primer largometraje de animados, perdido para la historia del cine, fue mudo y argentino: El Apóstol (1917), de Quirino Cristiani. Después de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. consolidó el llamado Cartoon con los largometrajes de Disney.

Ocurrió también que en los países de la antigua Unión Soviética el estado promovió intensamente la animación, por lo que surgieron una inmensa variedad de filmes. Cerca, la producción de animes nipones tuvieron gran éxito televisivo, mientras que en Europa Occidental sobresalían El submarino amarillo, de George Dunning y El planeta salvaje, de Réne Laloux. 

Al menos en los últimos 20 años el cine de animación ha conocido un desarrollo sin precedentes. El mayor exponente de este período, Disney, tuvo su momento de mayor esplendor a principios de los años 90 del pasado siglo con películas como La Bella y la Bestia, de Trousdale y Wise. Posteriormente ha caído en la repetición, el seguimiento de las modas y el descrédito político.

Por otro lado el anime japonés se ha convertido en una de las industrias más prolíferas del planeta, y en Perú se creó en 2003 el primer estudio de animación 3D de Latinoamérica, Alpamayo Entertaiment, que lanzó su primer largometraje en 2005, Piratas en el Callao.

Las herramientas para realizar animaciones son numerosas. Algunas técnicas computarizadas, como las denominadas stop motion, pixelación y rotoscopía, son las más utilizadas en nuestra Isla.
 

La era de la tercera dimensión

En la forma más tradicional, los creadores dibujan sobre papel y utilizan lápices de colores para definir mejor las puestas en escena y describir la acción. Luego digitalizan la imagen a través del escáner y le aplican los efectos requeridos.

La duración de las puestas en escena es tenida muy en cuenta. El momento en que aparece cada cuadro debe coincidir con la pista de sonido, de otro modo se notaría la extemporaneidad entre lo que se ve y lo que se oye. Este último punto denota muchas veces la falta de profesionalidad de algunos trabajos que, gracias a la masificación tecnológica, andan rodando de flash en flash. Es necesaria entonces una coordinación perfecta entre el diálogo y los movimientos de la boca del personaje.
 


En los Estudios de Animación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) se cuenta actualmente con la tecnología digital. Aun cuando no han logrado manejar completamente las técnicas más avanzadas, la adquisición de nuevos recursos ha implicado un gran giro en la línea de realización, en el aumento de la productividad y en la reducción de los costos.
 

“El cambio radical que ha experimentado el cine de animación en Cuba se debe principalmente a la eliminación total del uso de las láminas de acetato. Aquel largo proceso de filmación ha sido simplificado por la tecnología digital”, comenta Sila Herrera, directora de animación del ICAIC.
 

En el mundo cada vez son más frecuentes las aplicaciones en 3D, el arte de crear imágenes en movimiento mediante computadoras. Esta nueva técnica ha permitido concebir novedosos efectos especiales en el dibujo animado, en el cine realista y en la propia animación 3D. Se consigue además una perspectiva virtual comparable con el manejo de marionetas en el espacio real, lo cual aporta a todas estas ramas audiovisuales más dinamismo y una imagen renovada.

La digitalización de la mayor parte de los procesos de producción de animados es la clave fundamental de su desarrollo actual.

En Cuba, entre los programas que intervienen en este proceso, están el Toonz, para escanear y entablar, y el After Effect, para componer imágenes y ultimar la fotografía. El más utilizado por las amplias opciones que brinda es el Flash, con el cual se puede incluso prescindir del papel. Su uso se ha convertido prácticamente en una línea de trabajo.

“En nuestros estudios utilizamos de manera predominante los gráficos en 2D y el Flash para realizar las animaciones. También insertamos elementos en 3D en algunos fondos y detalles de los efectos. Un ejemplo es el videoclip musical La Gatica Mini, explica Héctor Barrios, animador del ICAIC.
 


Los resultados de esta nueva forma de trabajo han tenido una calurosa acogida por el público infantil que se ha familiarizado con nuevos personajes y ha visto rejuvenecer a los ya habituales. Algunos pequeños reclaman, incluso, una mayor frecuencia en la presentación de determinados “muñequitos” que se ausentan de la televisión por largos períodos de tiempo.
 

Existen proyectos para continuar renovando el trabajo de la cinematografía de animación en Cuba, lo cual, sin demeritar el trabajo de los grandes, queda en buenas manos desde el momento en que se introducen novedosas formas de hacer y de idealizar a nuevos personajes que tendrán que compartir la pantalla con otros tantos y tantos ya legendarios en la programación infantil.
 

Las nuevas tecnologías mantienen un ritmo acelerado de desarrollo; exigen cada vez más conocimientos y preparación por parte de los profesionales para lidiar con ellas.
 

Esta realidad implica directamente a los jóvenes. Ellos son los encargados de innovar en esta nueva era de la digitalización y de mantener la originalidad de los dibujos animados en nuestro país.
 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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