Año VII
La Habana

1 al 7 de NOVIEMBRE
de 2008

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Nuestro Ballet es símbolo de quijotismo revolucionario

Abel Prieto • La Habana

 Fotos:  Nancy Reyes

 

Querido compañero Raúl, queridos Ricardo, Héctor, Miguel, querida Alicia, invitados, amigos:

Hoy celebramos un hecho fundacional de nuestra cultura, de nuestra nación: el nacimiento de una de esas obras artísticas, éticas y espirituales que han enriquecido y siguen enriqueciendo de una manera muy particular la fisonomía de Cuba y de los cubanos y que han hecho al propio tiempo sustanciales contribuciones a la cultura universal. Hoy se cumplen, como sabemos, 60 años de la creación, el 28 de octubre de 1948, del Ballet Alicia Alonso, que sería llamado después Ballet de Cuba y más tarde Ballet Nacional de Cuba.

Pocos meses antes, en junio de 1947, Alicia denunciaba en la prensa que constituía una vergüenza que en Cuba ningún gobierno se ocupara de proteger el arte del ballet teniendo en cuenta las condiciones excepcionales de los cubanos para la danza y el prestigio mundial que podría darle el ballet a nuestro país.

Es impresionante recordar el contexto en que se crea nuestro Ballet. Resulta difícil imaginar condiciones más hostiles, más adversas, menos propicias, para cualquier tipo de proyecto de intenciones genuinamente culturales que las que ofrecía en el 48 aquella república neocolonial, en medio de la mayor corrupción imaginable, con la infamia traicionando cotidianamente los sueños de Martí. Por eso sobresalían, en medio de una atmósfera tan opresiva, proyectos de extraordinario heroísmo moral e intelectual que impulsaron algunas figuras imprescindibles de nuestra cultura. Dentro de estos proyectos heroicos, construidos contra viento y marea, habrá que realzar siempre a nuestro Ballet.

El nacimiento que festejamos hoy es, pues, una de esas hazañas excepcionales de la resistencia cultural cubana que contribuyeron a salvar la nación en medio de las más terribles circunstancias. Aquellos fundadores tuvieron que librar lo que Cintio Vitier llamó "la lucha cubana contra el imposible", es decir, contra la frustración, contra el fatalismo envilecido y neocolonial. Y es que parecía imposible, parecía una utopía irrealizable, fundar una compañía de Ballet en la Habana de 1948. La propia Alicia, refiriéndose al proyecto de crear una escuela nuestra, cubana, le llamó "tarea quijotesca", y lo era sin ninguna duda.

En 1951, la compañía hizo público un manifiesto donde subrayaba que "El Ballet Alicia Alonso tiene fe en los destinos de nuestra patria y en el talento natural y afán de superación del pueblo cubano, y por ello cree firmemente que (¼) Cuba puede convertirse en uno de los centros más brillantes del ballet en el mundo entero." Resulta muy emotivo releer aquellas declaraciones iluminadas, llenas de esperanza, gestadas desde la tiniebla, y pasar revista a las enormes dificultades y obstáculos que tuvieron que vencer los impulsores de este admirable proyecto, que tenía desde su origen una clara vocación social, popular, anti elitista, combinada con principios artísticos ajenos a toda concesión.

La joven compañía actuó en Cuba en teatros, anfiteatros, estadios y plazas públicas; empezó de inmediato a hacer giras por distintos escenarios de América Latina y los Estados Unidos; y muy pronto creó una Academia, origen de la futura Escuela Nacional de Ballet.

En 1953, al regresar a Cuba después de obtener grandes triunfos en el extranjero, Alicia declaró: "Toda mi esperanza y todo mi sueño consiste en no salir al mundo en representación de otro país, sino llevando nuestra propia bandera y nuestro arte. Mi afán es que no quede nadie que no grite ¡bravo por Cuba! cuando yo baile. De no ser así, de no poder cumplir ese sueño, la tristeza sería la recompensa de mis esfuerzos."

En el año 56 la tiranía batistiana pretende manipular con fines propagandísticos al Ballet de Cuba y, al ser rechazada la maniobra, retira la mínima ayuda económica que daba a la compañía. Alicia denuncia públicamente lo ocurrido y ratifica algo que la caracteriza y que la ha acompañado hasta hoy: su "fe en el pueblo de Cuba". "Estamos seguros, dice, de que ese pueblo, defendiendo su derecho a la cultura, nos brindará su respaldo para no permitir que esa manifestación artística jamás le sea arrebatada."

Ya en ese momento el prestigio de Alicia y del Ballet de Cuba era extraordinario. Por eso el golpe anticultural del régimen creó una gran conmoción en el país. La compañía hizo una gira por todas las provincias para denunciar el atropello, y la FEU organizó un acto de desagravio en el estadio de la Universidad de La Habana, el 15 de septiembre, en el que habló el líder estudiantil Fructuoso Rodríguez, que sería asesinado poco tiempo después.

En un artículo Waldo Medina resumió el sentimiento generalizado entre la gente honesta: "la política antidemocrática, antipopular y negadora de los valores morales y artísticos de la Patria, la ofende (a Alicia) suprimiéndole la modesta subvención que su grupo coreográfico tenía. Al ofenderla, han ofendido a Cuba". Y añade: "Ya amanecerá. Para Cuba y para Alicia".

El amanecer anunciado llegó dos años después, cuando Alicia se encontraba en Chicago. Regresó de inmediato al país y se enfrascó con Fernando en reorganizar la compañía en las nuevas condiciones. Ya el 3 de febrero de ese propio año 59, a menos de un mes de la victoria, nuestro Ballet estaba reapareciendo públicamente en el Teatro "Blanquita".

Con la Ley No. 812 del gobierno revolucionario, firmada el 20 de mayo del 60 por Fidel, Dorticós y Armando Hart, quedó establecido el respaldo del Estado al Ballet Nacional de Cuba. A partir de este momento, nuestro Ballet se consagra a los empeños por democratizar la cultura que están en las esencias mismas de la Revolución Cubana. Se presenta en comunidades campesinas, fábricas, talleres, escuelas. Por otra parte, los éxitos internacionales de Alicia y de la compañía se multiplican.

El crítico Arnold Haskell descubrió a mediados de los 60 a nuestro Ballet y habló del "milagro cubano"; habló de Mirta, Josefina, Aurora y Loipa como representantes de una nueva escuela, de una escuela cubana. Dijo que "con su baile se habían situado no solo en nuestros corazones sino en la historia de siglos del ballet". The New York Times, mientras tanto, habló del sorprendente espectáculo de "un pequeño país, subdesarrollado y pobre, proporcionando una de las grandes escuelas de ballet del mundo".

Sin duda, Alicia y nuestro Ballet ya habían logrado en los 60 levantar frente al imposible una obra firme, resistente al tiempo, que seguiría creciendo de modo deslumbrante. Era, sí, "el milagro cubano". Como dijo Cintio a propósito del triunfo del 59: "todo lo que parecía imposible, fue posible". Se habían roto todos los fatalismos para cumplir la quijotesca tarea de crear desde nuestro país una compañía emblemática y una escuela única, que se instalaban ambas por derecho propio en la historia de siglos del ballet; habían logrado (como decía aquel manifiesto del 51) que Cuba se convirtiera en uno de los centros más brillantes del ballet en el mundo entero. Ya nadie podría arrebatarle ese patrimonio vivo al pueblo cubano. Y la gente en todas partes gritaba, como quería Alicia, ¡bravo por Cuba!, cuando la veía bailar.

Nuestro Ballet pertenece a lo más preciado de la memoria cultural de los cubanos y de los amantes de la danza de todo el planeta. Es un símbolo de tenacidad y rigor, de quijotismo revolucionario y de voluntad a toda prueba. Es también un símbolo de cubanía de la más pura y raigal y de insaciable vocación de universalidad y de esa dialéctica martiana y fidelista donde dialogan y se juntan la patria y la humanidad.

Quiero felicitar y abrazar por este 60 aniversario a Alicia, a Fernando, a Loipa, a Aurora, a Cheri, a aquellos que han colaborado en el triunfo de esta compañía, orgullo de Cuba, a nuestra Escuela Nacional de Ballet y a sus profesores, y a todos y a cada uno de los trabajadores del Ballet Nacional.

Quiero además rendir homenaje a los que no están físicamente con nosotros y desearía representarlos con dos nombres inolvidables: Josefina Méndez y Mirta Plá.

Este Festival internacional que inauguramos hoy tiene ya, como evento, 48 años de existencia y es el más antiguo y prestigioso de los que se celebran en el campo de la danza a escala mundial. Las cifras hablan por sí mismas: 800 obras estrenadas, más de 200 con carácter de estreno mundial; más de 60 compañías danzarias extranjeras; más de mil invitados de 57 países. Y todos los artistas han venido a actuar gratuitamente para el pueblo cubano.

Nuestro Festival se mantuvo en los momentos más duros del periodo especial, en los peores momentos, en los más amargos, cuando se derrumbó el socialismo en Europa y arreció de modo oportunista y cruel la política de bloqueo y agresiones de los Estados Unidos contra Cuba.

Hoy lo inauguramos en otra coyuntura muy difícil, después del paso de dos huracanes devastadores que nos han dejado pérdidas incalculables. Alicia nos decía que después de la catástrofe muchos invitados extranjeros se comunicaron con ella para reiterarle que ahora más que nunca querían venir a Cuba y hacerse presentes aquí con su afecto y su solidaridad. Llegue nuestro agradecimiento a todos estos amigos entrañables de Alicia, del Ballet Nacional y de nuestro país.

En una reciente conferencia de prensa, hace unos pocos días, Alicia señaló que quería dedicar este festival "a un pueblo digno como el nuestro". Y añadió: "Estamos celebrando 60 años del triunfo de nuestro Ballet, un triunfo de la cultura cubana. Eso significa que existimos, que estamos vivos y que seguiremos adelante con nuestros valores, con nuestro derecho a existir". Es así: ni huracanes ni bloqueos ni agresiones van a impedir que sigan adelante nuestro Ballet y nuestra cultura ni que siga adelante este pueblo digno tan querido por Alicia y que tanto la quiere a su vez y que tanto la admira.

Muchas gracias. Muchas felicidades.

Palabras en la inauguración del XXI Festival Internacional de Ballet de La Habana

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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