Año VII
La Habana

27 de SEPTIEMBRE al 3 de OCTUBRE
de 2008

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Crónica de un huracán anunciado

Rachel Domínguez Rojas • Holguín

 

Habiendo llegado al tiempo en que

la penumbra ya no me consuela más

y me apocan los presagios pequeños,

habiendo llegado a este tiempo…

"Testamento", Eliseo Diego

 

Los caminos y carreteras son ahora una vista desolada y llana en la provincia de Holguín, por muchos decretada la más siniestra devastación del huracán Ike en su paso por el país. Es preciso ahora comprometer la sabiduría de aquellos que ante un paraje desierto recuerdan cómo deben ser ciertas calles y no se han quedado inmutables en la congoja.

Esta región cubanísima devino hace varios días la canción más triste que se haya escuchado, amalgama confusa de grandes y encontrados sentimientos que se pueden hasta respirar, como se respira la realidad cuando es de prisa y contundente.

Los restos de óxido y malformaciones en bandas de hierro que alguna vez fueron carteles de bienvenida, los “árboles despeinados” —y aquí pido prestada la metáfora—, la borrasca de hojas y ramas quemadas por la fuerza del viento que cubre el suelo y los cientos de hogares con vista a las estrellas, han pasado a formar parte del paisaje que se va acomodando en cada una de las pupilas damnificadas.

“Es que la gente lo primero que necesita llenar, aun cuando el hombre si no come no vive, es el espíritu, y no hay nada que llene la espiritualidad como el arte”, sentenció una tarde la voz poderosa y reconfortante de Corina Mestre, la "profe", cuando le preguntaron si creía valiosa la presencia de un grupo de artistas en cada pueblo donde cueste trabajo conquistar una sonrisa, o simplemente donde hace más de diez días no hay electricidad o no se han podido recoger los escombros.

Resulta absurdo que todavía algunos se atrevan a poner en duda cuál es la función vital del arte. Si bien es cierto que no les puede brindar nada material, ni resolverles uno solo de sus problemas más acuciantes, también lo es que intenta alejar la tristeza de sus corazones con amor y les deja el sabor dulce de la seguridad de poder contar con los amigos, de saber que no tienen nada mejor que hacer que estar con ellos. Eso es tan necesario como el sol, como el propio hogar.

Los que siempre van detrás del "fuego"

Las ideas son balas hoy día, como dijera el poeta, y con la sapiencia del árbol o el libro son los seres conscientes del momento que vivimos los que siempre saben donde tienen que estar. No importa que en ocasiones no supieran si reír, si llorar o si podrían transmitir alegría en un ambiente donde la tristeza era contagiosa. Importa que estuvieron por encima de muchos otros compromisos, probablemente más fáciles y ligeros si algunos se pusieran a comparar.

Maestros como Francisco Leonel Amat y el Cabildo del Son, integrado por José Francisco Amat (contrabajo), William Borrego (maracas), Francisco Padrón Jiménez (trompeta), Bernardo Bolaños (percusión), Ernesto Vergara, Guillermo Elosegui (productor) y Dayron Ortega (guitarra).  Este último también perteneciente al grupo de “las hienas” —sin ánimo de ofender a estos animalitos— donde figuran grandes como Osvaldo Doimeadiós; humoristas como Diego Álvarez, alias Cortico, e Israel Rojas y Joel Martínez, bien conocidos como Buena Fe.

La jefa de la tropa, Corina Mestre, en compañía de Naziri Lugo, trovadores como Augusto Blanca e Ireno García, una actriz maravillosa como Coralia Veloz, Beatriz Márquez -una de las mejores voces de los años setenta-, el mago Azcuy, el payaso Tontolín con Lianny Paz como asistente, además de los artistas holguineros Miguelito (mago) y "Jaque Mate" (dúo humorístico).

Todos ellos "metidos en la candela", leales al público para el que trabajan y por el cual se han mantenido en el cielo donde los colocaron. Me refiero a cuestiones que van más allá del talento, me refiero a cuestiones de humanidad. Hablo de personas inteligentes y sensibles que supieron —como lo han sabido durante toda su carrera— estar a la altura de las circunstancias y alimentarse de ellas, es decir, asimilar cada lágrima o carcajada, en cada rostro, en cada pueblo.

“Aquí todo el mundo estaba esperando a que llegaran los artistas. Desde tempranito los muchachos se fueron acomodando en los árboles y en los muros para poder verlos de cerca”, contó un señor de unos 80 años aproximadamente que miraba de lejos el espectáculo y observaba reflexivo el pueblo (Báguano). “Ahora se ve más bonito”, me dijo.

El dinamo que se tragaron los cubanos

"Parece que los cubanos mientras más pedalean, más les brillan los ojos, es como si se hubieran tragado un dinamo". En medio de una bulla poco resistible, Joel repetía un chiste de Doimeadiós que tiene más de verdad y corazón que de broma. Esa noche ya parecía que tantos encuentros con todo tipo de personas y agradecimientos iban a tragarnos a todos, pero aún faltaban historias, deliciosamente vividas además.

Casi 60 testimonios recogidos en algunos de los pueblos en los que se presentó la tropa de sabichosos con su arte a cuestas, dan fe del sentir general de un público sensible, ansioso de fantasías para aferrarse a lo concreto de seguir adelante, aunque no tenga muy buenos matices el horizonte.

"A mí me parece muy bien que se hayan organizado estas actividades. ¡Jorgito ven para acá! (Al hijo) Aquí casi nunca viene nadie y estos artistas son muy buenos y reconocidos en todas partes. De verdad que nos están haciendo pasar un buen rato y eso, ahora mismo, no tenemos cómo agradecérselo." (Maydé Acosta)

"Aquí todo el mundo está muy emocionado. Tenemos una situación bastante crítica, todavía no tenemos electricidad, por ejemplo, pero no cuesta nada venir un ratico a divertirse y olvidar la cantidad de problemas que uno tiene arriba en estos momentos." (Yuliet Ramírez)

"Si ahora me concedieran un deseo, pediría que hubiéramos tenido tiempo para recuperarnos antes que llegaran artistas como Corina o Beatriz, y en general todos los demás, al pueblo. Es que Nicaro siempre fue muy bonito y ahora está en muy mal estado. Encima de eso no los hemos podido recibir como de verdad se merecen. En otra oportunidad será." (Alberto Sánchez)

"Yo tengo 77 años y me siento un poco acongojado por el estado en que ha quedado el lugar donde vivo. Sé que vamos a echar pa´lante, para eso tenemos a los jóvenes, pero a mi edad es más difícil volver a empezar casi desde cero. Hoy por la mañana no tenía ni la menor idea de que teníamos tan grata visita en el pueblo, eso y tener por fin a mis hijos conmigo (este señor vive solo y sus hijos van a verlo una vez a la semana; ese día fueron a visitarlos los cuatro a la vez para llevarlo a la presentación) me ha alegrado el día milagrosamente." (Augusto Nuevas)

"Aunque el sol nos esté derritiendo, porque esta tampoco es la hora adecuada para este tipo de actividades en la placita (eran los dos y media de la tarde), todo el mundo ha venido porque esto es algo inusual y porque nos hace falta despejar. Yo viví el ciclón Flora y en verdad fue devastador, pero esto que nos pasó a nosotros fue lo más terrible del mundo. No tomamos todas las medidas a tiempo y tampoco teníamos la experiencia que pueden tener lo pinareños en el tema, por poner un ejemplo. Yo sé que vamos a salir de esto con mucho valor compay, lo que importa es que estamos vivos. Precisamente por eso apreciamos mucho que un grupo de artistas tan valiosos hayan venido hasta aquí solo por nosotros." (Vicente Almanza) 

De caracoles y poesía

Hay historias de las que no podemos apropiarnos —por mucho que nos gustaría— y tenemos que dejar que sean los protagonistas los que las cuenten, así evitamos también correr el riesgo de que pierdan su magia. Esta le pertenece a Corina Mestre y no será nadie más quien la regale.

"Cuando llegamos a Gibara nos llevaron para un pueblo que se llama El Güirito, dentro de esa zona fue el más afectado. Era impresionante ver las caras de la gente encaramada en los techos intentando restaurarlos con pedazos de cualquier material. En el lugar donde íbamos a actuar estaba vacío. Entonces el payaso tuvo que empezar a pitar para que, poco a poco, sobre todo los niños, la gente se fuera incorporando. Pero con mucha calma. En un rato ya teníamos un grupo bastante grande pero fue muy, muy difícil.

"También cuando empezaron a ver quiénes éramos el nivel de alegría que se les veía en el rostro era increíble. Nosotros no podíamos creer cómo estaba la gente, que era para que no tuvieran ganas de nada. Todos se mostraban cariñosos y agradecidos, además contestaban a todo lo que decíamos. Por ejemplo, les decíamos que estábamos seguros de que iban a tener una Gibara más linda que la que tenían antes y ellos nos contestaban que estaban convencidos de eso y que nos iban a demostrar que podían hacerlo. 

"De pronto un hombre dice que quiere subir a hablar. Estaba sin camisa y todo despeinado y yo había comenzado a presentar a los artistas que habían trabajado para ellos. Vi que todos se miraron como diciendo: esta está loca. Pero le dije que subiera, dispuesta a responderle a cualquier cosa que pudiera opinar, fuera buena o mala. Entonces el hombre dijo que quería darnos las gracias a nombre de todo el pueblo de Gibara porque eso que habíamos hecho, que era acordarnos de ellos, no tenía precio. Quería que nos lleváramos un recuerdo, pero que lo único que podían darnos era un Cobo, un caracol chiquitico con el corazón de todos ellos dentro.

"Aquello fue lo más grande que pudo haber pasado. Ahí empezó a llorar todo el mundo. Pero para rematar salió una viejita detrás de él y dijo que nos quería hacer un regalo a nombre de las tejedoras de Gibara. La señora le dio unas cositas de cocina a Beatriz y a Coralita. A mí me dio una cartera tejida que no está terminada, pero me dijo que no me preocupara porque algún día ellas iban a volver a tejer.

"En una entrevista yo dije que ese hombre había producido la poesía, porque lo que nos estaba dando era el alma de Gibara dentro de ese caracol. Cuando el mar entró en el pueblo hizo estragos por todas partes, y ellos nos regalan un caracol, ¿entiendes?

 "Cuando salimos de El Güirito nos fuimos a presentar en El Central, frente a la casa de Cultura de Gibara. Allí llegaron también dos decimistas de los cuales uno imita a Doimeadiós. Lo invité a actuar y empezó con un cuento sobre un campesino parecido a Pipo Pérez y terminó hablando como Margot. Doime se quedó muy emocionado.

"Allí de repente empezamos a reconocer a las personas de El Güirito que habían bajado para volver a ver lo mismo. Eran "gracias por estar aquí" y "gracias por venir" en todos lados, fue muy emocionante y difícil a la vez. Los amigos no siempre hacen falta en los momentos buenos, pero siempre en los malos. Es obvio que en estos lugares necesitan cosas materiales, pero lo que nosotros podemos brindarles no es menos necesario, eso me parece que ha quedado demostrado." 

Banes: un pueblo lleno de magia

"Banes es un pueblo difícil", decían muchos antes de la presentación de la Brigada. Pero deben haber mortificado las conciencias de quienes subestimaron a los cientos de personas que se reunieron para disfrutar del espectáculo. "Habíamos ido primero a un centro de evacuación —continúa Corina— y aquello fue para morirse".

Sencillamente allí está la gente sin nada. Ancianos y familias enteras que perdieron todas sus pertenencias. "Yo estoy convencida de que no le dieron la importancia que tenía. Tanto que en Banes había carnavales, la gente estaba de fiesta en las calles, incluso algunos de los quioscos todavía están ahí. Se trata también de una ciudad muy antigua y donde las casas son mayormente de madera. No tiene fecha de fundación ni árbol sagrado ni misa. La única referencia que hay de Banes está en una carta que envía Diego Velásquez a los reyes en 1542 cuando pasa por esa zona y se sorprende por la cantidad de aborígenes que había allí. Todavía en Banes ves personas con rasgos indígenas", cuenta la actriz.

"Usted no se imagina las cinco horas de terror que vivimos aquí", dice una señora con la blancura del tiempo coronándole la cabeza. Apuesto que sí. No hay un lugar en Banes que no esté afectado.

Aquí también hubo quien no estaba seguro de querer asistir a la función. En realidad el lugar tiene pocas condiciones, es muy poco espacio para tantas personas. Aunque está claro que se ha hecho todo lo que se ha podido y la incomodidad no es precisamente el peor de los males en el que debemos pensar.   

El sortilegio de los momentos delicados se consuma cuando un artista es capaz de crecerse ante la tristeza que inevitablemente absorben, condenados perpetuamente a fundirse con lo primario, con lo rudimentario de las esencias.

Por esta razón resultó muy difícil hacer reír o cantar a personas anonadadas. Pero lo difícil también cambia de color cuando comienzan a surgir las sonrisas. La señora del principio por allá, unos niños por aquí y asِí, despacio, todos se van dejando atrapar.

Gibara, Banes, Freire, Antillas, Guatemala, Nicaro o Báguano, todos cargando de alguna manera un peso al que no están acostumbrados.

"Es duro para nosotros cantar o trabajar para la gente que sabemos no tiene nada. Porque de pronto estamos sintiendo lo mismo que sienten ellos, y también un poco de vergüenza porque tú sí tienes cosas y ellos no. Eso es demasiado fuerte", cuenta Ireno García.

Lo cierto es que estos artistas, al igual que los que se han aventurado en otras provincias también pasadas por vientos, han sobrepasado las expectativas de los escépticos y hasta de los que siempre pusieron la mano en el fuego. Los recuerdos, que cambian de sitio con el tiempo, no se convertirán en silencio por la sencilla razón de que siempre habrá alguien que los cuente, que los grite o, por qué no, que los cante.
 

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