Año VI
La Habana

2 al 8 de AGOSTO
de 2008

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El significado de un Centenario

Fernando Martínez Heredia • La Habana

 

El día 7 de agosto hará un siglo que un grupo de cubanos fundó una nueva organización política, el Partido Independiente de Color (PIC), en la calle Amargura 63, en La Habana. Eran activistas negros y mulatos opuestos al racismo que persistía en el país después del fin de la esclavitud (1886) y de la gran gesta nacional del 95 que dio origen a la nación y al Estado republicano. Los negros y mulatos seguían sufriendo la situación social muy desventajosa en que los dejaron la esclavitud y el colonialismo, más la dura marca del racismo. Los antiguos combatientes mambises y una población humilde que había ganado su ciudadanía no podían conformarse con esa situación.

El objetivo del PIC era organizar la lucha por sus derechos específicos, utilizando las vías legales de expresión, pública y electorales. Sus dirigentes principales fueron el veterano Evaristo Estenoz, el coronel Pedro Ivonet, un héroe mambí de la Invasión y de la campaña de Pinar del Río; Gregorio Surín, Eugenio Lacoste y otros. El PIC, que contó con miles de seguidores a lo largo del país, formuló demandas sociales favorables a toda la población humilde y trabajadora de Cuba y mantuvo ideas nacionalistas frente al imperialismo norteamericano. 

El poder burgués neocolonial atacó sin tregua al PIC desde su nacimiento, porque lo amenazaba en el terreno de su hegemonía política bipartidista, liberal-conservadora. Acusados cínicamente de racistas, en 1910 se les declaró ilegales mediante la Enmienda Morúa a la Ley Electoral, y se mantuvo presos durante seis meses a dirigentes y activistas. Hostigados e impedidos de utilizar la vía electoral, optaron por lanzarse a una protesta armada el 20 de mayo de 1912, décimo aniversario de la instauración de la república. El gobierno de José Miguel Gómez movilizó miles de soldados contra ellos, mientras una sucia campaña de prensa los satanizaba. Durante junio y julio fueron asesinados Estenoz, Ivonet y por lo menos tres mil cubanos no blancos, la mayoría en la provincia de Oriente, principal teatro del alzamiento. Una ola de represiones, persecuciones y una intensificación del racismo se extendieron por todo el país. La república oficial celebró el gran crimen y lo sometió de inmediato a un olvido al que se fueron sumando —por la dura necesidad de sobrevivir y labrarse algún ascenso social— la mayoría de los discriminados y dominados en aquella sociedad.

En diciembre pasado el Partido Comunista de Cuba convocó a varias docenas de ciudadanos y constituyó la Comisión para Conmemorar el Centenario del Partido Independiente de Color en el país durante todo este año 2008. En poco más de siete meses se ha realizado una apreciable labor, debida al interés, la actividad y las iniciativas de un grupo de instituciones y numerosas personas, que no enumeraré por evitar el riesgo de los olvidos y porque no hemos terminado este esfuerzo: en realidad estamos ganando fuerzas para que continúe todo el tiempo que sea necesario. Las publicaciones y las filmaciones son productos que quedan al servicio de muchos que no conocemos, que multiplicarán su valor. Pero quiero destacar la gran importancia que tiene un hecho que se ha repetido en todos los eventos y reuniones que se han convocado en estos meses, y que tiene su raíz en las labores de los diez años precedentes. Un público muy numeroso —a veces un gentío— se ha reunido a escuchar, a pedir la palabra y participar, con verdadero fervor más que con atención. Esto es muy loable y alentador; pero también señala carencias, frustraciones y realidades negativas que persisten en nuestro país.

¿Cuál es el sentido último de estas labores de conmemoración? Ante todo, la recuperación de una memoria histórica de las luchas que ha emprendido y mantiene el pueblo cubano. En este caso, la reparación histórica de acabar con el olvido de aquellos hechos de 1908-1912 y la socialización de la comprensión de las realidades y los papeles que ha tenido el racismo en la historia de Cuba ya serán grandes ganancias, que se multiplicarían y harían permanentes si entre todos logramos que se incluyan esos temas en los contenidos de la historia nacional que se enseña en nuestro sistema educacional y en nuestros medios de divulgación, información y formación de opinión pública. Pero un segundo sentido de la conmemoración, ligado íntimamente al primero, es promover y darle aliento y armas a la lucha contra el racismo en la Cuba actual, elusivo pero pertinaz y que registra cierto crecimiento.

Como una modesta contribución al debate de ideas tan necesario para que avancemos frente a este problema de la sociedad cubana, cuya solución es factible y solo depende de nosotros, completo este texto con la intervención acerca del racismo que preparé para el magnífico 7º Congreso de la UNEAC del pasado abril, que no leí allí por el cúmulo de intervenciones valiosas que se suscitaron. Sirva también como homenaje a los que hace un siglo no consideraron que ya se había peleado y obtenido bastante, y siguieron peleando por toda la justicia.

En la lucha contra el racismo existen profundas diferencias entre la posición oficial de la Revolución y las ideas que manejamos nosotros, por una parte, y lo que sucede en la práctica social, por la otra. Tiene gran importancia la dimensión histórica del racismo, como uno de los elementos que participó en la construcción de Cuba como realidad específica, es decir, en el nacimiento y primeros desarrollos de la cultura nacional, y el proceso histórico de las transformaciones, las derrotas y las permanencias del racismo en la cultura cubana hasta hoy. En la actualidad es vital que no nos conformemos con formar parte de una elite consumidora de las mejores ideas, satisfecha con el nivel “superior” que posee, sino que actuemos como institución en la lucha contra el racismo, con la mayor energía y eficacia posibles.

¿Por qué los debates del VI Congreso de la UNEAC, y los innumerables eventos, divulgaciones y conocimientos adquiridos sobre este tema en los últimos años no se generalizan, y no llegan a convertirse en sentido común? ¿Por qué no resulta posible llevarlos a la escala de la sociedad? ¿Por qué no pueden llegar a ser la guía de las instituciones y de las prácticas de nuestro estado para escolarizar e instruir a la población, para divulgar, para entretener educando? Cansa repetir que nuestro inmenso sistema educacional no es un lugar de formación antirracista, y nuestro sistema de medios de comunicación, totalmente estatal, tampoco lo es.

En esta prolongada etapa de firmezas y transiciones al mismo tiempo, en el marco de la lucha por mantener la soberanía nacional y la transición socialista, la justicia social y la viabilidad económica, las diversidades sociales siguen ganando peso, mientras se mantiene la unidad política. ¿Cómo lograr que unas y otra no se contradigan, sino que se complementen y se refuercen? Si miramos la específica cuestión de las razas y el racismo desde esa perspectiva más general, pueden entenderse mejor sus problemas y los caminos de su superación. El racismo hoy, con todo y sus antiguas raíces, está ligado a los efectos que ha tenido la crisis reciente sobre los grupos menos favorecidos de nuestra sociedad; pero también a las necesidades ideológicas de los que aspiran a un regreso mediato al capitalismo, porque el racismo es una naturalización de la desigualdad entre las personas, algo que no se admitiría en Cuba actual si se plantea respecto al orden social. La lucha por la profundización del socialismo en Cuba está obligada a ser antirracista.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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