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Nelson Mandela, uno de los más extraordinarios
símbolos de esta era

Fidel Castro Ruz • Matanzas, Cuba (julio de1991)

 

Portada del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba
sábado 27 de julio de 1991, año 27, número 128

 
Querido compañero Nelson Mandela;

Distinguidas e ilustres personalidades políticas que nos acompañan en la tarde de hoy;

Familiares de los caídos en las luchas de la Revolución;

Invitados;

Compañeras y compañeros de Matanzas y de todo el país:

Es para nosotros, realmente, un honor inmenso tener aquí en nuestro país y en nuestro acto la presencia de Nelson Mandela (APLAUSOS). No sé si estamos suficientemente conscientes de todo el simbolismo que esto entraña y, sobre todo, del valor de este ejemplo en estos tiempos: en estos tiempos bochornosos donde tantos pliegan sus banderas, en estos tiempos indecorosos en que tantos se arrepienten de haber sido alguna vez progresistas, no ya socialistas, o comunistas, o amigos de los comunistas.

Si se quiere tener un ejemplo de un hombre absolutamente íntegro, ese hombre, ese ejemplo es Mandela (APLAUSOS). Si se quiere tener un ejemplo de un hombre inconmoviblemente firme, valiente, heroico, sereno, inteligente, capaz, ese ejemplo y ese hombre es Mandela (APLAUSOS). Y no lo pienso después de haberlo conocido, después de haber tenido el privilegio de conversar con él, después de haber tenido el gran honor de recibirlo en nuestro país, lo pienso desde hace muchos años, y lo identifico como uno de los más extraordinarios símbolos de esta era.

Pienso esto de él y de su pueblo, porque si vamos a hablar de las más justas de las causas, es la causa que ellos han representado. Si hay algo repugnante y odioso en este mundo, donde hay unas cuantas cosas repugnantes y odiosas, eso tan repugnante y odioso es el apartheid. ¿Invento de quién, de los comunistas, de los socialistas, del socialismo? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") ¡No! Invento que expresa la esencia del capitalismo, invento del colonialismo, invento del neocolonialismo, invento del fascismo.

¿Y en qué se diferencia el apartheid de aquella práctica aplicada durante siglos de arrancar decenas de millones de africanos del seno de su tierra y traerlos a este hemisferio para esclavizarlos, para explotarles hasta la última gota de sudor y de sangre? Quién puede saberlo mejor que Matanzas si aquí en esta parte del occidente del país había tal vez más de 100 000 esclavos. Llegaron a ascender en la primera mitad del pasado siglo a 300 000 en toda Cuba, y una de las provincias donde más esclavos había era esta, escenario también de grandes sublevaciones. Por eso nada tan justo ni tan legítimo como ese monumento que se acaba de erigir en esta provincia al esclavo rebelde (APLAUSOS).

El apartheid es el capitalismo y el imperialismo en su forma fascista, y entraña la idea de razas superiores y razas inferiores.

Pero el pueblo negro de Sudáfrica no solo ha tenido que enfrentarse al apartheid, ha tenido que enfrentarse a la más brutal desigualdad y represión política, y ha tenido que enfrentarse a la más cruel explotación económica. Se ha tenido que enfrentar a estas tres grandes tragedias, por eso pienso que en nuestra era no podía haber causa más justa que la causa que han dirigido el ANC, el compañero Mandela y otros muchos capaces y brillantes cuadros de esa organización, varios de los cuales hemos tenido el privilegio de conocer en nuestro país.

Hoy los occidentales tratan de congraciarse con África, tratan de congraciarse con los que odian el apartheid, pero la gran realidad es que el apartheid fue una creación de Occidente, del Occidente capitalista e imperialista.

La gran verdad es que occidente apoyó el apartheid, le suministró tecnología, incontables miles de millones en inversiones, incontables cantidades de armamentos y, además, apoyo político. No, el imperialismo no rompió con el apartheid, el imperialismo no bloqueó al apartheid, el imperialismo mantuvo y mantiene excelentes relaciones con el apartheid. Había que bloquear a Cuba donde hace mucho rato las reminiscencias del apartheid, es decir, la discriminación racial, desaparecieron; había que bloquear a Cuba como castigo por su Revolución, como castigo por su justicia social, pero jamás al apartheid. Tomaron contra este algunas tibias medidas económicas que no tenían la menor trascendencia, y son los que ahora —según me contaba el propio Mandela— se preguntan y le preguntan por qué su amistad con Cuba, por qué sus relaciones con Cuba y, como él dijo aquí, por qué sus relaciones con el Partido Comunista Sudafricano, como si todavía el fantasma del comunismo estuviera recorriendo el mundo (APLAUSOS). Por qué sus relaciones con este pequeño país que tan leal fue siempre a la causa del pueblo sudafricano en su lucha contra el apartheid. Eso demuestra la lógica de los reaccionarios y de los imperialistas.

Estaría mal por parte nuestra resaltar la modesta contribución de Cuba a la causa de los pueblos, pero escuchando el discurso de Mandela pienso, compañeras y compañeros, que es el más grande y el más profundo tributo que se les ha rendido jamás a nuestros combatientes internacionalistas (APLAUSOS). Pienso que sus palabras han de quedar, como escritas en letras de oro, en homenaje de nuestros combatientes. Él fue generoso, muy generoso, él recordó la epopeya de nuestro pueblo en África, allí donde se manifestó todo el espíritu de esta Revolución, todo su heroísmo y toda su firmeza.

¡Quince años estuvimos en Angola! Cientos y cientos de miles de cubanos pasaron por allí y otros muchos miles pasaron por otros países, era la época en que el imperialismo daba cualquier cosa con tal de que Cuba se retirara de Angola y cesara en su solidaridad con los pueblos de África; pero nuestra firmeza fue mayor que todas las presiones y fue mayor que cualquier beneficio que nuestro país pudiera sacar si hubiese cedido a las exigencias imperialistas, si es que realmente puede haber alguna vez beneficio en el abandono de los principios y en la traición.

Estamos orgullosos de nuestra conducta, y de Angola regresaron victoriosas nuestras tropas, pero, ¿quién lo ha dicho como lo dijo él? ¿Quién lo ha expresado con esa honestidad, con esa elocuencia? Lo que nosotros no hemos dicho, porque nos lo impide la elemental modestia, lo ha expresado él aquí con infinita generosidad, recordando que nuestros combatientes hicieron posible mantener la integridad y alcanzar la paz en la hermana República de Angola; que nuestros combatientes contribuyeron a la existencia de una Namibia independiente; él añade que nuestros combatientes contribuyeron a la lucha del pueblo de Sudáfrica y del ANC; él ha dicho que la batalla de Cuito Cuanavale cambió la correlación de fuerzas y abrió posibilidades nuevas.

Diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba
sábado 27 de julio de 1991, año 27, número 128

No éramos ajenos a la importancia del esfuerzo que allí realizábamos desde 1975 hasta la última hazaña, que fue aceptar el desafío de Cuito Cuanavale, a más distancia que la que hay entre La Habana y Moscú, adonde puede llegarse en 13 horas de vuelo, sin incluir las escalas. Para llegar a Luanda desde La Habana hacen falta de 14 a 15 horas de vuelo, y Cuito Cuanavale estaba allá en un rincón de Angola, en dirección sureste, a más de 1 000 kilómetros de Luanda, allí nuestro país tuvo que aceptar el reto.

Como les contaba el compañero Mandela, en esa acción la Revolución se jugó todo, se jugó su propia existencia, se arriesgó a una batalla en gran escala contra una de las potencias más fuertes de las ubicadas en la zona del Tercer Mundo, contra una de las potencias más ricas, con un importante desarrollo industrial y tecnológico, armada hasta los dientes, a esa distancia de nuestro pequeño país y con nuestros recursos, con nuestras armas. Incluso corrimos el riesgo de debilitar nuestras defensas, y debilitamos nuestras defensas, utilizamos nuestros barcos, única y exclusivamente nuestros barcos y nuestros medios para cambiar esa correlación de fuerzas que hiciera posible el éxito de los combates; porque a tanta distancia no sé si se libró alguna vez alguna guerra entre un país tan pequeño y una potencia como la que poseían los racistas sudafricanos.

Todo nos lo jugamos en aquella acción, y no fue la única vez; creo que nos jugamos mucho, mucho, mucho también, cuando en 1975 enviamos nuestras tropas a raíz de la invasión sudafricana a Angola. Allí estuvimos 15 años, repito, tal vez no habría hecho falta tanto tiempo, de acuerdo con nuestro pensamiento, porque de acuerdo con nuestro pensamiento aquel problema lo que había era que resolverlo y, sencillamente, prohibirle a Sudáfrica las invasiones a Angola. Esa era nuestra concepción estratégica: si queremos que haya paz en Angola, si queremos que haya seguridad en Angola, hay que prohibirles a los sudafricanos que hagan invasiones a Angola. Y si queremos impedirles a los sudafricanos, prohibirles que hagan invasiones, hay que reunir las fuerzas y los medios necesarios para impedírselo. Nosotros no teníamos todos los medios, pero esa era nuestra concepción.

La situación verdaderamente crítica se creó en Cuito Cuanavale, donde no había cubanos, porque la unidad cubana más próxima estaba a 200 kilómetros al oeste, lo cual nos llevó a la decisión de emplear los hombres y los medios que hicieran falta —por nuestra cuenta y nuestro riesgo—, enviar lo que hiciera falta, aunque fuese necesario sacarlo de aquí.

Cuito Cuanavale es el lugar que se hizo histórico, pero las operaciones se extendieron a lo largo de toda una línea de cientos de kilómetros y se derivó de ellas un movimiento hacia el suroeste de Angola de gran importancia estratégica. Todo eso se simboliza con el nombre de Cuito Cuanavale, que fue donde empezó la crisis; pero alrededor de 40 000 soldados cubanos y angolanos con más de 500 tanques, cientos de cañones y alrededor de 1 000 armas antiaéreas —en su inmensa mayoría armas antiaéreas nuestras que sacamos de aquí— avanzaron en dirección a Namibia, apoyados por nuestra aviación y un aeropuerto de avanzada construido en cuestión de semanas.

No voy a hablar aquí de pormenores y detalles de los combates, estrategias y tácticas, eso lo dejaremos a la historia; pero íbamos decididos a resolver el problema por nuestra cuenta y riesgo, unidos a los angolanos, íbamos decididos a poner fin de una vez y por todas a las invasiones a Angola. Los hechos resultaron tal como los preveíamos —y nosotros no queremos ofender a nadie, no queremos humillar a nadie—, porque cuando se creó esa correlación de fuerzas, esa nueva correlación de fuerzas —y en nuestras manos había una invencible tropa, una invencible e incontenible tropa— se crearon las condiciones para las negociaciones en las cuales participamos durante meses.

Allí hubieran podido tener lugar grandes batallas, pero era mejor, ante la nueva situación, resolver en la mesa de negociaciones el problema del respeto a la integridad de Angola y la independencia de Namibia. Nosotros sabíamos, ¡cómo íbamos a ignorarlo!, que aquellos acontecimientos habrían de influir profundamente en la propia vida de África del Sur, y era una de las razones, una de las motivaciones, uno de los grandes estímulos que nos impulsaban; porque sabíamos que al resolver el problema allí en Angola, las fuerzas que luchaban contra el apartheid recibirían también los beneficios de nuestras luchas.

¿Lo hemos dicho así alguna vez? No, nunca, y tal vez no lo habríamos dicho nunca, porque pensamos que, en primer término, los éxitos que ha obtenido el ANC se deben, por encima de cualquier solidaridad internacional, por encima del enorme apoyo externo, de opinión pública en algunos casos, de acciones armadas en el caso nuestro, lo determinante, lo decisivo fue el heroísmo, el espíritu de sacrificio y de lucha del pueblo sudafricano dirigido por el ANC (APLAUSOS).

Este hombre, en estos tiempos de cobardía y de tantas cosas, ha venido a decirnos esto que nos ha dicho en la tarde de hoy. Es algo que no podrá olvidarse jamás y que nos da la dimensión humana, moral y revolucionaria de Nelson Mandela (APLAUSOS).

No he apreciado solo las palabras que se relacionan con nosotros y el hermoso homenaje rendido a nuestros combatientes internacionalistas, demostrándonos que la sangre derramada, los sacrificios, el esfuerzo y el sudor de tantos y tantos cubanos no fueron en vano. He apreciado mucho sus palabras sabias, inteligentes, precisas, reveladoras de una táctica y una estrategia verdaderamente revolucionarias.

Ha explicado aquí con una claridad impresionante lo que se proponen y lo que quieren, cómo desean alcanzarlo y cómo están seguros de lograrlo. Así tenemos aquí a este hombre que pasó decenas de años en la cárcel meditando, reflexionando, estudiando y luchando, convertido en un extraordinario líder político, en un extraordinario luchador, en un invencible luchador.

Estamos seguros de que ya nada ni nadie puede evitar el éxito de esa lucha noble y humana, de esa lucha tan justa que él la sintetiza en una sociedad con igualdad, una sociedad democrática, una sociedad no racista.

Y créanme, compañeras y compañeros, que el ANC se enfrenta a una tarea verdaderamente compleja y difícil, pues a pesar de contar con la inmensa mayoría del pueblo sudafricano no son pocos los ardides, ni son pocos los trucos, ni pocas las maniobras que los reaccionarios han utilizado para obstaculizar el acceso del pueblo de Sudáfrica a sus metas; pero pienso que si hay algo superior a esas dificultades, es el talento del compañero Nelson Mandela y de los dirigentes del ANC (APLAUSOS).

Nos sentimos estimulados en este 26 de Julio, y nos sentimos extraordinariamente honrados por la presencia y las palabras de tan ilustre dirigente político y revolucionario, ¡nunca lo olvidaremos! (APLAUSOS.)

 

(Fragmento)

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el Acto Central por el XXXVIII Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, efectuado en la Plaza Victoria de Girón, en la provincia de Matanzas, el 26 de julio de 1991.

* (VERSIONES TAQUIGRÁFICAS - CONSEJO DE ESTADO)

 

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