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Madiba llegó a los 90

Paquita Armas Fonseca • La Habana

 


Este 18 de julio se cumplieron 90 años de que en
Umtata, Transkei, naciera Nelson Rolihlahla Mandela, quien renunciara a su derecho hereditario a ser jefe de una tribu xosa. Prefirió estudiar y en 1942 sería abogado. Aún estaba lejos de que deviniera Madiba, el nombre de su clan, más importante que el apellido porque se refiere a los ancestros, por el que lo llaman desde su liberación con cariño y reverencia, como es costumbre en Sudáfrica. También con veneración, con todo el respeto por los mayores ciudadanos, lo llaman mkhulu, que significa abuelo.
 

Tales nominaciones nacidas de lo más profundo del pueblo, comenzó a ganárselas desde muy niño al oponerse a todo tipo de injusticia. A los 24 años ingresó en el Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento de lucha contra la opresión de los negros sudafricanos.
 

Muy pronto el talentoso joven se convirtió en el líder indiscutible de la Liga de la Juventud, grupo que con el tiempo fue dominante en el Congreso y que era portadora de un programa para el socialismo africano, que debía ser nacionalista, antirracista y antiimperialista.
 

Al llegar al poder el Partido Nacional en 1948, se institucionalizó la segregación racial, creando el régimen del apartheid, hecho que marcó la existencia de Mandela. Contra esa injusta y nazista forma de gobernar dedicó cada acto vital por décadas.
 

Inspirado en Gandhi, el ANC se pronunciaba por métodos de lucha no violentos y organizó múltiples campañas de desobediencia civil contra las leyes segregacionistas.
 

En 1952, siendo ya el líder indiscutible del movimiento antiapartheid, Mandela fue a la cárcel junto a otros 8 mil sudafricanos. Confinado en Johannesburgo, fundó en esa ciudad el primer bufete de abogados negros de Sudáfrica.
 

Tres años después, al salir de prisión, promovió la aprobación de una Carta de la Libertad, documento en el que quedaba clara la necesidad de un estado multirracial, igualitario y democrático, una reforma agraria y una política de justicia social en el reparto de la riqueza.
 

El régimen racista endureció su accionar y creó siete reservas o bantustanes, en los que se confinaba a la mayoría negra, para darle una supuesta independencia. El ANC lideró las manifestaciones en contra de la atroz política y hubo más detenciones, entre ellas la de Mandela, que fue liberado por falta de pruebas en 1961.
 

En 1960 ocurrieron los hechos de Sharpeville, en los que la policía disparó a una multitud que protestaba pacíficamente contra las leyes racistas. Hubo 69 manifestantes muertos y el gobierno declaró el estado de emergencia. Tales acciones convencieron al ANC de que los métodos no violentos no eran la única posibilidad de lucha.
 

Mandela fue electo en 1961 secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, nuevo movimiento clandestino. El sabotaje fue adoptado como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada República Sudafricana y nació el brazo armado del ANC (la Lanza de la Nación). Su lema era atacar centros económicos y simbólicos, pero nunca cuando peligraran vidas humanas.
 

Viviendo de forma clandestina, incluso realizando un viaje al exterior, Mandela intenta unir a las fuerzas antiapartheid, pero en 1964, junto a otros luchadores, en un juicio ante la Suprema Corte, fue condenado a cadena perpetua.

“Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha del pueblo africano. He peleado contra la dominación blanca, y he peleado contra la dominación negra. He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero poder vivir para ver realizado. Pero si es necesario, es un ideal por el cual estoy preparado para morir”, dijo ante los jueces.

Veintisiete años estuvo en la ergástula, pero desde ella siguió luchando por su patria. Allí fue nombrado presidente del ANC. El número 46664 que lo identificaba como preso recorría el planeta y despertaba solidaridad, pero el gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de libertad para el más famoso preso africano.
 

Desde la prisión calificó a la batalla de Cuito Cuanavale como “el viraje en la lucha de liberación del continente africano contra el flagelo del apartheid”. Las tropas internacionalistas cubanas que defendían a Angola hicieron correr al ejército racista sudafricano. Era 1988 y el régimen racista tenía sus días contados: dos años después Mandela era liberado, para que en 1994 fuera el primer presidente electo en el país africano.
 

Comenzó una tenaz lucha de unión en una nación dividida además de entre blancos y negros, entre múltiples etnias, y logró mucho, tanto que aún cuando ya no es presidente sigue siendo el consultor de jóvenes y viejos en su patria y su continente.
 

Merecedor de múltiples premios, nunca ha olvidado su lucha. En la aceptación del Nobel en 1993 afirmó: "No creemos que este premio sea una recompensa por algo que ya pasó. Escuchamos las voces que dicen que es un llamado de todos, en el universo, que buscaron un fin al apartheid. Entendemos este llamado, de que dediquemos lo que nos queda de vida al servicio de nuestro país, para demostrar en la práctica que la condición normal de la existencia humana es la democracia, la justicia, la paz, el no racismo, el no sexismo, la prosperidad para todos, un medio ambiente sano y la igualdad y solidaridad entre la gente. Que nuestros esfuerzos prueben que Martin Luther King no era apenas un soñador cuando habló de la paz y la hermandad genuina entre los seres humanos como bienes más preciados que los diamantes, la plata o el oro".
 

Tampoco olvida a sus amigos y a quienes lo ayudaron: “¿qué otro país podría llegar a un mayor altruismo que el de Cuba en sus relaciones con África?”, reconoció en un discurso.
 

A pesar de las decenas de lauros internacionales el nonagenario líder hasta hace cerca de un mes era considerado un terrorista en EE.UU. “En reconocimiento de su 90 cumpleaños este verano, honramos de nuevo a Nelson Mandela como una de las voces más firmes en el mundo por el valor y la dignidad humana frente a la opresión”, dijo el senador John Kerry, quien estimó que la decisión ayudará a “borrar por fin la enorme vergüenza de haber deshonrado a este gran líder al haberle incluido en la lista de terroristas de nuestro Gobierno”.

Fanático de la música clásica, especialmente de Georg Friedrich Händel o Piotr Ilich Chaikovski, el Madiba hoy tiene tiempo de disfrutar de sus amadas melodías, aunque continúa batallas en contra del SIDA y a favor de buscar oportunidades a los jóvenes africanos.
 

Nelson Mandela fue y es un ejemplo de hombre dedicado a una grande y honesta causa libertaria, que ha arribado a sus nueve décadas con la tranquilidad de poder depositar la cabeza en su almohada, seguro de haber cumplido con sagrados deberes durante toda su vida.
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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