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El papel de la gestualidad en el rap cubano

Yanelys Abreu Babi • La Habana

 

Los gestos han acompañado al lenguaje articulado desde su origen e, incluso, existieron antes que él. El código gestual presenta las principales características del lenguaje articulado: transmisión de información, sistema de oposiciones y arbitrariedad del signo.

Según la naturaleza y la función, se pueden distinguir distintos tipos de códigos gestuales. En primer lugar, los que sustituyen al lenguaje articulado, en los cuales el gesto y la mímica reemplazan a los sonidos. Luego, los que sirven para acompañar al lenguaje y hacer énfasis en determinados mensajes.

Los gestos suelen dividirse en naturales y artificiales. Se consideran naturales aquellos que se producen de forma involuntaria; y artificiales los que son realizados voluntariamente para matizar o subrayar el mensaje. Estos últimos son, generalmente, seleccionados, esquematizados y arbitrarios, en tanto el hombre los crea con la finalidad de expresar una idea específica. Desde esta perspectiva, se pueden considerar convencionales.

Actualmente, uno de los géneros musicales que más utiliza la gestualidad como soporte del mensaje sonoro es el rap. Según Susana García Amorós: “texto, música y gestualidad, son los tres elementos que distinguen al género de cualquier otro”[1]. Nuestra propuesta va enfocada a resaltar el papel de la gestualidad como complemento del sentido de los textos.

Como es sabido, la cultura Hip Hop surge a comienzos de la década del ‘70 en los barrios marginales del sur del Bronx y se compone de cuatro elementos: el rap, el breakdance, el DJ y el graffiti, que representan cuatro modos de asumir la realidad. En Cuba, los primeros indicios de penetración de esta cultura datan de finales de los ‘70 y principios de los ‘80 del siglo XX, cuando la música rap y el breakdance fueron introducidos en la Isla.

Para estudiar y entender el Hip Hop es necesario comprender el peso que tiene la marginalidad dentro de él, pues justifica, en gran medida, el modo de actuar de sus seguidores. Según Mayra Espina, en la Mesa Redonda realizada sobre el tema: “el propio término marginalidad parte de enfatizar la ubicación de determinados grupos sociales en los márgenes de un sistema”[2], con lo cual se establece una relación centro-periferia que provoca la aparición de modos de expresión diferentes. Si la relación establecida entre ambos grupos es de tensión, la relación entre sus modos de expresión también lo será.

Citando nuevamente a Mayra Espina tenemos que “la definición de lo marginal entraña una relación de poder que culturalmente excluye a otro, y que define lo que es legítimo, normal, correcto”[3]. En este sentido, debemos entender que la realidad perteneciente a la periferia está fuera de lo que se concibe dentro de los marcos de lo “normal” o “correcto”.

La relación entre Hip Hop y marginalidad hace que el lenguaje del rap pueda ser analizado a la luz de las teorías sobre antilenguajes, pues ambas son nociones que se complementan. Un antilenguaje suele surgir donde existe un proceso de marginalidad, sirviéndole de expresión en tanto esta supone, generalmente, el surgimiento de una realidad alternativa.

A partir de las ideas planteadas por M.A.K. Halliday en El lenguaje como semiótica social se podría definir un antilenguaje, en primera instancia, como producto de una antisociedad, cuyo modo de expresión va contra lo establecido.

El antilenguaje no es aprendido o adquirido sino que es creado por el hombre sobre la base del lenguaje común con un fin que va más allá de la mera comunicación y que tiene sus bases en la autoafirmación del individuo y en el intento de brindarle la identidad y el reconocimiento que le son negados. Así podemos decir que el antilenguaje resemantiza, relexicaliza e, incluso, refuncionaliza el lenguaje común.

Podríamos, entonces, considerar como expresiones de antilenguajes el habla de todos los grupos que están en la periferia. Por ejemplo, los gays, los negros, los delincuentes y los estudiantes. El alcance de los grupos que poseen el poder de delimitar lo que es aceptado se extiende a todas las esferas sociales, incluida la música, donde tenemos como ejemplo a los rockeros y raperos, que constituyen modos diferentes de rebelarse contra determinada música o ideología.

Con frecuencia se ha identificado el movimiento de Hip Hop con un gesto muy peculiar: el puño arriba. Según Pierre Guiraud: “El puño aprieta y empuña, golpea. Es un signo de hostilidad y de amenaza que se opone a la mano tendida o abierta (…)”[4]. Por tanto, la elección de este signo, como símbolo de una ideología, no es casual.

El uso de este gesto en la cultura Hip Hop traduce la dicotomía sociedad/antisociedad, lenguaje/antilenguaje, donde el primer elemento está representado por la mano tendida y el segundo, por el puño cerrado. La colocación del puño en alto enfatiza el carácter de lucha que define al movimiento y su presencia se pudiera interpretar como símbolo de fuerza, virilidad y amenaza. Su elección en lugar de la mano abierta podría referirse al carácter cerrado que, en algunos casos, tiene el Hip Hop como representante de determinado sector social. Por ejemplo, el lenguaje que, en ocasiones, se mueve en el registro vulgar y utiliza, en algunos casos, neologismos, tecnicismos o resemantiza algunos vocablos del habla común, reduce el mensaje a los oyentes que se identifican con la cultura y conocen y/o comparten su código.

El rostro es el centro de dos tipos de movimiento: la posición de la cara que enfrenta o que se vuelve y la movilidad de sus rasgos. Un rostro móvil es abierto en la medida en que trasluce el estado de ánimo del hablante. Un rostro cerrado sería aquel que, por el contrario, se muestra impasible e impenetrable y representa seriedad al tiempo que indica una negación a establecer cualquier tipo de comunicación.

En general, el rostro de los raperos (en el momento de la actuación) suele ser serio, con una mueca de desagrado en los labios o una sonrisa irónica y la mirada desafiante.

La seriedad del rostro lo hace ser cerrado, lo que se relaciona directamente con la hermeticidad que caracteriza al puño. Es un rostro que no propone relaciones de amistad y que parece no tener piedad con el espectador. El rapero se propone a través de su flow hacer pensar al receptor de su mensaje y demostrar todo lo que es capaz de generar, hecho que contribuye a aumentar la imagen de amenaza que se refleja en el puño, al tiempo que le da seriedad al mensaje que se intenta transmitir y pone de relieve cuán implicado está el individuo que lo produce.

La mueca de desagrado en los labios o la sonrisa irónica expresan claramente la relación de tensión que se establece entre sociedad y antisociedad. El individuo se siente rechazado o marginado por una determinada cultura, por tanto, su respuesta es el repudio.

Por último, la mirada desafiante es lo que termina de elaborar la imagen del rapero como un ser inconforme con la realidad que le tocó vivir. El desafío es símbolo de la lucha que está librando por cambiar su destino y el de todo un grupo social.

Generalmente, los raperos se desplazan, en sus actuaciones, por todo el escenario, lo que pudiera aludir a la intención del intérprete de expandir su mensaje y hacer referencia a la libertad individual que el sujeto anhela. El escenario se perfila como una metáfora de la vida a que el sujeto aspira.

Los gestos deícticos dirigidos al público simbolizan la estructura dialógica del movimiento, que el lenguaje articulado evidencia a partir de la utilización de pronombres personales y posesivos referidos a primera y segunda personas, además del uso del vocativo y las oraciones en imperativo. Estos gestos cuando se refieren al compañero, o a los compañeros, de al lado (en caso que sea un grupo o un dúo), acompañados de guiños de ojos, choque o estrechón de manos, destacan la camaradería existente en el movimiento. En ocasiones, los gestos sirven de soporte a sonidos del background, como, por ejemplo, el ademán de un disparo cuando el DJ produce un sonido semejante, de modo que el gesto no solo acompaña al lenguaje articulado, sino también al lenguaje musical.

El baile, como parte del lenguaje del cuerpo, puede ser utilizado para subrayar el contenido de los textos. Es muy frecuente, cuando se habla de racialidad, además de la alusión a las deidades de las religiones cubanas de origen africano y la imitación de la lengua de los esclavos, la incorporación de tambores batá y la ejecución de bailes que son frecuentes en estas prácticas religiosas, como una forma de rescatar las raíces.

Como consecuencia de que el lenguaje del rap se inscribe dentro de los registros popular y/o vulgar, su gestualidad también lo hace.

Sus gestos están cargados de virilidad, fuerza y autoridad, y puede que en algún momento resulten agresivos o demasiado violentos para aquellos que no se identifican con la realidad a que hacen referencia.

La mayoría de los gestos utilizados por los raperos se pueden catalogar de artificiales, pues su función es realzar el mensaje de las composiciones, para lo cual son creados por el hombre. Esto se pudiera relacionar con la visión del rap como un antilenguaje, pues este tampoco es “natural” sino elaborado para subrayar la oposición a lo establecido. Una vez más se identifican lenguaje articulado y código gestual.

De este modo, es posible afirmar que el papel de la gestualidad es el de enfatizar y subrayar los mensajes que el lenguaje articulado y/o musical expresan. Pero, también, contribuye a llamar la atención sobre algunos elementos que el lenguaje articulado no expone o esboza someramente. La gestualidad podría ser el quinto elemento que caracterice a la cultura Hip Hop, pues está subordinada a los principios que esta defiende, al tiempo que constituye otro modo de expresión (al igual que el graffiti, el DJ, el breakdance y el propio rap), que posee sus propias reglas.

 

NOTAS
[1] García Amorós, Susana. “El lenguaje del rap” en La gaceta de Cuba. pp. 78

[2] Espina, Mayra. “¿Entendemos la marginalidad?” en Temas. pp. 73

[3] ibídem. pp. 73

[4] Guiraud, Pierre. El lenguaje del cuerpo. pp. 50


Bibliografía:

  1. Espina, Mayra. “¿Entendemos la marginalidad? en Temas No.27. oct-dic, 2001.
  2. García Amorós, Susana. “El lenguaje del rap” en La gaceta de Cuba. Ed. Unión. enero-febrero, 2005.
  3. Guiraud, Pierre. El lenguaje del cuerpo. Ed. Fondo de cultura económica. México, 1986.
  4. Hall T., Edward. The silent language. Ed. Doubleday & Company, INC. Garden City, New York, 1959.
  5. Halliday, M.A.K. El lenguaje como semiótica social. Ed. Fondo de cultura económica. México, 1986.
  6. Marañón, Gregorio. Psicología del gesto. Ed. Cultural S.A. La Habana, 1937.
  7. Ovalle, Rodolfo. “Las calles del rap” en Concierto. Ed. 003. Colombia, julio/1995.
     
 

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