Año VI
La Habana

26 de ABRIL
al 2 de MAYO
de 2008

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Los sesenta y el “instante decisivo”

Lesbia Vent Dumois • La Habana

 

El espíritu creador que hizo posible
la expresión del talento

                                                  lo fomentó la propia Revolución con su giro renovador

                                       y el desafío tan alto que significó para nuestra conciencia
                                                                         

                                      Julio García Espinosa                                                         

Múltiples han sido las ocasiones en que nos hemos reunido para indagar en aquellos aspectos que contribuyeron al auge de la fotografía cubana de los años sesenta, pero de manera general, los análisis han sido encausados únicamente hacia el conocimiento y valoración de la obra de los fotógrafos que constituyen el núcleo fundamental de la llamada “década prodigiosa” sin considerar que el periodo en cuestión marca el acceso a la comprensión del arte moderno, a la explosión de los “ismos” generados por Europa y el reemplazo de Paris por Nueva York como metrópoli del arte. En esta década comienza el terrorismo de las vanguardias y la incesante producción del arte de consumo como proyecto de las sociedades altamente industrializadas. 

No obstante a ello, en el panorama cultural de los sesenta, inciden acontecimientos sociales como el auge  de los movimientos  de liberación en América Latina, dignamente representado por la Revolución cubana, el incremento de la lucha de masas, los brotes de la guerrilla urbana y rural, la insurgencia de los movimientos estudiantiles, la incorporación de los cristianos a la lucha revolucionaria y el crecimiento del proceso descolonizador. 

Y es en Nuestra América que los artistas frente a la dualidad de acciones, adoptan la cultura de la resistencia, calificativo acuñado por la fallecida crítica de arte colombiana Marta Traba. Ello se hizo evidente con el renacimiento de expresiones como el dibujo y sobre todo de la gráfica, hermana carnal de la fotografía desde sus orígenes, aunque no beneficiada esta última con el reconocimiento y justa valoración de los historiadores del arte, que siempre han cuestionado su categoría artística, su carácter de obra múltiple y su condición de servicio a otras expresiones. 

Teniendo en cuenta estos aspectos, debemos considerar además que el triunfo de la Revolución produce en el país un cambio profundo, explosión que estimulará el compromiso social, el afán renovador y generaría además, una especial sensibilidad ante la participación colectiva. No es casual entonces  que fuera la prensa, diaria o periódica, la que nos muestre las primeras imágenes de una fotografía que acogió como responsabilidad la captación de vivencias concretas, corrientes documentalistas mas tarde calificadas como fotografía épica cubana. 

Fue a la fotografía a la que le correspondió con mayor fuerza que a cualquier otro género artístico expresar su relación con la sociedad, pues fue el valor testimonial quien definió el carácter social y respaldó el planteamiento político elevando a través del arte  lo cotidiano. Pero para poder entender este hecho, es también necesario hablar del hombre, conocer su procedencia  y antecedentes profesionales, la función social que desempeñó y el por qué desde siempre puso la obra al servicio de la causa revolucionaria cubana, es necesario conocer los caminos por los que transitó el movimiento fotográfico cubano. Fue la fotografía llamada “de estudio” la de mas larga tradición nacional, si tenemos en cuenta que en el siglo XIX muchos artistas extranjeros, fundamentalmente grabadores, llegaron al país atraídos por el desarrollo de la industria azucarera, pero entre ellos llegó el fotógrafo norteamericano Washington Hasley, considerado hasta hoy el introductor de la fotografía en Cuba, pues fue a finales de 1840 que  se instaló en la calle Obispo No.26  invitando a los habaneros a visitar su estudio. 

En el periodo que transcurre de 1920 a 1940 la fotografía posada fue considerada como de búsqueda formal, el resultado de esa búsqueda cubría las páginas de importantes revistas de la época donde abundaban noticias sociales, pero ese género si así pudiera llamársele, fue degenerando con los años. En el período prerrevolucionario los establecimientos más activos por su especialidad, realizan fotografías para los artistas de espectáculos, la radio y la televisión y las debutantes sociales, el público los consideró estudio para las “estrellas”. 

Otro campo de acción de la fotografía cubana característico de la década del 50 fue el de la publicidad, expresión muy ligada al diseño gráfico. De ese campo proviene Liborio Noval quien además de trabajar como fotógrafo realizaba estudios de mercado en la Publicitaria Siboney

Alberto Díaz Gutiérrez fundador con Luis A. Pierce  de los Estudios Korda, de donde toma su nombre, realiza trabajos para las más importantes compañías publicitarias del país. Korda, con la versatilidad con que después hizo gala, fotografiaba también modas, con  una fuerte influencia como el mismo aseguraba, de los fotógrafos norteamericanos Irving Pen y Richard Avedon, convirtiéndolo en el pionero de esa manifestación en el país. 

Si la fotografía de estudio y de publicidad concentraba a un grupo representativo de fotógrafos cubanos, el área más concurrida, y de larga y variada tradición fue la de la documentación social, la ligada al periodismo, que tenía en el fotoclubismo su matriz y el fotógrafo testimoniaba como un cazador de imágenes. De la Cuba Sono Film, agencia de propaganda del Partido Socialista Popular, nace al mundo de la imagen Raúl Corral Fornos, Corrales para la historia de la fotografía. Acompaña a líderes obreros, publica su obra en Noticias de Hoy cuando hacerlo constituía un verdadero riesgo. Entre asaltos y clausuras trabajó en numerosas publicaciones, denuncias sociales de la situación en el campo y asaltos de la policía a los sindicalistas testimonian su quehacer. 

Otros fotógrafos dejan testimonio de la lucha clandestina, de las crónicas policíacas, de las incidencias de las tropas rebeldes y desde Nueva York Osvaldo Salas enviará materiales por los que conoceremos  sobre la visita de Fidel a esa ciudad promoviendo actividades de apoyo al Movimiento 26 de Julio, sin abandonar el tratamiento de  retratos trabajados en el estudio. Con él aprende su hijo Salitas (Roberto Salas) que ya trabajaba en Nueva York para el periódico clandestino El Imparcial

Este breve panorama solo aspira a dejar constancia de afinidades y diferencias de  los continuadores de nuestra fotografía de campaña, que dejó testimonio de las luchas por nuestra independencia a finales del siglo XIX  y que con este inconsciente pero innegable vínculo histórico llegará al 1 de enero de 1959 con la activa participación en el proceso social, político y económico que comienza a transformar el país, es el “instante decisivo” para los cazadores de imágenes y a su disposición están los medios que esperan por la mirada penetrante y lúcida que al captar lo esencial comienza a otorgarle autonomía a la imagen. 

Tras  su regreso al país Salas y Salitas coinciden  en el periódico Revolución con Corrales, Korda, Ernesto Fernández, Liborio y Mario García Joya, por solo mencionar a los más reconocidos. 

Del habitual trabajo individual pasan al método colectivo, se discute el material a publicar o el número de imágenes. No se fotografía al otro, sino a sí mismo, se comparten ideas, un motivo tiene muchas miradas, se construye el mapa fotográfico del país. La fotografía perdía la inocencia, como afirma el fotógrafo brasileño Miguel Río Branco, se afilia a una causa que considera justa, toma partido. Ella registra la belleza y el conflicto, los triunfos y las luchas, de las trincheras a los trabajos voluntarios, de las marchas y concentraciones a las memorias de los viajes. Se nutre el legado de un caudal fotográfico que va ganando el reconocimiento nacional e internacional. 

Esa fotografía, que en esencia no representó notables cambios formales, si ganó en circulación y en la recepción de un espectador que compartía las ideas que la imagen expresaba con autonomía y donde lo esencial era la verdad que la calidad y la carga estética trasmitían. Y todo ello debido fundamentalmente, a la relación de los fotógrafos con los diagramadores y diseñadores gráficos, lo que alcanza su mayor altura con la creación en enero de 1960 de la revista INRA del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, publicación mensual ilustrada que va a representar un fuerte estímulo para el afán renovador que generaban los profundos cambios. La fotografía ganaba espacios y enriquecía el diálogo con la Revolución. 

Si la revista Life mostraba con orgullo los ensayos de Eugene Smith, y la revista O’Cruceiro la obra de José Medeiros, Cuba lanzaba INRA apoyada en el talento de Raúl Corrales como editor de fotografía. Allí estaban los hechos al alcance de la mirada, un mundo que no necesitaba intermediarios, se expresaba por sí mismo, testimoniarlo, convertirlo en historia gráfica, en memoria colectiva era el reto. La Revolución estaba allí, sólo había que captarla, afirmaba Raúl Corrales, acompañado de Ernesto Fernández, Agraz, Tirso Martínez, Canales, Ante, Salas, Mario Ferrer y Mayito, dar fe de ello en las imágenes del combate durante el ataque mercenario de Playa Girón y de la Alfabetización preñada  de esperanzas que se desarrollaba en el mismo tiempo. Las armas, la derrota de los mercenarios, el hundimiento del buque madre, contrastan con las conmovedoras fotos de los alfabetizadores. 

No hay hechos que no fueran testimoniados: la entrega de los títulos de la propiedad de la tierra, los momentos de la Crisis de octubre, la participación popular tras el atentado al buque La Coubre y ese instante que Korda capta por sorpresa y transforma la imagen del guerrillero convirtiéndola en la más divulgada en la historia de la fotografía, haciendo valederos los planteamientos de Henri Cartier-Bresson y su teoría del instante decisivo

La creación de las milicias nacionales revolucionarias, la lucha contra bandidos en las montañas del Escambray y la transformación social y económica de la montaña, es tema de cobertura gráfica en la prensa de la época y el estilo particular que cada artista le fue otorgando a sus fotos, en que mirada, contraste, ternura, encuadre, el uso del retrato, el paisaje natural y humano de la cotidianidad, hasta lo popular y lo kitsch, se complementaron para otorgarle un carácter particular a la fotografía cubana al elevar la realidad a la altura del arte . 

Entender este panorama facilita comprender porque sin perder la identidad personal y propiciando a la vez una unidad en el conjunto, la muestra Cuba: imágenes de una Revolución nos ofrece la posibilidad de apreciar en la obra de Raúl Corrales, el simbolismo, el poder de síntesis y  la capacidad de entregarnos los detalles por el uso escultórico en el tratamiento de la luz. Alberto Korda, inmerso en el torbellino de la historia, siempre fue en busca de la belleza, estilo y mirada muy particular que en la versatilidad de su obra, otorga a su fotografía una fuerte carga humanista. 

Corresponsales de guerra, siempre vinculados a la prensa pero con fuerte apego a ese casi sinónimo de fotografía que es el retrato, Salas, Salitas y Liborio, nos acercan al gesto, a la riqueza expresiva y a la memoria personal. 

La unidad en la diversidad es una de las categorías que tipifica al arte del Continente latinoamericano y caribeño y el conjunto fotográfico que constituye esta muestra que llamaremos de la épica revolucionaria o documentalista o testimonial, por su honestidad y democratización le otorgó un nuevo valor a las imágenes, pero mejor que cualquier otro argumento, por rotundo y categórico que este sea, resulta la opinión de Fidel a propósito del valor de la imagen de esa época, expresada durante una conversación sostenida en el Palacio de la Revolución con Corrales, Korda, Salitas y Liborio, en el año 2000, cuando afirmó: Gracias a ustedes nosotros existimos. 

Presentación de la muestra Cuba: imágenes de una Revolución en 2007 en Alemania.                    

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600