Año VI
La Habana

29 de DICIEMBRE
al 4 de ENERO
de 2008

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NOTA DEL DISCO

Harold López-Nussa: “canciones”

Leonardo Acosta • La Habana

 

No hay mejor manera de titular este CD: “Canciones”, tal como ha hecho el pianista Harold López-Nussa. Porque de eso se trata y no hay que complicar las cosas como le gusta a tantos musicólogos o semiólogos. Aquí encontramos, en un sólo disco, canciones de cuatro generaciones de músicos cubanos, más un brasileño y un argentino.

Pero si bien se trata de canciones, también es música puramente instrumental, o sea, son “cantadas” por los instrumentos. Esto incluye la danza para piano del más clásico de nuestros compositores, Ignacio Cervantes, titulada “Los muñecos”, que muy probablemente fuera concebida por su autor a partir de alguna canción hoy olvidada. ¿Por qué Cervantes? Acaso porque este CD, entre otras cosas, está concebido como “música de cámara”, aunque basada primordialmente en temas populares, tal como lo habría hecho Cervantes en su tiempo. 

Al tratarse de una música instrumental que sabe realzar los valores melódicos de cada pieza, pudiera pensarse que se trata de una “música ligera” como la que difunden los programas de Smooth Jazz (jazz suave) o “Easy Listening” (fácil de oír) en los Estados Unidos, o los de Radio Enciclopedia en Cuba. Nada más erróneo, pues se trata de una música de sutil complejidad y riqueza no sólo melódica, sino también armónica, rítmica y polifónica. Empleando distintos formatos, básicamente de jazz afrolatino, y en ocasiones un cuarteto de cuerdas clásico y con arreglos de inusitado rigor en la conducción y empaste de las voces, Harold logra una música que conjuga equilibrio y transparencia con la fuerza y fluidez rítmicas. 

A contrapelo con la mala costumbre de la crítica musicográfica de parcelar la creación musical según los mitos genéricos y la compartimentación de “culto-popular”, “artístico-comercial”, “folklórico-profesional” y otros patrones inoperantes en la práctica, López-Nussa da un tratamiento poco usual a cualquier género (bossa nova, bolero tradicional, feeling, canción rock, nueva trova) y los inscribe como lo que realmente son: Canciones. También rompe con el esquema jazzístico básico (tema-variaciones improvisadas-tema) y trata cada canción como una composición estructurada, alternando los solos dentro del propio tema o en pasajes contrapuntísticos, o bien empleando bloques armónicos y variaciones rítmicas que pueden evocar diferentes géneros, que mezcla con desenvoltura. Más a pesar de todo, logra que lo complejo resulte en apariencia fácil, agradable y refrescante. 

Precisamente, el hecho de que el resultado musical sea fácil de escuchar y disfrutar (por compleja que haya sido su realización) no implica nunca facilismo ni comercialismo alguno; por el contrario, es una combinación de buen gusto con el profesionalismo que posibilita una factura inteligente, y en eso radica el secreto de su disfrute. Es una música que respira con naturalidad, con frescura, lirismo y audacia. Por ejemplo, un clásico bossa nova de Antonio Carlos Jobim es interpretado sustituyendo el patrón rítmico básico por una combinación de compases ternarios y binarios, a lo que se agregan contrastantes cambios de tempi, sin que se pierda el lirismo fundamental del número. De manera similar y con el formato clásico del trío de jazz (piano, bajo, batería), se interpreta a Miguel Matamoros, creador del bolero-son, con una base rítmica de danzón. 

Asimismo, “Para vivir” de Pablo Milanés posee una atmósfera que oscila entre la salsa y el jazz afrolatino, mientras “Para Bárbara” de Santiago Feliz es casi una pieza de música de cámara, en la cual predominan los pasajes a dúo (en unísono o contrapunto) entre el clarinete y el piano. “Bailando suiza”, del propio Harold, está más en la órbita del Latin jazz, con trompeta y una típica sección rítmica afrolatina: piano, bajo, batería y percusión cubana. Los dos siguientes números son de especial interés en cuanto a su instrumentación, pues ambos combinan un cuarteto de cuerdas, dos violines, viola y cello, con instrumentos de viento, saxo soprano y clarinete bajo, en “Detrás  del cristal”, de Carlos Varela; y clarinete, saxo alto, fliscorno y trombón en “11 y 6” de Fito Páez. Ambas combinaciones resultan poco comunes en la música popular, por lo cual sorprende la destreza de Harold al manejar el movimiento de las voces y el empaste de los timbres como los más consagrados arreglistas de jazz.

Lo curioso en el tratamiento de estas dos canciones es que precisamente en la de Carlos Varela es donde Harold crea cierta atmósfera de tango, a través de diversos elementos: los ostinatos del piano, la densidad y presencia de las cuerdas, la primacía de los componentes melódicos y el trabajo de ensemble del final, en una pieza muy bien estructurada. Y sin embargo, en la canción del argentino Fito Páez, el ritmo nos trae resonancias del chachachá, tanto en la base rítmica como en los pasajes de soprano y clarinete apoyados por las cuerdas, que dan paso al solo jazzístico del pianista. Deliberado o no, este enfoque heterodoxo en torno a las “Canciones” tiende a dinamitar todos los géneros, o mostrarlos como lo que son: etapas de un devenir histórico, proclives a mezclarse y hasta fusionarse, pues el sujeto de esa historia es la música y no la sacralización de una u otra etapa, corriente o moda (en el peor de los casos). 

No otro es el caso de “Contigo en la distancia”, cuya melodía es interpretada por el pianista casi literal y “religiosamente” como le gustaría a su exigente autor. Sin embargo, el ritmo de bolero es marcado por el bongó a la manera de los conjuntos de Roberto Faz o el Casino, que fueron los que convirtieron la canción-feeling en el bailable “bolerón” (que es en definitiva una variante nuestra de la canción). Más libre es la versión de “Causas y azares” de Silvio, interpretada en un regocijante híbrido de rumba y jazz, con vibrantes pasajes de los metales, trompeta, trombón y saxo tenor, alternando con breves pero excelentes solos un poco a manera de “comentarios”. Y por cierto, la consistencia y las ideas improvisatorias de todos los solistas indican que Harold se ha rodeado de varios de los mejores jazzistas jóvenes del país. En la pieza final de Ignacio Cervantes, por cierto, el talento pianístico de Harold López-Nussa, en evidencia durante todo el CD, es puesto a prueba exitosamente al ser interpretado a cuatro manos junto a otro pianista más experimentado: Ernán López Nussa. 

“Canciones” viene a sumarse a esa heterogénea y amplia corriente actual de la música-y músicos- cubanos que felizmente optan por la calidad y la belleza artística combinando con sabiduría la tradición con la innovación, sin rehuir ni amedrentarse ante la asimilación creadora de lo mejor y más progresista de la música universal. Estas “Canciones” representan el talento y el esfuerzo de nuestros mejores músicos de hoy por mantener un rico legado amenazado en estos tiempos nefastos por el mercantilismo del pop globalizado y de sus mediocres seguidores del patio. Porque se trata de una música que sin dejarse tentar por el fácil y estéril virtuosismo, se erige como antídoto contra la retrógrada corriente de estridencia, facilismo y complacencia de los cultores del ruido y la distorsión, que desde el techno y el reggaetón promueven cualquier engendro musical como herramienta universal de una infantiloide sensibilidad (o insensibilidad). 

Este CD es una muestra del mejor antídoto: es una música inteligente, justo lo que necesitamos en este agresivo siglo XXI.

 
EN MP3  
 

CANCIONES
Harold López-Nussa

 

 

1. Para Bárbara - Santiago Feliú                           0.29
2. Bailando Siuza - Harold Lopez Nussa              0.49
3. Los muñecos - Ignacio Cervantes
(arreglo de Ernán Lopez Nussa)                        0.34
 
 

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La Habana, Cuba. 2007.
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