Año VI
La Habana

3 al 9 de NOVIEMBRE
de 2007

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Del azogue y los espejos

Isabel Moya • La Habana
Fotos: Sandra Álvarez Ramirez

 

Receta para construir una mujer global:

• Tome unas gotas de Amarige de Givenchy.
• Un poco de crema antiarrugas de Clinique.
• Una porción de extracto revitalizante para el cabello de L Oreal.
• Mézclelo cuidadosamente para que no haga grumos.
• Distribúyalo sobre un cuerpo femenino de 1. 80 metros con 90, 60, 90 centímetros de pecho, cintura y caderas respectivamente, preferiblemente blanco y rubio.
• Si no encuentra fácilmente este producto en el mercado, puede recurrir sin remordimientos a silicona y colágeno, extraer algunas costillas o realizar lipoescultura.
• Salpimiente con algo exótico a gusto.
• Cueza a fuego lento en un caldo con algo de consumismo, fin de las ideologías y la historia u otras hierbas...
• Sirva enfundada en Dona Karan, Agata Ruiz de la Prada, Dior, Armani… de acuerdo a su presupuesto.

Aunque mi propuesta de “receta” pueda parecer solo un ejercicio irónico, no está muy alejada del paradigma que los centros hegemónicos androcéntricos de poder económico, político y mediático presentan como modelo de lo femenino en tiempos de globalización neoliberal y postmodernidad. Y expresa, metafóricamente, como ese paradigma se explicita simbólicamente en la publicidad, una de las expresiones de la comunicación masiva que propició el nacimiento en EE.UU de los mass media research, a principios del siglo XX, investigaciones que se consideran iniciadoras de los actuales estudios de comunicación.

Pero no me voy a detener en el modelo ni en las imágenes con el que se presenta, o en la manera en que también se diseñan los cuerpos masculinos porque lo abordaré más adelante. La intención de mis reflexiones iniciales es provocar el debate sobre la investigación comunicológica con enfoque de género en los contextos mediáticos globalizados.

Se habla con entusiasmo de los kilómetros de fibras óptica que recorren el mundo, de los satélites que permiten chatear en tiempo real con desconocidos en el otro extremo del planeta, de la transmisión en directo de la invasión estadounidense a Iraq como si se tratara de una saga de la taquillera Guerra de las Galaxias de George Lucas. La comunicación masiva despierta pasiones encontradas: se etiqueta nuestro tiempo como el de la sociedad de la información y se ponderan los mass media como la expresión cultural por excelencia de nuestros días, o por el contrario, se le demoniza como la culpable de la violencia y la enajenación que priman en el planeta. En lo que sí coinciden tanto los apocalípticos como los integrados es en la centralidad de los medios.

En este contexto se presentan a las y los investigadores de la comunicación en América Latina varios retos, en primer lugar desmarcarse del discurso teórico homogenizador, generado desde los centros tradicionales de poder, y situar de qué modo la globalización comunicacional tiene lugar en el continente y cómo se involucran las audiencias, los públicos, los receptores, los perceptores, consumidores o usuarios según los definen las diferentes escuelas. Entre estas posibles líneas de investigación me interesa particularmente la incorporación del enfoque de género a los estudios comunicológicos no simplemente como un concepto tomado de la sociología para hacer investigaciones instrumentales o estar a la moda. Se impone eludir lo que se ha denominado el autismo epistémico y abrirse a otras dimensiones de las ciencias sociales.

Aunque nacidas en dos momentos diferentes del siglo XX, la Teoría de la Comunicación y la Teoría del Género entraron en las Ciencias Sociales marcadas por la polémica acerca de su cientificidad y provocando la desconfianza y la ojeriza de la academia más ortodoxa.

Solo en los últimos años han ido ocupando un espacio en ese ámbito porque sus respectivos objetos de estudio han ganado protagonismo en el mundo contemporáneo. En el caso de la Comunicación, por la necesidad de comprender la producción, distribución y recepción del conocimiento y la información que se produce en el ámbito mediático, que en apenas 100 años ha multiplicado sus soportes y lenguajes hasta hablarse hoy de una sociedad de la Información, y en el de la Teoría de Género, por la urgencia de entender la manera en que se estructuran y sostienen las relaciones entre los individuos sexuados. Los medios de comunicación y la teoría de género se han convertido en elementos clave para explicar y explicarnos el mundo en que vivimos.

Las confluencias entre la Teoría de la Comunicación y la del Género no se remiten a su condición de marginales para ciertos estudiosos, ni a coincidencia temporal o al azar concurrente, sino que se constituyen en dos saberes que pretenden analizar la construcción social de sentido y que se interrelacionan en los ámbitos de las edificaciones simbólicas.

La comunicación masiva se ha transformado en industria pesada , en una posición que puede resultar ambigua, pero que se considera hoy estratégica. Se ha constituido en un espacio desde donde se construye y negocia el poder.

El género ha sustentado movimientos sociales, cátedras universitarias, ministerios, organismos de Naciones Unidas y se ha incorporado incluso a lo considerado “políticamente correcto.” Su emergencia coincide con la llamada crisis de los paradigmas que ha provocado un cuestionamiento profundo del sujeto y de sus referentes, por lo que se han constituido en preocupación de las ciencias sociales las formas y procesos a través de los cuales se produce la construcción de lo femenino y lo masculino y las relaciones entre ellos. Por supuesto, que el sujeto es una construcción que no se reduce al género, pero es esta la dimensión principal que consideraré en este ensayo.

Estudiar entonces los nexos entre la teoría de la comunicación y la teoría de género se constituye, por una parte, en una necesidad de ambos saberes, pues las investigaciones comunicológicas que utilizan o pretenden utilizar el enfoque de género abundan cada vez más, al igual que proliferan las investigaciones que desde el género estudian procesos comunicacionales. Gurúes de las últimas tendencias en los estudios de comunicación como Jesús Martín Barbero o Pierre Bourdieu han dedicado dentro de su obra una mirada a los estudios de género; el español con una investigación de imagen de trascendencia en la sociedad española y el francés con un título imprescindible en los estudios de género, en general, y en los de masculinidad en particular .

Por otra parte, coincido con Barthes y Derrida quienes postularon que “deben abandonarse los actuales sistemas conceptuales basados en nociones como centro, margen, jerarquía y linealidad y sustituirlos por otras de multilinealidad, nodos, nexos y redes.”

En los últimos tiempos expertos y expertas en las dos materias han coincidido en el carácter interdisciplinario de estas teorías y en las posibilidades de enriquecimiento de su aparato conceptual e instrumental al cruzarse con otras áreas del conocimiento. Juan Carlos Volnovich afirma que entre los desafíos actuales de la teoría de género está precisamente el desafío interdisciplinario para eludir el esencialismo. Ana Sánchez profesora de Filosofía y Lógica de la Universidad de Valencia sostiene que la ciencia occidental es un reflejo de la forma de concebir el mundo por parte de una fracción de la población representada en el varón occidental, blanco, de clase media alta… y que las consecuencias de esto es una construcción dicotómica que contempla la separación entre sujeto y objeto, entre la naturaleza y la cultura, entre objetivo y subjetivo…construcción que se halla en la base epistemológica del reduccionismo de la ciencia hasta finales del siglo XX. Por ello señala que la respuesta ante esta postura androcéntrica y occidentalcéntrica sería proponer modelos interactivos con otros conceptos de la causalidad, casi nunca lineal sino múltiple, donde cuenten las diversas relaciones de dominación entre las partes y el todo y más interesada en la comprensión que en la explicación. Ester Massó de la Universidad de Granada en esta misma dirección postula que “las reflexiones acerca del género y sus vinculaciones están poblando multitud de campos teóricos y generando hipótesis novedosas constantemente.”

Por su parte, en relación con la comunicación Miguel de Moragas ha apuntado la necesidad de una visión que involucre criterios conceptuales de otras ciencias sociales al defender que “la investigación sobre comunicación de masas es, propiamente, un conjunto de investigaciones aplicadas que, son el resultado de irregularidades y descompensadas aproximaciones a un objeto que, de hecho, es común a diversas ciencias sociales”. María Inmaculada Vasallo asegura que la teoría de la comunicación se plantearía “no tan solo como verificación de hipótesis, sino principalmente de la construcción de enunciados originales sobre los fenómenos comunicacionales.” Nicolson escribe que la “perspectiva metodológica para la investigación de la comunicación debería emplear de manera integrada métodos, técnicas y criterios conceptuales procedentes de diversas áreas del conocimiento.”

Javier Esteiman en un análisis sobre la CIESPAL y la formación de imaginarios de comunicación en América Latina asevera que las investigaciones de comunicación quiebran sus fronteras teórico metodológicas tradicionales que analizan la comunicación desde sí misma e inician una gradual ruptura conceptual a partir de la lenta asimilación de los aportes de la economía, la historia, la antropología.

Sin embargo, la incomprensión nacida del desconocimiento acerca de los postulados del feminismo y de la Teoría de Género, la burla esgrimida como defensa ante esta mirada que cuestiona elementos clave constitutivos de nuestra subjetividad como seres sexuados, y el reduccionismo que hiperboliza determinadas aristas de este enfoque para desvirtuarlo son algunas de las reacciones que todavía despierta la Teoría de Género en el mundo de los medios de comunicación, e incluso, en ciertos sectores de la academia.

La “generofobia” que a veces se encuentra entre algunos estudiosos de la comunicación se contextualiza en la resistencia, que de manera general provoca la renovación epistemológica que el género propone, al reconocer el papel de la subjetividad en la elaboración del saber científico. La objetividad y neutralidad que la concepción ilustrada de la ciencia postuló, y que luego la modernidad asumió plenamente, es cuestionada por el feminismo académico que devela que esa supuesta neutralidad se fabricó desde vivencias masculinas. La comunicación de masas por su parte, hizo de la objetividad y neutralidad un pilar para sustentar su lugar en la sociedad contemporánea y aunque hoy, ese mito, esta cayendo por su propio peso, sigue constituyendo uno de los puntos neurálgicos en las diferentes escuelas de comunicación. Objetividad versus subjetividad para ser, para muchos, la cuestión.

Sin embargo, como afirma Canclini “en las ciencias sociales es particularmente grave, aunque no solo en ellas, la omisión de la diversidad de experiencias, de rutas cognitivas y discursivas.” Jesús Martín Barbero va más allá al situar a la comunicación como un ámbito en el que gnoseológicamente se entrecruzan las ciencias sociales ante la ya mencionada crisis de los modelos del siglo XX al sostener que “la razón comunicativa aparece en el centro de la reflexión social llenando el vacío, la orfandad epistemológica producida por la crisis de los paradigmas de la producción y la representación, y proveyendo a la sociedad un potencial de resistencia y orientación del que se alimentan los nuevos movimientos sociales desde los étnicos y ecológicos hasta los feministas.”

He repasado e invocado todo este arsenal de pensadoras y teóricos de ambos saberes, para formular lo que tal vez se considere una herejía en ciertos ámbitos de los medios de comunicación que todavía discuten si el periodismo es un oficio, que se adquiere por osmosis en las redacciones, o una “profesión liberal”, que se estudia en las universidades. Estableciendo una dicotomía excluyente entre la práctica y la sistematización científica, no solo en lo que se refiere a la Teoría de la Comunicación propiamente dicha, sino a otras disciplinas en las que se incluye la Teoría de Género.

Más allá de los fundamentalistas, me interesa reivindicar la interdisciplinariedad de estas dos teorías y los nexos que se establecen entre ellas, pues sostengo que la Teoría de la Comunicación y la del Género establecen una relación sinérgica. En mi opinión, estos nexos e interrelaciones se centran principalmente en los ámbitos empírico, teórico conceptual, metodológico y epistemológico.

A TRAVÉS DE LAS ENCRUCIJADAS

El género ha sido abordado desde diferentes saberes y se ha utilizado para analizar la organización social de las relaciones entre hombres y mujeres (Rubin, 1975; Barrett, 1980; MacKinnon, 1987); para investigar la reificación de las diferencias humanas (Vetterling Braggin, 1982; Hawkesworth, 1990; Shanley y Pateman, 1991); para conceptualizar la semiótica del cuerpo, el sexo y la sexualidad (Folcaut; De Lauretis, 1984; Suleiman, 1985; Doane, 1987; Silverman, 1988); para explicar la distribución de cargas y beneficios en la sociedad (Walby, 1986; Connell 1987; Boneparth y Stoper, 1988); para ilustrar las microtécnicas del poder (De Lauretis, 1987; Sawicki, 1991); para iluminar la estructura de la psique (Chodorow, 1978); y para explicar la identidad y la aspiración individuales (Epperson, 1988; Butler, 1990), para ilustrar la división social y sexual del trabajo vinculada a la célula básica de la sociedad (Engels). Las discusiones sobre el género en historia, lenguaje, literatura, artes, educación, medios de comunicación, política, psicología, religión, medicina y ciencia, economía, antropología, derecho y otras se han convertido en temas del debate contemporáneo.

Por mi parte, defino la Teoría de Género como el saber que devela que el ser mujer u hombre más allá del hecho biológico es el resultado de una construcción simbólica que se erige sobre los cuerpos y las subjetividades de sujetos sexuados que se constituyen en la historia y que adquieren su identidad en un movimiento relacional y complejo de interacciones sociales, a la vez que constituyen un ethos particular. Este proceso sociocultural y subjetivo denota relaciones jerárquicas de poder, en contextos concretos e históricamente determinados, y signa el proceso de interacción entre los seres humanos en el ámbito doméstico, privado y público. Esa construcción de sentido esta a su vez condicionada por la raza, la clase, la etnia, la diversidad sexual, la discapacidad y otras tipificidades de la condición humana.

Sobre las diferencias biológicas entre hombres y mujeres se elaboró un discurso apoyado en mitos, creencias, asignación de roles, normas, leyes, teorías científicas que refrendó y naturalizó como inferior a las mujeres y lo considerado femenino. La diferencia biológica se constituyó en desigualdad y discriminación en las prácticas culturales, políticas, económicas, sociales y en el quehacer cotidiano Joan Scott es de las primeras teóricas que evidenció este aspecto del género al señalar que es un elemento constitutivo de relaciones sociales basadas en diferencias percibidas entre los sexos, y es también una manera primordial de significar relaciones de poder. Al explicar el género como un elemento constitutivo de las relaciones sociales, Scott enfatiza que el género opera en múltiples campos, incluidos los símbolos culturalmente disponibles que evocan múltiples representaciones, los conceptos normativos que exponen interpretaciones de los significados de los símbolos, las instituciones y organizaciones sociales y la identidad subjetiva. Según Scott, el género es una herramienta útil de análisis porque "proporciona una manera de decodificar el significado y de entender las conexiones complejas entre varias formas de interacción humana”.

Y he aquí, en mi opinión, uno de los nexos teórico conceptuales del género y la comunicación a partir de la relación que se establece en el ámbito simbólico entre el discurso mediático y el sujeto, el estatus de este sujeto en la producción de sentido de lo que consideramos masculino y femenino, y en la posterior representación social y mediática de ser hombre o ser mujer.

Pero veamos esta relación no solo desde de las definiciones de género y detengámonos en las del proceso comunicativo, que se ha tratado de explicar desde el funcionalismo, el estructuralismo, el interaccionismo simbólico, la teoría crítica y los estudios culturales, entre otras escuelas de pensamiento. Con elementos provenientes tanto de la lingüística como de la cibernética, del materialismo histórico o la psicología, la Teoría de la Comunicación ha configurado un bagaje semántico híbrido que se remonta a las visiones organicistas del siglo XIX.

La historia de los estudios de comunicación está signada por el predominio de paradigmas que, sin duda, han ido marcando hitos en la evolución de esta Teoría.

¿Dónde me sitúo yo? ¿Funcionalista? ¿Apocalíptica o integrada? ¿Culturalista? ¿Neofrackfurtiana? Les confieso que me afilio a las definiciones de Teoría de la Comunicación que potencian que es una práctica cultural y un espacio de producción y negociación de sentido condicionada y a su vez condicionante de procesos y contextos socioculturales, políticos y del devenir cotidiano.

Los procesos comunicacionales se articulan a nivel individual, grupal y de toda la sociedad y se establecen como un eje plural de matrices culturales y espacio donde se explicita el poder hegemónico.

Reivindico esta atribución de sentido como una relación dialéctica efectuada en los nodos de la integración social y signada por un entramado complejo de mediaciones.

Asumo entonces la teoría de la comunicación en el proceso complejo de articulaciones con todas las manifestaciones de la superestructura social de la cual es una manifestación a la vez que uno de los elementos que la presupone.

Si coincidimos en que los medios son reproductores del pensamiento dominante en cada realidad específica, constructores del universo simbólico, y que van más allá de la utilización de determinados recursos expresivos o técnicos, para resultar esencialmente un proceso de producción compartida de significados a través de los cuales los individuos dotan de sentido sus experiencias; coincidiremos también en la influencia de los medios en la conformación de lo femenino y lo masculino y, a su vez, en el condicionamiento que estas visiones ejercen en la construcción, emisión, resignificación, apropiación y rechazo de los mensajes.

Vuelve a evidenciarse el nexo teórico conceptual entre la Teoría de Género y la Comunicación que ya señalaba cuando nos deteníamos en las definiciones de género. No olvidar que toda relación social se estructura simbólicamente, y todo orden simbólico se estructura a su vez discursivamente. La comunicación masiva se constituye en constructor de las subjetividades que el poder hegemónico requiere para perpetuarse.

Michelle Mattelard destaca que “hoy en día el debate interno del feminismo se une al debate que se desarrolla, desde hace ya algunos años, sobre la arena de la teoría crítica de los medios de comunicación. Las implicaciones de tal debate se articulan alrededor de la cuestión del poder de los medios, del poder de las imágenes, de los modelos que ellos hacen pasar…”

Aunque sé que existe cierta moda comunicacionista, no me afilio a ella, opino que la comunicación es un ámbito articulador entre diferentes saberes que tratan de estudiar los comportamientos humanos y sociales.
Epistemológicamente considero que se imbrica con la Teoría de Género porque se sostienen en los mismos paradigmas teóricos-críticos y culturales como ya hemos visto en el análisis teórico y han bebido del materialismo dialéctico, la antropología, la sociología, la psicología y la lingüística en la conformación de su propio corpus.

Coinciden también en que se enmarcan dentro de los saberes que estudian el comportamiento humano y se detienen particularmente en los expresivos más que en los ejecutivos, o sean viajan a través de las construcciones de sentido y sus representaciones contextualizadas en la red de interacciones sociales, por lo que ineludiblemente, se entrelazan de manera dialéctica.

En el plano metodológico la comunicación que nació muy marcada por la visión funcionalista y por los métodos cuantitativos para determinar efectividad ha transitado a reivindicar la metodología cualitativa y en los últimos tiempos se aprecia una tendencia a la triangulación metodológica. Lo cual se debe a la apertura y asunción de la dimensión cultural a la hora de abordar los procesos comunicacionales.

Los estudios de género postulan la metodología cualitativa de manera preferente, y algunas técnicas como las historias de vidas han sido un aporte a estas metodologías. Recordemos que una de las revolucionarias propuestas epistemológicas del género es asumir que lo vivencial forma parte de la realidad, que la objetividad es subjetividad y viceversa. Confluyen de nuevo ambos saberes en este caso en los nodos metodológicos.

En el plano empírico los actuales estudios de género y comunicación generalmente no rebasan una visión funcionalista e instrumental que sirve a la denuncia y la sensibilización. Una revisión de los estudios e investigaciones, de los temas de los debates en congresos internacionales y de las publicaciones arroja un predominio de trabajos de tipo empírico-pragmático, que no subestimo pero que resultan parciales.

Estas investigaciones de género y medios de comunicación a las que me he referido se detienen en tres asuntos básicos: imagen, la presencia como comunicadores/as, y por último los procesos de recepción.

Los estudios que más abundan son los relacionados con la imagen, sobre todo imagen de la mujer en los medios noticiosos, en la publicidad, los audiovisuales, internet y otros soportes. Mi propia obra investigativa no escapa a esta tendencia.

Varias pudieran ser las razones del predominio de la relación mujer y medios: los womem studies iniciaron los análisis de género —incluso en determinados contextos erróneamente género se utiliza como sinónimo de mujer— al ser ellas los sujetos que sufrían la opresión recurrieron a todas las herramientas que les permitiera evidenciar ante la sociedad las formas en que se legitima culturalmente la subordinación.

Desde el punto de vista de las investigaciones de comunicación prima aún el uso instrumental de análisis de los mensajes y como la teoría de género es deudora de los pensadores de la Teoría Crítica, lo que en los medios tuvo uno de sus máximos exponentes en la Escuela de Frankfurt y la denuncia de las industrias culturales, encontraron un terreno de confluencias e identificaciones que tributaba a sus intereses.

Otra posible causa debe verse en el poder de sensibilización que permite el proceso de deconstrucción de las imágenes mediáticas, pues resultan un referente conocido popularmente con códigos asentados en la llamada cultura de masas, a diferencia del lenguaje académico.

Los estudios de imagen han sido además de gran utilidad para la denuncia de la discriminación de las mujeres que han permitido entre otras acciones la creación de observatorios de comunicación y la instrumentación de regulaciones sobre el uso de determinados recursos expresivos peyorativos o denigrantes de las mujeres en las leyes y los códigos de ética de las empresas de comunicación.

La madurez y experiencia alcanzada en este sentido hace necesario asumir análisis sobre la imagen y presencia masculina, pues recordemos que género no es sinónimo de mujer, y abordar otros aspectos como el proceso de construcción de los mensajes, las rutinas productivas, el proceso de recepción y el complejo fenómeno de las mediaciones.

En el caso cubano los estudios son pocos y la mayoría se ha realizado en los últimos cinco años. Al igual que en el resto del mundo predominan los estudios de imagen. Precisamente una de las recomendaciones del Plan de Acción de la República de Cuba a la Conferencia de Beijing en el acápite de Medios de Comunicación es aumentar las investigaciones en este campo.

Todo ello señala que urge sistematizar un saber teórico que permita a las y los investigadores de ambos campos relacionar estos aparatos conceptuales para lograr salir de la descripción y poder establecer relaciones, indagar en la causalidad, realizar predicciones, señalar tendencias.

Asumir la dimensión comunicacional y la de género no es sencillamente un dilema intelectual es un imperativo en el propósito de hacer nuestro mundo menos ancho y ajeno.  

 


NOTAS

[1]  Jesus Martín Barbero ha afirmado que el autismo epistémico pretende aislar a los estudios de comunicación de las ciencias sociales construyendo una pseudo-especificidad basada en saberes técnicos, taxomanías psicológicas y estrategias organizacionales. En Martín Barbero, Jesús. Tecnicidades, identidades, alteridades: des-ubicaciones y opacidades de la comunicación en el nuevo siglo. Diálogos de la Comunicación en http:// www.infoamerica.org/teoria/martin barbero 1.htm 

[2] Eco Humberto. Para una guerrilla
 semiológica.Enhttp://www.nombrefalso.com.ar/materias/apuntes/html/eco_2.html

[3] Martín-Barbero. Jesús. La comunicación, centro de la modernidad. Una peculiar relación en América Latina. En Telos No 34. 1996. http://www.campusred.net/telos/anteriores/num_036/index_036.html?opi_perspectivas5.html

[4] Martín Barbero, Jesus. Nosotras y vosotros según nos ve la televisión.  Imágenes de las mujeres y los varones en los programas y anuncios televisivos(1992-1994) En Instituto de la Mujer. Síntesis de Estudios e Investigaciones del Instituto de la Mujer. Madrid, 1994.

[5]  Me refiero a La dominación masculina. París. 1998. Igualmente importante en los estudios de género resulta su obra El sentido Práctico. Taurus. Madrid, 1991.

[6] Citado por Antonio Pasquali, Roberto Hernández Montoya, Jorge Gómez e Ivan R. Méndez en el texto escrito para el Foro El idioma en la Internet, organizado por el Celarg el viernes, 23 de abril de 2004. http://www.cip.cu/webcip/servicios/estasem/articulos/2004/octubre/29/Cie/1029Cie3.html  oct 2004

[7] Volnovich. Psicoanálisis, estudios feministas y género. Ponencia presentada en las II Jornadas de Actualización Feminidad, masculinidad, nuevos sujetos y sus prácticas.  Foro de psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicologos de Buenos Aires. 2 de noviembre 1996.

[8] Sanchez, Ana. La cuestión del género desde la perspectiva de la construcción del conocimiento. http://www.imim.es/quark/num27/027077.htm

9 Masó, Esther. Citado por Trejo, Raúl en Apreciar y estudiar a los medios: Quimeras e insuficiencias en la era de la globalidad. Revista Etcétera 2002. http://www.etcetera.com.mx/ensayoslist.esp
 
[10] Moragas, Spa M, Teorías de la comunicación, Barcelona, Gustavo Gili, 1990

[11]Citado por Trejo, Raúl en Apreciar y estudiar a los medios: Quimeras e insuficiencias en la era de la globalidad. Revista Etcétera 2002. http://www.etcetera.com.mx/ensayoslist.esp

[12] Idem

[13] Esteiman, Javier. CIESPAL y la formación de imaginarios de la comunicación en América Latina. En Revista Razón y Palabra. Feb-marzo 2002.
http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n25/jesteino/html

[14] García Canclini,

[15] Martín-Barbero. Jesús. Idem.

[16] Ver Hamkesworth, Mary: Confundir el género, Cendoc-Cidhal, mar. 2001. Este ensayo apareció originalmente en Signs: Journal of women in Culture and Society, 1997, v. 22, n. 3.

[17] Scott, Joan: El género una categoría útil para el análisis histórico, American Historical Review, 1986.

[18] Esta definición es hija de los estudios culturales, de teóricos como Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini, Elizabeth Osorio, Eliseo Verón. Mi definición es deudora también de los trabajos de Armand y Michelle  Mattelard , de Gramsci entre otros.

[19] Mattelard, Michelle. Mujeres, Poder, Medios; aspectos de las crisis en Mujer y Medios de Comunicación. Centro de la Mujer Peruana. Flora Tristán, 1994.

[20] Editorial de la Mujer.  Plan de Acción Nacional de Seguimiento a la Conferencia de Beijing. República de Cuba.1999.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600