Año V
La Habana

17 al 23 de MARZO
de 2007

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Crónica de un encuentro no anunciado

Kaloian Santos Cabrera • La Habana
Fotos: Cortesía del Autor

 

“No doy nada que sirva de titular”, dice entre carcajadas unos días después de cumplir 80 años para romper el cerco de insistentes reporteros. Gabriel García Márquez aparece por sorpresa en la sala Che Guevara de la Casa de las Américas para condecorar a Pablo Milanés con la medalla Haydée Santamaría. Ante el encuentro no anunciado los pocos que estamos en el recinto quedamos absortos. La ceremonia fue rápida, sentida. Y el escritor, junto al bardo, se hizo protagonista de la velada.

Fue uno de esos momentos en los que damos cualquier cosa con tal de poseer, por unos instantes, el don de la ubicuidad. No podía dejar escapar a Pablo, el homenajeado; pero tampoco al joven de ocho décadas en el año 40 de su novela Cien años de soledad y 25 de otorgársele el Premio Nobel. Siempre ha sido una moda festejar los aniversarios cerrados. Además, estoy casi seguro de que esa oportunidad es de las que no se repiten. Aunque el Gabo haya confesado ese día que estar en nuestro país es una felicidad que tiene a cada rato. “Vivo en Cuba, solo que viajo tanto que estoy poco tiempo aquí”.

Lo acontecido en la misma escena, pero con Pablo Milanés, ya está escrito en el número anterior de La Jiribilla. Ahora me detengo en los instantes con García Márquez. Genial por sus pícaras salidas ante las preguntas. Apunten el dicho: “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Terminada la ceremonia esperó amablemente el acoso de las grabadoras como un reflejo incondicionado… ¿Culpa de la fama?

Alguien se adelantó para indagar si había visto a Fidel. El día del cumpleaños del escritor, 6 de marzo, resultó ser un enigma su paradero. Muchos medios de comunicación especularon que se encontraba en Cuba, junto al Comandante en Jefe. No obstante, declaró el creador del realismo mágico en la literatura haber llegado a la Isla ese día 9 al amanecer; pero manifestó también el deseo de estar con su entrañable amigo, pues “no lo veo desde hace tiempo por su enfermedad, pero estoy seguro de que ya sale de eso”.

Del mismo modo le preguntaron sobre la salida del tomo II de Vivir para contarla, sus memorias. “Lo más importante ―dijo a modo aleccionador― es que tengo que escribirla. Que eso todavía…No, no creo que la escriba”.

Tampoco faltó el mensaje para los jóvenes escritores: “Si son escritores, a lo único que puedo obligarlos es a que escriban,  que no hagan nada mal. Que tengan paciencia que con el tiempo resulta. Al principio uno está muy descorazonado y de pronto eso va creciendo y al final, se arrepiente porque hay que salir corriendo.”

El punto final a la breve “conferencia de prensa” lo puso él luego de la interrogante: ― ¿Entonces no va a escribir más?

En aquel momento fue cuando expresó que no daba nada que sirviera de titular.

Por azar, no sé cómo cuando salíamos de la sala quedé junto a él. Atiné a felicitarlo por el cumpleaños, por el camino labrado durante mucho tiempo. También le comenté que era estudiante de Periodismo y estaba ahí reportando para La Jiribilla. ¿La conoce?, pregunté.

―Sí, ¿Cómo no?

Entonces levantando su índice y quizá, de colega a colega, aconsejó sobre mi vocación: “Ahora tienes tiempo de arrepentirte porque luego no hay quien te salve”.

La visita ―o mejor dicho cuando se trata de amigos―, el regreso de Gabriel García Márquez a Cuba fue rápido. Había estado el pasado diciembre en los festejos convocados por la Fundación Guayasamín a propósito de los 80 años de Fidel. Ahora partió fugaz porque “tengo que ir ―indicó con ironía― a festejar el cumpleaños de alguien que cumple 80 años allá, en Colombia”.

Su sonrisa constante en la velada descubría su complacencia. Fue muy cálido con todos: desde el grupo de reporteros que lo asediamos con preguntas hasta los que se le acercaron para retratarse. Curiosamente no vi a nadie pedirle un autógrafo.

El autor de La soledad de América Latina, El amor en los tiempos del cólera, Crónica de una muerte anunciada y otros muchos títulos no es muy dado a las entrevistas, tampoco a los agasajos. Pero hace rato, mucho rato, por razones sobradas le es casi imposible escapar de los cumplidos; y menos durante este año. Sin embargo, tuve la impresión aquella tarde de que Gabriel García Márquez posee una forma sui géneris de lidiar con la fama: Trata a todos con cortesía, como si fueran tan “Premios Nobel” como él, como si los conociera desde hace mucho tiempo.

 
RECIBE Pablo MILANÉS la MEDALLA HAYDÉE SANTAMARIA
GALERÍA DE IMÁGENES
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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