Año V
La Habana

18 al 24 de NOVIEMBRE
de 2006

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Sobre Circunloquio
Víctor Fowler La Habana


“Pocas veces un poeta es destinado a (o escoge como destino) hacerle preguntas a su tradición. Lo más común, sin demérito alguno, es que nos atrapen los “temas”, espejos que al final no son sino el entorno circunstancial de la poesía. En esta dirección es simple ser correcto y, con un poco más de trabajo, hasta incorrecto se puede ser. En cambio, cuando de lo que se trata es de interrogar a la tradición, perforar un pasadizo, el mero intento de ser es terriblemente difícil, casi sobrehumano. El camino de este poeta (¡allá él!) está lleno de resbalones, errores, desmesuras de la materia al provocar cosas. A veces retumba, es cierto, confunde y hasta molesta, pero el problema es cuando a través del caos alcanza a ser vislumbrado un principio de orden; en este caso, problema significa el imperativo ético (en el lector) de darle vuelta a no pocas certidumbres, de nuevamente pensar qué cosa es la poesía, para qué sirve, cuáles son sus fuentes, qué relación hay entre el hombre y el cosmos. Si primero no se hace esto, si se ha perdido la capacidad de admirar, entonces no hay manera de disfrutar lo nuevo, de sumergirse. Con ingenuidad y con arrogancia, dulzura de lenguaje y traqueteo, profundidad y superficie, en esas mezclas, le has devuelto a la poesía cubana cosmos. Lo conseguido es de tal magnitud que asimilo cualquier hilo colgante, ladrillo sin recubrir, cerradura que se traba, verso que yo mismo jamás hubiera escrito: devoro y sigo, me sumerjo, quiero más. Es una sensación que solo se tiene ante el nacimiento de la poesía, el no parecerse a nada ni tener en apariencia conexiones, que no experimentaba hacía ya mucho tiempo: la de estar entre los “elementos”, donde surjen moléculas, en el origen y en el final (que aseguras que no existe)”.

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