Año V
La Habana

7 al 13 de OCTUBRE
de 2006

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A propósito de "Cien horas con Fidel",
de Ignacio Ramonet

Sí es posible la refundación del socialismo
con la autenticidad del socialismo

Alfredo Guevara La Habana


En las primeras páginas del libro, versión última, leo algunas cosas que a pesar de estar unido a Fidel desde los 19 años, no tenia muy claras, y era…, las conocía, pero no las tenía muy claras, sistematizadas recién de otro modo, y es cuánto sufrimiento, cuántas experiencias, cuántos dolores, cuántos desgarramientos estaban ya en su vida, aquel día de septiembre de nuestros 19 años en que ingresamos en la Universidad y tuve el privilegio de conocerle.

Yo ansiaba desde hace mucho tiempo, y sentía, que le faltaba a Fidel un texto como el que tenemos ahora en las manos, y que le faltaba a Fidel porque —y me expongo a decir algo que no sé si diré con exactitud—… porque ni Fidel ni nadie es eterno, y porque nuestra Revolución, que es la Revolución más cercana a nosotros, pero que es parte de una Revolución de una dimensión mucho mayor, dimensión que tiene porque es, en nuestra época, revolución en la mente de la gente, revolución en el saber, revolución en el conocimiento, revolución en el dominio / no dominio del mundo, revolución en la conciencia de si somos y seremos o si no seremos, etcétera, etcétera; y las revoluciones y los procesos históricos —y el nuestro no escapa de esto que pienso— son de un carácter tan laberíntico, tan complejo, tan sujeto a incidencias de diversidad casi infinita, que dejar para el futuro, es decir, para las nuevas generaciones, oscuridad en algunas zonas de nuestra historia y de nuestras acciones, no era justo.

Y me preguntaba ¿por qué?, por qué no llegábamos al punto de reformularnos el conjunto de esas acciones para un período que ya no era tan corto pero tampoco era tan largo, pero yo creo que las cosas han llegado cuando tenían que llegar; y que no era bueno, no hubiera sido bueno que cuando más fuertemente sentí —hablo de mi persona, pero creo que reflejo el sentimiento que tuvieron mucha gente de mi edad en el momento de la desaparición del falso campo socialista, y por lo tanto el derrumbe de un marco de posibilidades para nuestra propia revolución, aunque aquello fuera falso— que era necesario replantearnos todo, porque si el socialismo era aquello, el socialismo no valía la pena y, por lo tanto, si el socialismo valía la pena en nuestro país, si valía la pena en nuestra dirección que fue capaz de reformular una estrategia para las supervivencia y para seguir avanzando, y para seguir defendiendo las ideas que habían inspirado nuestras vidas, yo sentía que era necesario reformularlo y creo que toda mi generación y las generaciones que nos seguían sentían esa necesidad. De ahí tanto pesimismo que invadió como una marea el mundo entero, y yo diré que a nosotros también aun cuando hayamos salido airosos de la peor prueba.

Pero tal vez replantearse —replantearse no es renegar, replantearse es revisar todas las ideas y ver qué es lo válido, por qué han pasado las cosas que han pasado, por qué el socialismo llegó al nivel de deformación, por qué llegó al nivel de debilitamiento que le hizo desmoronarse, etcétera, etcétera. Ese análisis que ha faltado acaso necesitaba primero que Fidel acabara de comprender que tenía que hacer su propia autobiografía, su propia memoria, y en el espíritu en que se ha estado remarcando, que él mismo lo ha ido declarando, de la verdad, la verdad, la verdad. La verdad con análisis, porque la verdad sin análisis a veces no es la verdad. Y pienso que hemos tenido la suerte, que no es solo suerte. Yo me acuerdo que cuando éramos muy jóvenes, un día Fidel me argumentaba una serie de cosas en privado y usó la palabra intuición, de buenas a primeras se detuvo, y dijo: cuidado, no me entiendas mal, intuición en mí es el acumulado de toda la experiencia reelaborada etcétera, etcétera, y entonces se produce como intuición.

Yo creo que era necesario este libro —que comenzó como comenzó, que ha llegado a donde ha llegado, y que yo creo que va a llegar mucho más lejos—, porque tal vez lo más maravilloso que ha pasado es que Fidel comprendió releyendo y releyendo el libro que algo como el libro, o más que el libro, era necesario, porque no somos eternos; y que su mensaje tenía que quedar estructurado y elaborado del modo más coherente posible, y es posible en él; y por eso, pienso, y tal vez dudaba si iba a ser capaz de decirlo como quisiera, ahora sí es posible la refundación del socialismo con la autenticidad del socialismo. De lo contrario, el socialismo no vale la pena. Él ha abierto ya la compuerta a partir de la sistematización de la experiencia que en el libro aparece, de saltar a esa etapa porque sin ese mensaje su obra no estará conclusa.

En las primeras páginas del libro, versión última, leo algunas cosas que a pesar de estar unido a Fidel desde los 19 años, no tenia muy claras, y era…, las conocía, pero no las tenía muy claras, sistematizadas recién de otro modo, y es cuánto sufrimiento, cuántas experiencias, cuántos dolores, cuántos desgarramientos estaban ya en su vida, aquel día de septiembre de nuestros 19 años en que ingresamos en la Universidad y tuve el privilegio de conocerle. Entonces tuve una opinión, que creo que fue lúcida, y que afortunadamente trasmití —aquí cerca tengo a alguien de los que me escuchó decir aquello—. Dije: ha entrado en la Universidad un joven que es un volcán…, y dije otra partida de cosas que no es del caso repetir…, que va a ser José Martí o Dios nos coja confesados. Fue José Martí. No lo comprendí al minuto, y no voy a hacer anécdotas ahora del proceso de observación y el intento de captación que tontamente hacía porque al final fui captado. Pero ahora, leyendo esas páginas, me doy cuenta que me escapó una experiencia, me escapó una observación, por qué aquel joven era tan serio, por qué aquel volcán también daba un golpe de tomarlo todo demasiado en serio. En alguna ocasión contando aquellos días, semanas, meses, primeros años de nuestras vidas en la Universidad, jugué un poco —en un aniversario de la Universidad contaba yo aquellas cosas— de los aspectos un poquitos frívolos, juguetones, de nuestra vida juvenil, las muchachas, los lugares donde nos reuníamos, etcétera, etcétera…, pero transitaba en aquel personaje tomar todo en serio, demasiado en serio, demasiado… dándole demasiada trascendencia a las cosas. El arco de la vida nos ha puesto entre los 19 y los 80, y yo creo que aquel muchacho, porque era un muchacho, éramos unos muchachos, que todo lo tomaba en serio, ha tomado en serio de verdad la vida, y cuando la vida se toma en serio de verdad es cuando uno es de verdad un ser humano. Y esa calidad de ser humano es, aunque parezca un salto conceptual, ser un revolucionario. A Fidel le falta cumplir un deber con todos nosotros y con las futuras generaciones, y es dejar claro que el socialismo es socialismo de veras y no caricatura del socialismo.

(Intervención de Alfredo Guevara en la presentación de la segunda edición, revisada y enriquecida con nuevos datos de Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet, Palacio de las Convenciones, La Habana, 4 de octubre, 2006)

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