Año V
La Habana
30 de SEPTIEMBRE -
6 de OCTUBRE de 2006

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Bola con su sonrisa y su canción
Fernando Rodríguez Sosa La Habana


Paradójica y feliz suerte. No fue un excelente cantante y hay canciones que solo debían escucharse cuando él las interpreta, porque tal parece que hubieran sido creadas para su áspera y ronca voz, salida más que de la garganta del sentimiento. No se consideró un verdadero compositor —"creo que la palabra compositor es demasiado seria y demasiado respetable. Yo he hecho cancioncitas"— y ahí está Si me pudieras querer, por solo mencionar una de sus más permanentes creaciones. No concluyó sus estudios de piano y nadie como él era capaz de adueñarse del auditorio cuando sus dedos se posesionaban del teclado.

Bola de Nieve fue un gran artista. Y no hay temor al utilizar este adjetivo. Quizá, incluso, no ayude a presentarlo en su total magnitud. Los valores de este hombre bajo, grueso, de un negro reluciente, de risa abierta y ojos sinceros, no están ni en una sólida formación académica ni en dotes sobrenaturales. Están más allá, en su Guanabacoa natal, en el sol y las palmas de su isla, en los fértiles cantos africanos, en la ancestral presencia de la madre Inés y en un tenaz estudio realizado con la paciencia de un buen artesano.

Desde Ciudad de México hasta Moscú, desde Lima hasta París, desde Buenos Aires hasta Pyongyang, varios continentes le rindieron honores. Fue nuestro mejor embajador, nuestro mejor representante, nuestro mejor exponente de cubanía. Llevó los cantos negros de Guanabacoa a las distinguidas salas de concierto del mundo. Vistió de frac a la canción cubana, pero la mantuvo auténtica, plena. Fue como si la rumba callejera se convirtiera en sinfonía. Fue un orfebre de nuestra música. Fue un excepcional capítulo de la cultura cubana.

Ay, mamá Inés 

Autor: Eliseo Grenet
 

Aquí etamo to lo negro

que venimos a rogar

que nos concedan permiso para cantar y bailar

¡ay, mamá Inés!, ¡ay, mamá Inés!

Imposible hablar de Bola de Nieve sin recordar a Inés Fernández. La negra fiestera, su madre, quien en el caserón de Guanabacoa organizaba una rumba por cualquier motivo, incluso hasta para celebrar el cumpleaños de Pancho, el virtuoso pavo real que arrastraba lentamente sus plumas por el patio.

Cuentan que Inés llegaba de un toque de santo, se bañaba y se vestía e iba al teatro a ver actuar a Esperanza Iris. Cuentan que frente a una gran batea, cantaba trozos de ópera. Cuentan que ella era el alma de la fiesta, quien incluso un día llegó a empeñar un traje de Ignacito, ya Bola de Nieve, para costear la diversión. Cuentan que era una bailadora de primera, lo mismo de danzón, de son, que de columbia.

Inés era quien llevaba las riendas de la casa. Era hija de Estanislao Bertematti, capataz de los muelles, viejo mayombero. La crió su tía Mamaquica, la misma que la ayudó años más tarde, cuando se casó con Domingo Villa, cocinero de fonda, a criar a su larga prole. Con él tuvo trece hijos, entre ellos a Ignacio Jacinto, quien nació el 11 de setiembre de 1911, en la calle Máximo Gómez 32 esquina a Versalles.


El manisero

Autor: Moisés Simons
 

Maní, maní, maní

que si te quieres por el pico divertir

cómprame un cucuruchito de maní

Domingo Villa tiene sesenta y seis años. Dominguito, como le dicen, recuerda físicamente a su hermano Ignacio. Tiene un inconfundible aire familiar. Ambos pasaron juntos sus primeros años. He aquí sus vitales anécdotas:

“En casa, todo el mundo estudiaba música. Guanabacoa, como algunos otros pueblos, es muy musical. Era difícil encontrar una cuadra donde no hubiera, por lo menos, un piano. Pues bien, Ignacito estudió solfeo y teoría con el profesor Guanche y, más tarde, piano en el conservatorio Mateu. En los actos de fin de curso, me acuerdo cómo el público siempre estaba pendiente de cuando él tocaba. Eso era con diez o doce años.

"Todavía con pantalones cortos, empezó a trabajar como pianista en los cines. Le pagaban un peso por función, que incluía dos películas, cartones, comedias, noticieros. En el receso, le gritaban: 'toca, Bola de Nieve'. Por cierto, eso de Bola de Nieve se lo puso un conocido nuestro, que a mí me decía Melchor. Eso también pasa mucho en Guanabacoa, casi todos tienen un apodo.

"Antes de irse con Rita Montaner para México, vino una época buena. Gilberto Valdés lo vino a buscar para tocar en el cabaret La Verbena, con un sueldo de cinco pesos diarios. Pero había que ir de smoking y no había ni smoking ni dinero para alquilarlo. Pues se le consiguió uno prestado, se puso el cuello de pajarita, el chaleco corto y salió que parecía un tamal.

"Hablando de Rita, cada vez que iba a buscar a Ignacito, para que la acompañara al piano, pensábamos: 'hoy vienen por lo menos dos o tres pesos'. Pero un día llegó a llevárselo para México. Inés y Domingo que no, pusieron el grito en el cielo. Tuvo que ir mucha gente a la casa, a darles coba, para que lo dejaran ir. Tenía entonces como dieciocho años".


Bito Manué, tú no sabe inglé

Autores: Nicolás Guillén, Emilio Grenet

 

Con tanto inglé que tú sabía, Bito Manué,

con tanto inglé, no sabe ahora desí ye.

No se cansa de repetir, sin mucho desacierto, que Bola de Nieve nació y murió en México. Allí llegó en los años treinta, junto a esa gran artista que fue Rita Montaner, y debutó ante un público para el cual siempre le sobraban deseos de actuar. Allí murió, el 2 de octubre de 1971, en tránsito hacia Lima, donde cumpliría un amplio programa en su décima visita a la capital peruana.

Por azar, se presentó, una noche de 1933, en el teatro Politeama, como solista. Rita había enfermado y era necesario cubrir uno de los cuadros de la revista que se representaba. Cantó Bito Manué, tú no sabe inglé y los asistentes lo ovacionaron. Nacía Bola de Nieve, triunfaba en la hermana tierra antes de conocerse en Cuba.

De México hay múltiples recuerdos. El periodista que escribió que Bola era parte del inventario nacional; la amistad con María Grever, Guti Cárdenas, Agustín Lara; las actuaciones en la pista del Cardini; la injusta crítica que le hizo un cronista, antes de una de sus tantas presentaciones, cuando escribió: "nos amenazan con el debut de Bola de Nieve".

La Vie en Rose 

Autor: Edith Piaf

 

Quand elle me prend dans ses bras

et me parle tout bas

je vois la víe en rose

Cuando Edith Piaf oyó, en voz de Bola, su canción La Vie en Rose afirmó que nadie la interpretaba como él y que, a partir de entonces, ella la cantaría en Cuba con cierto pudor. El elogioso juicio no es del todo sorprendente. Músicos, poetas, compositores, han destacado su singular arte.

Cuando el portentoso intérprete norteamericano Paul Robeson lo escuchó, no pudo más que exclamar: "ningún cantante me había conmovido tanto como usted anoche. Ahora yo le cantaré". Y el poeta chileno Pablo Neruda escribió: "Bola de Nieve se casó con la música y vive con ella en esa intimidad, llena de pianos y cascabeles, tirándose por la cabeza los teclados del cielo. ¡Viva su alegría terrestre! ¡Salud a su corazón sonoro!"

Para el director de orquesta Erich Kleiber, no había mejor regalo que encontrarse con Bola; para Andrés Segovia, escucharlo era como presenciar el nacimiento de la palabra y la música, y para Antonio Barbiere, aunque no hablaba bien el italiano, era difícil encontrar mejor intérprete para su Monasterio Santa Chiara.
 

Drumi Mobila
Autor: Ignacio Villa

Drumí, drumí Mobila

tú mamá ta la campo Mobila

drumí, drumí Mobila

e ba traé coronice pá tí

drumí, drumí Mobila

En el Diario de la Marina, el 17 de octubre de 1943; en la sección "Viejas postales descoloridas", Federico Villoch escribía una interesante crónica, de la cual reproducimos dos significativos párrafos:

“Se han cumplido ya quince años de aquella tarde de enero de 1933 en que conocimos personalmente al famoso chansonista y monologuista cubano Ignacio Villa, popularizado con el sobrenombre de Bola de Nieve, en una de aquellas amenísimas reuniones que organizaba en su elegante mansión de Tulipán, allá en el Cerro, el malogrado poeta Gustavo Sánchez Galarraga, nuestro inolvidable y queridísimo amigo".

(...)

“Bola de Nieve nos dio a conocer una preciosa canción de cuna titulada Drumí Mobila y tanto la agradó al maestro Anckermann y al postalista, que le pedimos copia de ella para incluirla en el sainete que estábamos escribiendo titulado La gloria del solar, próximo a ser estrenado en Alhambra y que sería interpretado por la genial artista Blanquita Becerra, que desempeñaría en la obra el papel de la negra Silvia”.

Drume negrita

Autor: Ernesto Grenet

 

Mamá, la negrita

se le salen los pie é la cunita

y la negra Mercé

ya no sabe qué hacé

Hay un bello poema dedicado a Bola que, más que un homenaje, es un reconocimiento a la savia medular del inigualable intérprete. El autor, Miguel Barnet, lo mantuvo inédito, por propia solicitud del artista, hasta su muerte. Su título es “Oriki para Bola de Nieve”:

Caballero de Olmedo,

juglar herido por la flecha de Ochosi,

el cazador,

ven en tu trineo de yaguas

y enciende las calabazas

 

Dueño de la fragua y del colmillo de jabalí

sumérgete en la espuma de las cinco

palanganas de Ochún

 

Entra, con tus calderos de cobre,

al monte carulé,

apaga los grillos,

estruja las esponjas

que aquí estamos flautas, arcángeles, péndulos silbantes

para oír cómo crujen tus viejos caracoles

 

Vamos, despréndete de los cascos,

salta estremecido del Puente a la Alameda

y déjanos tu capa de lagarto raída

tu ronquera ancestral

tu canto antiguo

 

Zumba la curiganga

mi negro,

zumba

Zumba la curiganga,

mi negro

¡Zumba!

 

No puedo ser feliz 

Autor: Adolfo Guzmán

 

no puedo ser feliz,

no te puedo olvidar,

siento que te perdí

y eso me hace pensar

que he renunciado a ti

“Donde quiera me piden No puedo ser feliz, Mesié Julián o Chivo que rompe tambó, pero hay que renovarse. Yo no creo que soy compositor, ni me respeto como tal. Yo no creo en Bola de Nieve compositor. De las cosas que así me salieron, cancioncitas de esas baratas que yo hago, hay algunas que han gustado. Creo que lo que mejor me califica es mi personalidad de intérprete. No soy exactamente un cantante, sino alguien que dice las canciones, que les otorga un sentido especial, una significación propia, utilizando la música para subrayar la interpretación. Si hubiera tenido voz hubiera cantado en serio, me hubiera gustado cantar en serio, me hubiera gustado cantar ópera, pero tengo voz de manguero, tengo voz de vendedor de duraznos, de ciruelas, entonces me resigné con vender ciruelas sentado al piano. Cuando interpreto una canción ajena no la siento así. La hago mía. Yo soy la canción que canto; sea cual fuere su compositor. Por eso, cuando no siento profundamente una canción, prefiero no cantarla. Si yo canto una canción porque está de moda, pero no la siento, entonces no la puedo trasmitir, no le puedo dar nada a quien me escucha. Yo entiendo por arte dar las cosas como uno las siente, poniendo al servicio del autor la propia sensibilidad, y establecer esa corriente que hace que el público ría o llore, o guarde silencio".

La flor de la canela 

Autor: Chabuca Granda


D
éjame que te cuente limeño

déjame que te diga la gloria

del ensueño que evoca mi memoria

Ignacio Villa estudió magisterio en la Escuela Normal de La Habana, carrera que abandonó en cuarto año, cuando el cierre de los centros estudiantiles por el gobierno machadista. Ernesto Lecuona lo escuchó en México, donde actuaba desde hacia casi tres años, y lo presentó por primera vez en La Habana. Con el destacado compositor, también nacido en Guanabacoa, viajó por América Latina. En 1948, el 21 de noviembre, el público del Carnegie Hall de Nueva York le tributó una ovación sin haber actuado y, después de hacerlo, lo hizo salir a escena nueve veces. Cada víspera del 26 de Julio, después de 1959, Bola ofrecía un recital de medianoche en el Amadeo Roldán, en homenaje a la heroica fecha. En La Habana, en los años sesenta, el restaurante Monseñor se transformó en Chez Bola, una cita imprescindible, noche tras noche, con los atributos del gran artista. Actuó por última vez para el público cubano en el homenaje organizado a Rita Montaner, en el teatro Amadeo Roldán, el 20 de agosto de 1971.

Arroyito de mi casa

Autor: Ignacio Villa

 

Arroyito de mi casa

que has vivido noche y noche

saboreando mis pesares

con tu hilito de agua oscura

“Conocí a Bola —recuerda Esther Borja— cuando comencé a trabajar con Ernesto Lecuona, en 1935, porque él era uno de sus pianista. Vinimos a estrechar nuestra amistad un año después, al viajar a Buenos Aires, en la embajada artística organizada por el maestro.

“Como individuo, era una persona de muy buen carácter. A pesar de sus padecimientos —entre ellos el asma— nunca lo vi de mal humor, no era irritable. En ese aspecto, tenía cierta similitud con Lecuona. Quizá, en un sentido positivo, no como crítica, había algo de superioridad en su forma de ser que lo hacía sobreponerse a las vicisitudes. Era, además, un hijo magnífico. El adoraba a Inés. Y yo creo que la persona que es buen hijo es buen amigo.

“En cuanto al artista, era sobre todo un intuitivo. Según me confesó, había estudiado música solo hasta un tercer año, pero indiscutiblemente era un gran artista. Hay ciertos individuos que nacen con una cosa genial. Era muy observador, muy amante del teatro, de la literatura, de la pintura, y eso es muy beneficioso para el artista, para la formación de su personalidad.

“Recuerdo que la primera salida, después que nació mi hija, fue a casa de Bola. Iba mucho allá, él vivía frente a una especie de puentecito —por debajo del cual pasaba un arroyo medio seco, feísimo—, en donde nos sentábamos a hablar de planes futuros, y en una ocasión me dijo: ‘mira, te compuse una canción, porque la otra noche quedaste en venir y, como no llegabas, me senté aquí a esperarte y en ese rato te hice Arroyito de mi casa’”.

Ay, amor 

Autor: Ignacio Villa
 

Amor, yo sé que quieres

llevarte mi ilusión

amor, yo sé que puedes también

llevarte mi alma

Cuenta Francisco Garzón Céspedes que cuando, aún siendo un adolescente, escuchó en su ciudad, Camagüey, a Bola de Nieve, quedó profundamente impresionado con su personalidad y con la menera en que trasmitía el sentimiento del amor en sus canciones. Ahora, a casi dos décadas de aquel encuentro, el poeta ha compuesto el hermoso texto Canción para Bola de Nieve, que fue musical izado por Jorge Garciaporrúa y que será estrenado por el actor y cantante Ulises García. Grata coincidencia. Un poeta de la palabra le canta a un poeta del teclado.

Ignacio Villa

todo amor la canción

en tu bola de nieve

que no es bola ni nieve

sino negro esplendor.

La canción encendida

por teclado de fuego

la canción desprendida

desde un horno que en eco

nos entrega el rosal.

La canción sorprendida

que no es soplo de muerte

sino vida en que vuelve

como vuelve en la vida

la canción del amor.

 

Ignacio Villa

todo amor tu canción

que es canción por amor.

Mamá Perferta
Autor: Anónimo

Mamá Perferta, deja su yijo bailá

¡que no!, ¡que no!

porque ustedes los muchachos cuando

                         se juntan,)

ustedes los muchachos cuando se

                           juntan...)

En el último apartamento que vivió Bola, me recibe Raquel, su hermana menor. Todo aún conserva el exquisito gusto del artista. Están sus cuadros y sus fotos. Falta, sin embargo, su piano. Es como si fuera inadmisible que presidiera el lugar sin estar él presente.

"Primero, me quiero yo. Yo me quiero mucho. Y después, por encima de todo, está Raquel", decía a menudo. Ella era como una hija. Creció mientras él triunfaba en su primer viaje a México. Hay, incluso, una vieja foto enviada desde allí en la cual aparece con un retrato de Raquel en las manos.

“Cuando regresa de México, yo tendría cuatro o cinco años. Veo de pronto un hombre gordo que entra a la casa y salgo corriendo a avisarle a mamá. Se forma la gritería y me quedo cortada, hasta que se me acerca y dice: ‘supongo que ésta es Raquel’”.

Raquel guarda muchas anécdotas. Tristes algunas, como esa vez que le contó que había soñado su muerte, tal y como sucedió en realidad. Alegres otras, como aquella en que, mientras en la sala le entregaban el texto y la música de Mamá Perferta, en el fondo de la casa la familia —con Inés al frente— formó una rumba con el estribillo oído al azar.

“Hay otra muy simpática. Una vez, en un. ensayo, Lecuona se quejaba de que Ignacito no tenía un buen smoking. Detrás estaba Inés, a quien él no conocía, y de pronto ella le contestó: ‘claro, como va a tenerlo, si usted nunca le paga’. Lecuona se rió mucho y de ahí nació una gran amistad entre ellos. A tal punto, que en su casa no se movía ni una cuchara sin contar con Inesita, como él la llamaba”.

Chivo que rompe tambó 

Autor: Moisés Simons


C
hivo que rompe tambó

con su pellejo paga

y lo que es mucho peó

que en chilindrón acaba

Dos compositores y musicólogos han opinado, en lugares y momentos diferentes, sobre la personalidad artística de Bola de Nieve. Ambos, sin embargo, coinciden en sus juicios.

Olga de Blanck: “Su brillante carrera artística, conocida y reconocida por todos, es simplemente extraordinaria, porque extraordinario fue, es y será, este gran creador de un estilo propio. Nunca antes existió un intérprete cuya originalidad tuvo —y tiene— un sello inconfundible. Si fue genial como intérprete, también lo fue como compositor y pianista, tres grandes y singulares aptitudes concentradas en una sola persona: Bola de Nieve, Ignacio Villa”.

Harold Gramatges: “Con igual sabiduría maneja la canción caricaturesca, la de serena elaboración renacentista, la de inflexiones folklóricas de cualquier país. Su auténtica musicalidad, su amplia cultura y una gracia sin medida hacen de él un personaje singular dentro del arte que cultiva. Así lo ha reconocido el público de América, Europa y Asia. Por eso es universal nuestro cubanísimo Bola”.

Si me pudieras querer 

Autor: Ignacio Villa


S
i me pudieras querer

como te estoy queriendo yo

si no me fuera traidora

la luz de tu amor

Teresita Fernández recibió un día, en su Santa Clara natal, un telegrama de La Habana. Venía firmado por Bola de Nieve, quien la invitaba a presentarse con él en la reapertura del restaurante Monseñor, entonces como Chez Bola. Eran los años sesenta y era el comienzo profesional de la probada compositora e intérprete.

“Todo artista debe empezar con algo, pero hacerlo con Bola era empezar con todo. A él le debo mi inicio en el profesionalismo y muchos consejos para el desarrollo de esta actividad. Lo había conocido a través de las Hermanas Martí, quienes me llevaron a su casa en Guanabacoa, y recuerdo que en esa oportunidad me dijo algo muy gracioso: ‘usted es la única guajira que yo resisto con una guitarra en la mano’.

“Sin embargo, aunque lo conocí en esa ocasión, lo admiraba desde los cuatro o cinco años. Mi hermano mayor, que era músico, me sentaba en la tapa del piano mientras él tocaba Señor por qué y Si me pudieras querer, canciones compuestas por Bola, que me daban muchas ganas de llorar. Debo aclarar que cuando algo me conmueve, por su belleza, siento la misma sensación.

“¡Qué más decir de Bola! Creo que fue uno de los más grandes artistas de Cuba. Desde niña, y hasta ahora, lo prefiero, como pianista, como cantante, como compositor y como actor. Al cantar, ponía no solo el actor que muchos podían suponer que había en él, sino también, indiscutiblemente, el corazón de un gran ser humano".

Mesié Julian 

Autor: Armando Oréfiche

Yo soy Mesié

pero Mesié Julián

Martine, Vidar y Rui

“Yo no he trabajado en teatro por hobby ni por récord, para ver si he trabajado más que otros, sino por aquello de que hay que comer y hay que trabajar. Cada vez que podía conseguir un contrato, pues no vivía en esta época de la Revolución, en que los artistas cubanos tenemos una seguridad de vida, la gente que trabajamos en teatro y que hacerlos una labor en teatro y en todo, podemos estar con reposo, con tranquilidad, porque esta forma de vida nuestra hoy nos da la seguridad para vivir sin los problemas agobiantes de entonces. Antes, para sostenernos, había que empezar cuando faltaban tres semanas para terminarse el contrato a pensar en otros países o en otro balcón, o en otra acera o donde quiera para trabajar después. Yo soy cubano, soy fidelista. Mi mamá fue comunista pero yo nunca había leído un libro sobre marxismo. Pero cuando volví a Cuba me di cuenta que la Revolución era lo que yo siempre había soñado. Cuba a través de la Revolución es para mí como un faro que guía a nuestros países. Y digo nuestros países a los de América Latina. Como somos un pueblo eminentemente rítmico, llevamos nuestra Revolución en forma de danza. Una gran danza llena de sonrisas y de tambores”.

NOTA: Los textos de Bola de Nieve fueron seleccionados de los trabajos siguientes: "Un diálogo con Bola" por Félix Pita Astudillo, en Granma, 4 de octubre de 1971, p. 3; "Entrevista póstuma a punto de partir" por Orlando Castellanos, en Bohemia, n. 41, 8 de octubre de 1971, p. 53-54; "Cuando la gente no habla de música, ¿de qué habla?" por Ada Oramas, en Cuba, n. 43, noviembre de 1965, p. 54-57.

Revolución y Cultura. Agosto 1981.

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