Año V
La Habana

19 al 25 de AGOSTO
de 2006

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Pedro Garfias
(Salamanca, 27 de mayo 1901 - Monterrey, México, 9 de agosto 1967)


 

Coplillas a un poeta muerto

 

Combatió con los nombres

y los redujo a cero.

Y se fue con los hombres,

a fuer de hombre sincero.

Caminó por el río

constelado de hervores

o celeste de frío

con los mismos fervores.

Tuvo un bote, una vela,

una mar, un empeño.

Y este viento que hiela

no le cuajó su sueño.

Se fue por donde vino

—¡ay, Dios, de qué manera!—

con un fuego de vino

quemando su quimera.

Fue tan triste su suerte,

vivió tan solo y viejo,

que ni su propia muerte

acompañó el cortejo.

Y se fue —buen camino,

caminante serrano—

derecho a su destino,

con su vida en la mano.



Llanto sobre una isla
 

 

                                                  I

 

Ahora

Ahora sí que voy a llorar sobre esta gran roca sentado

la cabeza en la bruma y los pies en el agua

y el cigarrillo apagado entre los dedos...

 

Ahora

Ahora sí que voy a vaciaros ojos míos, corazón mío,

abrir vuestras espitas y vaciaros

sin peligro de inundaciones.

Ahora voy a llorar por vosotros los secos

los que exprimís vuestra congoja como una virgen sus pechos

y por vosotros los extintos

que ya exhaláis vapor de hieles.

 

Ahora voy a llorar por los que han muerto sin saber por qué

cuyos porqués resuenan todavía

en la tirante bóveda impasible...

Y también por vosotras, lívidas, turbias, desinfladas madres,

vientres de larga voz que araña los caminos.

Un llanto espeso por los pueblecitos

que ayer triscaban a un sol cándido y jovial

y hoy mugen a las sombras tras las empalizadas.

 

Y por las multitudes

que pasan sus vigilias escarbando la tierra...

Un llanto viudo por los transeúntes

tan serios en el ataúd de su levita.

 

Ahora

Ahora voy a llorar mis llantos olvidados

mis llantos retenidos en su frente

como pájaros presos en la liga.

Los llantos subterráneos

los que minan el mundo y lo socavan

los que buscan la flor de la corteza

y el cauce de la luz, los llantos mínimos

y los llantos caudales acudan a mis ojos

y fluyan en corriente sosegadas

a incorporarse al llanto universal.

 

Sobre esta roca verdinegra

agua y agua a mi alrededor

ahora si voy a llorar a gusto.

 


Pasear contigo en soledad perfecta... 

 

Pasear contigo en soledad perfecta

fondo azul de colinas y a los lados

árboles comprensivos y vigilantes

el doble paso caprichoso y lento.

 

Pasear contigo en soledad callada

al través de un silencio transparente

la frente levantada al sol que sube

orgulloso del brío de su vuelo.

 

Pasear contigo por la superficie

de redondez suave de la tierra

con lentitud perseverante y noble...

contigo y tu recuerdo y tu esperanza.

 

Pasear contigo en soledad perfecta...

 

 

Pasear contigo en soledad perfecta

fondo azul de colinas y a los lados

árboles comprensivos y vigilantes

el doble paso caprichoso y lento.

 

Pasear contigo en soledad callada

al través de un silencio transparente

la frente levantada al sol que sube

orgulloso del brío de su vuelo.

 

Pasear contigo por la superficie

de redondez suave de la tierra

con lentitud perseverante y noble...

contigo y tu recuerdo y tu esperanza.

 


Yo te puedo poblar, soledad mía... 

 

Yo te puedo poblar, soledad mía,

igual que puedo hacer rocas y árboles

de estas oscuras gentes que me cercan.

¿Cómo, si no, llevar sobre los hombros

la ausencia? El ágil viento me conoce

y ayuda en mi trabajo: cada día

cuelgo del monte nuestro cielo limpio,

planto en el lago nuestra rubia era

y el ancho río de corriente pródiga

vacío lentamente...

Allí donde los pinos y los álamos,

donde la encina sólida y el roble

el claro olivo de verdor de plata.

 

Y sobre el culto césped

el triunfo de la espiga.

El sol muy en lo alto, fatigando

el aire con sus alas,

en el cenit su vuelo detenido.

 

Cómo su gracia y limpidez los ojos

me abrasan con su luz... No lo soñara

la torpe mano que me arrebatara

mi blanca Andalucía.

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