Año V
La Habana

19 al 25 de AGOSTO
de 2006

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Dámaso Alonso Fernández de las Redondas
(Madrid, 22 de octubre 1898- 25 de enero 1990)



DESTRUCCIÓN INMINENTE

 

A una rama de avellano

 

¿Te quebraré, varita de avellano,

te quebraré quizás? ¡Oh tierna vida,

ciega pasión en verde hervor nacida,

tú, frágil ser que oprimo con mi mano!

 

Un chispazo fugaz, sólo un liviano

crujir en dulce pulpa estremecida,

y aprenderás, oh rama desvalida,

cuánto pudo la muerte en un verano.

 

Mas, no; te dejaré... Juega en el viento,

hasta que pierdas, al otoño agudo,

tu verde frenesí, hoja tras hoja.

 

Dame otoño también, Señor, que siento

no sé qué hondo crujir, qué espanto mudo.

Detén, oh Dios, tu llamarada roja.


MONSTRUOS

 

Todos los días rezo esta oración

al levantarme:

 

Oh Dios,

no me atormentes más.

Dime qué significan

estos espantos que me rodean.

Cercado estoy de monstruos

que mudamente me preguntan,

igual, igual, que yo les interrogo a ellos.

Que tal vez te preguntan,

lo mismo que yo en vano perturbo

el silencio de tu invariable noche

con mi desgarradora interrogación.

Bajo la penumbra de las estrellas

y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,

me acechan ojos enemigos,

formas grotescas que me vigilan,

colores hirientes lazos me están tendiendo:

¡son monstruos,

estoy cercado de monstruos!

 

No me devoran.

Devoran mi reposo anhelado,

me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma,

me hacen hombre,

monstruo entre monstruos.

 

No, ninguno tan horrible

como este Dámaso frenético,

como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con todos sus tentáculos enloquecidos,

como esta bestia inmediata

transfundida en una angustia fluyente;

no, ninguno tan monstruoso

como esa alimaña que brama hacia ti,

como esa desgarrada incógnita

que ahora te increpa con gemidos articulados,

que ahora te dice:

«Oh Dios,

no me atormentes más,

dime qué significan

estos monstruos que me rodean

y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche».


SONETO SOBRE LA LIBERTAD HUMANA

 

Qué hermosa eres, libertad. No hay nada

que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento.

Más brilla y en más puro firmamento

libertad en tormento acrisolada.

 

¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada?

Venid: amordazad mi pensamiento.

Grito no es vibración de ondas al viento:

grito es conciencia de hombre sublevada.

 

Qué hermosa eres, libertad. Dios mismo

te vio lucir, ante el primer abismo

sobre su pecho, solitaria estrella.

 

Una chispita del volcán ardiente

tomó en su mano. Y te prendió en mi frente,

libre llama de Dios, libertad bella.


INSOMNIO

 

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,

y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,

por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,

por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?


GOTA PEQUEÑA, MI DOLOR

 

Gota pequeña, mi dolor.

La tiré al mar.

                            Al hondo mar.

Luego me dije: ¡A tu sabor

ya puedes navegar!

 

Más me perdió la poca fe...

                                                   La poca fe

de mi cantar.

Entre onda y cielo naufragué.

 

Y era un dolor inmenso el mar.

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