Año V
La Habana

15 al 21 de JULIO
de 2006

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África y los afrodescendientes necesitan
acciones concretas de solidaridad
Delegación de Cuba a la II Conferencia Internacional
de Intelectuales de África y la Diáspora.


Para Cuba, para los cubanos, África es algo muy entrañable. Es uno de los nutrientes de nuestra identidad  y de nuestra cultura.

Más de un millón de africanos fueron llevados a Cuba por la fuerza, después de haber sido arrancados de sus tierras de origen: provenientes de diferentes etnias, yorubas, congos, carabalíes y otras,  trabajaron bajo el látigo, en el infierno de los cañaverales en beneficio de los hacendados de la Isla y de la Metrópoli colonial.

Cuba, como nación, surgió de la mezcla de africanos, españoles y chinos.  Las sublevaciones de esclavos y el cimarronaje nutrieron nuestra vocación por la libertad. Nuestras guerras de independencia contaron con la participación masiva de afrodescendientes, que dieron además brillantes jefes a nuestro Ejército Libertador.

Uno de los principios básicos de la política educacional y cultural de la Revolución cubana tiene que ver con la investigación de las huellas africanas presentes en nuestra identidad y la conservación del legado material y espiritual de esas culturas.

El programa La Ruta del Esclavo, que desde hace una década auspicia la UNESCO, ha encontrado en la sociedad cubana una resonancia particular, que se manifiesta en la concreción de proyectos multidisciplinarios de investigación y desarrollo, uno de los cuales consiste en la creación de un museo temático en la provincia de Matanzas.

Para nosotros el tema de la esclavitud implica tomar conciencia del horrendo crimen que se prolongó durante más de tres siglos, y de impedir que se pierda la memoria de un holocausto de esa magnitud.

El mundo tiene una incalculable deuda histórica con África. No puede explicarse la riqueza de los países del Norte sin hablar del horror de la esclavitud, sin hablar del colonialismo tradicional y del nuevo colonialismo vigente hoy con una fuerza impresionante.

La Revolución Cubana encontró en 1959 una situación desesperada en las mayorías de la población. Los afrodescendientes cubanos, que estaban entre las más sufridas víctimas del modelo neocolonial imperante en la Isla, se beneficiaron de inmediato con la batalla que dio el gobierno revolucionario  para erradicar toda forma de exclusión, incluido el racismo feroz que caracterizaba a la Cuba prerrevolucionaria. Hoy se llevan a cabo nuevos programas orientados estratégicamente a eliminar toda desventaja social y todo vestigio de discriminación racial.

Desde el propio año del triunfo, la Revolución ofreció su apoyo y solidaridad a distintos pueblos africanos y respaldó a los movimientos de liberación nacional. Más de 350 000 voluntarios cubanos combatieron junto a sus hermanos de África contra el colonialismo y contra el aparheid. Entre ellos estuvo el Che Guevara.

Más de 2 000 combatientes de la Isla cayeron en tierras africanas. Como se ha dicho muchas veces, Cuba sólo se llevó de África los restos de sus muertos. Cuba no tiene allí, en eses continente, ninguna propiedad, ninguna mina, ningún pozo petrolero.

Más de 30 000 jóvenes africanos han sido formados en escuelas cubanas en estos años. Casi 2 000 jóvenes de 43 países de África estudian hoy en nuestras universidades, de ellos, 855 estudian Medicina.

Médicos cubanos han enfrentado el SIDA, la tuberculosis, la malaria y otros males que siguen azotando al continente. En estos momentos 2 388 trabajadores cubanos de la Salud prestan servicios en 30 países de África Subsahariana. Cuba colabora con la formación de médicos y recursos humanos en el área de la Salud en Facultades de Ciencias Médicas fundadas en Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Gambia y Eritrea.

Este último esfuerzo posee una enorme significación, cuando se sabe que en África Subsariana viven 700 millones de habitantes atendidos únicamente por 50 mil médicos. África registra el 25 % de los enfermos en el mundo y apenas cuentan para su atención con el 3,1 % de los recursos humanos de Salud a nivel mundial.

Del mismo modo, nuestros médicos y enfermeras colaboran desinteresadamente en varios territorios de América Latina y el Caribe donde resulta significativa la presencia de la diáspora africana.  Casi 19 000 pobladores de Haití y las Antillas Anglófonas han recuperado la vista mediante operaciones quirúrgicas practicadas gratuitamente en nuestro país, como parte de la Misión Milagro. Esta humanitaria misión también ha beneficiado a 1 600 pacientes de la región ecuatoriana de Esmeralda y de la Mosquitia hondureña, por sólo poner algunos ejemplos.

Cuba propuso hace seis años, en la Cumbre del Milenio, y lo ha reiterado en la ONU, que aportaría 3 000 médicos para prestar servicios gratuitos de salud en el África Subsahariana e invitó a los países industrializados a que contribuyeran con los medicamentos y recursos necesarios. Esta propuesta no ha sido atendida por esos países ricos que tanto deben a África.

Otra acción que por su alcance y relevancia merece ser mencionada es el programa piloto que Cuba lleva a cabo en Mozambique para erradicar el analfabetismo, a través de un método que ha sido premiado por la UNESCO. Varias acciones se llevan a cabo en estos momentos para implementarlo en Nigeria, Guinea Bissau, Egipto, Sudáfrica, Namibia, Sierra Leona, Angola y Swazilandia.

Nuestra colaboración con distintos países africanos demuestra que se pueden lograr resultados significativos a partir de una seria voluntad política, a pesar de ser Cuba un país de escasos recursos y sometido a un cruel bloqueo económico, comercial y financiero por más de cuatro décadas.

Reiteramos la solidaridad de nuestro país con los pueblos y gobiernos africanos en su lucha contra la pobreza y el subdesarrollo heredados de siglos de esclavitud, guerras de rapiña, el colonialismo y un orden económico internacional profundamente injusto y excluyente. Es esta una muestra de vocación solidaria con todos los excluidos, hambreados y marginados del planeta, que representan actualmente las dos terceras partes de la población mundial, y entre los que tienen un peso importante los afrodescendientes, los hijos de la Diáspora.

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