Año V
La Habana

10 al 16 de JUNIO
 de 2006

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Cerco mediatico sobre Iraq
Javier Couso Anzoátegui


Estoy aquí para hablar del asesinato de mi hermano la mañana del 8 de abril en el Hotel Palestina de Bagdad. Quiero aclarar que el asesinato de mi hermano no me parece más importante que cualquiera de las miles de muertes civiles, que esta invasión ha causado a la población iraquí, pero junto a la de Taras o Tareq me parecen relevantes y veo la necesidad de analizarlas con detenimiento, pues ocurren el mismo día y en una operación que la Tercera División de Infantería del Ejército de EEUU, desarrolló contra las sedes de las cadenas de televisión al-Jazeera y Abú Dhabi, y contra el Hotel Palestina, dónde se alojaba la prensa internacional. Es decir contra la totalidad de la prensa que el Pentágono no controlaba en Bagdad.  

Se puede decir más alto, pero quizás no más claro. 

Mi familia ha hecho un gran esfuerzo para tratar de investigar, contextualizar y llegar al fondo de los hechos sucedidos. Se da la casualidad que procedemos de una larga tradición militar. Mi propio padre era oficial superior de la Marina. Estas circunstancias personales nos hacen conocer profundamente los usos y movimientos de las unidades militares en combate. 

Para empezar debemos irnos a los manuales de Historia y analizar el impacto de la información periodística en el conflicto de Vietnam. Todas las escuelas militares del mundo, analizan el impacto de la información recogida por los corresponsales de guerra en la población estadounidense, y su incidencia real en el crecimiento e implantación del movimiento anti-guerra. A pesar de todo su poderío militar (el más grande de la historia) el ejercito de EEUU perdió está guerra por una resistencia guerrillera que se perpetúa en el tiempo, unida a la propia resistencia interna. Los militares estadounidenses aprenden en este conflicto, que aún siendo abrumadora su potencia militar, las guerras no sólo se ganan o se pierden en el terreno de los combates, sino que a veces se ganan o se pierden en el terreno mediático que condiciona su retaguardia. Desde este momento, se asume que la información que trasmiten los corresponsales de guerra es un elemento que puede ser determinante en las campañas militares y su control, crucial para moldear a las opiniones publicas y minimizar el impacto brutal de la realidad de la guerra. 

Un ejemplo claro de control total de información, se da en la primera Guerra del Golfo, en el año 1991, dónde los propios mandos estadounidenses eligieron una decena de periodistas, a los cuales permitieron  un acceso tutelado al frente de batalla, recibiendo por el contrario, un control absoluto de lo que podían ver, fotografiar y contar a su publico. Se dio el caso de periodistas detenidos por intentar realizar su labor de manera independiente. El resultado de esta política de control informativo lo tenemos todos en la memoria; ausencia de imágenes de combates o de muertos. Las únicas imágenes que se suministran de primera línea del frente, parten de los propios carros de combate o de los aviones aliados, planos en blanco y negro o con el color verdoso de las cámaras nocturnas que convertían la realidad de la guerra en imágenes propias de un videojuego, dónde todas las bombas eran inteligentes y los bombardeos quirúrgicos. No había sangre, no había muertos. Los periodistas independientes, asistían como espectadores desde países limítrofes, recibiendo el conjunto de la población mundial, las informaciones que el mando estadounidense elegía. El control militar de la información fue prácticamente total. 

Después de los sucesos del 11 de septiembre y con el enunciado de "Guerra Global contra el Terror" comienzan las invasiones de Afganistán e Iraq, pero está vez en un escenario totalmente diferente al de la primera Guerra del Golfo, tanto por la irrupción de cadenas árabes como al-Jazeera o al-Arabiya, como por la competencia de otros medios independientes, sobre todo de procedencia europea. Es en la invasión de Afganistán, dónde comienzan los problemas con al-Jazeera, llegando los militares estadounidenses a bombardear y destruir la sede de la cadena en Kabul. A día de hoy sigue sin haber una investigación independiente y con garantías de este suceso. 

En el diseño de la campaña de Iraq y bajo la dirección de Victoria Clark, se resucita una vieja figura que se empleó poco en Vietnam, se retomo tímidamente en 1991, y a la que se dedican todos los esfuerzos y cientos de millones de dólares. Esta figura no es otra que la del periodista “empotrado” o “encamado” (embebed), profesionales de los medios que viajan con las tropas e informan desde dentro de  las unidades militares. Estos profesionales reciben al igual que hablábamos anteriormente, un control militar total, ya que es el propio ejercito el que decide lo que pueden o no pueden ver al diseñar su propio viaje, condicionando la información en la dirección que pretenden. Por no hablar de una especie de “Síndrome de Estocolmo” que lleva a algunos periodistas, por la convivencia en circunstancias duras, a identificarse en exceso con los propios militares. 

Desde antes del inicio de la invasión y ya durante toda la campaña, tanto el Pentágono cómo los gobiernos aliados en esta agresión, se encargan de pregonar a los cuatro vientos, que solo los periodistas empotrados recibirán protección y seguridad, aconsejando a los demás periodistas que cubren la guerra desde el interior de Iraq, que abandonen al país. 

Cerca de 700 periodistas viajan encamados con las tropas angloamericanas en esta invasión. Por la otra parte y sin hacer caso de las sutiles advertencias del Pentágono, que desgraciadamente luego se materializarían, cientos de periodistas independientes acuden a Bagdad para cubrir la guerra desde el interior del país, en un fenómeno inédito en la historia moderna por su extensión. La cantidad de periodistas y diversidad de medios echa por tierra el diseño que Clark y el Pentágono habían previsto del control informativo de la guerra de Iraq, que solo pueden mantener en Estados Unidos por el impacto post-11 de septiembre y debido sobre todo a la complicidad y auto censura de la mayoría de los medios de este país. 

Frente a una pretendida guerra aséptica y quirúrgica que el Pentágono pretende vender, nos encontramos con imágenes que nos muestran la crudeza de los bombardeos, la sucia realidad de la guerra y su impacto terrible en la población civil. La repetición de imágenes con  decenas de muertos civiles empieza a preocupar en Washington y más si cabe ante la previsible carnicería que preveían podría desarrollarse en la toma de Bagdad si los bagdadíes oponían una defensa numantina, que los cientos de periodistas, como testigos de excepción podrían mostrar al mundo. Este factor, unido a la emisión de imágenes en directo en el momento de la entrada a Bagdad, motiva el ataque coordinado contra toda la prensa internacional independiente el 8 de abril y marca el inicio del cerco mediático al que a día de hoy, está sometido el pueblo de Iraq. 

Podemos establecer un círculo imaginario, que comienza el 8 de abril de 2003 y se cierra en el segundo asalto a Faluya en noviembre de 2004, del que curiosamente no nos llega ya ninguna información independiente, pues todas las noticias generadas parten de los periodistas encamados o del propio ejército estadounidense. 

A esta situación de opacidad total se ha llegado por medio de asesinatos y secuestros de profesionales de la información. Más de cien periodistas han sido asesinados, 109 de ellos de nacionalidad iraquí, y 33 han sido secuestrados, la mayoría de ellos por oscuras tramas que no han sido suficientemente investigadas. 

Las únicas informaciones que salen hoy de Iraq, parten de tres fuentes: 

1.                                                    Grandes agencias, con sedes bunquerizadas y rodeadas de un enjambre de guardaespaldas, que utilizan los partes del Pentágono como base de sus informaciones y cuyos intereses empresariales, en la mayoría de los casos van de la mano de los responsables de esta invasión y posterior ocupación.
 

2.                                                    Periodistas “encamados”, que marchan junto a las tropas de ocupación y acaban siendo su amplificador.
 

3.                                                    Periodistas independientes, que debido a los asesinatos y secuestros, no pueden realizar su trabajo más que en la cercanía de los hoteles dónde se alojan. 

El resultado de este negro panorama, es una visión absolutamente parcial de la realidad iraquí, a la que podemos calificar de cerco mediático, donde los ocupantes logran controlar la visión general que nos llega, con el objetivo claro de deshumanizar a la población, tildándola de fanática y sectaria, caracterizando a la Resistencia legítima como terrorista, impidiendo de facto cualquier simpatía que pudiese derivar en solidaridad activa. Y al mismo tiempo ocultando todo lo posible, los crímenes de guerra, las torturas, el uso de armas prohibidas e incluso el empantanamiento político y militar en que se encuentran las propias fuerzas de ocupación y sus aliados sobre el terreno. 

Vamos a dar un par de ejemplos que demuestran que la información que sale hoy de Iraq, está absolutamente controlada por los ocupantes, pues noticias contrastadas y con fuentes fiables que deberían incluso copar las portadas, son condenadas al agujero informativo, publicitando solo aquellas que encajan en los objetivos de los ocupantes: 

Nos vamos a una fuente supuestamente fiable para todos los medios occidentales, el Pentágono, por boca de su departamento de defensa que en enero de 2006 nos da los datos de acciones militares en Iraq en el años 2005. Según esta fuente, se produjeron 34.131 acciones violentas, es decir más de 100 al día y de este total sólo el 1% correspondió a acciones cometidas con coches bomba o suicidas.

Pregúntense ahora ¿Qué es lo que sale continuamente en primera página de cualquier información sobre Iraq? Lo han adivinado; Coches bomba y suicidas ¿Qué pasa con el 99% de acciones restantes? Quizás debiéramos preguntárselo a quien decide que es lo que se debe informar y lo que no. 

Otra muestra, esta vez sobre las victimas. La prensa y el propio Bush repiten constantemente la cifra de 30.000 victimas civiles en esta invasión y posterior ocupación, cifra sacada de un informe elaborado por la ONG, Iraq Body Count, cuya elaboración no resiste el mínimo criterio científico al cuantificar una víctima, solo cuando sale recogida en dos medios británicos. Por el contrario tanto Bush como la mayoría de los medios, obvian el informe realizado por un equipo de epidemiólogos de la Universidad Hoskins de Baltimore (EEUU), dirigido por Les Roberts, que en un estudio sobre el terreno y con todas las garantías científicas dictaminó, que en los 18 meses posteriores a la invasión y excluyendo la provincia de al-Ambar por ser estadísticamente anómala por los asaltos a Faluya, concluye que al menos 98.000 civiles han muerto como resultado directo de la violencia generada en esta invasión, que el 80% de estas muertes cabe achacarlas a las fuerzas de la coalición por el uso cotidiano de bombardeos indiscriminados y que casi la mitad de estas victimas, el 48%, corresponde a niños y niñas con una edad media de 8 años. Preguntémonos otra vez, cual es el interés de esta prensa al minimizar las victimas civiles producidas por las fuerzas de ocupación. 

Queda claro que para obtener información veraz de lo que hoy pasa en Iraq, debemos irnos casi obligatoriamente a Internet y al trabajo que periodistas independientes, colectivos de solidaridad o fuentes de las organizaciones civiles iraquíes realizan, y que tratan con su esfuerzo de romper el bloqueo informativo al que está sometido este pueblo.  

Aprovecho está ocasión para animar a los medios alternativos y a las organizaciones políticas del mundo entero a no dejar a su suerte a este pueblo que hoy sufre pero a la vez enfrenta, una de las agresiones más bestiales de nuestra historia reciente.

Javier Couso Permuy, hermano de José Couso Permuy, periodista asesinado en Bagdad por tropas estadounidenses. Miembro del colectivo Hermanos, Amigos y Compañeros de José Couso (HAC) y partcipante de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (CEOSI).

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