Año V
La Habana

10 al 16 de JUNIO
 de 2006

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Iraq, el proyecto de la resistencia
Carlos Varea Anzoátegui


EEUU y Reino Unido transitan por su cuarto año de ocupación militar de Iraq en una coyuntura extremadamente delicada, pese a la reciente designación del nuevo Gobierno iraquí de Nuri al-Maliki. El modelo de ocupación de este país inicialmente imaginado en Washington y en Londres —una cómoda dominación— no se ha cumplido en absoluto y las perspectivas de una normalización de la situación interna en Iraq no se concretan. En el interior de EEUU y Reino Unido crece la percepción de fracaso. Muy especialmente para la Administración Bush, en año electoral, el dilema de su continuidad en Iraq parece sintetizarse en la frase siguiente: ni poder irse, ni poder quedarse. El fracaso de los ocupantes es doble: en lo militar, por cuanto no han podido erradicar a una resistencia que se nutre de los mayúsculos errores cometidos y del deterioro de las condiciones básicas de vida de la población; en lo político, por cuanto se han visto atrapados en la propia lógica confesional y sectaria que imprimieron al proceso de institucionalización interna diseñado por Paul Bremer, máximo responsable civil de la Autoridad Provisional de la Coalición[1].  

EEUU en ‘Fantasilandia’ 

No es, sin embargo, nueva la consideración de que la ocupación ha fracasado, una constatación en la actualidad ya generalizada en ámbitos mediáticos, políticos y de análisis estadounidenses. En diciembre de 2004 dos instancias internacionales avanzaron ya la consideración de la grave crisis por la que atravesaba la ocupación[2]. Anthony Cordesman, profesor de la universidad de Georgetown, reputado analista estadounidense, especializado en cuestiones estratégicas de Oriente Medio, que ha trabajado para el Pentágono en anteriores Administraciones, en un informe elaborado para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CEEI)[3], resumía a finales de 2004 las percepciones, actuaciones y previsiones de la Administración Bush respecto a la situación en Iraq como si aquélla viviera —literalmente decía Cordesman— “en Fantasilandia".  

Cordesman desgranaba entonces el sinfín de errores cometidos por EEUU durante la primera fase de la ocupación, "[...] como si [la primera Administración Bush] hubiera dispuesto de años para reconstruir Iraq según sus propios planes, en vez de disponer tan solo de unos meses para establecer el clima adecuado en el cual los iraquíes pudieran hacerlo". Washington, señalaba el informe del CEEI, "[...] fracasó [en esos primeros meses] en afrontar la insurgencia iraquí [...] en literalmente todas las dimensiones importantes" al considerar que "[...] estaba frente a un limitado número de insurgentes que las fuerzas de la coalición podrían derrotar perfectamente antes de la elección" de un nuevo Gobierno iraquí. "En resumen, [Washington] fracasó a la hora de establecer honestamente los hechos sobre el terreno, de una manera que recuerda a Vietnam"[4].  

Más demoledor si cabe fue el informe elaborado por las mismas fechas por otra institución internacional el Grupo Internacional de Crisis (GIC)[5]. El informe del GIC llevaba por título ¿Qué puede hace EEUU en Iraq[6], y la respuesta a tal pregunta era igualmente contundente, y por partida doble: "[...] un desenganche político y militar gradual de EEUU de Iraq, y, no menos importante, un claro desenganche político de [las instancias oficiales de] Iraq de EEUU". El GIC, remitiéndose a los mismos "hechos sobre el terreno" del informe de Cordesman, señalaba entonces que EEUU debía renunciar a los objetivos inicialmente previstos, una vez asumida la paulatina y creciente hostilidad de la población iraquí frente a los ocupantes. Implicada en una guerra abierta quizás ya perdida, en la que "[…] la insurgencia no está restringida a un número de fanáticos aislados de la población y opuestos a la democracia en Iraq, sino que está alimentada por sentimientos nacionalistas, expandidos por la amplia desconfianza en las intenciones de EEUU y por el resentimiento hacia sus acciones", a la Administración Bush le resta solo una reevaluación radical de su estrategia global en Iraq, incluida la militar, concluía el informe. 

Desde la redacción de ambos informes, la situación no ha mejorado. El más reciente documento sobre Iraq disponible ha sido elaborado por una instancia oficial estadounidense, la agencia gubernamental United States Government Accountability Office (GAO)[7], y presenta un panorama desolador de la situación interna en el país a punto de cumplirse el tercer aniversario del inicio de su invasión. El documento constata el drenaje del dinero destinado a la reconstrucción hacia la seguridad, el empobrecimiento generalizado de la población y el crecimiento en “complejidad, intensidad y letalidad” de la resistencia armada. Hasta casi una cuarta parte de los fondos inicialmente destinados por EEUU para la reconstrucción (poco más de 18.000 millones de dólares) se han perdido en gastos de seguridad, y una buena parte del resto simplemente no han podio ser empleados o se han esfumado en los vericuetos de la corrupción o la intermediación[8]. Con la reducción drástica en estos tres años del abastecimiento de luz y agua potable, con las prestaciones sanitarias y educativas desmanteladas, el informe considera a todas luces insuficientes los 56.000 millones de dólares establecidos por los organismos internacionales para la reconstrucción de Iraq hasta 2007, una cifra miserable cuando se recuerda que EEUU se gasta en la lucha contra la resistencia al mes casi 6.000 millones de dólares. El informe de GAO es además extremadamente pesimista a la hora de aportar algún atisbo de esperanza para la Administración Bush o el Gobierno Blair en relación a la estabilización de Iraq, ya sea tanto en el campo de la seguridad como en el de mejora económica o de las condiciones básicas de la población iraquí. 

Ciertamente, las condiciones de vida del iraquí medio siguen empeorado desde el inicio de la ocupación, más en los últimos meses, tras la imposición por parte de los organismos financieros internacionales de la eliminación de los subsidios a los carburantes, lo que ha determinado un incremento inmediato de la tasa oficial de inflación en enero de 2006 del 5,8% al 22%, y del precio medio de los alimentos del 24%. Una tercera parte de las familias iraquíes vive ya por debajo del umbral de la pobreza; la malnutrición aguda y la mortalidad infantiles se han duplicado, según datos oficiales iraquíes, y según un nuevo informe de mayo de 2006 la malnutrición aguda se ha duplicado desde el inicio de la ocupación hasta alcanzar el 9% de los menores iraquíes.  

La abierta adscripción de los miembros del nuevo Gobierno de al-Maliki al dogma neoliberal[9] no permite más que vaticinar un mayor empeoramiento de la situación interna de la población. 

La quiebra de la ocupación: Caracterización de la resistencia

 

Precisados de triunfos, EEUU y el nuevo Gobierno iraquí han presentando la muerte de al-Zarqaui, el evanescente líder de al-Qaeda en Iraq, como un “punto de inflexión” en la situación interna iraquí. Como ha ocurrido en anteriores ocasiones –por ejemplo, tras la captura de Sadam Husein- los hechos demostrarán inmediatamente que no es así. Las dimensiones de la actividad armada contra los ocupantes no pueden atribuirse al grupo de Zarqaui, que, según documentos recientes de la propia organización, apenas cuenta con unas pocas decenas de militantes[10].

Medios árabes y occidentales confirman abiertos enfrentamientos armados desde noviembre de 2005 en la provincia occidental de al-Anbar (y en su propia capital, Ramadi) entre organizaciones de la resistencia iraquí y la red de al-Qaeda en Iraq de al-Zarqaui[11], que se estarían extendiendo a otras provincias del país (por lo pronto a Diyala y Saladino, al norte de la de Bagdad), enfrentamientos de los que daba cuente el propio portavoz del Pentágono en Iraq, el general Rick Lynch, a comienzos de año[12].

 

En noviembre de 2005 se da a conocer la creación del Frente Patriótico Nacionalista e Islámico (FPNI), quedando "[…] agrupados en este Frente político tanto las formaciones de la resistencia como los partidos políticos que las apoyan, junto a personalidades iraquíes [independientes]. [Este Frente] será a partir de ahora el representante político de la resistencia armada, convirtiéndose en interlocutor de las organizaciones y del movimiento contra la guerra internacionales con el objetivo de obtener el reconocimiento de la resistencia iraquí y de su legitimidad como represente del pueblo iraquí” [13]. Como su nombre indica, el FPNI agrupa sin hegemonías ideológicas a formaciones islamistas no taqfiristas (anatemizadoras, de la línea de al-Qaeda) junto a las corrientes disidentes de izquierda y nacionalista del régimen de Sadam Husein no vinculadas a EEUU y Reino Unido, al Partido Baaz del interior y a grupos comunistas disidentes de la línea colaboracionista de la dirección del Partido Comunista Iraquí, además de a algún partido creado en el interior tras el inicio de la ocupación[14]. Los documentos constitutivos del FPNI incluyen referencias explícitas a la reconstrucción democrática de Iraq, constituyéndose así como el único referente interno que combina al tiempo un proyecto de liberación armada del país con el rechazo del sectarismo y el confesionalismo[15].

 

La resistencia en Iraq y su mantenimiento es, ciertamente, un fenómeno genuinamente interno.  El repaso a algunos datos oficiales del Pentágono permite así confirmarlo.  

A finales de mayo, el secretario de Defensa de EEUU, Donald Runsfeld, reconocía ante el Senado de su país que no cabe imaginar una reducción significativa de tropas estadounidenses a lo largo de 2006, en la actualidad, 133.000 efectivos. Tan alto número de efectivos solo se puede mantener con rápidas rotaciones de retorno a Iraq, la prolongación más allá de un año de la permanencia en el escenario de combate y el recurso abusivo a contingentes de la Guardia Nacional y de la Reserva, mal preparados para el combate. De nuevo un informe del Pentágono[16], el redactado en esta ocasión por Andrew Krepinevich, oficial retirado del Ejército y en la actualidad director del Center for Strategic and Budgetary Assessments, define el despliegue de las tropas estadounidenses en Oriente Medio como “una delgada línea verde" a punto de quebrarse en cualquier momento. Por primera vez en años, en 2005 el reclutamiento descendió por debajo de las previsiones, y hasta 50.000 soldados han visto prorrogado contra su voluntad su servicio en el Ejército[17]. Ann Scott Tyson, resumía hace poco más de un año en The Washington Post de este modo la situación: 

“Dos años después de que EEUU iniciara una guerra contra Iraq con un despliegue de poder aplastante, un conflicto de guerrillas está reduciendo los recursos del Ejército de EEUU y extendiendo un manto de inseguridad sobre la capacidad de respuesta de todas las fuerzas voluntarias, según dirigentes militares, legisladores y expertos en Defensa estadounidenses. Las inesperadas y firmes exigencias de mantener los combates en tierra están forzando a desplegar reservas militares y a enviarlas [a Iraq] más deprisa de lo que pueden ser reemplazadas. Problemas en el reclutamiento y retrasos en los equipamientos necesarios están pasando factura; un número creciente de unidades han sido divididas o puestas a prueba con reiterados redespliegues, especialmente de la Guardia Nacional y en la Reserva del Ejército.” [18]

 

El coste humano de la ocupación de Iraq comienza además a ser relevante para EEUU. En los cinco primeros meses de 2006 se mantiene la cifra oficial de 2005 de entre dos y tres soldados estadounidenses muertos al día en combate como media[19], mientras que el número total de heridos supera los 17.000, de los cuales 8.000 no han podido retornar al combate por sus graves secuelas (son los clasificados como WIA not RTD, Wounded in Action not Returned to Duty, "Heridos en combate que no retornan al servicio")[20]. El Pentágono reconoce un incremento de este tipo de heridos graves, esencialmente causados por la detonación al paso de sus convoyes de las denominadas "bombas de fabricación casera" (IED, de su nombre en inglés), el arma más mortífera y habitual de la resistencia. Estos datos confirmarían que, pese a las medidas de autoprotección (reducción de movimiento de tropas) y exploración de técnicas de detección y desactivación de este tipo de bombas (para lo que EEUU ha recurrido a Israel[21]), así como a la intensidad de las operaciones militares lanzadas a lo largo de la segunda mitad de 2005, la resistencia iraquí está siendo capaz de mantener un nivel ascendente de actuación, incluido ya en el sur del país. Siempre según datos del Pentágono, el número de ataques armados en Iraq se incrementó en 2005 en un 30% respecto a 2004, hasta más de 34.000, es decir, casi 100 diarios. De ellos, menos del 1% fueron ataques suicidas o coches-bomba[22], acciones atribuibles en buena medida a la red al-Qaeda, cuando no a opacas tramas de servicios secretos. Los datos muestran que el esfuerzo esencial de la actividad armada recae en los ataques directamente dirigidos contra las fuerzas de ocupación por parte de la resistencia y que, pese a centrarse en ellos la atención pública internacional, los atentados masivos y sectarios son muy escasos comparativamente, aunque sus efectos sean muy graves.

 

Según la Institución Brookings de Washington, las fuerzas estadounidenses dan muerte cada mes a una media aproximada de al menos 3.000 combatientes iraquíes[23]. Por otra parte, el pasado 21 de abril el Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas para Iraq, Gianni Magazzeni, indicaba en Bagdad que casi 30.000 personas están detenidas en Iraq (más de 14.000 bajo control de las fuerzas de ocupación), una cifra que no deja de aumentar pese a las recurrentes excarcelaciones. Si se recuerda la estimación oficial del Pentágono de que la resistencia iraquí podría estar integrada por unos 20.000 combatientes, las cifras no cuadran: o bien el número de iraquíes involucrados en la resistencia es muy superior al reconocido, o bien su capacidad de renovación -su apoyo popular, en suma- es admirable. "El número de ataques de la resistencia sigue en aumento y no hay previsión de una reducción debido a que [los grupos de la resistencia] son parte intrínseca de la población iraquí", sintetizaba un alto oficial estadounidense destinado en Iraq en el documento antes citado de GAO del pasado 6 de febrero. 

Mientras apenas se avanza en el proceso de creación del nuevo ejército iraquí, tras un otoño de intensísimos operativos en la provincia de al-Anbar a lo largo del río Éufrates, EEUU está procediendo a un repliegue efectivo sobre el terreno, sin duda a fin de limitar el número de bajas. El Pentágono ha cuadruplicado en los últimos meses de 2005 los bombardeos aéreos y con misiles[24], mientras acuartela el máximo tiempo posible a sus tropas en bases distribuidas por todo el país[25] y cerca con muros las ciudades rebeldes[26].  

El resultado de todo ello es imaginable: el incremento de destrucción y de víctimas civiles, además de la pérdida efectiva del control territorial, ya precario incluso en la capital. Las proyecciones del estudio de la Universidad John Hoskins de Baltimore, publicado en octubre de 2004 en la revista Lancet, sitúan en la actualidad en una orquilla de entre 125.000 y 250.000 el número de iraquíes muertos desde el inicio de la ocupación esencialmente debido al uso masivo de la fuerza militar por parte de los ocupantes contar núcleos habitados.  

El proceso político, malogrado: el peligro de guerra civil 

El único alivio que le restaría a EEUU y Reino Unido tampoco se materializa: la consolidación del proceso político interno, que ha abierto, más mal que bien, su última fase tras las elecciones de diciembre de 2005[27]. En estos comicios, llevados a cabo en un clima de guerra abierta y sin supervisión internacional alguna, la lista confesional chií Alianza Unida Iraquí (AUI), cuyos dos principales integrantes son las formaciones Dawa y el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq (CSRII) [28], si bien no ha obtenido la mayoría absoluta, sigue siendo la fuerza hegemónica en las nuevas instituciones, tan solo contrapesada por el bloque kurdo de la Alianza Patriótica del Kurdistán y el Partido Democrático del Kurdistán, respectivamente liderados por los hermanos enemigos Talabani —el presidente del país— y Barzani —el presidente del región autónoma kurda—. Ambas listas coinciden en su voluntad federalista, consagrada en el borrador de Constitución de agosto de 2005, que incluye de facto la disolución del marco jurídico estatal e igualmente, por imposición de la AUI, graves restricciones en libertades y derechos civiles –muy particularmente en los relativo a la mujer iraquí- al establecer la preeminencia legal de la ley islámica.  

De las 37 carteras –incluida la de Interior- del nuevo Gobierno de al-Maliki, 19 han ido a miembros de formaciones confesionales chiíes muy vinculadas a Irán[29]. Sin embargo, incluso ya antes de iniciarse la invasión, EEUU había otorgado a las formaciones del confesionalismo político chií un papel en la gestión de la ocupación de Iraq que inevitablemente abría —como así ha sido— el país a la directa influencia iraní. Ocupado Iraq, a fin de poder presentar en casa resultados tangibles, el presidente Bush se empecinó en mantener el calendario del proceso político, aún en contra de sus tradicionales aliados opositores al régimen de Sadam Husein[30]. El resultado inevitable ha sido convertir a las formaciones confesionales proiraníes de la lista AUI en fuerzas hegemónicas en las nuevas instituciones iraquíes.  

Esta situación es hoy particularmente desasosegante para EEUU y Reino Unido: sus principales interlocutores en Iraq mantienen estrechos vínculos con Irán, quedando con ello cautivos ambos Gobiernos del conjunto de la negociación de la agenda iraní, concretamente de la resolución del problema del desarrollo de su programa nuclear. Según informaba un portavoz de la Casa Blanca el pasado 16 de marzo, la Administración Bush había autorizado al embajador estadounidense en Iraq, Zalmay Jalilzad, a abrir un diálogo directo con Irán “sobre cuestiones relacionadas con Iraq”. Sería así el primer contacto oficial entre ambos países desde la crisis de los rehenes de la embajada de EEUU en Teherán de 1979. La idea parece haber surgido de Irán, pero quien la ha formulado ha sido Abdul Aziz al-Hakim, máximo dirigente del CSRII. La clave del proceso, si es que avanza en él, se basaría en el complejo juego de intereses que afectan a EEUU e Irán. Según narra el historiador y analista Gareth Porter:

 

“El 4 de enero [de 2006], el periódico al-Hayat de Londres, citaba fuentes iraníes e iraquíes que aseguraban que [el embajador de EEUU en Bagdad] Jalilzad había enviado una carta a Irán, a través de una delegación del ministerio de Defensa iraquí, en la que proponía que los dos países coordinaran su política sobre Iraq. Esto quiere decir que la actual política diplomática estadounidense se basa en que la Casa Blanca considera que todavía puede coaccionar a los iraníes para cumplir sus órdenes en Iraq. El Gobierno iraní, sin embargo, cree sin duda que, debido a la gravedad de la situación en Iraq, dispone de las mejores bazas en su negociación con EEUU a pesar de las continuas amenazas militares estadounidenses.”[31]

 

Como señalaba tras este anuncio de negociaciones bilaterales un analista iraní “[…] actualmente Irán está en una situación de fuerza debido a que EEUU no logra un consenso en el Consejo de Seguridad sobre el dossier nuclear iraní, lo que podría dar pie a una negociación doble: sobre Iraq y sobre la cuestión nuclear iraní”. Por el momento, es el propio Irán quien se ha negado a iniciar el diálogo con EEUU sobre Iraq, demostrando con ello su clara posición de fuerza[32].

 

No ajeno a este escenario, a la confrontación de estos tres años entre la resistencia, de un lado, y los ocupantes y fuerzas colaboracionistas, de otro, se ha superpuesto en los últimos meses un nuevo fenómeno de violencia cuya lógica y objetivos parecen atentar tanto contra la integridad y convivencia comunitaria de Iraq, como contra la pretensión de EEUU y Reino Unido de estabilizar la situación interna a fin de poder disminuir su implicación directa sobre el terreno. Nos referimos a la emergencia de los escuadrones de la muerte, cuya vinculación directa con el ministerio del Interior, instancia dominada por el CSRII, es un secreto a voces[33]. Estos escuadrones de la muerte parapoliciales o de milicias confesionales chiíes habrían sido responsables del asesinato de más de 6.000 personas tan solo en el área de Bagdad y en los primeros cinco meses de 2006[34].  

Ciertamente, estos primeros meses del año muestran claros indicios de que los ocupantes están perdiendo igualmente el control interno a favor de sus socios del campo confesional chií, cuya fidelidad, por sus propios orígenes e intereses, se orienta más hacia Teherán que hacía Washington o Londres. Podría opinarse legítimamente que la guerra sucia de los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes ha sido alentada por los ocupantes (sería la denominada Opción El Salvador[35]), dado que cuando menos ayuda a éstos a aplastar a la resistencia, habida cuenta que las víctimas selectivas de los escuadrones de la muerte pertenecen a los sectores secularizados[36] y anti-ocupación de la sociedad iraquí.  

Pero sin que lo anterior deje de ser cierto, la brutal irrupción de la guerra sucia en Iraq constituye sobre todo un torpedo a la línea de flotación del ya precario proyecto anglo-estadounidense de estabilización de la situación interna, ya que parece abocar al país a su violenta partición territorial sectaria: ciertamente la actuación más brutal e indiscriminada de los escuadrones de la muerte está teniendo como objetivo el desalojo de la población sunní del perímetro meridional de Bagdad y de las provincias de las zonas centro-sur y sur del país, ya abierto proceso de limpieza étnica destinado a crear un área pura confesional chií directamente vinculada a Irán, a semejanza de la kurda en el norte[37], estratégicamente asociada a Israel. Es innecesario recordar que en una y otra se sitúan las zonas de explotación petrolífera de Iraq.  

Por todo ello, el apoyo comprometido a la resistencia civil y militar iraquí ya no es solo un deber internacionalista derivado de que ésta expresa la legitimidad de la lucha del pueblo iraquí contra la ocupación extranjera de su país, sino por que aquélla representa la única alternativa frente al afianzamiento y triunfo en Iraq -y ya en el conjunto de Oriente Medio- de corrientes regresivas, sectarias o confesionales, que por ende encuentran en el Estado de Israel su modelo especular.

 

* Carlos Varea es coordinador de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (www.iraqsolidaridad.org). Este texto es su ponencia presentada al IV Encuentro de Red de Redes “En Defensa de la Humanidad”, celebrado en el Estado de Anzoátegui, Venezuela, del 4 al 6 de junio de 2006.



[1] En el otoño de 2003, Paul Bremer, máximo responsable civil de la Autoridad Provisional de la Coalición (APC), anuncia a su regreso de Washington la puesta en marcha de un proceso político interno cuyas etapas serán: enero de 2004, aprobación de la denominada Ley Administrativa Transitoria, redactada por el propio Bremer y que contiene el calendario del propio posterior; junio de 2004, disolución de la APC y cesión formal de la soberanía a un primer Gobierno interino presidido por Iyad Allawi; enero de 2005, elecciones legislativas, de las que se formará un segundo Gobierno transitorio, cuyo primer ministro será al-Yaafari; agosto de 2005, aprobación del borrador de Constitución; y diciembre de 2005, nuevos comicios legislativos para la formación de un Gobierno ya definitivo, con mandato de cuatro años, en marzo de 2006, aún no establecido.

[2] Aún más tempranas consideraciones sobre el error de la invasión y la ocupación de Iraq pueden repasarse en Carlos Varea, 2005, “Iraq: un «éxito catastrófico»”, en Iraq, diario de la resistencia, Icaria-Al Fanar.

[4] Meses atrás, Cordesman ya había advertido a la Administración Bush de que debía preparar "[...] un plan de contingencia ante [un posible] fracaso [en Iraq]" (citado en Paul Krugman, "A no-Win Situation", ABS-CBN Interactive, 1 de septiembre de 2004). Entonces Cordesman no imaginaba una estabilización en Iraq antes de finales de 2005, fecha de culminación del calendario de transición política en Iraq. Ya rebasada esa fecha, la realidad sobre el terreno incluso es aún peor de lo por él previsto.

[5] En el Comité Ejecutivo de esta institución se encuentran figuras de círculos de poder político y económico tan notorias como George Soros y Emma Bonino; sus dos copresidentes son Leslie H. Gelb, ex presidente del Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU, y el británico Christophen Patten, ex comisionado europeo de Relaciones Exteriores.

[6] International Crisis Group Middle East Report,  n. 34, 22 de diciembre de 2004, http://www.crisisweb.org/home/index.cfm?l=1&id=3196.

[7]  "Rebuilding Iraq. Stabilization, Reconstruction, and Financing Challenges", de la agencia gubernamental estadounidense United States Government Accountability Office, GAO, de 6 de febrero de 2006.

[8] 7.500 millones de euros del Fondo para el Desarrollo de Iraq (FDI) no han podido ser justificados. El FDI es una instancia de gestión presupuestaria de Iraq establecida por resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 2003, que otorga a los ocupantes, bajo la supervisión de los organismos financieros internacionales, la gestión de los haberes iraquíes, incluidos el fono de dinero remante del programa “Petróleo por Alimentos”.

[11] Mohammad al-Dulaimy, Knight Ridder Newspapers, 9 de noviembre de 2005. El anuncio en enero en Internet por parte de al-Qaeda de la creación de un "Consejo de Combatientes" de coordinación de grupos armados marginales, que no incluye a Ansar al-Sunna y otros grupos islamistas sunníes, se ha evaluado como preludio de una escalada del enfrentamientos entre la red de al-Zarqaui y la resistencia iraquí (al-Jazeera, 15 de enero, 2006).

[12] Al-Jazeera, 19 de enero de 2006, y The New York Times, 12 de enero de 2006. El punto álgido de estos enfrentamientos lo ha constituido el asesinato el 5 de febrero de 2006 del alcalde de Faluya, Kamal Shakir al-Nazar al-Duleimi, sheij de su principal mezquita, acción atribuida a al-Qaeda. Véase: http://www.nodo50.org/iraq/2004-2005/docs/ocup_17-11-05.html

[16] Disponible en http://thinkprogress.org/wp-content/uploads/2006/.

[17] Reuters, 29 de enero, 2006

[18] The Washington Post, 19 de marzo de 2005.

[19] Iraq Coalition Casualties Count.

[20] Respecto a los ocupantes británicos, en una reciente carta, el ministro británico de Defensa, John Reed, reconocía que el número oficial de bajas en Iraq, al menos en lo que a heridos evacuados se refiere, ha sido rebajada, al limitarse los datos aportados públicamente a los militares heridos en combate evacuados del Hospital de Campaña británico de Shaibah, en Basora, 230 desde el inicio de ocupación. El ministro reconoce que, teniendo en cuenta los datos de evacuación desde otras unidades militares británicas, entre febrero de 2003 y diciembre de 2005 "[...] unos 4.000 militares y personal civil" de Reino Unido habrían sido evacuados de Iraq tras haberse sido heridos en ataques de la resistencia.

[21] Amir Oren en Ha'aretz, 12 de noviembre, 2005. Fuentes israelíes desvelaban el 27 de febrero de 2006 que Israel viene suministrando armamento sofisticado de láser a EEUU para sus operaciones militares en Iraq desde "hace mucho tiempo atrás". La filtración fue efectuada por responsables de la empresa militar israelí Rafael. Recogido de prensa israelí en al-Quds al-Arabi, 28 de febrero, de 2006.

[22] UPI, 23 de enero de 2006.

[23] UPI, 28 de noviembre de 2005.

[24] UPI, 1 de enero, 2006. El Pentágono reconoce "centenares de misiones" en las que está empleando el nuevo avión Predator y los habituales F-16 y F-15 de la Fuerza Aérea (principalmente con base en Balad, al norte de Bagdad), y los F-16 de los navíos de la Armada situados en el Golfo (además de sus misiles) y de la base del Cuerpo de Marines de al-Asad, en al-Anbar. En algunos de estos ataques se habría ya usado, en apoyo a operaciones de combate terrestre, la nueva bomba de 500 toneladas guiada por láser GBU-38. En la primera semana de marzo, la agencia AP ha informado en la primera semana de marzo del traslado secreto a bases en Iraq de los mortíferos aviones de ataque aéreo AC-130 Spectre, que no operaban desde el asalto a Faluya de noviembre de 2004.

[26] Ya cinco: Samarra, Tal Afar, Mosul, Siniya y Rutba.

[27] Ver nota 1.

[28] A esta lista se ha unido en estas elecciones de diciembre la corriente del clérigo as-Sáder, que tiene cuatro ministerios en el nuevo Gobierno de al-Maliki.

[29] Véase: http://www.nodo50.org/iraq/2006/docs/analisis_23-05-06.html.

[30] Antiguos interlocutores de EEUU y Reino Unido como Iyad Allawi, Ahmad Chalabi, Yalal Talabani y Masud Barzani pidieron a la Administración Bush que se aplazaran los primeros comicios de enero de 2005, ante la previsión de un triunfo electoral de la candidatura chií pro-iraní, en buena medida logrado por el fuerte apoyo financiero y coercitivo iraní, además de la alteración del censo y el escrutinio.

[31] En “Bush Seeks His Enemies' Help in Iraq”, IPS News, 16 de enero de 2006

[32] Véase: http://www.nodo50.org/iraq/2006/docs/analisis_1-06-06.html.

[33] Como así ha denunciado en febrero el enviado de Naciones Unidas John Pale tras visitar Iraq. Pale no ha dudado en acusar a las milicias del CSRII, amparadas dentro del ministerio del Interior, de estar detrás de una oleada de asesinatos selectivos e igualmente masivos con los que se estaría procurando alentar la confrontación comunitaria en Iraq, quizás con el ánimo de que el país bascule ya definitivamente hacia su división definitiva en entidades confesionales puras (Andrew Buncombe y Patrick Cockburn, “And Now Come the Death Squads”, The Independent, 27 de febrero, 2006).

[34] Según las estadísticas del Instituto Anatómico Forense de Bagdad: 1.068 cadáveres en enero, 1.110 en febrero, 1.294 en marzo, 1.155 en abril y 1.375 en mayo (Deutsche Presse-Agentur, 5 de junio, 2006).

[36] A ellos se atribuye el asesinato de al menos casi dos centenares de profesores de universidad (véase: http://www.nodo50.org
/iraq/2004-2005/docs/represion_11-11-05.html).

[37] En la que la táctica de limpieza étnica se centra en Mosul contra las comunidades árabe y turcomana.

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