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Por la infamia de la revista Forbes
Cintio Vitier y Fina García Marruz
Cuba


“No hay patria sin virtud”. La radicalidad de esta sentencia de nuestro padre Felix Varela, maestro a su vez de José de la Luz y de Rafael María de Mendive, mentores de Martí, que al primero lo llamó “el silencioso fundador” y fue discípulo directo del segundo, tardaría tantos años en comenzar a cumplirse como los que corren mancillados hasta el primero de enero de 1959.

La supuesta excepción inicial de Tomás Estrada Palma pecó nada menos que de tendencia anexionista y solapado racismo. Lo que vino después fue de mal en peor hasta desembocar en Gerardo Machado y en Fulgencio Batista, callejón sin salida aparente que provocó nuestra tercera guerra independentista en la Sierra Maestra.  Ya Martí lo había previsto en el Manifiesto de Montecristi, que la Revolución Cubana tendría “varios periodos de guerra”. No en vano el último fue iniciado por la “generación del Centenario”, que en la persona de Fidel Castro la preside hasta hoy. 

Lo más significativo de todo aquel amargo proceso fue que nuestra hoy llamada “seudo-república” tuvo que soportar como neocolonia la Enmienda Platt y las cínicas relaciones con los gobiernos sucesivos de Estados Unidos. 

Hay una secuencia indudable entre la última carta de Martí a Mercado, su categórico testamento antimperialista, el ataque al Cuartel Moncada y la lucha en la Sierra. No significa esto que, por arte de magia histórica, “el país de pillos” que en plena Colonia vio Ramón Meza en su alucinante y realista novela Mi tío el empleado, se convirtiera de pronto en la patria soñada por Varela. Las consecuencias de los pecados históricos y de las injusticias sociales tardan en desaparecer. Pero lo cierto es que la renovación moral comenzó con la entrada en Santiago y en La Habana del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro Ruz, que antes de ser comunista militó en el Partido Ortodoxo lidereado por Eduardo Chibás, cuyo grito de guerra era Vergüenza contra dinero, y que no llegó al poder para enriquecerse sino después de haber dejado definitivamente atrás el latifundio familiar. 

Empieza pronto para la Revolución Cubana la batalla con el Imperio más poderoso de la historia, el mismo que apoyó en la patria desvirtuada y neocolonizada a todos los corruptos gobiernos anteriores. Como también lo previó Martí, con la decidida militancia antimperialista comenzó la renovación moral de la política cubana, y el honor de encabezar esa renovación dentro de un socialismo desprovisto o superador de tendencias sectarias, dentro de un socialismo sinceramente ecuménico, lo tiene, con entera virtud personal, Fidel Castro, acompañado hoy por Hugo Chávez Frías y Evo Morales. 

En cuanto a la llamada “campaña mediática”, por un estudio de Eliades Acosta titulado: Los colores secretos del Imperio (2002), hemos sabido que ya antes de empezar la guerra dirigida por Martí, tal género de campaña se inauguró en Estados Unidos contra Cuba. La revista Forbes no hace más que seguir una tradición. 

28 de mayo de 2006.

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