Año IV
La Habana
2006

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Pedro Pérez Sarduy
(Santa Clara, 1943)


VÍCTIMA PROPICIA PARA UN AZAR DE VERANO

De todos modos no que da otra alternativa
que aceptar las tribulaciones de esta ciudad,
con su orquesta de hipótesis subversivas
incitando al amor con fusiles crepúsculos
y cierta lluvia que ya dura todo un solsticio.
Mi ropa, siempre húmeda en meses como éste,
viajaba conmigo de sensaciones largas y solitarias,
cuando de repente
una audiencia de falsas aberraciones,
similar a más de un atardecer magnífico,
se esparce sobre los distritos coloniales y republicanos
de esta parte intramuros de La Habana
por donde paseamos entre desperdicios nocturnos,
sorprendiendo de vez en cuando el retozo contagio
de vibraciones nada convencionales.

Contamos, descalzos, los adoquines fundidos
cerca de la Loma del Ángel y la estrecha bocacalle
que abraza el campanario del Convento de San Francisco
llamando a penitencia.

Sin embargo, nuestra presencia era inoportuna,
no deseada; diría mejor, a deshora.

Pero qué importa,
nuestra edad anula los compromisos austeros
y penetro consumiendo mis energías todas,
las próximas inclusive,
en esta dichosa posibilidad que pienso de estar
siempre presente.

Fue así que leímos los cuentos de negros brujos
para saciar tu indiscutible herejía,
cuando nos sorprende Tauro saliendo de su enfado
por una de estas encrucijadas
que nos reserva este mundo adulto
y pretende despojarnos de la supuesta virginidad
que disfrutábamos.

Un signo diferente, pero además piadoso, te señala
y desapareces entre los caprichos de sal.

Lo llamaron Aries,
por ser la frivolidad su perfil urbano.

Pero nunca supiste realmente lo hermoso que significó
despreciar el rumor del mar a esa hora
y dejarse ir en plena cosecha de nuevos placeres
por una esquina cualquiera del Trópico de Cáncer.

A pesar nuestro, acepto la disculpa.
De todos modos, nunca sabrás reparar tal error,
aquél de llegar a ser, y de qué manera,
la víctima propicia de un desafinado enemigo público,
el azar.

La Habana, 1974


ÚLTIMA CONFERENCIA ANUAL DE VERDADEROS AMANTES

Ahora extraño,
acaso mientras la Luna Creciente de Febrero ilumina una pradera
distinta y cubierta de nieve,
extraño, 
tal vez con mi sentido común tan tropical a pesar de todos estos anglicismos
a toda aquella gente a quien quiero diseminada
por esos rincones tan públicos,
incluyendo al principal personaje de aquellos coqueteos perpetuos
porque no hay razón para la fidelidad más allá del amor mismo
y esos desafíos irremediables.
Los meses han dejado de tener la más mínima semejanza entre sí
y cada uno de nuestros amigos trata de forcejear a su manera
con un calendario lleno de hipótesis nuevas y teorías fascinantes
acerca de la reproducción sexual
y el romance,
        simplemente el romance,
                nada más que el romance. 

El corazón con sordina
y el placer de un soplo desafinado
sin finanzas
en contraste con una ciudad que perdió la memoria. 

Los ciudadanos parecen desesperados
por el color a tierra desaparecida
y la inesperada alarma
de un teléfono portátil.

Los pretendientes comienzan su diálogo de venturinas y esmeraldas
para concluir así la primera ceremonia que nos mantenía
relativamente sorprendidos
hasta ese preciso instante en que se despertaron sudorosos de invierno.

En lo que llegó a ser la última ocasión
se habían citado por primera vez en la misma mesa
del mismo café
y un mismo día de muchos años después
donde nadie o casi nadie
menos la constante visita de pequeños escarabajos y otras alimañas
pero fue la cobija donde se amaron silenciosa y clandestinamente
sin la más remota pasión
pues no había tiempo para más
y persistieron en el recuerdo que deja en la punta de los dedos
ese sabor prohibido.

Tú me cuentas sorprendida
cómo a la orilla del malecón él te consolaba
muy a su pesar y debido a la sospecha infiel de su amigo
que había desbaratado aquella sorpresa tan inesperada
de la llegada de un taxi a la puerta del jardín
y el saxofón que no logra reducir la distancia entre el otro
y su sombra.

Congojas y pereza
la nieve sucia en su larga espera de invierno
la misma insistencia de la tinta derramada sobre el mantel
en un restaurante chino en medio de la Calzada
otro pretexto cualquiera que nos permita escapar a través de la
lupa
y en mi mesa conspiran los recuerdos entre sí
la alquimia del juez duerme.

Esa mañana ella decidió bordear a pie la rivera norte
de aquel río sobre el cual tanto había oído hablar en sus días escolares
de la ciudad natal
cuando aún se desconocían los infortunios de esos años.

Allí se detuvo solamente por un momento debajo
de aquellos cerezos durante su menstruación de primavera
fino obsequio de un alucinante y recién iniciado suicida.

Londres, 1993    
                                   
    

CASI SIEMPRE EN ABRIL

Hubiera preferido que Abril  cancelara definitivamente su crueldad
y los cerezos buscaran en mi ausencia alguna fragancia solitaria   
pletórica de congojas.

Tal vez la persistente letanía de un bolero
roce mi mejilla con la mirada de aquella gitana
de azabaches colgantes
esgrimiendo lanzas de albahaca.
De repente el verano
Con su afortunada tendencia hedonista
Se desvanece entre mis brazos.

Sevilla, 2000

Tomado de Malecón sigloveinte, libro de próxima publicación por la editorial Letras Cubanas.


Poeta, escritor y periodista Santa Clara, 1943. Realizó estudios de Lengua y Literatura clásica en la Universidad Central de Las Villas, y luego inglesa/ norteamericana y francesa en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana, donde también estudió periodismo. Ha sido periodista radial en Cuba desde 1965 y con el Servicio Latinoamericano de la BBC de Londres entre 1981-95. Entre sus libros publicados se encuentran Surrealidad, (UNIÓN, La Habana 1967) -Primera Mención Premio Casa de las Américas 1966- ; Las Criadas de La Habana (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico 2001; Editorial Letras Cubanas, La Habana 2004).

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