Año IV
La Habana

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- 13 ENERO de 2006

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Entrevista con Jorge Enrique Lage
Nunca me he propuesto alegorizar
Rogelio Riverón
La Habana


El Cuento: La Máquina

Jorge Enrique Lage (La Habana, 1979) sobresale entre los escritores cubanos de más reciente promoción. Su libro Fragmentos encontrados en La Rampa (2003) ganó el Premio Calendario, de la Asociación Hermanos Saíz, de jóvenes escritores y artistas, un año antes. Es autor, además, de los cuentos contenidos en Yo fui un adolescente ladrón de tumbas (2004), que obtuvo el Premio Luis Rogelio Nogueras, del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Ciudad de La Habana. Lage labora en el conocido Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Hay motivos para suponer que en Fragmentos encontrados en La Rampa el argumento espera ser compensado por graves resonancias históricas. Es como si todo suceso debiera ser valorado a partir de disímiles reflejos, pero yo, particularmente, desearía imaginar que al tener tan presente a la macro y a la microhistoria, no te limitas al simple ademán alegórico. ¿Qué dices tú mismo?

Que también desearía imaginarlo. Al menos, nunca me he propuesto alegorizar. En uno de los tres relatos de Fragmentos... hay un asunto ahí con la historia, un juego con las mayúsculas y minúsculas de la palabra, pero la intención no es transmitir un significado unívoco ni apoyar el argumento en claves que piden ser interpretadas de una sola manera. No. Generalmente intento desarmarlo todo para recombinarlo todo después, a la manera de las enzimas de restricción con el ADN, y generar significados híbridos o mutantes. Se trataría, en todo caso, de múltiples ademanes expresivos. Siempre ha de haber resonancias, y pueden ser resonancias históricas, solo que a mí me interesa sacudir un poco esa gravedad de lo histórico para trabajar con ello en el mismo laboratorio donde se inventan las tabletas alucinógenas, el cómic gore y la pornografía.

De cualquier forma, tal parece que al narrar insistes en la movilización simultánea de códigos que son, incluso, seudoculturales. Por ejemplo, en «La insoportable brevedad del ser», una pieza de Yo fui un adolescente ladrón de tumbas, se dislocan la geografía, el tiempo, las idiosincrasias y posiblemente hasta los géneros, para construir escenas que yo creo amargas, risueñamente amargas. Con esta especie de reconcentraciones, ¿qué persigues? 

Supongo que elaborar algún tipo de narración que a mí me gustaría leer con más frecuencia. Prefiero lo heterogéneo y lo múltiple, como ya apunté en la respuesta anterior. De ahí la movilización de referencias y códigos provenientes de distintas áreas. El cuento que mencionas está concebido como un escenario donde se haga evidente la utilería (en particular la utilería fea) de la ficción. Las dislocaciones, o reconcentraciones, más que efectos dramáticos del screenplay vendrían siendo formas de la propia sustancia con la que se trabaja, formas que a veces rehuyen de categorías fijas y esos lugares que pueden no ser comunes, pero que casi siempre son inmóviles. En fin, lo más probable es que no me haga entender. Ni yo mismo trataría de entenderlo. Pero hay una frase sencillísima de Ronald Sukenick que dice así: Fiction is not about; it is it. Y lo cierto es que a mí me gustaría escribir para un lector que acepte renunciar a posiciones cómodas o estables, desplazar continuamente sus puntos de vista, reubicarse en lecturas alternativas. Un lector que no se pregunta si lo que está leyendo es realidad o fantasía, lógico o absurdo, localizado aquí o allá, antes o después, en serio o en broma (en fin: si lo que está leyendo es); porque sabe que cualquier respuesta, además de falsa, es empobrecedora. Quizás lo que persigo es una idea de la escritura como fluido, como un experimento más radical de la imaginación.

Se ha dicho que el único tema de la literatura es el hombre, pero más allá de la contundencia de la frase, podemos especificar. ¿Qué te interesa de esa ecuación cósmica llamada hombre?

Sobre todo, aquello que no es ni cósmico ni abstracto. Aquello que supone una distancia con respecto al humanismo tradicional y sus metafísicas. Muchas veces cuando se habla de relaciones humanas, conflictos humanos, valores humanos, me parece que hay alguien detrás inflando globos. Prefiero ver la condición humana libre de ecuaciones, inagotable y cambiante y reflejada en esa necesidad que tiene el hombre de crear, de ir dejando tras de sí largas tiras de lenguaje como una araña va dejando la química de su tela, quiéralo o no, para caminar sobre ella, tropezar con ella, morir atrapado por ella.

Estamos autorizados a divagar. ¿Qué significa, por ejemplo, ser un joven escritor habanero en el año 2005?

No significa nada. En todo caso, ¿qué significaría el no-ser escritor y no-ser habanero? Joven y 2005 son dos circunstancias que, te aseguro, variarán con el tiempo.

El Cuento: La Máquina

Entrevista aparecida en la antología de cuentos Conversación con el búfalo blanco de la Editorial Letras Cubanas con edición y corrección de Rogelio Riverón.

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