Año IV
La Habana

17
- 23 de DICIEMBRE
de
2005

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ENTREVISTA CON EL CHILENO Víctor Hugo Robles
¿Una lección de humanidad?
Rosete Silva La Habana
Fotos: Nancy Reyes
 

“Estoy contento de estar en la tierra de Martí”, dijo Víctor Hugo Robles, personaje principal (real) de El Che de los gays, documental del director chileno Arturo Álvarez (1971) estrenado en la sala 23 y 12 de esta capital durante el 27 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. 

“Quisiera dedicar este documental a todas, porque el pensamiento y la libertad no se pueden negar”, agregó Hugo, “y también a una gran amiga nuestra, a una líder de la lucha obrera de Chile, recientemente fallecida pero que no morirá nunca, porque es un personaje eterno: a nuestra compañera Gladys Marín.” 

Producida en el año 2004, con 35 minutos de duración, la película se presentó, antes, en los certámenes de Viña del Mar, Valdivia, Barcelona, Madrid y Valencia, y ganó el premio al mejor documental en el Festival de Cine Lésbico y Transexual de Bilbao (Zinegoac 2005).

El filme narra el proceso de aceptación familiar, política y social de Víctor Hugo Robles, periodista de profesión, líder de la lucha contra la marginación de gays, lesbianas y travestis en el país austral. 

Criticado por unos y admirado por otros, Víctor Hugo logró notoriedad pública cuando, protagonizando acciones de impacto en pro de la causa homosexual, se autoproclamó como “el Che (Guevara) de los gays”. 

Cuando lo entrevistamos, en el Hotel Nacional de Cuba, dos horas antes del estreno del documental en La Habana, tenía unos crespos rizados y largos, y llevaba gafas de lentes transparentes y montura negra; camisa, tipo blusa, de seda roja; un pañuelo también negro, de brillo, anudado al cuello; pantalón de mezclilla azul; y zapatos de charol. 

Pero lo más interesante de su atuendo era la estrella de la boina, diferente de la que portaba el Che. La del Guerrillero Heroico era una insignia “macha”, pero esta era una estrella de mar, media bailarina, afeminada, mariquita... 

Sin duda, a Hugo le gustan los brillos. Dijo que nació para brillar, que se llama igual que el escritor y poeta francés, pero que no es un miserable. Nació un martes trece, en un barrio popular de Santiago de Chile.   

Él mismo apuntó que sus rizos tendrían que recordarnos a La pequeña Lulú, el personaje de los muñequitos. Se identificó con el rojo furioso, el color de las locas, de los afeminados que exponen su homosexualidad de forma exagerada. Explicó que se viste con aire juvenil porque nació en 1969: “Ya soy una vieja”.

GAY O MARINERO 

¿A usted le gusta atribuirse a sí mismo el género femenino? –lo interpeló con respeto, sin sorna, La Jiribilla. 

Sí, ¿por qué no iba a hacerlo? ―respondió con llaneza―. Yo no tengo fantasías con la masculinidad, sino con la feminidad.

Que usted tenga tales fantasías, ¿le da derecho a juzgar de igual modo a sus congéneres?

Cuando llamo compañera a alguno de mis congéneres, también estoy haciendo un ejercicio de género, estoy manifestándome en contra de la dictadura masculina incluso dentro de los gays.

¿No cree que corre el riesgo de ser irrespetuoso?

La palabra respeto es medio sospechosa. Yo respondo a mis emociones, no las reprimo. Lo otro me parece mera intervención humana. 

¿No es una osadía, casi una herejía, autoproclamarse como “el Che de los gays”? 

El pueblo cubano no debe verlo como una agresión, sino como una suma de utopías: vengo a sumar, no a restar. 

¿Cuáles batallas fundamentales dio usted en Chile? 

Primero la de la existencia: la de respirar, la de caminar. Ser homosexual en Chile no es fácil, como no es fácil ser una persona afecta a su mismo sexo en cualquier parte del mundo. En Chile a los homosexuales, a los travestis, los golpean, los asesinan. 

¿Y luego?

Luego está la batalla por la dignidad, en contra de la discriminación de ciertas minorías porque tienen una inclinación sexual diferente a la de las mayorías, en contra de la discriminación de las sexualidades ocultas. 

¿Sexualidades ocultas? –se hizo la desentendida La Jiribilla.

Sí, véase que los hombres homosexuales, por ejemplo, vamos alcanzando determinada aceptación social frente a la brutal intolerancia que siguen padeciendo las mujeres lesbianas, o los travestis, sobre todos pobres. 

¿El grado de discriminación depende del status económico?

Ser homosexual y tener dinero es harina de otro saco. Se ha dicho: “Si eres homosexual, y tienes dinero, eres gay, pero si eres homosexual, y eres pobre, eres un maricón de mierda.”

UNA GANANCIA, UN PREMIO

¿Está empeñado ahora en alguna otra batalla crucial?

Sí, en la lucha mundial contra el SIDA. Fui diagnosticado como seropositivo en 1994, desde entonces soy una persona viviendo con VIH. Le doy gracias a la vida porque me puso el SIDA como el límite que debo superar. Es una oportunidad para luchar, vivir y crecer.

Hay personas que esconden su condición de seropositivo.

Decir, “yo soy VIH”, también tiene una connotación política, porque es un gesto de visibilidad. El actual contagio por VIH podría compararse con el temerario, y legendario, contagio por mycobacterium leprae. En la medida en que sidosos y leprosos digan que lo son, en esa misma medida se humanizan el SIDA y la lepra. 

Tenemos entendido que usted es periodista.

Y nací bajo el signo de acuario, y soy alegre, aún con mi dosis natural, originaria, de tristeza existencial, y hago una revista, llamada Vivo Positivo

¿La infección por VIH cambió en algo su vida?

Para bien. Antes tenía el pelo largo, y después me lo dejé crecer, esa fue mi fantasía de “niña”. 

Pero nosotros nos referimos a cambios más profundos.

Sí, claro, lo sé ―se sonrió―, y también los hubo. Me permití vivir de verdad, vivir de un modo casi furioso, encontrando en los pequeños detalles, que antes pasaban desapercibidos, infinidad de vitaminas para la salud. Comprobé, como dice Susan Sontag en su libro, que más que un conjunto de síntomas enfermizos, el SIDA es una metáfora. En fin, estoy feliz, las cosas que he querido hacer en la vida las he ido haciendo.

En el documental usted termina diciendo que quería venir a Cuba, y lo logró.

Venir a Cuba era uno de mis sueños. Por eso me preocuparía que los cubanos hicieran de mi autoproclamación como “el Che de los gays” una lectura negativa. Hay una persona muy querida en la Isla que comprendió cabalmente mi pretensión, Gladys Marín. Fue ella quien subtituló el documental cuando dijo: “La vida es necesaria vivirla con irreverencia”. Por demás, el simple hecho de estar hoy en Cuba y de estrenar en el 27 Festival de Cine de La Habana este documental, ya es para mí una ganancia, un premio.

LA MAGIA DE LA VIDA

A propósito de la irreverencia, y volviendo sobre el equilibrio entre el derecho individual y el respeto a la libertad ajena, ¿no cree que suele confundirse la libertad con el libertinaje? 

No me gusta la palabra libertinaje, no la entiendo, es vocablo que  tiene un dejo de moralidad, yo solo comprendo y ejerzo mi libertad, quizás porque sea una libertina. 

Cuando decimos libertinaje nos referimos a la actitud de quien obra sin el debido respeto a los demás. 

No soy moralista, cada uno que haga con su vida lo que quiera, me niego a asumir el significado de la palabra libertinaje. ¡Me niego! 

¿Acaso no perdemos cada vez que nos negamos?

Ya le dije, soy libertina. ¿Qué quiere usted, que hable en contra de la loca que soy? No estoy para censurar a nadie. Yo no, el Papa sí. Yo guardo silencio. Que no quiere decir que siempre esté de acuerdo. Pero no: yo no soy censor, yo me omito. 

Usted tiene un lenguaje vivo, por no decir incisivo.

Mi lenguaje es político, y aún cuando esté cargado de emociones también está lleno de cabeza, es decir, de pensamiento. Insisto en que la palabra libertinaje igual reboza de moralidad, de censura. La loca que desee ser libertina, ¡que lo sea!, con respeto y con condón. 

Es difícil ser respetuoso y libertino al mismo tiempo, con o sin condón. ¿No le parece que su esencia libertina puede llevarlo a transgredir ciertos límites? 

Esa es la magia de la vida: cruzar los límites. Yo no estoy en la vida para asumir el metro cuadrado, vine para cruzar la frontera. 

Todos deberíamos tener ese coraje, mas para cruzar la frontera solo cuando haga falta. Estar saltando límites a ultranza sería estéril y aburrido

Pero claro, los cruzo solo cuando es necesario, cuando preciso alcanzar un objetivo político... 

La conversación con Víctor Hugo Robles, “el Che de los gays”, fue un tira y afloja. Con todo, al final descubrimos que paseamos por el borde de un barranco, al filo de un límite, y que tocamos con las manos el misterio intangible de la homosexualidad. 

Entonces nos maravillamos de las disímiles formas en que esta puede asumirse, y alabamos al Dios de la creación por esa: la enorme riqueza de la diversidad humana. 
 

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