Año IV
La Habana
2005

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Luc, otra vez La Habana
Andrés D. Abreu La Habana
Fotos:
Ricardo Rodríguez

 

Sentados frente al malecón habanero,
 con sol de noviembre.

Fue su participación en Fotomentira, junto a Raúl Martínez y Mario García Goya, lo que llevó a Luc Chessex a convertirse en un hito dentro de la fotografía cubana de la década del 60. Fue su sentido crítico hacia los mitos y su interés por destruirlos lo que marcó su peculiar posición dentro del gremio de fotógrafos cubanos de la época. Fue su otra visión de cómo expresarse mediante la imagen lo que le permitió convertir a la revista Cuba Internacional en una posibilidad para hacer la diferencia en los estrictos y monocromáticos  años 70. Fue por eso que mientras vivió en Cuba hasta 1975 realizó una obra paradigmática que retomó como ejemplo otra generación en los 80 para sacar de la inmovilidad a la fotografía cubana y propiciar el cambio. Pero ahora que está de vuelta en La Habana para recibir un homenaje justo en la reapertura de la Fototeca de Cuba, podríamos preguntarnos qué piensa ese deshacedor de mitos de su propia historia y de paso aprovechar para actualizar la mirada hacia un hombre que sigue haciendo fotos sin cámara digital. 

¿Luc Chessex, está usted consciente de que su obra fotográfica en Cuba  se convirtió no solo en una escuela para algunos de sus compañeros  de trabajo, sino también en fuente para otras  generaciones  de artistas cubanos?

En el momento de los hechos, en la década del 60, yo llegué a Cuba  con una cultura y una escuela de fotografía que estaba muy al tanto de lo que se hacía en el mundo, pero obviamente no estaba seguro de cómo funcionaría aquí. Luego con Raúl Martínez y Mayito decidimos impartir esos conocimientos de fotografía. Pero cuando se están viviendo los hechos, uno no puede pensar hasta dónde llegarán las cosas, y no fue hasta hace unos años que empecé a leer algunos artículos sobre valoraciones que se hicieron sobre la exposición Fotomentira que comprendí lo que había logrado aquí como fotógrafo. 

De esa otra generación de fotógrafos que le precedieron, ¿en cuáles encuentra un mayor seguimiento de sus ideas sobre la fotografía?

Enrique de la Uz y Grandal son los más cercanos en cuanto al enfoque fotográfico que tenía, luego hay mucha gente que no conocía y ha seguido el camino, pero con quienes no tengo una relación directa.  Antes de este viaje solo había estado en Cuba en 1985 como responsable de la foto fija de una película y en el 2002 para un viaje corto que la mayor parte del tiempo transcurrió  en el Escambray. En esa oportunidad tuve una charla breve  con algunos fotógrafos, pero lo que ha ocurrido con la foto cubana en los últimos tiempos me ha llegado  sobre todo por publicaciones  o sitios fotográficos en Internet. Como  he dedicado parte de mi vida también  a la enseñanza, me he estado informado sobre todo lo que se está haciendo en cualquier lugar. 

Y como profesor, ¿qué opiniones tiene de la fotografía más contemporánea?

Estoy abierto a todos los  experimentos aún cuando no responden a mis intereses prácticos. Pasa con la fotografía digital, la cual no  manejo mucho a no ser de forma un poco alusiva porque tomo los negativos y luego los escaneo, pero no he entrado en ese  mundo a fondo y no uso cámaras digitales. 

¿El concepto de Fotomentira que usted utilizó junto a Raúl y Mayito   se mantiene como un concepto para toda la vida?

Yo lo tenía de antemano  a mi llegada a Cuba, pero aquí había una visión heroica y épica entre la fotografía y la realidad, eso lo hacían Roberto Salas y Raúl Corrales. Mi visión de la fotografía estuvo siempre más cercana a la de Robert Frank que la de Cartier Bresson. He seguido trabajando ese tipo de concepto, incluso, ahora que lo difícil es probar la verdad de la foto. Mi actitud responde a una escuela que en Europa se considera fotografía de lo real, es decir, con los medios fotográficos se interpretan las cosas, pero sin la ayuda de la computadora. Los nuevos medios permiten ahora con mayor facilidad lo que antes se hacía con el fotomontaje porque siempre se han hecho trucos: desde el más simple que puede considerarse la puesta en escena hasta con el retoque sacar gente no deseada. Con lo digital, la manipulación de la realidad a través de la fotografía es muy fácil. 

¿Cuáles preocupaciones y temas trabaja hoy?

Siempre he tenido una parte más comercial para ganarme la vida  y otra más a destiempo y personal donde  soy yo mismo. En lo que estoy haciendo para vivir sigo con reportajes, no tanto periodísticos, pero sí para otros intereses editoriales y exposiciones de museos y organismos internacionales. Después de salir de Cuba empecé a trabajar con el Comité Internacional de la Cruz Roja en África, cuatro años estuve haciendo fotos para una exposición  que buscaba ayudar a captar gente en Suiza para  trabajar en el Comité. Ahora empecé un trabajo para la lucha de Naciones Unidas  contra las drogas. Por eso estuve en Colombia y Afganistán.

Lo más personal está en un trabajo sobre algo que en Europa se ve mucho más ahora y es que cuando alguien muere en un accidente en la carretera los familiares hacen pequeños monumentos recordatorios. Es un poco de arte popular que en Suiza es reciente y sobre ese tema he hecho una serie  para una exposición el año próximo. 

¿Ha encontrado usted de esta manera su inserción en el arte contemporáneo?

Esa pelea que puede haber sobre lo que es contemporáneo no me interesa mucho. Las diferencias las veo entre los que se dicen todavía fotógrafos y trabajan con los equipos que sea y otros que proceden generalmente de las escuelas de arte, que se dicen artistas, y trabajan con la fotografía tal vez hoy, y al día siguiente quizás usan el video o la pintura o la instalación. Esos son dos mundos diferentes que incluso  generan circuitos de galerías, museos y hasta  precios de comercialización muy diferentes. No es que los fotógrafos no sean artistas, pero se reivindican de una manera diferente  a  los artistas plásticos, sobre todo en Europa.  Pero yo me siento más en el mundo del fotógrafo de siempre.  

¿Confía Luc Chessex en esa  fotografía ocasional hecha por el artista?

Hay público para eso y no me molesta en lo absoluto, pero he visto en ferias como Art Basel el valor de venta de esas fotografías y me parece descomunal cuando recuerdo que he comprado fotos de Cartier Bresson o Robert Frank por un precio cien veces más barato. Pero esa es la ley de la oferta y de la demanda del mercado más las modas que hacen las altas y las bajas. Ahora la foto anda bien y en Art Basel casi la mitad del trabajo plástico expuesto provenía de la fotografía. 

En su actual exposición en La Habana hay fotos de Cuba, pero también está la posibilidad de ver fotos tomadas en otros lugares de Latinoamérica. ¿En ese recorrido por Nuestra América encontró algún otro proceso que lo llevó o provocó a realizar un trabajo ensayístico tan profundo e innovador como el de Cuba?

Obviamente no, en Cuba viví, por esos países transité. Aquí estuve desde el 61 hasta el 69 sin salir, relacionándome con la vida y la gente de aquellos años en medio de un movimiento cultural y artístico muy fuerte tanto en el  cine, como en la gráfica, como en la fotografía. Fueron tiempos muy dinámicos y de búsquedas. 

¿Considera usted determinante el haberse unido a Raúl Martínez para hacer lo que hizo o lo hubiese hecho de todas maneras en solitario?

No lo sé pero Raúl fue muy importante, era ya un pintor hecho y derecho cuando lo conocí y yo venía como un jovencito. Otro importante fue Edmundo Desnoes, un crítico de arte que se interesó mucho por la fotografía.

¿Entonces su decisión de hacer otra fotografía  le debe más a su relación con el mundo del arte en Cuba que a su relación con el gremio de la fotografía cubana?

Sí, sobre todo por la relación con Edmundo y sus teorías y con Raúl que aunque era pintor había hecho fotografía con seriedad. 

¿No ha ocurrido otro suceso en su vida de fotógrafo más importante  que aquellos años marcados por el proceso cubano?

Con la obra hecha en Cuba y Latinoamérica hice un libro que ya está agotado. Después hice una exposición y una película de animación con el mismo fondo fotográfico. Luego hice un libro bastante grande sobre una gira por el mundo que me tomó seis meses de cada año durante ocho años. A cada etapa de la vida le corresponde algo y están plasmados en libros. 

¿Y de verdad se fue usted de Cuba o nunca se ha ido como alguien dijo por estos días? 

Ausencia quiere decir olvido… Y así hay otras canciones que hablan de eso. Pero ahora que estoy frente al Malecón con esta temperatura cálida y recordando esa experiencia de los catorce años que viví, pienso que mientras no estuve, quizás no todos los días, pero a menudo he pensado en Cuba. Además la mayor parte de mi trabajo fuera de esta Isla se ha hecho en el Tercer Mundo (América Latina, África y Asia). Así que, incluso, viajando por esos otros países también de una forma u otra me acordaba de Cuba. 

Para cerrar esta vuelta a La Habana, ¿ha encontrado motivos para a hacer nuevas fotos cubanas?

Si me aseguran unos 25 años de vida más yo vuelvo, pero a esta edad no se pueden hacer planes a largo plazo. No obstante, te diré que una de las cosas que más me impactó es el trabajo de Eusebio Leal en la Habana Vieja. Mi último año de vida en esta ciudad  transcurrió en esas calles que conozco bastante. Ver ese trabajo de reconstrucción de la ciudad merece que le hagan una estatua a Eusebio en el Parque Central, así que si yo vuelvo vengo a hacerle un monumento fotográfico a él y a la Habana Vieja. De hecho, ya lo comencé.

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